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EL TÚNEL MÁGICO DE LOS PARADIGMAS ….LA CIENCIA REGIONAL AL ALCANCE DE LOS JÓVENES

Andrés E. Miguel Velasco y otros



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CAPÍTULO 26. LA GUERRA DE LAS CIENCIAS

El desconcierto de los presentes, incluido el de los mismos dioses de la Ciencia Antigua por el ataque sorpresa de los Rubicundos, fue mayúsculo.

Entre el descontrol pronto se escuchó una ronca voz que instigaba a la lucha:

--¡Disparen!, ¡destruyan a los intrusos!. Verdaderamente que si Armonía y Bienestar querían lo han logrado. Todos deberán juzgados aquí en Tecno-Monte Albán...Efectivamente, en Monte Albán del Futuro habrá Armonía y Bienestar, porque solamente habrá un Imperio, ¡el Imperio de los Rubicundos, ja, ja, ja!, era la Matlacihua quien dejando su forma de zopilote había aparecido disparando sus flechas.

--Ya me olía yo que algo andaba mal, y tenía que ser la Matlacihua la responsable de todo esto, se dijo Donají preparándose para la lucha.

--No solo la Matlacihua, sino Bezelao, quien tras bambalinas ha instigado todo esto, comentó la capitana, observando como el Gran Rubicundo se transformaba en Bezelao, comenzando a emitir sus órdenes:

--¡Ataquen, no dejen que la Ciencia Antigua tenga presencia!, ordenaba el oscuro dios.

--Es verdad, ahora se han desenmascarado, comentó Donají, observando como el Gran Rubicundo se transformaba en el dios oscuro de Monte Albán, quien rápidamente tomó su hacha, arco y flecha, comenzando a atacar.

--Yo prometo la paz, pero para mis amigos los Rubicundos, gritaba la Matlacihua.

--Bien dicen que el prometer no empobrece, el dar es lo que aniquila, la refutó Donají.

--¿Quién se atreve a contradecirme?, reclamó la oscura deidad, por lo que Donají insistió:

--Acuérdate que un tonto callado es oro molido.

--¿Por qué me dices así, si yo solamente busco lo bueno para todos?, se sintió ofendida la Matlacihua.

--No se ve por donde, porque como dice el dicho, desde lejos no lo parece; pero de cerca ni duda cabe, recalcó Donají.

--Pues si a esas vamos, yo te diré que el que es perico donde quiera es verde, se sintió ufana la Matlacihua retando a Donají, pero ésta le completó diciendo:

--Pero el que es tarugo, donde quiera pierde.

--Chamaca, ¿no dice el dicho que quien mucho habla, mucho hierra?, le insistió la Matlacihua.

--Es verdad, pues al jacal viejo no le faltan goteras, se mofó Donají.

--¿Insistes en denigrarme?, te diré que soy como la carne flaca, en cualquier gancho me atoro, se ufanó la Matlacihua, y Donají le respondió:

--Está bien Matlacihua, a palabras de borracho, oídos de cantinero, pues la ambición de poder va a hacer que se cumpla el dicho que la codicia que tú y Bezelao se traen hará que se rompa el saco.

--No conocía esta capacidad tuya para discutir, se dirigió Adivina Ruborosa a Donají.

--Se la aprendí a Quetzalcóatl cuando se disfrazó de danzante, y me gustó su manera de hablar, pero ahora a luchar, se dirigió Donají al frente de batalla.

La armada de los Rubicundos continuaba su ataque, y desde su nave Bezelao completaba su discurso:

--¡Ingenuos!, ¡Querían detener la perfección de la Ciencia en nombre de la Armonía y el Bienestar. La perfección es algo que solamente podrá ser lograda por los Rubicundos eliminando las Ciencias Blandas y a la Ciencia Antigua y sus deficientes metodologías!. Sepan que a estas alturas Monte Albán-Maíz ha sido destruido, y los Niños Corsarios sometidos a nuestras normas y reglas. ¡Armonía y Bienestar querían, Armonía y Bienestar tienen ya!. Subalternos: Yo, el Gran Rubicundo de la Ciencia, en compañía de mi aliada la Matlacihua les digo que el Imperio de la Ciencia Positivista por fin se hará realidad... ¡Por la grandeza de Tecno-Monte Albán y por las Ciencias Duras, he dicho!, concluyó Bezelao, mientras el ataque de los Rubicundos se recrudecía.

La reacción de la capitana no se hizo esperar, quien desde la torre de su barco comenzó a dar instrucciones:

--¡Al ataque!, ¡La Ciencia para Todo, Todos para la Ciencia!.

--¡Si, vamos!, fue la reacción de Donají, quien se dirigió hacia un cañón de energía para repeler la arremetida de los Rubicundos y de Bezelao, mientras la Matlacihua entusiasmada atizaba la lucha.

Repentinamente una lluvia de descargas de energía cayó sobre la barca insignia de Adivina Ruborosa, haciendo que la nave se balanceara y perdiera el equilibrio, lo que provocó la caída de la capitana, quien salió disparada hacia el vacío. Oportunamente Donají se colgó de una cuerda de la carabela, y agarrándose de ella logró rescatarla.

--Gracias Donají, esto no lo olvidaré.

--No te preocupes, lo importante es que estás bien, fue la respuesta de ésta.

--¡Vamos, ataque por estribor!, ordenó la capitana, quien nuevamente tomó el control de su nave que pronto recobró el equilibrio perdido.

Mientras tanto, la armada de Bezelao continuaba atacando por todos los flancos:

--¡Ya casi los tenemos!, ¡es nuestra oportunidad de acabar con ellos!, eran los gritos de Bezelao que se escuchaban en medio del estruendo de la batalla.

Los mismos dioses se vieron envueltos en la batalla. Rápidamente los representantes de las Ciencias duras, en especial la Física y la Química lanzaron una red en contra del dios Jaguar, la diosa Once Muerte, y el dios del Fuego, protector de las ciencias de la Antropología, la Sociología y la Sicología, tratando de atraparlos.

Por su parte, Pitao Cozobi, el dios Tlacuache; Xipe Totec y Xochiquetzal fueron sorprendidos por los representantes de la Mecánica, la Electricidad y la Electrónica, quienes haciendo acopio de una sofisticada tecnología rápidamente emprendieron su captura.

En otro lugar, la diosa Trece Serpiente, Señora de la Economía y protectora de la Demografía; junto con Cinco Flor, el Señor de la Biología, la diosa Uno Caña y el dios Abuelo, lograron repeler el ataque del Cuerpo de Científicos e Ingenieros de las Matemáticas y la Ingeniería de Sistemas, quienes no lograron con una serie de ecuaciones derribarlos.

Por su parte, el dios del Tiempo y de la Astronomía, auxiliado por el Ingeniero Gran Pirámide, y el pequeño Uno Venado Corazón de Jade, tuvieron que enfrentarse a Bezelao y a un grupo de Rubicundos armados hasta los dientes:

--¡Vamos, ataquen!, ¿no que saben tanto?, decía la oscura diosa tratando de envolver con sus argucias a sus oponentes.

--¡Será muy fácil apropiarse del Tiempo!, ¡al fin podré controlar todas las cosas!, recalcaba ufano Bezelao, quien rápidamente con su hacha se abalanzó sobre el dios del Tiempo.

--¡No se dejen, todos al ataque!, tomó el mando la capitana de los pequeños corsarios.

--¡Ayuden al rescate de los dioses!, ordenó el Morrongo a un grupo de corsarios, dirigiéndose el mismo a luchar contra Bezelao.

--¡Niño tonto!, ahora verás lo que te va a pasar, le dijo el dios abalanzándose contra él.

Rápidamente los pequeños corsarios lograron controlar la situación, revirtiendo el ataque hacia sus opositores. Los Rubicundos comenzaron a huir:

--¡Bien hecho muchachos!, celebró la capitana el ataque.

--¡No huyan cobardes!, regañó la Matlacihua a los Rubicundos.

--¡No pueden derrotarnos, rápido Matlacihua, con tu cuerno llama a mis fantasmas!, ordenó Bezelao.

Rápidamente la diosa tomó su cuerno llamando a los correligionarios del dios, y efectivamente, al tercer llamado aparecieron las huestes de oscuros fantasmas y resucitados uniéndose al ataque de Bezelao:

--¡Aquí estamos!, ¡vamos a ganar!, dijeron, abalanzándose contra los pequeños corsarios, que en pocos instantes se vieron superados en número por sus adversarios.

--¡Qué inteligente eres mi Bezelasazo!, ¡al fin el Tiempo y la Ciencia serán nuestros!, celebró la Matlacihua.

--¡Yo soy Bezelao no Bezelasazo!, reclamó el dios a la oscura deidad.

--¡No te enojes negrito, que estoy tan emocionada que se me traba la lengua!, le respondió la Matlacihua.

--¡Rápido!, ¡preparen la evacuación!, ordenó la capitana al verse superada por sus adversarios.

--¡Qué no huyan!, ¡quiero a todos los dioses en mi poder!, ordenó Bezelao seguro de su triunfo.

Cuando estaban a punto de rendirse, aparecieron diversos animales, como los coyotes, venados, halcones, lagartijas, en fin, comandados por el Dueño de los Animales, atacando a los fantasmas que combatían del lado de Bezelao.

También surgieron varias carabelas transportando a los “binigulazas del ayer”, quienes rápidamente se unieron a la lucha. En una carabela viajaban los “Niños Venado Cola Blanca”, los cuales eran los guardianes de la “región tradicional” basada en el respeto, el cuidado de la naturaleza, la solidaridad, y el despliegue de la comunalidad de la gente. En otras dos viajaban los “Niños Águila” y los “Niños Gavilán”, ambos representantes de la “región productiva”, los cuales preservaban ésta en base a empresas productoras de bienes y servicios. En otra se notaba el estandarte de los “Niños Jaguar”, los guardianes de la “región jerárquica”, los promotores del desarrollo regional. Más al fondo destacaba por sus colores verdes y adornos de flores la carabela de la “región sustentable”, comandada por los “Niños Halcón”. Finalmente, en la retaguardia avanzaba la “región compleja” comandada por los abuelos binigulazas, quienes ordenaron:

--¡Rápido niños, desplieguen la carabelas!.

--¡No puede ser, esto no lo esperábamos!, se dijo Bezelao.

--¡Bravo, llegaron nuestros invitados que nos faltaban!, comentó con júbilo Adivina Ruborosa.

--¡En hora buena!, celebró Donají.

La lucha se recrudeció, y destellos de luces comenzaron a brotar por todos lados, pues los dioses se encarnizaron en una lucha sin cuartel; llevándose la peor parte los representantes de las Ciencias duras, pues los dioses de las Ciencias Blandas y la Ciencia Antigua habían desplegado una estrategia de ataque conjunto.

--¡Tendré que recurrir a mi última carta para ganar esta batalla!, dijo Bezelao.

--¿Cuál es, puedes decírmela negrito?, se emocionó la Matlacihua.

--¡Ahora lo verás!, dijo el dios, tomando la pluma de Quetzalcóatl, así como la piedra en forma de alacrán que colgaba de su cuello, y diciendo:

--¡Quietos todos, pues este poder no lo puede detener nadie de ustedes!

--¡Es la pluma de Quetzalcóatl!, dijeron los dioses de las Ciencias Blandas y de la Ciencia Antigua, deteniendo su ataque. Lo mismo hicieron los niños “binigulazas del ayer”.

--Me alegro que ustedes comprendan el valor de este prodigio que tengo en mi poder, así que entréguense, ¡ja, ja, ja!, rió Bezelao.

El Gran Rubicundo dio la orden para que sus guardias se lanzaran al abordaje sobre las naves de los Niños Corsarios. Su ejército estaba a punto de ejecutar la orden, así como los dioses y “binigulazas del ayer” de entregarse, cuando los Rubicundos y fantasmas comenzaron a exhalar quejidos de asombro debido a que no podían moverse.

Repentinamente los combatientes fueron inmovilizados por los sonidos que comenzaron a brotar de los cañones de los barcos de los Niños Piratas: ¡las melodías que emanaban de los cañones tenían muchas dimensiones que actuaban sobre el cuerpo de los Rubicundos inmovilizándolos!. La armada Rubicunda se quedó estática, incluyendo a Bezelao, quien nunca antes había escuchado, y menos esperado, que a través de sonidos provenientes de la música terrenal fuera derrotado de una manera tan rápida.

Bezelao, colérico, volteó a mirar a la capitana, la que se encontraba dando instrucciones para poder controlar definitivamente la situación. Trató de llegar hasta la misma, pero solamente logró hincarse quedando inmovilizado, pues las notas de los sonidos que escuchaba le impidieron moverse.

--¡No se dejen envolver por el sonido!, ordenó Bezelao.

--¡Tontos, malogrados!, ¿por qué no oyen ni obedecen lo que se les ordena, vociferó la Matlacihua inútilmente.

Bezelao y su aliada rápidamente emprendieron la huída, transformándose en perro negro y en zopilote respectivamente, olvidando en su loca carrera el pergamino, la pluma de Quetzalcóatl y la propia piedra oscura en forma de alacrán de Bezelao, que fueron tomados por Donají.

Finalmente los Rubicundos se dejaron apresar fácilmente, pues se llenaron de gritos de alegría y frenesí provocados por la música nunca antes escuchada por ellos, y que Donají y José Pablo lograron introducir debido a los minidiscos que llevaban en sus pertenencias cuando emprendieron su viaje.

--¡Bravo, lo logramos!, se dirigió la capitana a Donají.

--¡Excelente!, ¡que bueno que todo está saliendo bien!, fue el comentario de Donají.

--Funcionaron los aditamentos que nos trajeron de su dimensión, en la cual la música que poseen es maravillosa, y que nuestros científicos lograron adaptar a nuestro medio: ¡gracias por el concierto musical que nos trajeron de la Tierra!, comentó satisfecha la capitana.

Sin embargo, esta satisfacción no fue suficiente para impedir que el robot que el Gran Rubicundo obsequiara a los pequeños corsarios atacara a la capitana con rayos láser en diversas partes de su cuerpo. Donají poco pudo hacer por evitar el embate a Adivina Ruborosa, porque los rayos que recibió su barca lanzó a todos los tripulantes por la borda del barco, impidiéndoles que pudieran defenderla. Este momento nuevamente fue aprovechado por Bezelao, quien dio la orden a su guardia personal de tomar prisioneros a los corsarios del buque insignia, incluyendo a su capitana.

Cuando estaban a punto de ejecutar la orden, se escuchó la voz de José Pablo que dijo:

--¡Alto en nombre de la Ciencia de la Armonía y el Bienestar!.

Todos los presentes se quedaron pasmados con lo que José Pablo comenzó a mostrarles.


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