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ESTUDIO DE LA INCIDENCIA ECONÓMICA DE LA ESCLAVITUD NEGRA EN CHILE SIGLOS XVI, XVII Y XVIII

Enrique Francisco Avilés Vidal




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II. 2. Desarrollo de la esclavitud negra en América

Los Reyes Católicos que venían de costear una larga lucha en la reconquista, necesitaban de capitales, aunque no tanto mano de obra extranjera en la empresa conquistadora. Por ello se aceptó la participación de empresarios extranjeros en las tierras coloniales, aunque no totalmente su migración. Los criterios para excluirlos tuvieron razones religiosas, políticas y económicas para no permitirles la administración ni explotación de las colonias con otras monarquías, motivando que la mano de obra extranjera no pudiese secundar y reforzar a la española.

En el año 1501, por medio de las Instrucciones, que a Nicolás de Ovando le dieron los Reyes Católicos, se inicia la preocupación por la importancia económica del comercio, para superar tal desequilibrio, con la introducción de esclavos negros en América, mecanismo que ayudó a balancear el quiebre demográfico, producido por la extinción de la población indígena y la escasa población peninsular asentada en el Nuevo Mundo. (Mellafe Rolando, La introducción de la esclavitud negra en Chile, Chile, Ed. Univ.1984).

De esta época son interesantes las “instrucciones” que recibió Nicolás de Ovando, en ellas se legisló por primera vez sobre los negros y revela la temprana presencia de esclavos negros en las colonias, pedían el retorno de los negros, y prohibían que continuase su introducción en las colonias. A decir de Ovando en 1502 que permitió la entrada de algunos negros a Santo Domingo pero fue suspendida al año siguiente por la posible propagación de idolatrías: “enseñaban malas costumbre a los aborígenes y practicaban el cimarronaje”. (Saco José Antonio, Historia de la Esclavitud de la Raza africana en el Nuevo Mundo y en especial en los países hispanamericanos, 2ed.1938, Ed.Cultural, T.I. p.34)

En España, especialmente en Sevilla los esclavos eran comunes en servicio doméstico y habían ingresado por esta vía a todas las funciones de la economía peninsular sobre todo en cultivos semi tropicales y trabajos de extracción de metales en colonias mediterráneas o en las Canarias sobre todo en la segunda mitad del siglo XV. Los Reyes Católicos impedían que ciertas castas o razas de esclavos, así como nuevos conversos viajasen o residiesen en las colonias. Los esclavos a introducir debían ser los nacidos en poder de cristianos.

En sus inicios la corona otorgó licencias que se despachaban mediante las formas de Merced, otorgadas a quienes efectuaban trabajos o servicios especiales al rey. Como los colonos fomentaron la concesión de licencias, el monarca aprovechó tal interés para fomentar la concesión de licencias. Así entonces se inició una etapa de beneficios para la Corona por cuanto cada licencia se vendía a dos ducados. El monarca despachaba licencias sin articular la demanda a la oferta sintiendo las colonias los efectos de tan arbitraria medida. En este ciclo la introducción se caracterizó por dos estilos en acarrear esclavos, dentro del mismo sistema de licencias: a) Licencias de merced o servicios; y b) Licencias de carácter comercial.

Por su parte, los comerciantes extranjeros hicieron propuestas en grande, consolidando sus demandas mediante licencias comerciales que se transformaron en Licencias-contratos y Licencias-asientos, intentando así monopolizar la venta. Al principio, cada licencia tenía nombre propio, pero al desarrollarse el tráfico, los comerciantes especularon, comprándolas monopólicamente. En las colonias la demanda no alteró mayormente los precios, pero conforme aumentó el interés en los negros, comenzaron a cotizarse a precios más elevados. Ante los prolongados problemas en la administración de la renta se optó por entregarla a los gobernadores de las factorías lusitanas en Africa. Se buscaba mayor seguridad, pero pese al cambio no desapareció ni el contrabando ni el acaparamiento.

Frente a este panorama en la administración de licencias, el Consejo de Indias y la Casa de la Contratación decidieron entregar la renta, en asiento. Durante 150 años la trata y comercio de esclavos fue pasando por los siguientes regímenes:

Licencias de Merced o de Servicios (1492-1510)

Licencias de Carácter Comercial (1510-1575)

Licencias de Carácter de Contrato (1576-1650)

El primer contacto entre españoles e indígenas no generó ningún tipo de relación feudal, sino esclavista, producto del derecho del vencedor en la “guerra justa”. Este hecho animó a los defensores de los nativos a plantear la participación negra en el trabajo colonial Nicolás de Ovando al poco tiempo de residir en las colonias cambió de parecer. Pedía africanos. Su rectificación se producía al observar en la misma realidad la conveniencia de integrar al indio en el marco legislativo del “proteccionismo” y, en especial ante la necesidad de contar con mano de obra capaz de continuar con la explotación de las riquezas. Como el envío de negros que hizo el rey fue provechoso, Ovando elevó un memorial solicitando esclavos; por su parte Fernando de Aragón le respondería: “enviaré más esclavos como pedís, pienso que sean ciento. En cada vez irá una persona fiable que tenga alguna parte en el oro que cogieren, y les prometa alivio si trabajan bien...”(Rivera Peralta Germán, Mecanismos del Comercio Negrero, Ed.Kuntur, Lima, 1990, p.19).

El tráfico esclavista tomaba cuerpo y la legislación que la amparaba era producto de necesidades estratégicas de la conquista, la explotación y el cultivo requerían mano de obra capaces de sistematizar las formas y modo de producir que comenzaban a desarrollar los conquistadores. Los aborígenes como factor de producción fueron depreciados a favor de los esclavos negros por ser renuentes al sistema de explotación que violentamente les fue impuesto y que al decir de Veytia de Linaje cuando le comenta al cronista Herrera:”consta que el año 1510 se mandaron a enviar por los jueces de la Casa de Contratación algunos esclavos para las minas, por el poco espíritu y fuerzas de los indios...”(Veytía y Linaje, Norte y Contratación de los Indios, Ed.1946. Lib. I, Cap.XXXV, pag.383).

El “poco espíritu y fuerza de los indios”, resultaba ser en verdad la forma de resistencia ante la dominación y atropello que eran objeto. Las acciones de conquista obligó continuamente a los españoles a solicitar refuerzos de mano de obra negra. Pronto se legisló sobre la necesidad de introducir negros de Guinea. Para 1511 se mantenía un criterio “favorable” en cuanto a la productividad de los negros “superior en su rendimiento cuatro veces más que un indio” (Muñoz, Juan Bautista, Historia del Nuevo Mundo, Ed. Aguilar , Madrid, 1975, p.103).

El año 1510, se expidió una cédula para que pasen 50 esclavos negros a la Española y luego 200 más; posteriormente se extendió el permiso para enviar a la Española al navío de Diego Nicuesa con 36 negros; y, en abril del mismo año se enviaron consignados a Diego Colón más de 100 negros comprados en Lisboa. Estos últimos envíos trazan el límite de las dos etapas del sistema de licencias antes descrito. Así fueron los primeros intentos del comercio negrero. Si bien tempranamente surgen diferencias, ello no supone en caso alguno la extinción de una de las dos. Por el contrario, ambas prevalecen. Pero el carácter comercial será la norma para la nueva época del tráfico negrero. Cuando se señala 1510 como el inicio de la época comercial, se está quizás arbitrariamente fijando el nacimiento del sistema que dará formas y vida al comercio negrero.

El cronista Herrera, manifiesta, por su parte, que el año clave para entender el comercio negrero es 1517, aunque ya en años anteriores habíase comenzado a introducir negros como piezas de mercadería por mandato del rey Fernando; o sea que el comercio en sus orígenes, estuvo fomentado por la monarquía. Si se consideran al pié de la letra las cédulas expendidas en 1510, en las cuales se disponen que las licencias se negocien en nombre del rey, entonces convendremos que el monarca resultó el primer comerciante negrero que operó en las colonias. (Herrera, Década I, libr. 8, cap. 9) .

Los nuevos negociantes que arribaron con Carlos V comprendieron inmediatamente que el comercio negrero presentaba grandes posibilidades de inversión. En 1518 Carlos V otorgó al Gobernador de Bresa, Lorenzo Garrevot, la primera gran licencia por 4000 negros. Si bien la concesión es una merced del monarca, en la práctica mostró, las ventajas de explotar directamente la venta de licencias a las colonias. Nueve años más tarde, el propio Carlos V, ordenaría la introducción de 1000 esclavos a la Fernandina. El comercio cobró importancia y tomó mayor intensidad. Las licencias se despacharon en cantidades que oscilaron de 50 a 500. La introducción de negros en el Nuevo Continente se realizó porque comercialmente era un excelente negocio, tanto para la Corona como para los comerciantes que veían al negro como “un bien de capital”, que les redituaba un 200 y 300% de la inversión realizada. (Albornoz Sanchez Nicolás, La población de América Latina, Ed. Alianza Universitaria, Madrid, 1973, p.93) .

El tráfico comenzó a intensificarse en demanda apreciable pero sin aludir a las licencias de Merced. El rey otorgó la concesión a Garrevot porque era miembro de su Consejo Real y uno de sus favoritos. La merced fue por 4000 licencias eximiéndolas del pago del almojarifazgo y de los dos ducados por licencia.

Por otro lado, el monarca dispuso que por ningún motivo, otro comerciante “trajinase esclavos”. En cuanto a la ruta se le facultaba traficar directamente de Africa a las colonias, sin necesidad de registrar su carga en Sevilla.

Las concesiones otorgadas a Garrevot impedían todo tipo de control, pues el mismo monarca lo eximía de ellas. El contrato tendía al monopolio, centralizaba el control del comercio en poder de Garrevot. Si bien la Merced se concedió a nombre propio, la inexperiencia del gobernador lo impulsó a monopolizar el comercio. El problema surgió cuando hubo de hacer entregas de las licencias. Garrevot temeroso de fracasar no vendió licencias por unidad de acuerdo a lo dispuesto, negoció el total de la concesión. Para ello vendió las licencias a tres comerciantes genoveses que operaban en Sevilla, especialmente genoveses, a quienes separadamente vendía los derechos de introducción de las 4000 licencias. Esta transacción liquidó a la Merced que tenía un carácter personal. Además como no se especificó los límites de su administración, la única que resultaba defraudada con estas operaciones era la Hacienda Real. Hasta 1523 los lugares fueron primordialmente Cuba, La Española, Jamaica, Yucatán y el resto de México. Tampoco fueron los genoveses quienes efectivamente llevaron los negros a Indias, ellos vendieron las licencias en diferentes partidas, a comerciantes portugueses que operaban en África o a mercaderes españoles del puerto de Palos, que desde algún tiempo estaban negociando con esclavos. Cada licencia, según dice Las Casas, se vendía por lo menos en 8 ducados. (Mellado Rolando, Introducción de la Esclavitud Negra en Chile, Chile, Ed. Universitaria 1984, p. 19 ) .

Ante esta nueva circunstancia de la concesión, los comerciantes solicitaron introducir esclavos; por su parte, los funcionarios reales advertían que la gestión del gobernador era un fraude a la Hacienda Real. Los colonos por su parte, consideraban que para efecto del mercado colonial, las operaciones de venta y reventa de licencias aumentaba el precio de los esclavos. Señalaban que los comerciantes a quienes Garrevot vendía las licencias, no introducían los esclavos, sino los navieros portugueses. Así no se impidieron las operaciones comerciales, aunque las limitaron al área del caribe. Posterior a la petición de renovar por ocho años más las licencias Carlos V la revocó. (Muñoz, Juan Bautista, Ibídem, p.148).

Con la Merced de Garrevot se originó un debate respecto de la rentabilidad del comercio negrero. El monarca y el Consejo Real decidieron otorgar la renta de esclavos en contrato directo a comerciantes que traficara directamente negros. La primera transacción de este tipo se negoció con los alemanes Enrique Ehinger y Jerónimo Sayller que eran agentes de la casa Welsers. Se les otorgaba 4000 licencias por cuatro años (es decir introducir 4000 negros en cuatro años), en exclusividad no concediéndose licencias a terceros. Por su parte, los comerciantes se comprometían a introducir los esclavos en el tiempo señalado y a efectuar un adelanto de 20000 ducados, así como respetar la cantidad fijada. En cuanto al precio en las colonias, se obligaban a venderlos a un máximo de 40 ducados. (Scelle George, Le traite negrier aux Index de Castilla, t.I, p.122) .

Aparentemente, el comercio se inició bajo control alemán, pero lo ejecutaron los portugueses que controlaban las principales factorías de África (Guinea y Angola) y de los navíos correspondientes, lograron ser en definitiva quienes directamente traficaron. El contrato se cumplió hasta la fecha estipulada, es decir 1532.

La fijación de un precio máximo a la reventa de licencias nos explica la evolución que posteriormente siguió la trata. Las protestas por el aumento de precios se multiplicaron como también por la “mala calidad” de los africanos que se exportaban, todo esto por un sistema monopolista que se adoptó.

Sin embargo a pesar de las quejas de los colonos, el tráfico se intensificó y Carlos V optó por vender licencias en varias cantidades. En la década de los años 50 los convenios tomaron mayor auge, porque respondían a las necesidades de la colonia como también mayores entradas para la corona para cubrir los gastos que demandaba su política expansionista en Europa. Desde 1532 a 1589, no se otorgaron permisos monopolistas, sino una multitud de licencias, independientes unas de otras, algunas de las cuales sobrepasaron el número de esclavos a las concesiones monopolísticas anteriores. De este modo los reyes podían distribuir sin compromisos ni limitaciones las cantidades de negros que quisieren, enviarlos a los lugares que estimaren convenientes y a los precios que les pareciese. A esta nueva forma de la trata se la ha llamado “período de las licencias” (Mellafe Rolando, Ibídem, p.20) .

Carlos V, imprimió un criterio más moderno a los negocios a través de la inversión y préstamos de la banca genovesa, capital flamenco y alemán, quienes aprovecharon de la coyuntura para incursionar en las actividades mercantiles españolas. Por su parte en las colonias, se pasó del asentamiento militar, a la explotación de minas y labores agrícolas, la que conforme avanzó los negros se convirtieron en trabajadores altamente rentables, la demanda por traer negros respondía a necesidades específicas de cada región y por ende se consideraba al negro un bien económico factor económico capaz de fomentar la explotación de la tierra y de minas. La Corona para los años 50 crea la forma de contratos, que se torna vigente en la del 80 y mitad del 90 del siglo XVI, en ella se fija de antemano una cantidad y procedencia de negros anuales que deberían ser introducidos. Es así como en Julio de 1582 los portugueses Juan Bautista Revelasca y Alvarez Méndez de Castro obtienen el contrato “Contrato de la Isla de Santo Thomé”, por que se estipula introducir 1800 esclavos en seis años a razón de 300 anuales; la calidad del negro a importar “a de ser antillano”. De no introducirlos en el plazo concertado se le prorrogaba por un año más, pudiendo introducir 400 esclavos de los que no se hubiera acarreado durante los seis años siendo la tercera parte de los mismos exentos de todo derecho. (Arch. Gral de Indias, Legaqjo 2795 Cédula Real del 4/3/1589) .

Para conocer mejor el tráfico esclavista se establecen tres etapas de la trata permitiendo de este modo dividir el comercio en momentos claves que responden al ritmo de las fluctuaciones comerciales como así mismo a las gestiones de los comerciantes.


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