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OTIUM SINE LITTERIS MORS EST ET HOMINIS VIVI SEPULTURA (LAS PRÁCTICAS DE OCIO DURANTE EL ALTO IMPERIO ROMANO)

Maximiliano Emanuel Korstanje


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CAPITULO II (Ocio y Estructura Social)

Para comprender mejor la noción que los romanos tenían sobre el ocio y el trabajo, es necesario adentrarnos por un momento en el mundo de la Grecia antigua (entre los siglos V y IV AC). La estructura social de los griegos se dividía en dos clases. Por un lado, los aristócratas o ciudadanos, por el otro los esclavos o servidumbre. Sin embargo, para llegar a ser un esclavo había que cumplir ciertos requisitos tales como haber sido derrotado en batalla y declarado vencido (Jiménez Guzmán, 1986). El apego que los esclavos tenían hacía el trabajo no era una cuestión de elección sino de obligación (ascholé), éste no poseía bienes, no podía contraer matrimonio ni mucho menos practicar el ocio (aunque si gozaba de tiempos de descanso). Por el contrario, los aristócratas tenían como su principal premisa repudiar el trabajo. Para los griegos entonces, la vida de ocio o scholé, consistía en la contemplación teórica (theoria) de la vida y la especulación filosófica. (Jiménez Guzmán, 1986:24) (Munné, 1999) (Korstanje, 2008a). La ciudad para la cultura helénica occidental (y consecuentemente para los romanos) tenía una importancia capital. Su espíritu urbanístico residía sobre el principio de comunidad u oikouméne (Oikos, casa y Nomos, regla). Por lo general, su trazado consistía en un cuadrilátero rectangular en el que sus calles limitaban áreas simétricamente homogéneas que reflejaban la igualdad entre los colonos griegos o los ciudadanos súbditos del imperio. No obstante, caben algunas consideraciones previas, ya que no todas las ciudades mostraban la misma tendencia.

Dentro de la ciudad se ubicaban los templos, los teatros, el ágora, o plaza central y los gimnasios, lugar que uno u otro filósofo ocupaba para hacerse escuchar (Grimal, 2002:162). Al respecto señala Grimal “para comprender esta articulación de fenómenos debemos desembarazarnos de ciertos hábitos y prejuicios propios de los historiadores del siglo XIX occidental, que en efecto, ligaban la civilización a la existencia de una nación y concedían un predominio incondicional a lo político. Nada hay más erróneo que aplicar esas categorías a priori al mundo antiguo, y sobre todo al helenístico: el marco de la ciudad sigue siendo, en la mayoría de las ciudades helenizadas, el marco espiritual” (Grimal, 2002:113). Este mismo espíritu se encontraba presente en el mundo romano aunque debe aclararse que la esclavitud correspondía a un estado específico propio de la guerra. En efecto, para llegar a ser o convertirse en un esclavo, primero había que cumplir un requisito primordial: haber sido un enemigo. Una vez derrotado, el sujeto tenía la posibilidad de escoger entre la muerte o la esclavitud (Hobbes, 2004:483) . La civilización romana (entre el II y el I AC) fue construida tomando varios aspectos de la cultura helénica occidental, sobre todo basados en una estructura jerárquica. La organización social estaba configurada alrededor de la noción de civitas. En este sentido, Jiménez de Guzmán nos sugiere “en ella coexistían dos clases sociales: el civis o ciudadano romano, sujeto de todos los derechos, que a su vez podía ser noble (nobilis) o plebeyo (profanum vulgus), y el Servus o siervo, quien no tenía la ciudadanía pero sí la posibilidad de obtenerla, de comprarla (liberto). Al igual que en la sociedad griega, para cada una de estas clases romanas existían una serie de actividades que las caracterizaban. Es así como al Civis le estaban reservadas dos actividades: la Occupattio, que era la actividad normal y corriente donde se dedicaba al comercio, al manejo administrativo, al cuidado de sus bienes; y el Otium, algo así como la ascholé griega pero con implicaciones filosóficas menos profundas” (Jiménez Guzmán, 1986:25).

Unos de los primeros autores que más trabajaron en sus escritos el concepto helénico de ocio, fueron Séneca y Cicerón. En este sentido, Khatchikian advierte “Séneca y Cicerón fueron quienes más elaboraron el concepto del otium entre los romanos. Séneca intentó trasladar a Roma el ideal griego del ocio, pero no logró superar la aceptación que ya tenía la idea de Cicerón (106-43 AC) de alternar el otium con el nec-otium, principio que dejaba de lado la presencia del ocio para relegarlo a una alternativa de la ocupación, un tiempo disponible para la recreación que era utilizado de acuerdo con las posibilidades económicas, capacidades y aspiraciones de cada ciudadano” (Khatchikian, 2000: 35). A grandes rasgos, los conceptos que vinculaban al ocio con la intelectualidad en Grecia, no serán los mismos para Roma. En efecto, el ocio romano era concebido como un práctico lapso de descanso, placer y ostentación en vez de un proceso de desarrollo cognitivo. Particularmente, Roma ensaya (por primera vez) una especie de ocio popular en forma masiva con arreglo a intereses políticos institucionales (Munné, 1999: 43).

La sociedad romana estaba fundada alrededor de ciertos valores que sostenían su estructura social como por ejemplo la negociación y la adulación. El romano medio, sin poder y sin riquezas, para sobrevivir debía tejer una estratégica red de relaciones y alianzas. Muchas veces, intercambiando familiares en matrimonio para garantizar la paz, en otras por medio de la adulación y la amistad. Cada día por la mañana, el cliente (siervo) abrazaba las rodillas de su amo besándole las manos y el pecho como símbolo de lealtad (Mehesz, 2003). Tan importante era la amistad en el mundo mediterráneo que como nos recuerda Aristóteles de Estagira “la amistad es una virtud o ya acompañada de virtud y es, además, la cosa más necesaria en la vida. Sin amigos nadie escogería vivir, aunque tuviese todos los bienes testantes. Los ricos mismos, y las personas constituidas en mando y dignidad, parecen más que todos tener necesidad de amigos… pues en la pobreza también, y en las demás desventuras, todos piensen ser el único refugio los amigos. A los jóvenes asimismo son un auxilio los amigos para no errar; a los viejos para su cuidado y para suplir la deficiencia de su actividad, causada por la debilidad en que se encuentran; y a los que están en el vigor de la vida, para las bellas acciones” (Aristóteles, VIII, v. I, p. 102).

Tras el deceso de Augusto, nos cuenta Tácito “y en Roma se aprestaron al servilismo cónsules, senadores y caballeros. Cuanto más distinguidos eran, tanto más falsos y presurosos, con ademanes estudiados para no parecer contentos por la muerte del príncipe ni demasiado tristes ante el advenimiento de su sucesor, mezclaban las lágrimas y la alegría, las lamentaciones y la adulación” (Tácito, I, 6-7). Básicamente, su estructura social se formaba de cinco estratos cuyo criterio de pertenencia se basaba en linaje, riquezas y logros políticos: los patricios (nobles), los plebeyos, los esclavos, los clientes y los libertos. Las últimas dos fueron casi relegadas totalmente del poder político.

En sus comienzos, los espacios destinados a la práctica del ocio estaban ubicados dentro de la ciudad (El Foro, los baños termales, el Coliseo). No obstante gradualmente crecía la ciudad fueron haciéndose necesarias nuevos lugares en sus afueras. Los nobles se esmeraban en construir villas, casas de campos tales como Tivoli, Tusculum y Praeneste entre otras. Los patricios o emperadores poseían su villa de veraneo propia como Centumcellae para el emperador Trajano y la Villa Hadriana para Adriano (de la dinastía Antonina) . El fenómeno continuó extendiéndose hasta formar “una cadena de lugares” destinados al placer o habilitados exclusivamente para el otium: Baias, Cumae, Ostia, Antium, Misenum y Pompeia (Jiménez Guzmán, 1986:26). Particularmente, las casas de campo tenían dos funciones principales: contribuir al descanso del ciudadano y fomentar la agricultura como actividad económica. La villa rústica era la construcción dedicada a los trabajos agrícolas, en donde el amo ponía un esclavo de confianza que le manejara todos los asuntos en su ausencia. Por otro lado, la villa urbana estaba construida para esparcimiento, ocio y descanso. En este segundo establecimiento, se ofrecían todas las comodidades de las que el ciudadano estaba acostumbrado en la ciudad, desde baños, manjares hasta campos para la práctica de deportes, caza y pesca.

El emérito profesor Ugo Enrico Paoli argumenta “la villa urbana se construía en un lugar desde el cual se gozase ampliamente la vista de la campiña o del mar; construcción de puro lujo, que no tiene como la granja, objeto práctico ni función necesaria, esta villa reflejaba en la complicación y en la riqueza de sus recintos los gustos y demostraba la riqueza de quien la había edificado” (Paoli, 2007:107). El mosaico como forma de pavimentación de los pisos, indicaba cierto estatus rango social. Por lo general, el personal de servicio o el romano perteneciente a los sectores populares no tenía esta clase de privilegios. La simbolización del mosaico habrá tenido gran importancia para los “patricios” ya que sus residencias de campo eran construidas cuidando este detalle.

Según los testimonios del profesor Blázquez la villa (ciudad) Itálica de Adriano en Hispania “las casas de Itálica, a juzgar por el espesor de los muros, eran de dos pisos, como la Casa de la Exedra. La casa mejor conocida es la llamada Casa de los Pájaros, por uno de los mosaicos con 32 cuadros, en los que se representan otras tantas aves de vivos colores de la segunda mitad del S II … su centro debía de ser un jardín y ocultaba una gran cámara abovedada, con sendos pozos en los extremos … una serie de departamentos del fondo del patio estaban adornados con seis magníficos mosaicos …el de la derecha tenía una piscina y una escalinata de descenso; el de la izquierda una fuente. El larario en forma de exedra daba al peristilo mayor. Estaba pavimentado con un pequeño mosaico, decorado con lotos y palmetas. En la parte posterior, existían unas habitaciones lujosamente pavimentadas con mosaico, y habitaciones de servicio sin mosaicos” (Blázquez, 1989:326).

También, “la llamada casa de Hylas, por su mosaico principal, debió de ser una de las más espaciosas de Itálica. Abundan en ella los patios y peristilos y las habitaciones pavimentadas con mosaico. Al patio abierto del sur se descendía por una doble escalinata; su centro lo ocupaba una fontana, forrada en su interior con un mosaico de peces. Otra mansión, con grandes patios en su parte posterior, debía de ser una hostelería y una tienda. La habitación mayor se encontraba detrás de un patio pequeño con seis columnas. Su pavimento estaba formado por opus sectile de dibujo sencillo y rica policromía” (ibid: 327). Mantener al pueblo ocupado y lejos de las reyertas parecía ser uno de los objetivos que el poder político tenía para organizar esta clase de festivales. No obstante en ocasiones singulares, eran ellos mismos producto del inicio de sublevaciones populares internas. En épocas de Domiciano, un hombre que increpó públicamente al emperador en el Circo diciendo que un Tracio podía luchar contra un Mirmilón, fue obligado a combatir en la arena contra dos perros con un cartel que decía “defensor de los tracios, impío en su palabras” (Suetonio, Flavio, X).

Paoli sostiene que Roma comenzó a construirse por la unión de pueblos vecinos y paulatinamente, a medida que se iba construyendo el Imperio acorde a nuevas políticas de urbanización. Como ya es sabido, gran parte de la construcción y la urbanización se llevó a cabo en tiempos de Augusto; confirma de esta forma “Augusto dio a la ciudad, ya muy ensanchada desde los últimos tiempos de la Republica, una sistematización administrativa que permaneció fundamental en todo el período del Imperio. El territorio de la ciudad fue limitado por él con una zona aduanera, y dividido en catorce regiones…a la cabeza de cada región se colocaba un magistrado anual; en todas había un cuartel (excubitorium) donde residían los Vigiles, cuerpo de policía creado sobre todo para la extinción de los incendios”. (Paoli, 2007: 10)

Si bien los espectáculos estaban abiertos a gran parte del pueblo, las estructuras y jerarquías sociales eran estrictamente observadas. Usurpar por error o por malicia un lugar destinado a un ciudadano de mayor jerarquía significaba lisa y llanamente una muerte segura. Existen relatos históricos, nos explica Suetonio, que narran la manera en que eran fomentadas las revueltas populares. En ocasiones, éstas comenzaban cuando algún soldado ocupaba alguna banca que no le correspondía. Es el caso, de las revueltas organizadas en contra de Octavio antes de romper su alianza con Marco Antonio. (Suetonio, Augusto, XIV) . Tras las graves derrotas de las tropas de Augusto en territorio de Germania, para ser más precisos en las batallas de Lolio y Varo en donde se pasaron a cuchillo a tres “legiones” de soldados incluyendo generales y legados, el emperador organizó grandes juegos en tributo a Júpiter para que velara por el futuro y la seguridad de Roma. Habría de ser tal la desazón de Augusto, confirma Suetonio (XXIII) “que se dejó crecer la barba y los cabellos durante muchos meses, golpeándose a veces la cabeza contra las paredes, y exclamando Quintillo Varo, devuélveme mis legiones. Los aniversarios de este desastre fueron siempre para él tristes y lúgubres jornadas.” Existe una similitud que puede ser pertinente en este caso en comparación al impacto que generaron los ataques suicidas al World Trade Center en 2001 en territorio estadounidense con respecto a las tragedias de Varo. Por supuesto, demás está decir que a pesar de las diferencias en los medios tecnológicos de una época u otra, se recuerda un impacto similar tanto en una como en otra sociedad. Este hecho nos revela la naturaleza onírica y de equilibrio que se encontraba implícita en los juegos, los cuales no sólo se celebraban en caso de victorias o triunfos, sino también de desastres militares como lo fue el de Varo. Pero ¿cuáles eran las prácticas específicas con respecto al otium?.


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