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CITAS FUNDAMENTALES PARA COMPRENDER LA HISTORIA ECONÓMICA MODERNA DE MÉXICO

Jorge Isauro Rionda Ramírez



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3.7 CONCLUSIÓN:

El porfirismo en México no es causa en sí de la revolución mexicana. Propiamente el origen viene desde la implementación de las reformas liberales que de 1880 van generando una desigualdad social creciente. El reparto de tierras cultivables que favorece el aumento de los latifundios agranda el problema agrario. La paz social que logra Porfirio Díaz se traduce en un crecimiento demográfico que pronto causa un sostenido aumento de la pobreza en el campo del país.

La pequeña burguesía urbana, como parte del proceso de industrialización moderna, reproduce el antagonismo de clases de toda sociedad industrial. Los obreros que ven aumentar su productividad, no ven mejoras en procesos de trabajo. La carencia de prestaciones y derechos laborales, pocamente concebidos desde la constitución de 1857, les pone en una relación industrial muy desventajosa.

Los extranjeros gozan de privilegios tanto como empresarios, como civiles. Representan una presión adicional para el régimen que continuamente viene cediendo canonjías que les favorezcan, con tal de mantener relaciones diplomáticas son potencias extranjeras cordiales y acordes al desarrollo económico que se impulsa desde la nación.

Desde 1880 la situación social se vuelve frágil y antagónica, se profundiza la desigualdad y la indignación es creciente. Se vienen dando las bases que sostendrán la revuelta.

El término del liberalismo abre un nuevo horizonte en el desarrollo nacional ante la creación del Estado del bienestar, cuyo principal acción es la proletarización de la fuerza de trabajo, bajo instituciones que resguarda un Estado social conciliador, mediador, regulador, que lleva un fuertes sesgo ideológico social demócrata.

Con el arribo de las tesis keynesianas se deja en el pasado el bagaje ideológico burgués de la democracia y la libertad. Ahora lo que se tiene es un Estado Fascista, promotor de los intereses de las clases trabajadoras, pero finalmente garante del grupo de empresarios que promueven el crecimiento del aparato productivo nacional, dentro del propio proyecto de desarrollo nacional bajo el emblema de un único partido.

El ascenso industrial y urbano de la nación parte de los acomodos institucionales como organizacionales de una organización social y del trabajo moderna. Nuevas fuerzas organizan a la nación y nuevos baluartes son basamento para erigir a los mexicanos en un creciente anhelo nacionalista.

La pacificación del país requiere para ello el término del caciquismo provinciano, y para ello el nuevo régimen post revolucionario parte de inventar el fascismo acorde a la necesidad de promover el capitalismo industrial fordista a toda costa. Desde luego, los costos sociales y políticos son grandes, más los beneficios en lo económico estriban en una economía fuerte, que pronto logra un crecimiento sostenido.

La socialdemocracia, que más que representar los basamentos ideológicos de la clase trabajadora, funda las bases de la proletarización bajo la fórmula del salario mínimo, que es un pilar importante en la explotación capitalista industrial urbana y moderna.

El proyecto nacionalista que enarbola el PNR (posteriormente PRI), encuentra respaldo en los años 30 gracias a las políticas keynesianas, las que basan el crecimiento económico en la demanda interna, especialmente con la expansión del gasto público.

Es destacable que en el periodo de Lázaro Cárdenas el país logra recuperar el control de las industrias que son estratégicas para el desarrollo nacional, como son las industrias de la energía eléctrica como del petróleo, la minería, las comunicaciones donde destaca el ferrocarril, el teléfono y el telégrafo, principalmente.

La paz social lograda con Plutarco Elías Calles una década anterior, sumado a la consolidación de un programa político y económico de nación liderado por un partido político, que será el oficial por 71 años, así como la organización social del trabajo y la producción bajo el control estatal en su fórmula corporativa, la reforma agraria, la coyuntura internacional favorable, otorgan un largo periodo de crecimiento sostenido y estable a la nación. Es tiempo entonces del llamado Milagro Mexicano, propio de la culminación del fordismo periférico en la nación, liderado a nivel internacional por los Estados Unidos de América.

El régimen postrevolucionario en los años 20 enfrenta la necesidad de ordenar como pacificar al país. En esa misma década, el nuevo Estado revolucionario se ve en la necesidad de convenir con la Iglesia católica, la cual durante la revolución destaca por su ausencia. Logrado esto, y en razón del surgimiento de las tesis keynesianas con la Gran Depresión (1929), se inicia el esquema económico nacionalista basado en sostener el crecimiento mediante la demanda interna. Especialmente aquella que se nutre del gasto público.

Pronto el Estado revolucionario se vuelve un Estado del bienestar (década de los 30). La coyuntura de la Segunda Contienda Mundial favorece para que la nación obtenga del comercio con los Estados Unidos una demanda externa adicional que le otorga constantes ingresos de divisas. Crecen las reservas internacionales y con ello, el sistema financiero mexicano obtiene los fondos necesarios para el fomento de la producción y la industrialización. La economía se robustece y la estabilidad es inminente.

De la década de los años 40 hasta 1970 la economía logra un crecimiento constante y sostenido. Es el llamado Milagro mexicano, donde queda patente el éxito del programa revolucionario iniciado en los años 30, en la modernización del país, y el ascenso industrial y urbano. No obstante, el movimiento estudiantil de 1968 deja en claro que no obstante el éxito económico del régimen, la nación no ha ingresado a la democracia, ante una dictadura de partido – Estado, que deja en entredicho al sistema político que es abiertamente fascista.

El control político de la sociedad, con respecto a su papel en el reparto económico, es parte de la estrategia de la inducción del crecimiento. El Estado a su vez orienta el desarrollo atendiendo los intereses en razón de los intereses tanto de las clases empresariales, como de extranjeros, pero sobre todo, en la búsqueda de sostener el régimen de dictadura partidista.

El fascismo en México transita de militares a civiles, en fórmulas que inventa momento a momento el partido revolucionario institucional. El éxito del esquema económico moderno, con un régimen de regulación keynesiano, causa que el aumento de los sindicatos explique el por qué a la par se da el crecimiento constante del sector público.

La desigualdad social crece a la vez que los monopolios van tomando los mercados nacionales. El Estado del bienestar, subsidiario, inyecta dinero al amparo del salario real de los trabajadores. Mantiene políticas proteccionistas para los empresarios, y contradictoriamente, este proteccionismo se traduce en el fortalecimiento de los monopolios dentro del país y con ello, el aumento en la desigualdad social. Más subsidios implican a su vez, mayor participación del sector público en la economía. El Estado moderno se robustece con una economía que logra de 1940 a 1970 un crecimiento estable y sostenido.

No obstante, la expansión del Estado rebasa los límites de financiamiento interno con base impositiva. Resulta un Estado demasiado propietario, demasiado subvencionador y en sí, demasiado grande. En la crisis del fordismo marcada por la crisis de las instituciones financieras establecidas desde 1944 en Bretton Woods, se revela la insuficiencia del ahorro interno para poder mantener un sector público de tales dimensiones. La situación de las clases trabajadoras se extrema con la devaluación de 1976 y las insurrecciones campesinas vuelven a ser una realidad en el país.

Es entonces que el Estado (autoritario), en la búsqueda de legitimarse, ostenta un discurso de extrema ideología populista, y en gran medida demagógica. El control político de los trabajadores, tanto del campo como de la ciudad, es fundamental para poder mantener en el partido a la clase política de la nación, amparado bajo la institucionalización de la revolución mexicana.

Dada la comprensión de la evolución histórica de los modos de producción, como parte de la formación económica capitalista, y la tesis de que el Estado finalmente es una forma de regulación y control que obedece a los intereses de la reproducción capitalista, estableciendo un orden institucional garante de la acumulación, el trabajo concluye que la historia de los movimientos sociales en México, como de las formas históricamente específicas que toma el Estado, es una manera de revisar las metamorfosis fascistas que el Estado expresa.


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