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DESPERTEMOS

Domingo Dell´Aquila


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DERECHOS

El mundo se rige por dos formas de derechos: El derecho natural y el derecho positivo.

En la realidad los dos derechos son positivos, dentro del ambiente al cual pertenecen y para quienes están destinados.

El derecho natural, lo crea y otorga la naturaleza, por ese origen toma el nombre de natural y lleva por móvil la sobrevivencia de todas las especies animales.

Es el derecho de la selva. Se practica en el ambiente irracional, y pertenece al salvajismo.

El instinto es el que da las pautas para su uso.

Es el derecho que otorga libertad, y se ampara en ella porque la libertad es la base fundamental de ese derecho, el del más fuerte.

Hay religiones que relacionan el derecho natural con el derecho de Dios, pero el de Dios se dice que es el derecho divino, es espiritual, y se aplica el día del Juicio Final.

El llamado derecho positivo, es creación del ser humano, fundándose exclusivamente en leyes, reglas, métodos, etc., etc., para imponer el orden y la paz y se aplica coartando las libertades porque son instintivas e irracionales, para alejarnos de las brutalidades del derecho natural que se basa en la libertad.

El derecho positivo pretende la convivencia social, por eso lo funda y otorga el hombre dentro de la civilización, para ir formando las comunidades organizadas.

Tal pretensión se hace difícil llevarla a la práctica de manera eficaz, porque existen humanos que aún conviviendo dentro de la civilización, pretenden la libertad para utilizar medios y acciones que se contradicen con los postulados de esas mismas comunidades organizadas.

Y todos dentro de esta civilización tanto los unos como los otros, utilizan la libertad contradiciendo a sí la fundamental expresión de justicia que las civilizaciones crean para tratar de organizar este mundo tan lleno de arbitrariedades.

Los unos (de abajo) que se toman libertad, son los delincuentes comunes que roban, estafan, vejan a inocentes criaturas, asaltan, asesinan, y vagan por todos lados en busca de inocentes para hacerlos victimas de sus actos de inmoralidad.

Se han visto delincuentes, que estando condenados y encarcelados por cometer delitos graves, utilizan la cárcel como hospedaje, por que suelen tener el privilegio de salir todos los días con permiso y casos hubo que en esas salidas han reincidido en sus delitos ¿ no es esto libertad? .

Los otros (de arriba) por citar algo, no me van a decir a mí que las aplicaciones del corralito no fue tomarse la libertad de pasar sobre los derechos de los ahorristas? ¿ y… y… nunca hubo actos de coima? Yo jamás he visto un corrupto, pero… no me van a decir a mí, que cuando me jubilaron no se tomaron la libertad de pasar sobre mis derechos con toda premeditación.

Razones hay de sobra, para que por todos los medios posibles, las autoridades competentes, encuentren la manera mas eficaz para desterrar de este mundo, la libertad, por que es un atributo propio del SALVAJE PRIMITIVO.

Pretendo ubicar a la libertad en el lugar que le corresponde, por lo que significa, por lo que representa, por eso digo:

¡LIBERTAD NO!

¡DERECHOS!

Y para avalar lo dicho, presento una realidad que se basa en la sabiduría que otorga la experiencia, y un desafío a los amantes de la libertad, que sin más argumentos que la rutina y el conformismo, enarbolan la defensa de algo, apoyados en una verdad desfigurada por aceptar a ciegas lo que otros pregonan por conveniencia y/o para beneficio propio.

La precaria marcha de una civilización construida sobre la base salvaje del poder de la fuerza, hace que los dueños de ese poder pregonen y usen las licencias que otorga la libre acción, y descalabran al mundo.

Si queremos un estado de derecho, ¿cómo podemos pretender un estado de libertad?

¿Ignoramos qué es libertad y qué es derecho?

¿No sabemos que ambas se contradicen? ¿Qué son completamente opuestas?

Existe en nuestro interior, y en las mayorías, la vanidad de creernos superiores a todos.

No aceptamos los errores como nuestros. Pretendemos que todo aquello que no marcha bien, o que no es bueno, tiene un origen ajeno a nosotros mismos.

Es así que aún cuando nos regimos por normas, reglas o pautas de conductas estudiadas, analizadas y aprobadas con reconocimiento absoluto y total, por una mayoría de intelectuales, tergiversamos las resoluciones tomadas, y por no ceder a los errores que nos impuso la rutina, nos mantenemos, gracias a la vanidad, en ese conformismo absurdo que degrada a la humanidad y la mantiene en las atrocidades más vergonzosas.

Al hablar de libertad, a nadie se le ocurre jamás, averiguar el significado real de esa palabra

¿Para qué? Si ya sabemos por boca de los políticos y de todos los que son, o se creen importantes, que la libertad es el sumum de la civilización.

Y sigue siendo la rutina, la causante de la indiferencia de unos, la ignorancia de otros y la viveza de muchos.

LIBERTAD ES LA FACULTAD DE OBRAR O NO OBRAR.

ES TENER LICENCIA PARA PROCEDER SEGÚN NUESTROS DESEOS

O VOLUNTAD.

ES LA FALTA DE SUJECION. ES INDEPENDENCIA ABSOLUTA.

ES UNA DESEMFRENADA CONTRAVENCION A LAS LEYES Y A LAS

BUENAS COSTUMBRES.

LA LIBERTAD HACE LIBRE, SER LIBRE ES SER INSUBORDINADO,

DISOLUTO, CONTRAVENTOR, ES NO TENER CARGOS,

OBLIGACIONES, NI DEBERES

ES NO TENER RESTRICCIONES, ES HACER LO QUE SE DESEA DE

ACUERDO AL INSTINTO, LA NECESIDAD, O EL CAPRICHO.

CON LIBERTAD PUEDE HACERSE LO QUE SE QUIERE Y NO LO QUE

SE DEBE

No conociendo lo que es libertad, se hace imprescindible, su análisis para no caer en el error que cometen quienes por seguir una rutina se acostumbran a explicaciones erróneas y contradictorias.

Solo lo que sea legal, lícito puede hacerse o decirse, y esto es lo que se adapta a una convivencia respetuosa que es lo que exige la ley, y eso no es libertad es el derecho que dentro de una civilización las sociedades imponen para obtener una comunidad organizada, donde impere orden y paz que solo se consiguen con las leyes creadas para la defensa de los derechos, y esto significa lisa y llanamente cortar los privilegios que otorga la libertad, pues al dar la facultad de obrar o no obrar, cualquier individuo se siente autorizado a cometer acciones que lo benefician, si atenerse a pensar, o no importarle si son delitos o no. Y de la misma manera algunos policías, abogados, jueces, etc,etc, si hacen uso de esa libertad tan pregonada suelen mantener en la impunidad a los corruptos, coimeros, asesinos a sueldo, etc, ect pasando por los derechos de las víctimas.

El derecho se rige por reglamentos, por métodos, por normas, digamos, por reglas invariables a las que estamos sujetos todos dentro de una comunidad.

Respetar los derechos es aceptar las leyes. Estas no dejan libre a la comunidad organizada, sino que les indica por medio de los preceptos que en ella encierra, el camino, la verdadera senda que se debe seguir para una sana convivencia social. Para eso se crean las leyes, para ordenar a la comunidad. Y nos tenemos que ceñir a esas leyes, bajo apercibimiento o castigo si la contravenimos.

Pero no obstante estar obligados a acatar y respetar las indicaciones precisas y constantes de las imposiciones a que nos obliga la ley, para seguir un orden establecido, pretendemos que esas imposiciones nos hacen libres.

¿Con ese criterio se puede vislumbrar una solución a este destartalado mundo?

Sí, hombres importantes dicen que ser esclavo de la ley, es ser libre.

También hombres importantes dicen que las leyes coartan las libertades.

¿Entonces?

¿Por qué antes de creernos libres no analizamos esa grave contradicción?

Una de las razones engañosas por la cual nos creemos libres dentro de la ley, es porque desde niños, primero nuestros padres, luego nuestros maestros y finalmente las autoridades, nos van introduciendo tan de a poco en las normas de las convivencias sociales, que ni nos percatamos que nos vienen coartando todas las libertades instintivas e irracionales, para acomodarnos a las normas y reglas de las comunidades organizadas, y a las obligaciones de la civilización, y llegamos a mayores con la vanidad de creer que todas esas normas y reglas, no nos han sido impuestas, sino que son fruto de nuestros propios deseos.

Sí, pueden ser frutos de nuestros deseos, pero después que se nos impuso de mil maneras distintas, pasando por el reto, el grito, la mirada rectora, la pena o castigo, o por la persuasión y a fuerza de hacernos entender, que lo que no queremos que nos hagan, no debemos hacerlo a otros.

Eso de que la ley es la que nos hace libres, son dichos de los que no analizan lo que dentro de la civilización representa el ser libre, de acuerdo a la verdadera acepción de la palabra, además, por qué no decirlo, ¿no careceremos de la dosis de valor para reconocer el error, que por rutina o conformismo llevamos dentro de nos, influenciados por la vanidad, y no nos atrevemos a enfrentar la realidad intrínseca de esa palabra, tan agradable por la continua promoción que a su favor ejercen los mandamás del mundo entero, olvidando que sólo los delincuentes son los que necesitan de la libertad para desarrollarse?

Cómo, si acatamos la ley, si estamos obligados a hacer lo que ella nos indica, ¿cómo es que somos libres?

¿Acaso ser libre o tener libertad, no es hacer lo que nuestro deseo o voluntad nos apetece, sin sujeciones de ninguna naturaleza?

¿O la ley no nos sujeta?

Yo creo que la ley no sujeta a los corruptos, a los hipócritas, pero a los que anhelan un mundo organizado y de elevada moral, sí los sujeta o mejor dicho, los conduce por la verdadera senda de la civilización.

La libertad se desea por una razón fundamental: llevamos en nuestro interior, vestigios del instinto salvaje. Fue uno de los primeros privilegios con que la naturaleza adornó a los habitantes originarios de este mundo, y aún hoy, no han podido desprenderse de esa inclinación inculta e insociable.

La libertad era la indómita resistencia que alimentaba la propensión egoísta del salvaje primitivo, obligado por natura a protegerse o atacar para sobrevivir., Sólo los que vivían o viven en el imperio de la fuerza obran con libertad, porque actúan a su voluntad, sin ley que los sujete, ni conciencia que los guíe.

El amor a la libertad lo provoca la fuerza indomable que puja por salir del interior del espíritu primitivo, de aquél que todavía no se ha posesionado del razonamiento lógico e impostergable de convivencia social.

Es la oposición originaria, terca, de aquéllos que aún no se resignan a ningún modelo de justicia que no sean los de sus conveniencias.

Es el egoísmo interno que domina.

La pobreza moral que guía.

El instinto, es el más ferviente adicto a la libertad.

Es el que la hace fluir con la fuerza fogosa del interior indomable.

El alma inculta, no tolera sujeciones.

Todo esto no es más que la razón de vivir del hombre primitivo, y sin embargo los que nos creemos civilizados porque tenemos toda clase de comodidades, no alcanzamos a comprender aún que la libertad, pregonada y ofrecida desde siempre, jamás pudo ni podrá salvar al mundo del desentendimiento absurdo y absoluto en que se desarrolla, porque no se aceptan las leyes de la avenencia, como punto de partida para la solución deseada.

Resulta difícil creer que siendo el humano que se civiliza, el creador de las leyes con las que coartando las libertades, pretende ordenar la sociedad, insista con la testarudez del irracional, mantener vivo el accionar descontrolado de la libertad, en contra de las reglas que él mismo impone.

Todo esto ha de ser porque entre los llamados civilizados, la libertad se pretende en unos casos por intereses creados, y en otros por conformismo, pues suele ser más cómodo admitir como cierto lo conocido como tal, que procurar descubrir si lo es, y porque es más fácil aceptarla sin previo análisis, que buscando la realidad de su origen, el efecto de su uso, el por qué de su existencia.

Veamos:

¿Para qué quieren la libertad?

¿Para tergiversar las noticias? ¿Para robar? ¿Para la coima? ¿Para la corrupción? ¿Para insultar sin motivos? ¿Para abusarse del prójimo?

Todos dirán: ¡NO!

¿Entonces qué?

Porque para una convivencia sana y noble no se precisa libertad, ¡se necesitan derechos!

Derechos que correspondan a todos los ciudadanos en una comunidad organizada, dentro de una civilización bien entendida

Y bien entendida, equivale a respetar los derechos humanos, tan proclamados, y que corresponden a todos quienes habitamos este mundo tan lleno de injusticia.

¿Los robos, cortes de calles y rutas, secuestros, asesinatos y toda la gama de delitos que asechan a diario no son actos efectuados por quienes hacen uso de esa libertad tan proclamada?

La democracia como norma política para gobernar es, de acuerdo a los pensamientos actuales, la mejor manera de conducir a los pueblos, pues soluciona los encontronazos de las distintas ideas, para mejor decir, de las diferentes doctrinas con que se nutren los políticos de cada partido y en cada nación.

Se dice que la democracia es buena, pero los que con ella gobiernan, la hacen mala.

El más fiel defensor de la democracia es (y nadie lo puede negar si analiza profundamente y sin fanatismo), el derecho.

¡Pero quieren libertad!

El derecho es el que debe respaldar a la humanidad, porque es el puntal más efectivo que la misma puede ostentar. Forma parte de la misma.

El derecho, que se rige por medio de leyes, reglamentos, métodos, reglas y todo lo que organiza a una comunidad, es lo que todo gobierno, y los políticos en general, deben pregonar e imponer con toda fuerza, porque mantiene el orden y la paz, fruto de la justicia que todos ansían.

Pero no, lamentablemente para desgracia de las victimas de este universo tan lleno de arbitrariedades, desaciertan el camino, unos por ingenuidad y otros con picardía alevosa, tratando de sacar ventaja, y lo encausan hacia el profundo precipicio de la libertad.

Libertad, conoce algún político que en las preelecciones no la mencione y ofrezca?.

Cuantos el derecho?. Como es posible?

¿Ignoran que la libertad no es creación de la civilización sino de la naturaleza?

¿No saben que esta es quien la otorgo al comienzo de la vida, a todas las especies salvajes, incluida la humana. Para que cada una se las arregle como pueda para sobrevivir?

¿Qué es de origen primitivo?

¿Qué da lugar a no respetar las leyes?

La libertad aleja de la justicia, pues libera de deberes y obligaciones.

El derecho es un privilegio de todos, es una propiedad sagrada, conduce al futuro.

La libertad se pregona, pero como es preciso disciplina para convivir en paz, se crean los derechos, y por medio de leyes se anula su uso, y se prueba la inutilidad de esa libertad.

El derecho brota con la unión de los individuos, lo crea y otorga la sociedad, es el resultado de la inteligencia humana.

La libertad es salvaje, estática, primitiva.

El derecho es social, progreso, futuro.

La libertad es el yo. El derecho el nosotros.

La libertad era una necesidad para el estado salvaje en que vegetaba la existencia humana. Era preciso luchar para subsistir.

El derecho es una imprescindibilidad social para convivir con dignidad, crea tranquilidad, seguridad, desarrollo de la sociedad, resguarda al orden.

La libertad es contravención.

El derecho es la facultad de obrar dentro de la ley, es un sin números de preceptos que rigen dentro de toda sociedad, esta sujeta a dictámenes.

La libertad no, si algo la sujeta deja de ser lo que es por lo tanto no puede estar restringida.

El derecho impone el respeto mutuo. La libertad no. El derecho crea obligaciones. La libertad no.

Una sociedad sin obligaciones no puede avanzar.

Un mundo con libertades vivirá como lo viene haciendo desde siglos, siempre en guerra, siempre con colisiones, siempre en luchas fraticidas, por sobreponerse los unos a los otros, por no respetar derechos ajenos, por querer hacer lo que les da real gana, por obrar por instinto y no razonar.

Como la naturaleza incita a las libertades, la comunidad al organizarse se ve en la necesidad de crear los derechos para defenderse, imponiendo deberes y obligaciones para obtener privilegios, que de acuerdo al grado de sacrificios se entregan a cada uno de los componentes de la sociedad, con lo que van cercenando las libertades, que solo sirven para uso, desordenes, corrupciones, y los tantos malos hábitos que los humanos utilizan para provecho propio, en desmedro de sus iguales.

¿Cómo a esta altura de la civilización no han advertido aun, que la libertad es instintiva e irracional?

¿No lo ven todos los días?

¿No han observado que cuando más ambiciones egoístas se quiere menos se razona, y más libertad se pretende?

¿O es que la rutina y el conformismo los hace mantener en un error constante y primigenio, y le inhiben comprender que con la libertad se hace lo que se quiere, y es con el derecho que se logra la comunidad organizada exigiendo hacer lo que se debe?

Y para hacer lo que se debe hay que eliminar la libertad de nuestro pensamiento para no caer en la tentación de su uso por convivencia, y hacer oídos sordos a los ofrecimientos para evitar contravenciones.

Hay limitaciones obligadas, por ser producto del respeto a los derechos de los que nos rodean.

Además, tanto ofrecer la libertad pone a los gobernantes en el dilema de no saber como conducirse ante los usuarios de la misma.

La ofrecen y lo que se ofrece es para que se use ¿o no?.

No saben que libertad es hacer o decir lo que se quiere y si alguien impone normas la anula?.

¿O por ventura creen que vivir dentro de la ley es libertad?

No hay que ser ingenuo ni inocente.

No nos engañemos a nosotros mismos, no hay que hablar de la libertad, dándole los atributos del derecho.

Cada palabra tiene su origen, su significado.

Libertad y derecho son completamente antagónicos, opuestos.

Repito otra vez mas, libertad es no tener restricciones; si se tienen, no se es libre.

El que no es libre no debe adjudicarse el absurdo de creerse en libertad, y el que la usa por que se la ofrecen no tiene la obligación de limitarse.

Hemos visto a gobernantes en la embarazosa situación de acusar a quien la uso, de hacer abuso de libertad.

¿Donde esta la línea divisoria entre el uso y el abuso?

¿Cuándo es abuso?

Es erróneo creer que debe tener limitaciones el que es libre, tanto como lo es creerse libre estando limitado, y en una comunidad todos tenemos limitaciones.

¿O no?

¿Entonces?

Libertad, es obrar de acuerdo al deseo y la voluntad del usuario de la misma y sin trabas de ninguna naturaleza, pues libertad es independencia absoluta.

¿O lo ignoran?

Es tiempo que los amantes de la libertad (que a fuerza de promoción le lavan el cerebro) averigüen de donde viene, quien la otorga, quienes la usan, y … para que sirve.

En un estado salvaje, la libertad es necesaria por que es de allí de donde viene, es la ley de las fieras, la del mas fuerte, pues con libertad cada uno hace lo que quiere, siempre que otro con la misma libertad no se lo impida. El pez grande se come al chico.

Pero en una comunidad organizada, ¿Cómo se justifica?

La libertad la otorga la naturaleza, no la civilización.

El derecho si; lo crea la civilización.

Las leyes y los reglamentos se confeccionan precisamente para coartar las libertades y organizar dentro de un orden, de una disciplina.

La libertad la utilizan únicamente los delincuentes de cualquier naturaleza, y en todas las esferas sociales, por que solo sirve para delinquir.

Nadie, si no hace uso de libertad, comete un delito.

¿Alguien puede cometer un robo, una infracción, sin hacer uso de la libertad, respetando los derechos? ¿Cómo?

¿Quién contradice esta verdad? ¿Con que argumentos?

No señores, o una comunidad organizada, es decir, la ley, a la que muchos le teme por que impone la justicia, o un mundo de delincuencia, como el actual, basado en la libertad que a muchos le conviene, por que para la corrupción y todo tipo de delito se necesita, pero ojo, por que…

El arrepentimiento siempre llega tarde.

Cuando un gobierno o un candidato a gobernar ofrece libertad, desconfíe quiere hacer lo que se le antoja, no lo que debe hacer.

A la prensa y al pueblo, simulan darle libertad para hablar, pero cuando dicen lo que no le gusta al gobierno de turno lo procesan, ¿y…?

Muchos gobiernos se toman la libertad de hablar, por eso prometen y…como se toman también la libertad de obrar, no cumplen lo prometido.

La estúpida vanidad es la que deja contento a los tontos.

Gozamos por que podemos hablar, verdades o pavadas y nos alegramos diciendo: puedo decir estas cosas.

Que ingenuos somos, nos dejan contentos ofreciéndonos libertad.

Es el ofrecimiento mas falso.

No ofrecen nada.

Primero, por que si la usamos nos aplican la ley, segundo, por que lo que ofrecen lo adquiere el humano en el mismo instante en que nace, en cuanto abandona el vientre de la madre, ya es libre por que el instinto lo mueve a querer todo cuanto su deseo y voluntad le dictan.

¿Y cuanto tiempo es libre, siendo que nace con libertad?

Solo hasta que pueda comprender ademanes y palabras de los padres, después por persuasión suave o brusca, esa libertad nata se coarta, pues se comienza con que: esto no se toca, aquello no se hace, lo otro no se dice, y un sinfín de restricciones de los padres, para encausar a sus hijos dentro de las reglas sociales.

Y se acabo la libertad por que los reglamentos, las leyes, los métodos, etc., lo exigen así y la libertad queda solo para los delincuentes y los poderosos que la siguen ejerciendo.

Y para los que no comprendiéndola, la defienden.

Suele ser terrible la forma en que algunos humanos se aferran a la libertad.

El diccionario de la real academia dice claramente: es obrar o no obrar, de acuerdo a los deseos o voluntad de cada uno.

Pero por convencionalismo cada uno la define a su manera.

La libertad entra en la mente humana desde niño en forma instintiva y maquinal, y aun cuando los padres se la coartan para conducirlos de acuerdo a las normas sociales, aun así, la consideran como lo más sagrado que debe defender el ser humano.

¡Pobrecitos! La prohíben y la defienden.

Que la mente humana quiera pensar o no pensar, es libertad y es instintivo.

Que la voluntad quiera obrar o no obrar, es también libertad e instintivo.

Pero para bien de la humanidad, al pensamiento hay que persuadirlo a pensar de acuerdo a las normas sanas de convivencia social y humanitaria, como que la voluntad debe estar sujeta para decidir las acciones hacia el respeto mutuo. Y esas no son libertades, son derechos.

Y esos derechos debieran obligar a los funcionarios a no obrar con libertad para confeccionar y dictar leyes, sino a profundizar sus contenidos para evitar que nadie haga a su semejante lo que no quiere que le hagan a ellos, y con esas leyes legislar para bien de la comunidad.

En todo país civilizado se prohíbe el uso de la libertad.

Cuando mas civilizado, menos libertades, porque se aplican mas normas restringentes para organizar.

Para tal fin, además de reglamentos, métodos, reglas, leyes, etc. , se promocionan la responsabilidad, le ética, el sentido común, el respeto mutuo, y en suma todo aquello que sirva para que los habitantes de una comunidad organizada no hagan uso de la libertad, que con un total sentido de contradicción, la pregonan a cada instante.

La libertad puede comenzar con poco, tal vez con simples o pequeños abusos, y llegar hasta los límites mas exagerados que la mente puede imaginar, o quizá seria más exacto decir, que no puede imaginar.

Y desde esos simples abusos, que hasta podrían tolerarse hasta aquellas exageraciones inimaginables que podríamos denominar libertinaje, pasa por todas las gradaciones posibles, pero sin dejar de ser nunca libertad, ni aun los mas eruditos en la materia pueden definir con exactitud, en que lugar se halla la línea divisoria entre lo tolerable y lo no tolerable, entre la llamada libertad, de lo denominado libertinaje, por que todos los casos de las distintas gradaciones, con sus diferentes denominaciones: hurto, robo, coima, crimen, negociados, estafas, promesas o informes falsos, difamaciones, groserías, perjurio, etc., etc., siempre serán palabras o acciones en las que se efectúa lo que se quiere y no lo que se debe hacer.

Al ser humano le gusta la palabra libertad, y la utiliza en lugar de la palabra derecho, con lo que se engaña a si mismo.

La libertad la proclaman con mucha fogosidad los politiqueros y los seudos-periodistas, por que son los que la precisan para sobrevivir en la corrupción y en le delito o con las mentiras y falsos informes.

No así el político noble y sensato ni el periodista digno, inteligente y sincero que son los que los pueblos necesitan y veneran para vivir en paz y orden.

Cuando algo, cualquiera sea ese algo, corta, sujeta o impide el uso de la libertad, la anula, deja de existir.

Olvidan que en una civilización hay que hacer lo que se debe y no lo que se quiere?

Libertad es obrar sin limitaciones ni impedimento, haciendo predominar el impulso del deseo.

No la fuerza medida, firme, la fuerza constructiva de los derechos aplicados por estudios en base a proporcionar la igualdad de privilegios y obligaciones.

El pregón de su defensa lo hacen precisamente los que con libertad pasan sobre los derechos de los indefensos a quienes solo les cabe la libertad de trabajar y morirse de hambre, pues aplastan sus derechos.

Se le quiere dar un valor de imprescindibilidad a la libertad, pero los contraproducentes efectos de su aplicación obligan a defenderla con absurdas explicaciones.

Todos los gobiernos sin excepción la ofrecen maniatadas.

Unos dicen que la libertad es buena, pero que hay que hacer un uso racional de la misma.

La brindan y la descartan al mismo tiempo.

El empleo racional de la libertad, implica adaptarla a todo lo que el entendimiento sostiene como lógico para una convivencia de mutuo respeto, por lo tanto sujeta a la libertad, a un determinado modo de pensar y de obrar, y anula la libertad, la misma que se ofrece.

Además, ¿cómo puede ser racional el uso de lago que da amplias facultades y no sujeta a leyes y ni a buenos habito?

Otros dicen que la libertad es necesaria pero que hay que acondicionarla. ¿A que?

A la libertad no se le puede poner condiciones por que dejaría de ser libre.

Acondicionada debe someterse a los métodos, normas o leyes a que ese acondicionamiento obligue.

¿Entonces?

En el delito si, las leyes penales separan al hurto del robo o del crimen, y todos son delitos efectuados con libertad, pero… ¿cuáles y / o cuándo son libertinajes?

Hay quien la intenta hacer depender del punto de vista con que se la quiere mirar, o de la manera que se la quiere interpretar.

¡No! El punto de vista o de interpretación es uno solo, el que corresponde por lo que significa, y si es libertad no puede estar atado a nada que desvirtúe su esencia.

Tanto se exalta a la libertad, que solo pensar contra ella se considera una bárbara herejía. Es que no ha habido y no hay quien se crea importante o pretenda serlo, que no levante la voz para exaltarla como cosa justa, necesaria y útil, pero no aclaran cuales son las de justicia, de utilidad, ni de necesidad.

De la libertad se hace o no uso, cuando lo hacemos nada debe impedir su empleo.

La contradicción existe siempre para mantener la egolatría en pie.

Todos piden libertad, y a la vez exigen derechos; para el niño, para la familia, internacionales, humanos, etc. etc. sin pensar que estos anulan la libertad.

Tanto la familia como la sociedad o la patria, nos llenan de obligaciones a las que hay que corresponder.

¿Por qué leyes, disposiciones, reglamentos, etc. Para fomentar las buenas costumbres?.

Sencillamente para prohibir desmanes, atrevimientos y malas acciones a los que las afectarían si se les dejara en libertad.

No hay que fanatizarse con la libertad que en unos casos no existe, en otros es inadecuada y en los más no puede aplicarse por lo contraproducente y por impedimento de la fuerza ética que alimenta el espíritu del humano culto.

Todos tenemos libertades que nadie las puede cercenar si no es con la muerte.

Son las del pensamiento, las de razonar, las del espíritu, las del sentimiento.

¿Quiénes pueden privarnos de ellas?

Pero no obstante ser dueños de esas libertades, solo vulnerables con la muerte, el ser humano alejado de principios salvajes, y dueño de una cultura social, no las deja libre, sino que las acomoda para una mejor convivencia social,

Se llega así a la conclusión que para que esas facultades que residen en lo más íntimo de nuestro ser, obren justa y noblemente, hay que someterlas a las reglas sociales por medio de la ética, o por la autodeterminación del instinto común. No son libres.

Cada edad tiene en un mismo individuo, distinta manera de pensar, por que el ir conociendo la naturaleza, cualidad y relación de las cosas y los hechos, lo ata a la cultura y al entendimiento adquirido.

Hay veces como en los casos de la idea o la creatividad, que se supone se es libre para desarrollar las mismas.

¿Por qué crea un artista? ¿Por qué tiene libertad o por qué tiene derecho?

Cuando crea, ¿separa el consciente de su persona obrando completamente libre de todo principio, de toda ética, de toda teoría, de todo conocimiento adquirido?

Si es así, crea con libertad.

Pero si al crear ideas nuevas se basa en la experiencia obtenida, con conciencia de estar efectuando lo mejor, pues supone estar ajustándose a las condiciones que exigen las realizaciones en vías de perfeccionamiento, entonces no es libre, y cada vez adquiere más conocimiento auto corrigiéndose constantemente, porque la mente se va nutriendo de mayor sabiduría. No queda librado al azar, se auto renueva siempre ajustándose a determinadas leyes teóricas, de ética, o de buen gusto, propio o ajeno.

Una cosa es crear concienzudamente y a sabiendas de lo que se busca realizar, es decir, con derecho a crear, y otra es hacerlo sin ajustarse a nada, dejando la iniciativa de hallar algo a simples posibilidades de acierto, eso sí es crear con libertad.

Cuando una acción o pensamiento se efectúa con un cometido preestablecido, se ata a éste, y deja de ser libre.

Pero la fuerza interna, instintiva del rutinario o conformista, lo incita a querer ser libre, y no cede ni aún ante la evidencia de una realidad irrevocable.

Hay un empeño tenaz en defender lo que se les mete en el cerebro a fuerza de tanta proclama, y la relación con todo lo que les rodea.

A la acción de comprar y vender se la pretende designar como libertad de comercio.

Otro engaño.

¿No hay muchas mercaderías prohibidas a la venta?

¿Y las que se venden, no están sujetas a reglamentos, a inspecciones, etc.etc?

¿Cómo peden hablar de libertad de cosas que no se pueden realizar libremente?

¿Somos inocentes?

¿No es más leal hablar de derecho de comercio, ya que toda esa acción de compra y venta está sujeta a normas y reglamentaciones?

¡Cuánto engaño político!

¿Y la libertad de prensa es, si antes se le agrega “sujeto a las leyes”?

Porque la Constitución en el Art.14 otorga “derechos” para un sin fin de ejercicios a todos sus habitantes para que gocen de ellos:

Entre las mismas se halla la publicación de ideas por la prensa sin censura previa.

Y hasta aquí llega el autoengaño, pues ya está preestablecido qué es o no lo que se puede publicar, de manera que la censura existe y es previa, porque es precisamente en el contenido de su redacción que aclara firme y terminantemente que queda sujeta, cuando dice: “Conforme a las leyes con que se reglamenta cada ejercicio”.

Y dice sin censura previa, porque se sobreentiende que se ha de ajustar a las leyes con que se reglamenta todo ejercicio. Y queda implícito que otorga derechos y no libertades.

Contradice de esta manera el contenido del Art. 32 que establece que “el Congreso no podrá dictar leyes que restringen la libertad de prensa”. Ya lo restringe el Art. 14.

¿Por qué la inconsciencia humana nos hace creer en libertad, mientras estamos sujetos a las leyes?

A veces se clausuran periódicos porque se divulgan rumores falsos, o porque se tergiversan las noticias, o porque a las autoridades de turno les molesta lo publicado, aunque sea real.

Se detienen y enjuician a directores de diarios por publicaciones que consideran agraviantes o injuriosas, o alegan en su contra delitos por premeditada adulteración informativa, o con fines de alterar el orden, etc. etc.

Si se pretende coartar las publicaciones engañosas no se puede adjudicar libertad de prensa, puesto que quien la usa porque se la dan, tiene todo el derecho de usarla de acuerdo a las condiciones que pueda tener:, buenas o malas.

¿Cómo pueden ofrecerla, para luego castigar al que por ofrecida la usufructúa?

Si hay restricciones que impidan su uso, no hablemos de libertad de prensa, porque el fruto de la libertad, es el libre accionar del individuo, sin trabas ni ataduras.

Es más claro tener derecho de prensa conforme a las leyes como lo establece la Constitución, que libertad de prensa, si ésta está propensa a penalidades por hacer uso de ella.

Pasa lo mismo con la libertad de expresión. Es expresarse como más conviene a cada uno.

Con esa libertad algunos exaltan el veneno de la envidia o del odio, en expresiones incorrectas o insolentes. Si se defiende la libertad de prensa o expresión, ¿cómo se conjuga con los juicios por calumnias o injurias?

Se teme al peligro de la abolición de esa libertad, porque no se llega a comprender que es precisamente necesaria esa abolición, para conseguir la tan ansiada comunidad organizada.

El expresarse como se le antoja a cada uno, pone en peligro el orden y la paz que debe reinar en una civilización real, ya que la libertad es una pretensión antidemocrática, que se aplica dentro de la misma democracia, forzada por intereses creados y con premeditadas ansias de beneficios personales.

Sólo el derecho de expresión es el positivo, y no se debe temer a éste, cuando se ha constituido con reglas y normas que se basan en “no hacer a nadie lo que no nos guste que nos hagan”.

Sí, habría que temer los efectos y resultados de la concepción de un derecho, cuando éste es producto de la aceptación de métodos creados con libertad porque es la libertad la que otorga el derecho de reglas y métodos ajenos a la convivencia social.

Sólo en estos casos se puede discutir el valor de la ley, porque estaría minada de los errores que se cometen con el libre albedrío, que es por lo general, interesado y contraproducente.

Cuando un derecho está creado con la racionalidad de querer para los demás lo que se ansía para sí, entonces no se deben temer los efectos de las leyes que conforman ese derecho.

Muchos pretenden opinar con libertad, porque creen que sólo así tiene valor su opinión, de lo contrario se suponen esclavos del poder que otros ejercen con sus opiniones, pero no se detienen a pensar que toda opinión debe ejercerse con derecho y no con libertad, porque, ¿cómo podemos mantener una opinión positiva sin sujetarla a razonamientos y experiencias propias y/o ajenas a favor de la humanidad?

¿Cómo podemos hablar de opiniones valederas si la emitimos sin previo ajuste a la ética, o si la pretendemos competir con otras opiniones sin sujetarla a la responsabilidad o a la moral?

El hombre es muy tenaz para defender una opinión que lleva en su mente desde que tiene uso de razón, una razón que jamás usó para comprobar por sí mismo lo que siempre creyó cierto por el simple hecho de que todos los que se creen importantes pregonan constantemente, adjudicándoles virtudes inexistentes.

¿Se detuvieron a averiguar, analizando y examinando el por qué verdadero de las certezas de esas virtudes?

¿No vemos constantemente que el uso de la libertad permite cuanto la ley prohíbe?

¿No vemos los desastres, atrocidades y cuantos actos al ser humano dañan y atormentan, ejecutados todos los días por hacer prevalecer esa libertad que atrofia y desconcierta?

¿O es que se paga a los gobernantes sumas exorbitantes para que dicten leyes que coarten los actos descontrolados dentro de la democracia, para luego contradecirse ofreciendo la democracia con esa misma libertad que con las leyes restringen?

Nunca surgieron impugnadores de la libertad porque un miedo pánico a la vergüenza, se apodera de los espíritus pusilánimes.

Jamás se les prestó oído a los retractores de la libertad, y a veces el solo hecho de refutarla, da lugar a críticas violentas contra quien se atreve a tal imaginado desatino.

Quién asegura que la libertad es necesaria, sin siquiera saber el verdadero significado de la misma, ¿no está en un error?

¿Cómo podemos pretender algo por simple rutina, o por aprobar a ciegas las consideraciones que a su favor se vierten sin analizar los efectos de su uso?

¿O es que la historia de las cosas vale por la costumbre adquirida y no por el análisis de los hechos?

Presumir que la libertad es buena porque los grandes hombres del pasado y del presente así lo sostienen, es estar dotado de una vanidad ciega que les hace creer en lo infalible de sus opiniones, y no el posible error de sus conocimientos en la materia.

Son muchos los que sostienen la necesidad de libertad para explorar y/o analizar sobre cualquier tema, cosa, idea, opinión, etc. pero no se detienen a analizar ni explorar el verdadero significado de la misma, ni los efectos que provoca.

Es necesario sujetarse a la moral, la ética, la responsabilidad, y a todo aquello que el humano noble dentro de la civilización necesita para desarrollarse con honorabilidad, y todo esto está inserto en los derechos positivos que determina la sociedad civilizada.

Sin derecho no puede haber exploración efectiva de la mente, sobre ningún tema, idea u opinión.

Con libertad esa exploración de la mente sobre cualquier tema a enfocar, puede llevar a extralimitaciones, llegando al desborde instintivo e irracional, criticable o inaceptable.

Hay gente importante que ha dado sobre la libertad un veredicto de infalibilidad tal, que la hace sentir segura dentro de esa opinión, sin comprender que debieran dotarse de una precaución digna de lo racional para no caer en el error de una falsa apreciación.

Hay un raciocinio lógico por el cual las libertades no deben ser introducidas en ninguna comunidad civilizada, pues carecen de virtudes positivas, y en la realidad vista, oída, y experimentada, sólo sirven para avasallar con toda impunidad los derechos más imprescindibles de los humanos.

Si determinamos la democracia como un estilo sano para gobernar, en el cual las conductas deben conducirse por leyes, normas, reglamentos, etc., orientadas para el bien general, donde la tranquilidad y armonía debe primar entre sus componentes, mal puede pretenderse libertad, ya que ésta puede dar lugar a conductas totalitarias o dictatoriales, como asimismo, ir contra las normas a que obligan los derechos positivos.

Dentro de las comunidades organizadas, en ningún caso la libertad esta amparada ni avalada por la ley, por cuanto a ésta se la crea precisamente para coartar las libertades, que por ser producto del principio salvaje de toda especie, atenta contra el progreso de las comunidades.

El que defiende la libertad va contra los derechos, porque precisamente éstos contienen a aquélla. Por lo tanto, van contra las normas que defienden a la humanidad.

Se pretende que la libertad es buena por el hecho de que jamás nadie la ha impugnado, no obstante existir una desigualdad substancial entre esa pretensión y el real valor que por sus efectos desafortunados produce dentro de la comunidad, pareciera más bien una ilusión de voluntarios ciegos, que de seres dotados de una conducta con verdaderos valores racionales.

El ser humano civilizado, sólo es completamente racional cuando su razonamiento se basa en prácticas destinadas al mutuo beneficio dentro de la comunidad con la que convive.

Para que el ser humano sea eficazmente equitativo, debe adjudicarse y permitir a la vez, el derecho de análisis e investigación, y de emitir las opiniones resultantes de los estudios de examen sobre cualquiera sea la materia que se considere necesario y oportuno realizar.

En el derecho para concebir ideas o conceptos, queda implícita la racionalidad que ha de imprimirse en la concepción de cada punto de vista relacionado a los temas que esas ideas o conceptos buscan.

Cuando en lugar del derecho se utiliza la libertad tanto de expresión como de prensa, de reunión, etc. etc., la expresión puede hacerse grosera, mordaz, la prensa agresiva, tergiversadora, la reunión violenta, hostil, porque la libertad da lugar a derecho a la realización de cualquier deseo o voluntad, tanto de palabra como de acción.

Lo mismo sucede con la libertad de conducta, ésta concede el derecho de conducirse como mejor le plazca a cada uno, cosa que no ocurre con el derecho positivo ya que éste restringe con sus disposiciones y leyes, toda conducta que no se adapte a una convivencia social armoniosa.

Toda filosofía o doctrina de gobierno que no incluya en sus contextos, normas prohibitivas a la voluntad y deseos libres, está fomentando violencias y colisiones entre sus gobernados.

Se sobreentiende que esas prohibiciones deben llevar por móvil, la defensa de los derechos de todo ciudadano, donde la honorabilidad no debe ser mancillada por simples deseos de libertad de expresión, ya que con ella como norma aceptable, quedan amparados, protegidos y justificados los autores de cualquier desatino morboso.

La libertad de expresión es hermana de la descortesía y la incorrección, da lugar a la proliferación de los groseros y de los mal educados.

En determinados ambientes se suele practicar cual si fueran virtudes plausibles, cuando que nadie ignora que están al alcance de cualquier mediocre o desbocado, insolente que quiera utilizarlas, salvando la distancia que media entre éstos y los jocoserios.

Esta libertad también está propensa a sufrir penalidades cuando se aparta de las leyes de la ética o de la cultura.

El derecho de expresión pertenece a la sociabilidad y obliga al lenguaje digno de las personas cultas, alienta la cordialidad tan necesaria para vivir en paz.

El derecho de expresión es hijo de la civilización organizada, que apoyada en la cultura se conoce como educación social.

Con libertad y sin derechos, domina el salvajismo.

Con libertad y con derechos, reina el desorden.

Sin libertad y con derechos, se logra la civilización.

Si la libertad fuera beneficiosa, ¿para qué leyes, reglamentos, normas, reglas y tantas disposiciones que la sujetan?

Resulta difícil desprenderse de la palabra libertad, porque es aplicable a frases lindas y fogosas.

Se utiliza para componer figuras poéticas o de exaltación patriótica.

Es un simbolismo absurdo, que lleva a componer frases agradables para que sean aceptadas como importantes, aún cuando esa importancia sólo sea problemática, razón por la cual se incluye siempre en el vocabulario literario.

El hecho de que la palabra libertad se mantiene como imprescindible desde hace tantos siglos, la convirtió en rutina, con lo que pasó a ser hábito obligado de los conformistas.

Resulta ser como la Luna, que no obstante no tener vida, ni luz propia, ni calor, todos le cantan loas.

¡Libertad! ¿Conoce a alguien que la rechace?

Cómo la van a rechazar si da ventaja al que la usa, pues siempre saca más beneficios.

Pero siendo así, no deben asombrarse cuando otros, haciendo uso de esa misma libertad, les impiden practicar sus deseos, sus voluntades, sus derechos, e incluso continuar su propia vida.

Todos quieren la libertad de los pájaros, con los privilegios de los humanos, pero no con las obligaciones.

Es fácil hablar de libertad. Lo difícil es respetar los derechos de los demás.

Los que defienden la libertad suelen utilizar palabras para adornar frases de una pretendida filosofía que pueda impactar a los destinatarios y hacerles creer que libertad es lo que ellos suponen y no lo que la enciclopedia (madre del conocimiento) indica como real.

Hay quienes no se resignan a introducirse definitivamente en los preceptos y normas de los derechos, porque esto significaría renunciar a lo que durante tanto tiempo de rutina vienen manteniendo, y mantendrán porque como se sienten importantes, les avergüenza asumir el rechazo de algo que siempre ponderan: la libertad.

Cuantas veces el mundo se vio conmovido por guerras demenciales, porque algún mandamás, por disponer de armamentos poderosos se tomó libertad, para tratar de dominar a otros; la libertad, siempre fue la finalidad de los ambiciosos.

Todos los poderosos, sean personas o naciones, desean, pregonan y necesitan la libertad para dominar.

El poder no es libertad, pero como el poder se respalda con la fuerza, pasa a ser la fuerza que domina a los demás, de esta manera se convierte en el ejecutor de las libertades con que se dictan los lineamientos a seguir, de acuerdo a la moral, cultura, responsabilidad, ética, etc. que pueda o no tener el poseedor del poder.

En una nación en democracia, el poder lo ejerce un gobierno elegido por el electorado, se dice en elecciones libres.

Las elecciones no son libres sino obligatorias, y se ajustan a un sin fin de reglamentaciones. El candidato se impone.

Se otorga derecho de votar, pero no de elegir.

La opinión pública tampoco es libre desde el momento que están influenciada por las opiniones de los candidatos a ser electos, unos u otros, y estos son los que influyen en la formación de opiniones.

Un analfabeto puede tener opiniones extraídas de la promoción oral, como un intelectual las puede tener por medio de promociones escritas.

Y todos votarán, no al que ellos creen elegir, sino a los que antes se eligieron entre sí, en el círculo de los fuertes que ejercen el poder en cada partido, con toda libertad.

Luego los que realizan o desrealizan son los ministros, y son los que elevan o hunden, los que enaltecen o humillan, los que encumbran o desploman, los que conservan o despilfarran, los que construyen o destruyen a una nación y a su pueblo.

Y no son elegidos por los votantes, que al emitir el voto ignoran quienes encarnarán cada cartera.

Los ubica y los aparta el señor presidente, según las circunstancias, que pueden ser; conveniencias, presiones, tanto del círculo político que lo rodea, o por la desorientación ante los fracasos de los ministros que hay que ir desplazando por ineptos, etc. etc.

Después, una vez armado el elenco gubernamental, los importantes con poder, gritan defendiendo la libertad.

Los pueblos, influenciados por esos gritos también la piden, pero a la vez, por necesidad, exigen justicia, que se logra con los derechos.

Los de abajo, ni se percatan que la libertad no les sirve, y que sólo los delincuentes son los usufructuadores de la misma, con lo que la proliferación de los libres, los hace víctima de la inseguridad, que cada vez se hace más insoportable.

La libertad es mala dentro de la civilización, pero inepta cuando está anulada por la ley, como el delincuente lo es, si está preso por cometer un delito, pero el delincuente preso, aún cuando siga siendo delincuente, casi siempre deja de actuar como forajido.

La libertad, si bien restringida por las leyes, es nula porque queda sujeta, sigue siendo mala pues pregonada y ofrecida, incita a pasar sobre la ley, porque no hay rejas materiales que la retengan.

Hoy tal vez sea un sueño imposible, una utopía el pretender revolucionar la palabra libertad, para sacarla del altar en que la colocaron filósofos, políticos y periodistas, por efecto de una errónea interpretación, pero el tiempo vendrá en que despierten los que siguen sólo la rutina establecida, mantenida por el pregón de los aprovechadores, y analizando sin fanatismo y fríamente, el verdadero significado de esa palabra, la coloquen en el justo lugar que corresponde y levanten la voz para hacer oír al mundo los preceptos que encierran los derechos, que de hacerlos cumplir, la humanidad se salvará del descalabro atroz en que la sume esa absurda libertad, que produce decadencia y atrofiamiento.

El derecho es imprescindible, y tiene fuerza porque está avalado por la ley.

La libertad, aun agradable al oído por la promoción, es contraproducente, por lo antisocial.

Cuando políticos y periodistas, que son los que la pregonan por rutina o conveniencias, comprendan esta verdad, cambiarán una palabra por la otra en sus discursos, y nos acercaremos a la realidad, pero para esto, hay que ser sincero y… valiente.

No olvidar que en todos los aspectos y en todos los ambientes, la libertad engañosa que domina, esclaviza, y no queriéndose desprender de ella, se vive sin justicia, porque no es justicia vivir con leyes en disconformidad con la razón. Y se vive sin paz, porque no es paz la lucha entre hermanos. Y se vive sin respeto para nadie ni nada, porque no es respeto pasar sobre los derechos de los demás.

La libertad se pregona por rutina, se acepta por conformismo, y se defiende por temor, o por ignorar los verdaderos efectos de su aplicación.

Un análisis desprovisto del hechizo que impone la costumbre hereditaria de aceptar a ciegas lo conocido como bueno, o útil, permite la solidez, la firmeza de asegurar lo real como verdad irrefutable, porque está avalada por un examen falto de ingerencias extrañas a la cosa, doctrina, etc. en sí, que pudiera hostigar a la mente hacia determinada dirección.

Y el análisis es sencillo: ¿Puede la inteligencia afirmar que el valor asignado a la libertad, no es ficticio? ¿Qué es real, cuando que la libertad debe hacer libre, y esto significa estar dotado de amplios poderes en cuanto a determinaciones propias?

¿Cómo podemos asegurar que una sociedad puede vivir sin colisiones ni violencias, estando dotados quienes la integran, de ese poder omnipotente que otorga la libertad?

Los civilizados tenemos que estar dotados de derechos, porque es lo legal. Los triunfos justos otorgan derechos.

Una victoria obtenida por la fuerza, es el resultado de una acción de libertad. No da derechos, establece la ley de las bestias y conduce a la arbitrariedad.

La libertad es independencia, y configura una realidad indiscutible; no admite adaptación restringente, ni nada que suponga una identificación con, el sometimiento que encierran en sí las leyes, las reglas, los reglamentos, etc. etc.

Para dilucidar el fundamental significado de lo libre, se debe partir de la realidad que su contenido encierra y no adaptarse al conformismo rutinario que implica una simulada o simplemente una errada vanidad de interpretación.

El efecto real detiene todo avance o transformación progresista que requiere una comunidad de orden y disciplina, factores ambos que iluminan y aclaran el desarrollo mental de los individuos destinados a un proceso de crecimiento cultural, social y económico dentro de las sociedades y detiene el avance, dado que la libertad exime de la disciplina y el orden, alejando del respeto a las estructuras sociales, cuando los resultados a obtener individualmente no satisfacen los intereses personales.

Cuando que la libertad requiere para ser lo que es una amplia facultad de movimiento sin ataduras ni restricciones, se está demostrando que mal puede interpretarse como libre todo aquello que configura alejarse de los orígenes de ese su atributo fundamental.

Sus particularidades son evidentes y solo la rutina impone la costumbre de adaptación, no solo incondicional, sino hasta con la defensa de su aplicación.

¿Puede negarse que la particularidad más elocuente de la libertad, es la que hace libre?

¿Puede desconocerse que ser libre es no tener restricciones?

¿Puede ponerse en duda que si se tienen restricciones no se tiene libertad?

Entonces ¿cuál es en la realidad la ventaja que aporta la libertad a la sociedad si con ella podemos alejarnos de todo método que encierre obligaciones, deberes, responsabilidades, disciplinas, etc.

Hacer todo lo que queramos son los atributos que otorga la libertad, pero quedan maniatados por la incorporación de palabras cuyos significados indican la prohibición de su empleo.

La diversificación de los adjetivos obligados para el desarrollo de su uso, están vinculados a la aceptación necesaria para la continuidad de costumbres inveteradas.

Las leyes y las reglamentaciones son el impedimento de las acciones libres, ya que condicionan el funcionamiento social, hacia un determinado sentido. Hacia una dirección señalada para el logro de las aspiraciones comunitarias, donde el éxito de las mismas depende de los esfuerzos en la creación de aquellos métodos, que acercan a la paz de la mente, y el espíritu.

Esta paz jamás puede sustituir si a la libertad se la pretende hacer figurar entre los elementos esenciales de la sociedad.

La libertad lleva en sí, una ficción alegórica. El símbolo con que el trasfondo social histórico la presentó siempre.

El derecho rompe la falsa realidad que ese símbolo pretende demostrar

Se ha generalizado a tal extremo esa presentación simbólica, tal vez desde el origen mismo de su aparición, que ni la evolución de los tiempos con sus cambios sociales, culturales, políticos y económicos, han permitido un enfoque real de su contenido, que dilucidara con desinterés el simulado valor de la misma los característicos trastornos que provoca, y el falso, pero pretendido uso de una libertad restringida.

Puede indicarse con bastante precisión, tras un proceso de examen analítico, cuanto desacierto existe en la aplicación generalizada de esa libertad, (cuya valoración pretenden justificar los defensores de la misma) para el progreso, el orden y la tranquilidad de una comunidad, que busca un entendimiento que lleve paz a los corazones, a la mente y a la conciencia.

La libertad se destaca por el contraste entre los efectos resultantes de su aplicación, y el móvil que se cree buscar con la misma.

Solo se llega a resultados positivos de su uso, cuando engañándonos a sí mismo, simulamos una libertad que no es tal, porque la anulan autolimitaciones para conducirnos con honor.

Luego esa seudo libertad, ¿es libertad?

El comportamiento racional, o el sentido de responsabilidad, son factores que llevan implícito una expresión completamente adversa a la práctica de la liberalidad, y su aplicación anula todo acto libre, ya que esas virtudes se rigen por las buenas costumbres, la ética, la cultura, etc.etc.

Estas virtudes obligan al acondicionamiento social que exigen las leyes, los métodos, las reglas, etc. de convivencia entre los humanos, enriquecidos por la voluntad de las conciencias nobles y sanas, de quienes buscan la avenencia.

Las condiciones esenciales que la componen son precisas y estrictamente cabales en cuanto a la potencialidad de sus atributos. No admite ni siquiera un término medio, sin que sea anulada, ya que, repito, sus propiedades intrínsecas son de una exactitud, que indican firmeza, y suponen respeto a ese, su contenido.

No puede dejar de ser lo que es, por simple capricho, por una interpretación acomodada que se viene heredando como cosa sagrada.

Solo un fenómeno de costumbre atribuido tal vez a la conformidad de lo ya conocido superficial y / o equivocadamente, hace creer la posibilidad de aprovechamiento de una palabra cuyo significado, debe restringirse o coartarse con agregados.

Cuando se sabe mucho, o se pretende saber demasiado, se suelen dejar de lado las cosas simples, sin comprender que éstas, son eslabones que forman la cadena de la sabiduría.

Y siendo cosa simple, sencilla, entender que libertad es tomarse las atribuciones que cada uno crea más conveniente para desenvolverse en el vaivén de la existencia sin privaciones, ni ataduras que pueden vulnerar su libre albedrío, ninguno se detiene, o se atreve a explicitar el real alcance de la libertad.

Es más práctico continuar encaramado en la costumbre cotidiana que se arrastra desde siglos, que asumir un papel preponderante de apariencia absurda, como lo sería la extraña, pero evidente demostración de un análisis de identificación de la libertad.

Toda ley que quiera practicar su andar unida a la libertad, quedaría fuera de eficiencia, ya que ésta pasaría por sobre aquella con toda facilidad, ayudada por la conveniencia que los resultados individuales ofrecerían.

Las leyes deben ser estrictamente respetadas, cuando encierran en su espíritu el orden y la disciplina sin menoscabo de la dignidad humana, y es entonces cuando la libertad queda atrapada en los conceptos de la justicia, y encadenada por el respeto de los derechos.

Cuando a la libertad se la quiera presentar como valor supremo de la sociedad se comete un grave error, ya que con ella dan la posibilidad al desorden y a la indisciplina, y mal se puede pretender contrarrestar los desenfrenos, cuando que se está afirmando un desenvolvimiento libre, que no admite censura ni restricciones, al valorizarla como suprema necesidad del individuo.

Que distinto concepto encerraría la frase adversa, para mejor decir, la que calificara al derecho, como valor máximo, y suprema aspiración de la sociedad.

Con él se están prohibiendo los desmanes y, a la vez que se impone la disciplina se compensan loas obligaciones, a que esa disciplina obliga, con los beneficios que los derechos otorgan.

Los derechos sociales no los crean ni la naturaleza, ni la ley del más fuerte, es obra exclusiva de la sociedad civilizada, de una comunidad que va buscando la armonía, para vivir con paz, orden, tranquilos y con seguridad.

Para eso el derecho pasa a ser una necesidad imperiosa de la civilización.

Es el imperio de la justicia y el entendimiento entre los humanos.

Se sobreentiende, cuando las leyes con que se rigen no son instrumentadas para mantener esclavos, ni beneficiar a unos pocos en perjuicio de los muchos, cuando carecen de arbitrariedades, y no violan los principios de los derechos humanos, en fin, cuando se confeccionan con un sentido de mutuo respeto y hacia el logro de la avenencia.

Con el derecho se obtienen privilegios y obligaciones.

Con la libertad, no hay obligaciones

El no respetar los derechos y defender la libertad, hace que el engendrar hijos, sea cultivar carne de cañón para el mañana, porque serán hijos que irán al sacrificio en pos de una libertad por la que hace siglos se viene luchando sin comprender que jamás se logrará la paz, si no se cambia la dirección del timón.

NO HACIA LA LIBERTAD.

¡HACIA LOS DERECHOS!

¡TEN CUIDADO!

La música mantiene despierto, muchas veces,

pero con la monotonía de un viaje largo, adormece

El tiempo es permanencia

de la vida en la existencia.

Aprovéchalo de joven,

que de viejo es penitencia

Las injusticias indignan,

lo que indigna da bronca,

La bronca amarga,

la amargura enferma,

la enfermedad mata,

resumen ;

injusticia es,

sinónimo de muerte

La inseguridad es injusticia y evidencia,

que si los que mandan nada pueden,

es por que están en decadencia


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