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EL TÚNEL MÁGICO DE LOS PARADIGMAS ….LA CIENCIA REGIONAL AL ALCANCE DE LOS JÓVENES

Andrés E. Miguel Velasco y otros



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CAPÍTULO 29. EN TU NOMBRE, YO INVOCO AL AMOR

Donají y José Pablo, repuestos de la emoción, con pesar descubrieron que la capitana se hallaba tendida en la sala del Templo del Saber. Momentáneamente había perdido sus sentidos y se encontraba rodeada de varios médicos, quienes se habían apoyado en los consejos del Pequeño Uno Venado Corazón de Jade, y de un sofisticado equipo que la atendía.

Cuando al fin pudo abrir sus ojos, contempló tiernamente a Donají y José Pablo, y después balbuceó:

--¿Qué fue lo que sucedió?.

--Nada, todos nuestros planes, salvo tu herida, resultaron como habían sido previstos. Como ya lo esperábamos, después del Gran Banquete de celebración de la firma del Tratado de la Armonía y el Bienestar, el Gran Rubicundo, o sea Bezelao, ordenó la movilización del resto de su ejército hacia Monte Albán-Maíz, pero nuestra defensa los detuvo, comentó José Pablo.

--En cuanto a la manera en que nosotros nos salvamos del ataque del robot, debemos agradecérselo a un error del mismo, pues cuando nos tenía a su merced, pisó el control que hizo sonar la música que nos ayudó en la batalla, provocando que se quedara inmovilizado. Fue una suerte. De otra manera, ninguno de nosotros estaría aquí ahora. Gracias a la música nos salvamos, completó Donají.

El representante del grupo de Científicos e Ingenieros de Tecno-Monte Albán intervino diciendo:

--Nuestro cuerpo médico ha hecho todo lo posible por atender tu herida. Estamos sorprendidos de tu resistencia, porque la fuerza que te atacó hubiera sido más que suficiente para acabar con cualquiera. Nuestros médicos esperan que tu organismo reaccione mejor para tu pronta recuperación, señaló.

--¿Hace mucho tiempo de los suceso del Gran Día?, preguntó Adivina Ruborosa.

--Sí, le respondió el representante de las Matemáticas, quien reflejaba en su rostro una cierta preocupación.

La capitana dijo entonces dificultosamente:

--Me siento mucho mejor al enterarme de que no les ha sucedido nada grave ni a Donají ni a José Pablo, y de que todos se encuentran bien.

--No sabes la alegría que nos causa el que hayas podido recuperarte, intervino José Pablo.

Por su parte, el representante de la Lógica agregó:

--Capitana, queremos que tú gobiernes Monte Albán.

--Gracias, pero lo que pido es que a la mayor brevedad se haga lo posible por restituir la Armonía y el Bienestar de los Niños de la Ciencia.

--Así se hará, comentó el representante de la Electrónica, quien dio la orden a los capitanes Matacuás Secundino y Trinquete Segundo de averiguar lo que estaba sucediendo al respecto.

Debido a lo avanzado de los sistemas de información, en poco tiempo se tuvo a la mano el reporte respectivo, que confirmaba que desde el “Cisma de la Ciencia”, el desarrollo político y social de los Niños de la Ciencia se había desfasado de su avance científico y tecnológico, de manera tal que la mayoría de ellos, a pesar de su sapiencia, vivían en condiciones de pobreza y marginación, salvo sus administradores, quienes gozaban de una condición escandalosa de opulencia, pues se aprovechaban de la ignorancia de sus subordinados acerca de que existía un Bienestar que era necesario para ellos.

El poder del conocimiento se desarrolló centralizado en el Consejo de Científicos e Ingenieros, y finalmente en el “Gran Rubicundo de la Ciencia”, que se especializó en aprobar los dogmas de la Metodología de la Investigación positivista en Monte Albán, dejando el manejo de los recursos en manos de los “administradores”. Cuando Donají y José Pablo arribaron a Tecno-Monte Albán, el manejo de los recursos financieros recaía en un administrador de nombre Yusseff.

Resumiendo lo que la gente murmuraba, el informe dado a conocer destacó que este administrador había inventado un sinnúmero de triquiñuelas para apoderarse de los recursos de los Niños de la Ciencia. Por ejemplo, él decidía quien ocupaba las carteras administrativas, y él asignaba el presupuesto a voluntad, incluyendo sus gastos personales, que nadie sabía cual era su monto. De este presupuesto, él todavía tomaba sin justificación alguna el treinta por ciento, que sus subordinados debían justificar a como diera lugar. Como consecuencia, las multas de cualquier tipo a los súbditos aumentaron, pues los subordinados debían obtener los recursos para que su jefe no se molestara.

Otra triquiñuela consistía en inventar necesidades, como por ejemplo, de exportación de productos. Pedía prestado a los bancos para construcciones y mano de obra, y después quebraba los programas aludiendo una falta de mercado. Pero él se quedaba con las construcciones comprándolas a precios irrisorios. En consecuencia, poseía un sinnúmero de propiedades.

Otro subterfugio consistía en ordenarle a sus planificadores urbanos que decretaran zonas de reserva para el crecimiento de las ciudades, y así expropiarlas o comprarlas a precios muy bajos a sus dueños, para posteriormente exigir que se derogaran los decretos correspondientes, y reivindicar que hacia allí se canalizaran las inversiones públicas en equipamiento e infraestructura.

Su poder económico se había multiplicado a costa del erario público. Era dueño de muchos negocios, y en este caso su influencia consistía en impedir cualquier competencia hacia sus empresas. También proponía programas de Bienestar, y para esto formaba asociaciones que exigieran a través de revueltas y manifestaciones los recursos públicos. Yusseff los entregaba “bondadosamente” a sus solicitantes, pero se quedaba con un porcentaje previamente acordado con los líderes.

Nadie le pedía cuentas a este administrador, pues el Gran Rubicundo –o Bezelao--, andaba en otros asuntos y se hacía de la vista gorda a cambio de vivir bien, y los ciudadanos que podían exigirle algo estaban cooptados: les donaba relojes, computadoras, y hasta casas a costa del erario público. Éste grupo en el poder vivía muy bien, y para ellos no había necesidades ni problemas que resolver, pues todo aquél que se le oponía era deportado o perseguido.

Además, Yusseff había inventado un sistema de publicidad y mercadotecnia hacia los Rubicundos que todo el tiempo estaban indicando que lo hecho por él era lo mejor, incluso más allá de lo que daban sus fuerzas: la imagen se convirtió en la clave del manejo de los recursos de este hábil administrador.

Como consecuencia, la pobreza y la marginación se apoderaron de Tecno-Monte Albán, cuyos habitantes más pobres, para enfrentar sus penurias, se abocaron a explotar los recursos naturales de su alrededor, destruyendo la escasa flora y fauna existentes, alterando el ambiente natural, e induciendo más el mundo artificial. Las migraciones de las zonas pobres a las ciudades no se hicieron esperar, acrecentando las zonas de miseria y pobreza.

En poco tiempo, de Monte Albán del Futuro desapareció el mundo natural, y todo en él se volvió artificial: las plantas, los animales, los lagos, ríos, hasta la mayoría de sus montañas.

Éste era el panorama que Donají y José Pablo llegaron a conocer, y lo primero que exigieron al Gran Rubicundo fue llamar a cuentas a Yusseff, el que, cuando se dio cuenta de la nueva realidad, trató de escudarse en el fuero especial que las leyes de los Rubicundos daban a los administradores. Pero los Niños de la Ciencia, después de escuchar el informe, comenzaron a gritar:

--¡Que lo juzguen!.

--¡Que devuelva lo que se robó!.

Yusseff resultó un medroso para enfrentar la realidad que él había manipulado, e intentó huir hacia otro lugar, llevándose las más riquezas posibles. Pero la nave comandada por el Morrongo, auxiliado por Matacuás Secundino y Trinquete Segundo, detectó su huída, y antes de poder despegar, fue atrapado para que fuera juzgado.

Lo anterior llenó de gozo a los Niños de la Ciencia, quienes emprendieron la creación de empresas que utilizando lo mejor de la tecnología, inmediatamente comenzaron a dotarlos de viviendas, agua potable, drenaje, electricidad y comunicaciones. En poco tiempo lograron abatir los índices de pobreza y marginación que poseían, alcanzando el Bienestar por ellos deseado. Pero su mundo continuaba siendo artificial, y todos estaban tan acostumbrados a ello, que nadie parecía notar la ausencia del mundo natural.


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