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CAPITAL SOCIAL, DESCENTRALIZACIÓN Y MODERNIZACIÓN DEL ESTADO

José Ángel Alzate Gómez



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Capítulo 2. Marco Conceptual para la investigación

En este capítulo se discuten y analizan las principales perspectivas teóricas y metodológicas utilizadas como fundamento, para identificar y caracterizar los diferentes enfoques de la democracia, el asunto agropecuario y, sobre esta base, el diseño de los distintos modelos de solución o enfoques, aplicados en América Latina para alcanzar el desarrollo, y así la comunidad latina dispongan de unos claros manejos políticos y económicos que permitan destacar todo su potencial humano.

Esta disertación teórica es el soporte fundamental del estudio realizado, ya que ha permitido un adecuado material teórico y metodológico empleado en este proceso de investigación y ha facilitado el análisis e interpretación de los resultados obtenidos.

El estudio inicia con el análisis del enfoque sistémico, del concepto desarrollo sostenible, de las teorías sobre medios de vida sostenibles y capital social; continua con una visión de federalismo, autonomía, regionalización, descentralización y modernización del Estado; prosigue con el estudio de la Gestión pública; el capital social; la globalización; El proceso de innovación en la agricultura; El concepto de desarrollo sostenible y finaliza con una discusión sobre La teoría de Medios de Vida Sostenible.

2.1. El enfoque sistémico

Sistema, es una totalidad percibida cuyos elementos se “aglomeran” porque se afectan recíprocamente a lo largo del tiempo y orden con un propósito común. Como sugiere este origen, la estructura de un sistema incluye la percepción unificadora del observador.

Estructura sistémica. Algunos piensan que la estructura de una organización es el organigrama. Otros piensan que la estructura alude al diseño del flujo de trabajo y los procesos empresariales. Pero en el pensamiento sistémico la “estructura” es la configuración de interrelaciones entre los componentes claves del sistema. Ello puede incluir la jerarquía y el flujo de los procesos, pero también incluye actitudes y percepciones, la calidad de los productos, los modos en que se toman las decisiones, y cientos de factores más. Las estructuras sistémicas suelen ser invisibles, hasta que alguien las señala.

El pensamiento sistémico forma parte de la nueva realidad caracterizada por el cambio como una constante, no del cambio predecible al que estábamos acostumbrados, sino el cambio discontinuo, de profundas transformaciones.

El pensamiento y la acción fueron moldeados y dominados por una concepción mecanicista (cartesiana y newtoniana) de la realidad. No se puede continuar pensando en el futuro como una continuación del pasado, sino como algo discontinuo e impredecible, lo cual no significa que sea inmoldeable o incontrolable. Simplemente se trata de cambiar de actitud y de recurrir a conceptos, teorías e instrumentos que se han venido desarrollando en los últimos años y que no se han aprovechado plenamente.

El pensamiento sistémico es una disciplina para ver totalidades, un marco para ver interrelaciones en vez de cosas, para ver patrones de cambio en vez de “instantáneas” estáticas, conjunto de principios generales destilados en el siglo veinte que abarca campos diversos. Es también un conjunto de herramientas y técnicas específicas que se originan en dos ramificaciones: el concepto de la realimentación “cibernética” y la teoría del servomecanismo, que procede de la ingeniería y es una sensibilidad hacia las interconexiones sutiles que confieren los sistemas vivientes su carácter singular. La práctica del pensamiento sistémico comienza con la comprensión del concepto “retroalimentación” que muestra como los actos pueden reforzarse o contrarrestarse entre sí. Se trata de reconocer tipos de estructuras recurrentes. El pensamiento sistémico ofrece un rico lenguaje para describir una vasta gama de interrelaciones y patrones de cambio lo cual ayuda a ver los patrones más profundos que subyacen a los acontecimientos y los detalles.

Círculos de causalidad forman la realidad y el querer ver las cosas en líneas, es una de las razones de esta fragmentación, el lenguaje modela la percepción lo que se ve depende de que como se este preparado para verlo. En el pensamiento sistémico el concepto de retroalimentación alude a todo el flujo reciproco de influencia, es un axioma de toda influencia, es “causa” y “efecto”; nunca hay influencia en una sola dirección. Por último el concepto de retroalimentación ilumina las limitaciones del nuevo lenguaje cuando se trata de describir un sistema que se convierte torpe por el uso de este lenguaje.

Hay dos tipos de retroalimentación: de refuerzo y de equilibrio (compensadora). El primero es un motor de crecimiento cuando se encuentra en una situación de crecimiento pero también puede presentarse un crecimiento en decadencia. La retroalimentación compensadora opera cuando hay una conducta hacia las metas, si la meta es no moverse la retroalimentación controladora actúa con un paro total, y si la meta es moverse la retroalimentación se mueve de acuerdo a las necesidades de la meta la cual es un objetivo explicito. Las demoras pueden tener un efecto positivo si se reconocen y se trabajan con ellas, las demoras no reconocidas también pueden llevar a la inestabilidad y al colapso, especialmente cuando son prolongadas.

La retroalimentación reforzadora, la retroalimentación compensadora y las demoras son muy simples, constituyen los ladrillos de los “arquetipos sistémicos”, estructuras más complejas que se repiten una y otra vez en la vida personal o laboral.

Qué esperar del pensamiento sistémico?

No hay respuestas correctas, como la dinámica de sistemas ilustra las interdependencias del sistema actual, nunca existe una sola respuesta correcta para una pregunta. En cambio, la disciplina revela que existe una gran variedad de actos posibles, algunos de los cuales conducen a cambios profundos otros actos producen, casi inevitablemente, algunas consecuencias no deseadas en otro sector del sistema. El arte del pensamiento sistémico consiste, entre otras cosas, en evaluar las consecuencias del acto que escogemos.

No se puede modifican el sistema dividiéndolo en partes, sino que todas deben mirar juntos la totalidad. En consecuencia, no es posible practicar el pensamiento sistémico en forma individual, no porque la disciplina sea dificultosa, sino porque en un sistema complejo los buenos resultados necesitan la mayor cantidad posible de perspectivas.

Por naturaleza, el pensamiento sistémico señala interdependencias y la necesidad de colaboración. A medida que el equipo continúa su labor, puede ser necesaria la inclusión de nuevos miembros, sobre todo gente que antes era vista como rival pero que ahora juega en el mismo bando.

Las causas y efectos no están estrechamente relacionados en el tiempo y el espacio. No actué cerca del síntoma del problema. Remonte la corriente y retroceda en el tiempo para eliminar la raíz. A menudo la acción más efectiva es la más sutil. A veces es mejor no hacer nada, dejar que el sistema haga su propia corrección o guíe la acción. Otras veces el punto más propicio se encuentra en un sitio inesperado.

Es posible tenerlo todo pero no al mismo tiempo. Al proponer soluciones sistémicas, se debe tener en cuenta las inevitables demoras temporales. Por ejemplo, si usted propone una expansión del personal ¿cuánto tiempo se tardara en capacitar a los nuevos empleados? ¿Cómo afectara este proceso el tiempo del personal existente? Las demoras temporales y otros aspectos sutiles del sistema solo se evidencian con el tiempo y la experimentación. Comprométanse a examinar continuamente el funcionamiento del sistema.

Las salidas fáciles no son salidas. Cuídese de las soluciones fáciles y rápidas. La mayoría de la gente prefiere intervenir en un sistema en el nivel de las normas, la estructura física y los procesos laborales, la circulación de material e información, los sistemas de remuneraciones y los mecanismos de control donde los elementos son más visibles y se requiere menos destreza para manipularlos. La conducta empeora antes de mejorar. Con frecuencia, cuando un proyecto sistémico pone de relieve las estructuras subyacentes, los miembros del grupo tienen momentos de desesperación. Pero en realidad las cosas están mejorando. La gente nota que los problemas que antes eran indiscutibles afloran a la superficie.

El reto de las próximas generaciones es explorar el pensamiento sistémico, adentrarse en su argumentación, derivar los principios y elementos esenciales del pensador sistémico y aprender a cultivar esta nueva forma de ser, de sentir, de pensar y actuar. Es tal que el entorno en el que se desenvuelve la humanidad está marcado por dos constantes: cambios profundos y acelerados, que se traduce en amenazas e incertidumbre para la mayoría de los actores económicos, sociales y políticos, y; fragmentación en la forma en que se conciben y manejan las distintas dimensiones de la realidad.

En este sentido Fritjof Capra (1998) señala que los principales problemas de nuestro tiempo no pueden ser entendidos en forma aislada porque se trata de problemas sistémicos, es decir, que están interconectados y son interdependientes. Además plantea una profunda crisis de percepción señalando que “Hay soluciones para los principales problemas de nuestro tiempo, algunas muy sencillas, pero requieren un cambio radical en nuestra percepción, en nuestro pensamiento, en nuestros valores. Nos hallamos sin duda en el inicio de ese cambio fundamental de visión en la ciencia y la sociedad, un cambio de paradigmas tan radical como la revolución copernicana”.

Es creciente la preocupación en el manejo de la concepción de desarrollo sostenible para el manejo de problemas que aquejan a la humanidad como desequilibrios sociales, económicos y ambientales. En ese sentido Lester Russell Brown indicó que “Una sociedad sostenible es aquella capaz de satisfacer sus necesidades sin disminuir las oportunidades de generaciones futuras”. Este es el desafío que enfrenta la humanidad, edificar una sociedad global y local sostenible, una sociedad con entornos económicos, institucionales, sociales y medioambientales capaces de satisfacer nuestras necesidades y expectativas sin comprometer el futuro de las próximas generaciones.

Fritjof Capra invita a trascender la visión antropocéntrica del mundo, centrada en el ser humano, al enfatizar el concepto de ecología profunda señalando que “La ecología profunda no separa a los humanos – ni a ninguna otra cosa- del entorno natural. Ve el mundo, no como una colección de objetos aislados, sino como una red de fenómenos fundamentalmente interconectados e interdependientes. La ecología profunda reconoce el valor intrínseco de todos los seres vivos y ve a los humanos como una mera hebra de la trama de la vida”.

En la teoría convencional del poder, en el sentido de dominación sobre los demás, donde hay ganadores y perdedores, es común plantearse la pregunta ¿Por qué pueden los ganadores imponerse sobre los perdedores? Considerándose al menos tres posibles respuestas: primero porque los perdedores ya no existen, vivieron en el pasado, pertenecen a la generación anterior versus la generación presente y futura. La segunda posibilidad es que los perdedores no saben que son perdedores (no tienen conocimiento de por qué: aire contaminado, erosión, desigualdad social, otros). La tercera respuesta posible es que los perdedores ya existen (generación presente), pero no tienen poder para defenderse de los ganadores. En este ejercicio, el enfoque sistémico sugiere soluciones estratégicas, facultar (en el sentido de empoderar) a los perdedores para que incidan en la disminución de inequidades de poder y riqueza para avanzar hacia metas de desarrollo sostenible.

Refiriéndose al pensamiento mecanicista y al pensamiento sistémico, Fritjof Capra señaló que “La tensión básica se da entre las partes y el todo. El énfasis sobre las partes se ha denominado mecanicista, reduccionista o atomista, mientras que el énfasis sobre el todo recibe los nombres de holístico, organicista o ecológico. En la ciencia del siglo XX la perspectiva holística ha sido conocida como sistémica; y el modo de pensar se comporta, como pensamiento sistémico”. El término Holismo se refiere a la doctrina epistemológica que considera que una realidad compleja no se reduce a la suma de sus elementos, sino que constituye un sistema global regido por leyes. Se opone al atomismo.

La raíz de la palabra “sistema” se deriva del verbo griego sunistánai que originalmente significaba “causar una unión” (reunir, juntar, colocar juntos). Agrega Fritjof Capra que “Comprender las cosas sistémicamente significa literalmente colocarlas en un contexto, establecer la naturaleza de sus relaciones”. Cualquier cadena alimenticia ilustra claramente los ciclos y el eslabonamiento de causa y efecto que constituyen los sistemas. Como sugiere el origen griego de la palabra, la estructura de un sistema incluye la percepción unificadora del observador. Como ejemplos de sistemas se pueden citar, además de las cadenas alimenticias, los organismos vivientes, la atmósfera, los nichos ecológicos, las fábricas, las comunidades, las entidades políticas, las familias y todas las organizaciones. Todos somos elementos de muchos sistemas diferentes. En tal sentido Fritjof Capra concluyó señalando que “En el planteamiento sistémico las propiedades de las partes sólo se pueden comprender desde la organización del conjunto... el pensamiento sistémico no se concentra en los componentes básicos, sino en los principios esenciales de organización”. El pensamiento sistémico implica desplazar la atención conceptual de los objetos a las relaciones, para comprender además la individualidad al mismo tiempo que la interdependencia.


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