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OTIUM SINE LITTERIS MORS EST ET HOMINIS VIVI SEPULTURA (LAS PRÁCTICAS DE OCIO DURANTE EL ALTO IMPERIO ROMANO)

Maximiliano Emanuel Korstanje


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¿Qué papel jugaba el ocio como práctica social en ese proceso de aculturación y sostenimiento del orden político en Germania?

Las costumbres germanas y el ocio

Los testimonios de Tácito han sido más que útiles para reconstruir los estilos de vida y las costumbres germanas. En uno de sus pasajes, éste los describe como “tienen casi todos la misma disposición y talle, los ojos azules y fieros, los cabellos rubios, los cuerpos grandes y fuertes solamente para el primer ímpetu”. Obviamente, que existían diferencias entre las tribus nórdicas sólo que eran más las semejanzas a los ojos romanos de lo que realmente habían podido conocer por haber convivido con ellos. En las tierras de Germania, no predomina ni la plata mucho menos el oro. Su forma de intercambio más común era el trueque, aun cuando aquellos que más cerca se ubican de las fronteras del Rin, tienen mayor apego por el comercio y las costumbres romanas. Eligen a sus regentes por un régimen de linaje, aunque los generales de sus tropas son elegidos por el valor. Algunas de las tribus, promueven el sacrificio humano, aunque esta costumbre no esta extendida en todas. No poseen templos, ya que no consideran dignos de los dioses encerrarlos entre paredes. Realmente poco se conoce sobre los dioses germanos ya que éstos no han dejado legados escritos al respecto. De lo poco que se pudo reconstruir sobre la mitología germánica sabemos que existía en ellos una fuerte pasión por la guerra (heer-mann).

Básicamente, recordemos sus relatos mitológicos hacen referencias a ciertas figuras divinas como Odín/Podan/Wottan, Tor, Nerto, Donar, Geirrod, Heimdallr, Freyja, Baldes y Hrungnir entre otros. Cada uno de ellos ubicados en contextos diferentes con atribuciones y debilidades propias, en situaciones y lugares específicos empero con ciertas similitudes en sus aventuras y formas de vida. En efecto, es de notar que la cosmología escandinava descansaba en los siguientes pilares: a) La vida después de la muerte por medio de su filgia (alma). Esta no sólo que trascendía luego de la muerte, sino que tenía acción sobre los vivos. No es extraño notar que los suevos y sajones quemarán a ciertos muertos por considerarlos peligrosos en vida, y así como lo fueron en vida lo serían una vez muertos. El fuego cumplía una forma de barrera y mecanismo profiláctico. B) La creencia en las fuerzas de la naturaleza como entes divinos encontrados en un campo de batalla. En forma arquetípica, las tribus seguían el ejemplo de sus dioses y así como ellos la guerra se convertía en una forma de dirimir sus conflictos. C) Una falta de unidad y codificación en comparación a otras mitologías dependiendo de cada tribu. D) El valor como forma de reconocimiento en la otra vida, este se demostraba en el campo de batalla. E) El azar y la adivinación como voluntad de los dioses, este acto se llevaba a cabo en forma privada y pública antes de entrar en combate. F) La lucha constante entre dioses y demonios. Este escenario mítico nos ayuda a comprender mejor el apego del germano hacia sus armas y hacía sus caudillos militares. F) La venganza como figura mitológica presente en la mayoría de las poesías. (Meunier, 2006) .

En cuanto al ocio, los germanos acostumbran a llevar una vida serena y pacífica. Aquellos guerreros de mayor valentía son los que derivan todas las tareas hogareñas en otros, en todo momento llevan sus armas consigo. “Mientras los germanos no hacen la guerra, cazan un poco y sobre todo viven en la ociosidad dedicados al sueño y a la comida. Los más fuertes y belicosos no hacen nada; delegan los trabajos domésticos y el cuidado de los penates y del agro a las mujeres, los ancianos y los más débiles de la familia, languidecen en el ocio; admirable contradicción de la naturaleza, que hace que los mismos hombres hasta tal punto amen la inercia y aborrezcan la quietud” (Tácito, XV). El príncipe por lo general es acompañado a todas partes por un séquito de guerreros, que se esmeran todo el tiempo por acercarse a él. Cuanto más cerca se esté del regente de la tribu mayor es la valentía del guerrero y su prestigio. Asimismo, en la guerra, una vez muerto el príncipe se da muerte a los infames sobrevivientes por no haber cumplido su misión, proteger al rey. En sus matrimonios, las dotes son ofrecidas por los hombres y no por las mujeres, mientras que éstas son aprobadas por los padres de la mujer. No tienen escrituras ni textos, mucho menos bibliotecas. En lo que al ocio y el hospedaje respecta, los germanos parecen ser una tribu sumamente amigable según los comentarios de Tácito:

“No hay nación más amiga de fiestas y convites, ni que con mayor gusto reciba los huéspedes. Tiénese por cosa inhumana negar su casa a cualquier persona. Recíbelos cada uno con los manjares que mejor puede aparejar según su estado y hacienda. Y cuando no tiene más que darles, el mismo que acaba de ser huésped los lleva y acompaña a casa del vecino, donde, aunque no vengan convidados (que esto no hace al caso), los acogen con la misma humanidad, sin que se haga diferencia cuanto al hospedaje entre el conocido y el que no lo es. Es costumbre de ellos conceder cualquier cosa que pida el que se parte, y la misma facilidad tienen en pedirle lo que les parece. Huelgan de hacerse dádivas y presentes los unos a los otros; pero ni zahieren los que dan, ni se obligan con los que reciben. Tratan cortésmente a sus huéspedes en todo lo necesario para la vida”. (Tácito, XXI)

Este párrafo parece coincidir con la forma colectiva en que los nórdicos cultivan los suelos, y precisamente por ser una zona de pocas riquezas materiales en cuanto a minerales, no es extraño que sus costumbres se tornen con una tendencia al colectivismo que en las sociedades célticas o latinas; lo cual también explica aunque de forma parcial esa tendencia a colonizar y migrar hacia nuevas tierras constantemente.

Estos mismos dichos se encuentran en los testimonii de César por lo que parece validar las crónicas de Tácito; en cuanto a los germanos el dictador afirma “no tienen interés en la agricultura y la mayor parte de ellos se alimenta de leche, queso, carne. Y nadie tiene extensión determinada de tierra o campos propios, sino que los magistrados y jefes atribuyen cada año a los clanes y linajes…la extensión de terreno y ubicación que les parece, y al año siguiente los obligan a trasladarse a otro lugar. Aducen muchos motivos para esto: que no cambien adoptada la costumbre, el afán en la guerra por el trabajo en el campo; que no haya interés en adquirir grandes tierras y los más poderosos expulsen de sus posesiones a los más débiles… que no surja ningún deseo de dinero…La mayor gloria para las tribus es, después de haber devastado los territorios vecinos, tener a su alrededor la mayor cantidad de tierra desiertas. Por eso consideran propio de su valentía que los vecinos, expulsados, abandonen sus campos, y que nadie ose establecerse cerca de ellos” (César, 2004:201)

Sin embargo, ante los extraños son extremadamente hospitalarios tal que como afirma Julio César en sus memorias, “no consideran lícito deshonrar al huésped; los que vienen a ellos, sea por la causa que fuera, son protegidos contra la agresión y considerados sagrados y todos les abren sus casas y se comparte con ellos el alimento” (César, VI, 23). Según sus costumbres, Tácito señala “no tienen por afrenta gasta el día y la noche bebiendo. Son muy ordinarias las riñas y pendencias, como entre borrachos, que pocas veces se suelen acabar con palabras, y las más con heridas y muertes. Y también tratan en los banquetes de reconciliarse los enemigos; de hacer casamientos y elegir príncipes, y, en fin, muchas veces de las cosas de la paz y de la guerra” (Tácito, XXII) …“hacen una bebida de cebada y trigo, que quieren parecerse en algo al vino.. Sus comidas son simples: manzana salvajes, venado fresco y leche cuajada”. (Tácito, XXIII)

En cuanto a sus entierros, los germanos acostumbrar a quemar a sus muertos, cuidando de usar cierta leña para tal fin. Las propiedades del difunto, como caballos o armas son quemadas junto con el cuerpo. Las mujeres lloran y los hombres tienen como costumbre acordarse de muerto y sus actos en vida. Otro de los testimonios sobre la vida cotidiana de estas tribus, lo aporta Julio César en los Testimonii. Entre otras cosas, nos cuenta que las relaciones sexuales como convenciones sociales sólo son permitidas y bien vistas luego de cierta edad, que va a partir de los veinte años. (César, VI, 19-23)

Los pactos políticos muchas veces están estrechamente vinculados al estatus y al prestigio, en forma análoga a los celtas, los nórdicos también intercambian regalos entre sus propias étnicas como símbolo de paz y buena voluntad. “Es costumbre que espontánea e individualmente las tribus ofrezcan a sus jefes ganado y cereales, lo cual, recibido por éstos como un homenaje, también satisface sus necesidades. Pero ante todo les halagan los presentes que les son enviados de pueblos vecinos, no sólo por particulares, sino también oficialmente, tales como caballos escogidos, ricas armas, faleras y collares (...)” (Tácito, XV). Un conocido sociólogo de principios del siglo XX, Marcel Mauss, supuso en su teoría del don, el wadium germánico podía asimilarse al nexum romano. Según este autor, ambas civilizaciones (al igual que otras muchas) poseían en el sistema de intercambio una necesidad de dar para luego recibir. Según su tesis, éste parecía ser el núcleo de lo que hasta el momento parecía ser la pregunta de moda: ¿Qué mantiene unida a la sociedad?. Mauss, de esta forma, parecía estar empecinado en demostrar que el intercambio no sólo era una necesidad de los pueblos indo-europeos sino una tendencia de la mayoría de los pueblos del planeta (Mauss, 1979:247). Precisamente, Tácito no nos da ninguna pista sobre si la afirmación de Mauss, tiene relación con esta arcaica institución de intercambio. De todos modos, sus testimonios parecen apuntar al hecho de que en efecto, los germanos al igual que los celtas y latinos, poseían un sistema de reciprocidad inter e intra clánica para con sus vecinos. Sin embargo, a diferencia de los galos, éste sistema estaba estrictamente marcado por la jerarquía social. Parece ser, que los germanos, obedecen a una organización matricial en donde la familia y el clan se mantienen unidos conviviendo en la misma comarca. Este aspecto, no puede confirmarse en todas las tribus célticas aunque si podemos resaltar el papel pro-activo de la mujer en los matrimonios y las herencias (hecho que obviamente contrastaba con las costumbres romanas).

En cuanto a su arquitectura, podemos afirmar que los pueblos germanos no habitan en ciudades, y además es bien sabido, incluso no toleran que las casas sean contiguas. Se establecen en lugares aislados y apartados, en relación con una fuente, un campo o un prado, según les place. En este sentido sus “aldeas no están construidas como nosotros acostumbramos, con edificios contiguos y unidos unos a otros; cada uno tiene un espacio vacío que rodea su casa, sea como defensa contra los peligros de incendio, sea por ignorancia en el arte de la construcción. En realidad, no emplean ni piedras ni tejas, se sirven únicamente de madera sin pulimentar, independientemente de su forma o belleza. No obstante embadurnan los lugares más destacables con una tierra tan pura y brillante, que imita la pintura y los dibujos de colores. También acostumbran a excavar subterráneos que cubren con mucho estiércol y que sirven de refugio durante el invierno y de depósito para los cereales, puesto que estos lugares los preservan de los rigores del frío. Y de este modo, si el enemigo aparece, sólo saquea lo que está al descubierto, las cosas ocultas y enterradas o bien las ignoran o bien por ello mismo les escapan, puesto que habría que buscarlas”. (Tácito, XVI)

Las vestimentas, al igual que otros códigos, nos permiten conocer parte de la cultura de los pueblos que estamos analizando. En esta línea, Tácito narra con lujo de detalles las formas y vestidos que utilizaban los antiguos germanos para el siglo I. “Para todos el vestido es un sayo sujeto por un broche o, a falta de éste, por una espina; sin otro abrigo permanecen días enteros junto al fuego del hogar. Los más ricos se distinguen por su vestidura no holgada, como la de los sármatas y los partos, sino ajustada marcando los miembros. También visten pieles de fieras, descuidadamente los más próximos a las orillas, con más esmero los del interior, para quienes las relaciones comerciales no pueden dar otro atavío. Eligen determinadas fieras y adornan con manchas las pieles arrancadas (...) y el vestido de las mujeres no difiere del de los hombres, excepto en que las mujeres se cubren más frecuentemente con tejidos de lino adornados con púrpura y en que la parte superior del vestido no se prolonga formándolas mangas; llevan desnudos los brazos y los antebrazos, incluso la parte alta del pecho aparece descubierta.” (Tácito, XVII)

De este párrafo podemos extraer tres interesantes conjeturas que nos llevan inevitablemente a profundizar en el factor lúdico como elemento de distracción y regulación del conflicto. En primera instancia, hacemos hincapié (nuevamente) en el papel del comercio y la ubicación geográfica como signos de sociabilidad y civilización. La hipótesis de Tácito, más o menos (entonces) sería: a medida en que mayores relaciones comerciales tienen los germanos con los pueblos civilizados mayor es la tendencia a usar ropas elaboradas. Al igual que en Hispania y Galia, hemos de resaltar la vestimenta como un elemento plausible de asimilación cultural. En segundo lugar, cabe detenerse por un momento y notarse la falta de una división clara por género en cuanto a los vestidos (cosa casi impensable entre los latinos); y por último, el uso del color púrpura entre las mujeres. Recordemos, que en Roma, el color púrpura simbolizaba poder y estatus social. Hecho que en ocasiones, nos demuestra que era un color muy usado por senadores, generales y emperadores que hacían su entrada en espectáculos públicos.

En lo que respecta a las actividades lúdicas, los germanos no poseían (como los latinos y los griegos) una industria que entablara un intercambio y circulación de divisas monetarias. Al contrario, para el nórdico las fiestas y los juegos sólo representaban una forma de entretenimiento no remunerado. Así, señala Cornelio Tácito que “sus fiestas y juegos son siempre unos mismos en cualquier junta. Algunos mancebos desnudos que tratan de este juego, se arrojan saltando entre las espadas y frameas. El ejercicio les ha dado el arte para hacerlo bien, y el arte de la gracia: pero no lo hacen por ganancia o salario; aunque es precio y paga de aquella su temerancia lozanía el gusto y aplauso de los que los miran. Es mucho de maravillas que juegan los dados estando templados, y entre las cosas de veras, con tanta codicia y temeridad en ganar y perder, que cuando les falta que jugar, la última parada y apuesta es la libertad y el cuerpo.“ (Tácito, XXIV)

Según lo expuesto, podemos afirmar que para fines del siglo I DC, las costumbres germanas se encontraban poco romanizadas, y el otium (a diferencia de los galos) tenía escasa significación para estas tribus que habitaban del otro lado del río (Rin). Si bien, los nórdicos como civilización han tenido sus formas y prácticas con respecto al tiempo libre, éste nada o casi nada tenía que ver con el ocio romano, extremadamente elaborado y codificado. A medida que las tribus en las riberas del Rin comenzaron a tener contacto comercial con los galos, y por defecto con los romanos, comenzaron a dejar de lado las propias tradiciones; sin embargo, esto no va a ser observado para gran parte de la Germania sino luego de la caída del Imperio de Occidente en el 476 DC.

Concluimos este último capítulo aclarando que por el momento, es poco el material que se tiene sobre las costumbres y las formas de organización de los pueblos nórdicos; esto puede ser en parte debido a la cantidad de etnias que han formado a esta civilización; pero más que eso, ha sido la tendencia a constituirse como una sociedad ágrafa, el hecho determinante para que los arqueólogos no pudieran dar con testimonios escritos por ellos mismos. Lo que se sabe de los germanos en la actualidad, está vinculado a las obras clásicas de los romanos y griegos (como las de Tácito) que si bien por un lado, intentan narrar exhaustivamente sus costumbres, por el otro parecen estar manchadas por las tintas del etnocentrismo latino; y sobre todo romano.


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