BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

EVALUACIÓN DEL PROYECTO MONTEMEDITERRÁNEO

José M. Ramos Sánchez


 

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CAPÍTULO III: EL MONTE MEDITERRÁNEO Y LA DEHESA

Para comprender el contexto de esta investigación debemos mostrar las peculiares circunstancias del ecosistema donde se trató de implementar el proyecto MONTEmediterráneo.

En primer lugar daremos una breve descripción socioeconómica de este sistema productivo. Tras ello trataremos de acercarnos a las aportaciones teóricas existentes y propuestas para el tratamiento holístico y su desarrollo socioeconómico y ambiental.

III.1. CARACTERIZACIÓN SOCIOECONÓMICA DE LA DEHESA Y EL MONTE MEDITERRÁNEO

La dehesa o monte bajo mediterráneo es un sistema agrosilvopastoril característico de las tierras del oeste y suroeste de la península ibérica. Su nombre proviene de “deffesa” o espacio de libre pastoreo, en el contexto histórico de la reconquista. Su pervivencia muestra la feliz combinación en equilibrio de respeto medioambiental y uso de los factores productivos. La dehesa constituye un sistema de explotación sostenible sobre la base de recursos muy pobres.

La dehesa es de origen antrópico y desarrollado por la cultura popular, siendo el resultado de la transformación del bosque esclerófilo denso natural. Este fue sometido a un proceso de raleo y poda que permitió la formación de árboles aislados productores de cargadores frutales con la formación de abundantes bellotas. En el sotobosque se forma una estrata de terófitas que se desarrollan, crecen y producen alimento durante los meses más fríos. Es un sistema complejo adaptativo que genera dos nichos ganaderos principales: el del cerdo consumidor de las bellotas que caen al suelo y el otro el de la ganadería de rumiantes que consumen, principalmente, el estrato herbáceo. Es un sistema de larga coevolución entre el arbolado productor de bellotas y el cerdo consumidor y entre el tapiz vegetal productor de pasto para los rumiantes (Gastó et al., 2007: 47).

La dehesa tradicional entra en crisis con la transformación social iniciada con el desarrollismo. Sus mal asalariados habitantes emigraron, abandonando una economía de subsistencia. Los salarios debían subir y el resultado fue un abuso de otros insumos. Junto a un aumento de los costes se produjo una bajada de sus precios. La falta de rentabilidad abocó al paulatino abandono de muchas explotaciones. Muchas buscaron afrontar su viabilidad iniciando otros cultivos o mediante técnicas más intensivas.

Su mayor concentración se puede ver en el siguiente cuadro:

Ilustración III.1. Porcentaje de dehesa en los municipios andaluces.

Fuente: Consejería de Agricultura y Pesca (2008: 23)

El carácter multifuncional (Rubio, 2000: 148), de las explotaciones se demostraba por sus múltiples pero limitadas producciones de productos ganaderos, agrarios y forestales. Sus principales especies arbóreas pertenecen al género Quercus, como alcornoques y encinas y en menor medida al acebuche. En todo caso no suelen superar el 50% total y siempre en menor medida que los pastos y matorrales.

Ilustración III.2. Distribución de los usos de los suelos de la dehesa.

Fuente: Consejería de Agricultura y Pesca (2008: 24)

La distribución de los usos de los suelos de la dehesa es irregular. Su distribución ronda el millón y medio de hectáreas si se incluyen los encinares de Andalucía oriental. Si consideramos la dehesa como un sistema, cabe decir que, a su vez, puede ser analizada como conjunto de subsistemas (Campos Palacín y Naredo, J. M., 1988, en op.cit.4). La clasificación efectuada por la Consejería de Agricultura y Pesca (2008: 24) la divide en 8 grandes unidades territoriales.

Ilustración III.3. Zonificación en Andalucía por tipo de dehesa.

Fuente: Consejería de Agricultura y Pesca (2008: 28)

Los municipios de la dehesa ocupan el 27% de la superficie de Andalucía, pero concentran únicamente el 6,5% de su población. Es patente la menor población de estas zonas. Su densidad es muy baja, inferior a 15 hab. /km2 en el 54% de los municipios de dehesa. Más importante que el factor emigración en la última década es la caída del saldo vegetativo por un preocupante envejecimiento de su población. Este es similar al de otras zonas rurales, salvo en el caso de Los Alcornocales, con un saldo positivo del 4,9%.

La tasa de actividad es baja, con una media del 48% frente al 52% andaluz (Consejería de Agricultura y Pesca 2008: 34). Esta es similar al del resto de Andalucía. La inserción laboral femenina es escasa incluso en el sector de las eventuales subsidiadas.

La renta familiar disponible es muy baja, no superando el rango de los 6.400 a 7.300 €. Un 52% de los municipios tienen a las actividades agrarias como principal. Para otro 25% es la construcción, cuando están situadas cerca de la costa. Un 10% sobre las industrias manufactureras y otro diez en actividades relacionadas con la función pública. (Consejería de Agricultura y Pesca 2008: 35).

Se da un mayor porcentaje (19,4%) de explotaciones que superan las 50 ha frente a la media de Andalucía (6,3%). La media de unidades de trabajo-año (UTA) es de 0,87, superando la de los municipios con otros sistemas agrarios. El porcentaje de titulares que son propietarios de su explotación se sitúa en torno al 75%. De estos un 30% superan los 65 años, siendo la proporción de 5:1 frente a los menores de 35 años.

La dehesa es un sistema multifuncional y multiproductivo. Sus recursos son suelo, puntos de agua, pastizal, fauna silvestre y arbolado. Se considera a la dehesa como un sistema holístico (sus partes integradas constituyen un sistema superior a la suma de sus componentes) mantenido en un estado disclimácico . Por lo tanto es inestable, de uso múltiple, donde los productos principales son el cerdo, las bellotas, el ramón, la leña, la lana, la carne de rumiante, el carbón, caza, cereales, corcho, miel, abonos naturales, etc.

Es un paisaje cultural que requiere de una alta intervención antrópica, de elevados costes de operación y de insumos alimenticios. Su productividad es moderada a baja, debido a sus limitantes ambientales, especialmente de naturaleza climática, geomorfológica y de superficies relativamente pequeñas de terreno. (Gastó et al., 2007: 48 ). En el contexto actual, su sostenibilidad se hace cada vez más difícil.

Del equilibrio a largo plazo depende su estabilidad. Ciertas prácticas recientes han contribuido a este desequilibrio:

Una mayor intensidad y frecuencia del laboreo, incrementando la composición básica de sus suelos.

Incremento de la carga ganadera, con consecuencias en la falta de regeneración del pastizal.

Introducción de cultivos por búsqueda de captación de ayudas comunitarias, como en el caso del trigo duro, en detrimento de otros cultivos y usos.

Los aprovechamientos suelen ser exclusivamente ganaderos, agrícolas, de alcornocal y cinegéticas. A estos se puede unir los usos recreativos o de ocio, principalmente por rentistas en prácticas cinegéticas. El uso para el turismo rural comporta una forma específica de viabilidad.

El turismo rural emerge como una alternativa de diversificación de rentas con todos los factores contemplados en el capítulo III. Buena parte de las dehesas andaluzas se encuentran dentro de Parques naturales (P.N.). A ello se añade que el paisaje de la dehesa se mantiene esmeradamente cuidado, generando territorios bellamente desarrollados, con una cobertura mixta de árboles siempre verdes y de un tapiz vegetal invernal muy hermoso. (Gastó et al., 2007: 47)

Pero existen otros atractivos para el visitante: una peculiar arquitectura integrada por construcciones como cortijos, chozos, muros de piedra y albercas, artesanía con mucha identidad pero con canales cortos de distribución, gastronomía con productos ganaderos y cinegéticos, tradiciones y fiestas como matanzas, romerías, castañadas y encierros. Existen gran cantidad de senderos derivados de la trashumancia y la Mesta que podrían ser aprovechados en mayor medida para actividades de ocio.


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