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OCIO Y VIAJES EN LA HISTORIA: ANTIGÜEDAD Y MEDIOEVO

Mauro Beltrami




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El viaje religioso y cívico

“Lacón del supremo Zeus ha obtenido la mejor gloria con sus pues <venciendo> en las bocas del Alfeo; ¡por causa de cuántas victorias antes de ahora a Ceos criadora de viñas cantaron antaño en Olimpia, cuando triunfó en el pugilato y en el estadio, los jóvenes con sus cabellos rebosantes de coronas!- Y a ti ahora un himno de Urania, señora de la canción, por voluntad de Victoria, ¡oh hijo de Aristómenes de pies tan rápidos como el viento!, te honra con cantos entonados ante tu casa, porque con tu triunfo has dado fama a Ceos”.

Baquíledes, Oda 6

El sentimiento religioso encuentra distintos modos de manifestarse, individual y socialmente. A lo largo de la historia, pueden observarse distintas sociedades que presentan distintos modos de sentimiento religioso, aunque pueden encontrarse determinados paralelismos formales. Siempre existieron determinados símbolos religiosos que movieron al hombre a desplazarse desde un lugar a otro. Cuando los primitivos habitantes de Creta abandonaron las cavernas por moradas mejores, regresaban a aquellas porque continuaban utilizándolas como cementerios y lugares para el culto. Así, la visión de algún símbolo religioso va colocando al hombre en movimiento hacia determinados lugares sagrados.

Los griegos, al igual que otras sociedades históricas, comparten la costumbre del viaje religioso. Pero el estudio de estos presenta matices dignos de aclararse. La vida religiosa se encontraba íntimamente ligada a la polis; así, son inseparables los eventos cívicos de la religión. Por lo tanto, se incluyen aquí, para su estudio conjunto, tanto a los viajes con motivos puramente religiosos que realizaban los griegos, como aquellos que realizaban con motivo de grandes celebraciones cívico-religiosas –como los Juegos Olímpicos-. Se ha considerado en el trabajo conjuntamente al “viaje cívico” y al “viaje religioso” por la inseparabilidad que presenta en la civilización griega, generalmente, el primero del segundo, durante un largo período de tiempo. Y aquí no debe pasarse por alto el tema de las competiciones deportivos. La práctica del deporte, en su aspecto formal, hunde también sus raíces en sociedades históricas precedentes a la griega. Así, hay quién piensa que el instinto deportivo actual tiene su precedente en ritos prehistóricos. En Grecia, el espíritu deportivo y los viajes se ligan estrechamente, como no había sucedido hasta entonces. No debe olvidarse que, al menos en las primeras épocas, el deporte formaba parte de ritos sagrados: las competiciones de los grandes eventos formaban parte de la vida religiosa. El viaje, entonces, era deportivo-sagrado o sacrodeportivo. Con el paso del tiempo, el viaje deportivo tipo va perdiendo su carácter religioso.

La religión formaba parte de la vida pública griega de manera notoria, además de ser un elemento de unidad. Es probable que los templos griegos hayan reemplazado a los cretenses en aquellos lugares en donde la población griega sucedió a la prehelénica; las excavaciones han demostrado que en Eleusis, Delos y Delfos, el culto tuvo su origen en la época micénica. Las festividades religiosas fomentaban el traslado en masa de individuos. Los caminos griegos fueron transitados de manera continua por los peregrinos, que se dirigían desde sus residencias hasta los centros religiosos de la época.

La religión jugaba un papel relevante, política y socialmente. Servía como símbolo de identidad en el que se reconocían los griegos, además de ser un instrumento clave para la política. Independientemente de que las divinidades que se adoraban eran de orígenes diversos. Algunas habían sido importadas por los indoeuropeos; otras formaban parte de la herencia egea; mientras que otras procedían de Asia o de Tracia. Ludwig escribirá respecto a la religión griega -y la influencia que ejercía sobre la vida pública y privada-: “¿Qué es lo que mantenía unidos a esos pocos hombres tan alejados de su patria? Homero y la aventura panhelénica de Troya. Asimismo, los templos políticos de Delos y Delphi [Delfos], el “hogar común”, como más tarde lo denominó Plutarco, que aseguraba influencia secular a los sacerdotes (…), porque Delphi no era de ninguna manera un simple oráculo de profecías: era también una fuerza moral y política que daba instrucciones. Alrededor del año 600 (a. c.), al unirse con otro templo, puso indirectamente las bases para la primera unión griega: la Liga Anfictiónica” . La solidaridad griega –que no existía en principio- acabó por materializarse con la participación en ceremonias comunes.

A efectos del presente trabajo, se ha dividido en tres sub-apartados la problemática del viaje religioso, analizándose, en primer lugar, lo que se ha denominado viaje cívico-religioso, luego, a las peregrinaciones religiosas para, por último, estudiarse los viajes sacros vinculados a la salud.

Viaje cívico-religioso

Los viajes motivados por grandes celebraciones cívico-religiosas fueron aumentando en número y diversificando sus actividades, del mismo modo que se iban creándose nuevos concursos diseminados por diferentes lugares helénicos. Se dice que eran celebraciones cívico-religiosas; pues la religión se encontraba estrechamente ligada a las ceremonias, mientras que el hecho de concurrir a determinadas celebraciones –como los juegos olímpicos- equivale al reconocimiento de la nacionalidad helénica.

Pero no sólo existían grandes juegos que atraían a numerosos visitantes. También había una serie de fiestas que resultaban muy populares y difundidas dentro del mundo griego. Entre ellas, las más difundidas eran las fiestas orgiásticas dedicadas a Dionisio, las fiestas Dionisias. Particularmente, las Grandes Dionisias que se celebraban en Atenas gozaban de popularidad. Hacia ellas acudían un buen número de miembros del mundo griego.

Las grandes celebraciones agrupaban a intervalos regulares a helenos que provenían de todas partes. “Cada dios tenía su fiesta, su “panegyria”, etimológicamente la “reunión general” de sus fieles, más o menos numerosos y llegados en ocasiones desde muy lejos”. Los concursos se organizaban en honor del dios local. Materialmente hablando, el tipo de juegos que se desarrollaban encontraban su precedente en los cretenses. Progresivamente, los concursos se fueron extendiendo por todo el mundo griego; siendo los más antiguos –y los más célebres- los de Olimpia, probablemente instituidos hacia 776 a. c. Siguiendo con el ejemplo de los juegos olímpicos, comenzaron a desarrollarse nuevos concursos, entre los que se encontraban los juegos Píticos (en honor de Apolo, Delfos), Nemeos (en honor a Zeus, en Nemea) e Ístmicos (en honor de Poseidón, en Corinto).

Se concurría a dichos eventos tanto con el fin de participar en alguna competencia, como para ejercer de espectador. Inicialmente, quiénes tomen parte en las competencias gimnásticas ejercitaban su cuerpo por interés personal y por la patria, y se lo ofrendaba a los dioses. Es decir, que quiénes participaban de las competencias no eran profesionales, sino que eran ciudadanos miembros de las mejores familias –junto a otros de cuna más humilde-, que no dedicaban todo su tiempo al ejercicio.

Con el correr del tiempo, tanto el orgullo de la victoria, como la gloria que confiere, sumado a las ventajas materiales que se obtenían de aquellos, crearon la clase de los atletas profesionales, “algún tiempo antes que Platón, según Galeno, o quizá anteriormente ya” .

Durante el período clásico, del mismo modo que se produce un aumento en las multitudes que se ven atraídas por las celebraciones, se va secularizando el sentido del espectáculo. Cada vez existe menor preocupación por el dios por cuya fiesta se tiene el concurso, tanto de parte de los competidores como de los espectadores. El renombre del vencedor es ahora mayor, al igual que la gloria para su patria.

Para participar de las carreras o para luchar, los atletas egeos llevaban vestimentas ligeras que permitían un mejor desenvolvimiento en las competiciones. El faldellín era el vestido masculino que se utilizaban durante las primeras competencias; no obstante, los cretenses dóricos y los lacedemonios luchaban enteramente desnudos, según refiere Tucídides. Con el devenir del tiempo, el desnudo no tardó en generalizarse durante los juegos y en la palestra. La propia religión griega favorecía el desnudo ; resultando un carácter distintivo de la civilización griega, frente a los otros pueblos antiguos, el desnudo completo en la realidad y en el arte.


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