BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales


EL TÚNEL MÁGICO DE LOS PARADIGMAS ….LA CIENCIA REGIONAL AL ALCANCE DE LOS JÓVENES

Andrés E. Miguel Velasco y otros



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CAPÍTULO 6. EL RESCATE DE TENOCHTITLAN

La entrada de Tenochtitlan estaba custodiada por oscuros fantasmas, indicando que allí se encontraba Bezelao:

--Bien, ahora entra en acción el plan. Acérquense niños, dijo quedamente el Pequeño Danzante del Arco Iris.

El niño guía levantó sus manos pronunciando un extraño conjuro, al instante todos quedaron transformados en catarinas:

--¡Qué bien me siento volando como catarina!, exclamó Donají.

--¡Yo también!, expresó con júbilo José Pablo.

--¡De verdad que bonito es!, comentó Flor de Luna.

--¡Silencio niños que Bezelao y la Matlacihua nos pueden oír!. Ellos tienen oídos muy finos. Hagan lo que tenemos planeado, les ordenó el pequeño danzante.

Bajo la forma del pequeño insecto volador en la que se encontraban, a Flor de Luna, Donají y José Pablo les fue fácil burlar la vigilancia de los fantasmas. Inmediatamente se dirigieron hacia el altar del templo principal, donde localizaron las urnas de la purificación de Tenochtitlan, las cuales eran abrazadas por la Matlacihua, en tanto que Bezelao no separaba sus manos del collar que pendía de su enorme cuello. Ambos se encontraban profundamente dormidos:

--Es nuestra oportunidad, exclamó Donají.

--Efectivamente, reafirmó José Pablo.

Donají hizo un giro en el aire y se acercó a la urna metiéndose entre la ceniza, lo mismo hizo José Pablo. Después ambos se acercaron a las narices de las terribles deidades, y sacudiendo sus alas provocaron que las cenizas se introdujeran por sus fosas nasales:

--¡Auxilio me ahogo!, comenzó a gritar la Matlacihua.

--¡Yo también!, gritaba Bezelao.

En su desesperación ambas deidades cayeron sobre los braceros humeantes del Templo, y al sentir el calor de las brazas salieron huyendo hacia el Aponahuaya para refrescar sus asentaderas:

--¡Qué sabroso!, dijo la Matlacihua.

--¡Qué ricura!, reafirmó Bezelao.

Pero ambas dioses más se tardaron en acercarse a refrescarse cuando nuevamente salieron lanzando tremendos aullidos, pues al notar su presencia inmediatamente las lagartijas, lagartos y renacuajos del Aponahuaya se juntaron para morderles las asentaderas:

--¡Ay, vayámonos de aquí!, gritó Bezelao.

--¡Qué dolor, no puedo ni caminar!, gritaba la Matlacihua.

Así que ambas deidades, dando tumbos se alejaron de Tenochtitlan. Mientras tanto, el pequeño danzante y Flor de Luna, en forma de catarinas, se introdujeron en el agua de los altares del Templo. Rápidamente se dedicaron a esparcirla en la frente de los adormilados niños de Tenochtitlan para despertarlos, dirigiéndose en especial a Mama Luna-Maguey, que se encontraba profundamente dormida. Ésta al sentir la brisa en su frente despertó preguntando:

--¿Dónde me encuentro?, ¿qué ha pasado?.

--Aquí en el Templo Mayor, le explicó el pequeño danzante quien ya había adquirido su forma original.

Flor de Luna, Donají y José Pablo también regresaron a su forma original, y ayudando a levantarse a Mama Luna-Maguey le dijeron:

--Despacio Mama Luna, con cuidado...Aquí están las urnas mágicas que Bezelao y la Matlacihua quisieron apoderarse.

El Pequeño Danzante del Arco Iris agregó dirigiéndose a Mama Luna-Maguey:

--Tienes que romper el conjuro de Bezelao.

--¿Y quien me ayudará a romperlo?, preguntó Mama Luna-Maguey.

--Nosotros...por lo pronto nos encargaremos de prender las urnas mágicas, pero hagámoslo antes que Bezelao y la Matlacihua regresen aquí y nos lo impidan, exclamó el pequeño danzante.

--Sinceramente no creo que les hayan quedado ganas de regresar, comentó Donají.

--Yo opino lo mismo, reiteró José Pablo.

Rápidamente Flor de Luna y el niño guía tomaron las urnas prendiendo el copal que contenían, mientras Mama Luna-Maguey procedía a invocar los cuatro puntos cardinales. En el momento que terminó de hacerlo, la bruma, aunque no la oscuridad, que cubría la región desapareció, y todos los niños de Tenochtitlan despertaron de su letargo, al igual que antes lo hizo Mama Luna-Maguey. Los niños de Tenochtitlan preguntaron:

--¿Dónde estamos?, ¿qué ha pasado?.

--No se desesperen, les aclaró Mama Luna-Maguey, acompañada entonces en las gradas del Templo Mayor por el pequeño danzante, Flor de Luna, Donají y José Pablo, desde donde les explicaron a los niños de Tenochtitlan lo que les había ocurrido. Al terminar su relato Xocoyotzin que los acompañaba exclamó:

--Bezelao y la Matlacihua nos hicieron esto...Pero gracias a la ayuda de nuestros amigos se ha roto el conjuro.

--Y también debido a que todo respondió a acciones contempladas en un plan, insistió Donají.

Todos celebraron el suceso, por lo cual la parte más alta del Templo Mayor de Tenochtitlan se convirtió en un lugar de festividad:

--Tenemos que reconstruir nuestro paraíso, exclamaban los niños de Tenochtitlan.

--Un consejo, intervino Donají:

--¡Háganlo guiados por un plan!, ¡nosotros ya hemos comprobado que los planes si funcionan!

Después que el Pequeño Danzante del Arco Iris le explicó a Mama Luna-Maguey el motivo de su viaje, ésta les sugirió dirigirse a Tula, lugar donde brotaba una abundante luz que podía devolver su colorido al mundo. Mama Luna-Maguey les indicó el camino a seguir, y mientras los viajeros emprendían su marcha, los despidió con estas palabras:

--Sólo ustedes pueden combatir a Bezelao y a la Matlacihua, e impedir que continúen haciendo sus maldades. Su estrategia debe centrarse en obtener la luz de Tula: ¡gracias de verdad por ayudarnos!.¡Vayan con cuidado!.

Mientras emprendían su camino, Flor de Luna tomó de la mano a Donají, explicándole que ella y “Huitzi” se sentían más seguras si estaban más cerca una de la otra:

--Huitzi decidió acompañarme, y yo me siento muy contenta con su compañía.

Los viajeros partieron de Tenochtitlan con una sensación de fortaleza, dispuestos a continuar su aventura, mientras el pequeño danzante decía:

--Cada uno habla de la feria según le va en ella, pues los buenos negocios son para un jardinero...florecientes; para un marinero...viento en popa; para un ferrocarrilero...sobre rieles; y para un dentista...a pedir de boca.


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