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OTIUM SINE LITTERIS MORS EST ET HOMINIS VIVI SEPULTURA (LAS PRÁCTICAS DE OCIO DURANTE EL ALTO IMPERIO ROMANO)

Maximiliano Emanuel Korstanje


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CAPITULO IV (La Romanización en Hispania)

En su trabajo Nuevos Estudios sobre la Romanización, el profesor Blázquez compila un conjunto de artículos (ya publicados en revistas especializadas) sobre la aculturación que experimentaron las tribus autóctonas tras la llegada de los romanos. Esta obra, no sólo es un material útil para estudiosos del tema, sino que también nos permite reconstruir las formas y prácticas del ocio en las afueras de Roma y en consecuencia, poder describir la relación entre la transculturación y el ocio (como estructura política).

Al respecto, cabe señalar que Hispania se dividía en tres provincias: Hispania Ulterior Baetica, Hispania Citerior Tarraconensis, Hispania Ulterior Lusitania. En sus comienzos, los romanos dividieron (197 AC) la región de dos provincias, Citerior y Ulterior. El proceso de conquista o romanización llevó dos largos años. Por último, la península ibérica se incorpora (política y territorialmente) al imperio durante la regencia de Octavio Augusto. Los escritos de Estrabón demuestran que para el 27 AC la península se encontraba totalmente romanizada. (Estrabón, 1853-77)

Entre los teatros principales de Hispania se encuentran, el de Cartagena (Augusto), Clunia (Tiberio), Segóbriga (Nerón), Mérida (Augusto), Málaga (Augusto), Cádiz y Zaragoza (Augusto). Como en todo el imperio, la función estaba vinculada al ocio. Los materiales utilizados en principio era la madera, aunque paulatinamente se fueron usando otros como piedra y mortero romano. Arquitectónicamente, éstos se conformaban según un modelo establecido: Scanae frons (frente), Orchestra (para las autoridades), Aditus (pasillos laterales), Porticus post scaenam (detrás de escena) entre otros. Existe aquí una paradoja por demás particular, si bien la mayoría de las construcciones se llevaron a cabo durante las dinastías Julias, Claudias y Flavias, la mayor utilización de estas infraestructuras fue utilizada por los Antoninos y los Severios. “Estos teatros, como los circos, y anfiteatros, que se mencionan en este trabajo, aunque construidos varios años antes, se utilizaban todos en época de los Antoninos y los Severos” (Blázquez, 1989:393). Asimismo, Hispania posee más de una veintena de teatros destinados a espectáculos como el de Emerita (Lusitania) con capacidad para 5.500 espectadores y unos 86.63 metros de diámetro, con 13 puertas de ingreso, y dos para la orquesta. En Bética se observan teatros en Belo, Casas de la Regina, Antequera, Córdoba, Sevilla, Astigi e Itálica. En Tarraconense, se construyó un teatro en la ladera de la montaña alcanzando los 85.99 metros de diámetro; otros ejemplares, se observan también en Barcelona (Blázquez, 1989:393).

El teatro de Mérida, construido por Agrippa bajo el emperador Augusto, poseía capacidad para unas 6.000 personas, dividido en imacavea, media y summa. Se estima, que una de las modificaciones más importantes de su infraestructura se data en la regencia de Trajano (dinastía Antonina) por el siglo I DC. De lo expuesto, deducimos que el ocio estaba no sólo presente sino también extendido en la Hispania romana de la época Julia y Claudia; sin embargo, no queda todavía bien claro ¿Qué papel ha jugado el ocio en el proceso de romanización?. Precisamente, para un análisis más profundo y certero es menester realizar ciertas distinciones según la división territorial de la misma provincia. Así, en primer lugar nos ocuparemos de la Hispania Betica, para pasar a Tarraconense y finalizar nuestro paseo por la arcaica Lusitania.

Baetica

Principalmente, la zona toma el nombre debido al río Betis, aunque algunos también llaman a sus habitantes: turdetanos. Geográficamente, la Bética comprendía desde el río Betis hasta el Guadalquivir. Su centro administrativo o capital era Hispalis (moderna Sevilla) y estaba mayoritariamente formada por tribus semitas como los turdetanos (aunque para el este tampoco no se descarta la presencia celta). Ya antes de la llegada romana, Bética era rica en historia y su industria reposaba en la minería y la ganadería. Tres prestigiosas civilizaciones habianse fundido y le habían dado a la región una identidad propia: los íberos, los fenicios, y los griegos. Este hecho, distinguía a la Bética de las tribus celtíberas del norte de la Península o de Lusitania.

Sin embargo, se estima que para el siglo I AC, este pueblo ya había perdido las pautas culturales y su lengua autóctona. Muchos de sus miembros ya eran (de hecho) ciudadanos romanos y se distinguían por un buen uso del latín en versos y poesías. El ingreso de los romanos en Baetica se data del 214 AC. y declarada provincia para el 197 AC . Según el profesor Blázquez a diferencia de algunas otras tribus de la zona, los turdetanos aceptaron rápidamente y en forma satisfactoria los esfuerzos romanos de aculturación. La repartición de tierras ya en épocas de Julio César, la presencia de un elemento latino arcaico en la región y una historia de comercio con la península Itálica fueron factores que indudablemente ayudaron a la instauración de una estructura colonial (Suetonio, 1985) (Blázquez, 1989:14). Luego de la guerra, los romanos acostumbraban a realizar repartos de tierra entre los militares que intervinieron en batalla. Este método ya utilizado con éxito durante la latinización de Italia, también garantizaba el orden político de la región (Rostovtzeff, 1962)

El grado de urbanización y bienestar en Baetica era elevado en comparación con otras colonias. Diversos poetas indígenas en Córdoba como Asclepiades de Milea, son prueba “del nivel cultural” que tenía los habitantes. En concordancia con lo expuesto, José María Blázquez señala “el lujo de las casas era grande, como se desprende de la narración de los diversos historiadores, referente al paseo triunfal, a través de la Bética, efectuado por Metelo durante la guerra sertoriana; attalicis aulaeis, escribirá Valerio Máximo, y aludirá a la existencia de estatuas y de representaciones escénicas en un pasaje que recuerda muy de cerca un párrafo de Petronio: exomatis aedibus per aulaza et insignia scenisque … Salustio también ofrece una nota verdaderamente importante sobre el grado de refinamiento alcanzado por los romanos en la Bética.” (Blázquez, 1989:21)

La mayoría de las ciudades béticas tenían una infraestructura arquitectónica dotada para los espectáculos y los festivales. Sevilla tenía construido un importante pórtico y un foro, Córdoba una basílica, Gades poseía un teatro en donde se contemplaban juegos de gladiadores. Lo cierto era que “en la época augustea la Bética tenía excelentes edificios públicos en números más elevado que los de la época republicana, algunos de los cuales, quizá, pudieran datarse de los últimos años de la República” (ibid: 24). Era común, en todo el imperio, pero sobre todo en las ciudades céticas observar un juego llamado tabulae lusoriae, el cual sencillamente consistía en arrojar fichas o monedas desde una distancia considerable y embocarlas en hoyos destinados para ello. Lo cierto, es que desconocemos en primera instancia cuando se instauró éste juego (ya que en la Itálica en épocas Antoninas ya existía) y por el otro, las reglas y procedimientos exactos para participar en el juego (Blázquez, 1989:333) (Torre-Martín, 1985).

La vía Hercúlea atravesaba desde hace tiempo la Bética (124 AC), sin embargo Julio César la prolongó desde Saetabis hasta Cástulo. Augusto por su parte, se vio involucrado, en la construcción y mejoramiento de varios caminos y vías en todo el imperio. Para el 7 AC Augusto construyó una vía por Bastetania (desde Ilici a Icci), que subía desde la ciudad hasta Cástulo para terminar en el río Guadalquivir (Blázquez, 1989: 25). Económicamente, la estructura de Bética hasta destinada a la exportación de productos provenientes de la agricultura hacia Roma y la península Itálica. Esta prosperidad en el sur de Hispania, fue fomentada por Octavio incentivando no sólo las conexiones entre la capital y el resto de sus colonias sino también los intercambios comerciales. El proceso de romanización iniciado por César y sostenido por Augusto implicaba un consumo de bienes puramente romanos que iban desde alimentos hasta sandalias; y una consecuente exportación de materias primas (trigo, miel y aceite) básicas para la subsistencia de Roma –aunque la actividad minera y la venta de esclavos también tenían una gran presencia en Bética.

En este sentido la mejor propaganda política de Augusto (para sí mismo) fue la prosperidad material de todas sus colonias y ciudades satélites (Estrabón, 1853-77). Es posible, que Cádiz (Gades) albergara a varias familias de nuevo ricos que lucraban con el comercio en la zona. “El comercio trajo consigo las modas itálicas y extendió considerablemente el vivir a la manera de los romanos” (Blázquez, 1989:29). Asimismo, los comentarios del profesor Blázquez nos orientan sobre una hipótesis por demás particular, desarrollo económico (exportación y circulación de monedas) y romanización parecen contribuir favorablemente en el proceso de romanización de la Hispania Bética. “Estrabón establece una escala en el estado de romanización de las gentes de la Bética al escribir que los más romanizados son los de las orillas del Betis, que son precisamente los más ricos, los que mantenían relaciones más estrechas, de tipo comercial, con Roma y los que habitaban la región donde se asentaban varias ciudades romanas. El grado de romanización y de riqueza del sur de la Península ha quedado de manifiesto en un hecho importante: en haber sido declarada provincia senatorial.” (ibid: 35-36)

En esta misma línea investigativa y siguiendo los mismos comentarios, García y Bellido afirman “de Turdetania se exporta trigo, mucho vino y aceite; éste además no sólo en cantidad, sino de calidad insuperable. Exportase también cera, miel, pez, mucha cochinilla y minio mejor que el de la tierra sinóptica. Sus navíos los construyen allí mismo con maderas del país. Tiene sal fósil y muchas corrientes de ríos saldos, gracias a lo cual, tanto en estas cosas como en las más allá de las Columnas, abundan los talleres de salazón de pescado, que producen salmueras tan buenas como las pónticas. Antes se importaba de aquí cantidad de tejidos; hoy mismo sus lanas son más solicitadas que las de los koxaroí, y nada hay que las supere en belleza” (Garcia y Bellido, 1945:88). El texto precedente, no sólo apoya la tesis de Blázquez al señalar que Bética y Roma tenían una relación sostenida en lo comercial y económico, sino que refuerza la idea de que paulatinamente el estilo de vida romano comenzó a penetrar en las costumbres béticas por medio de la exportación de telas y vestidos. En otros pasajes, Garcia y Bellido resaltan que “la excelencia de las exportaciones de Turdetania manifiéstase en el gran número y el gran tamaño de las naves; los mayores navíos de carga que arriban a Dikaiárcheia y a Ostia, puerto de Rhóme, proceden de aquí, y su número es casi igual al que viene de Libýe.” (ibid: 91-92)


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