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EL TÚNEL MÁGICO DE LOS PARADIGMAS ….LA CIENCIA REGIONAL AL ALCANCE DE LOS JÓVENES

Andrés E. Miguel Velasco y otros



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CAPÍTULO 3. EL ORIGEN DEL CONFLICTO

¿Cuándo inició el conflicto de las ideas?. Posiblemente arrancó mucho tiempo atrás, tal vez cuando la divinidad empezó la creación del mundo antiguo con el cielo, el sol y las estrellas para que guiaran a los seres vivos. Tal vez inició poco después que fue creada la Tierra con los mares, ríos y montañas, y se permitió que aquí anidaran las flores, los peces, pájaros y demás animales. O tal vez empezó cuando por mandato de una divinidad superior, Pitao completó el mundo antiguo con la creación de los binigulazas, los “hombre de la palabra verdadera”, los “hombres sabios de la antigüedad”, los padres de los “zapotecas” que más tarde poblaron Monte Albán.

Pitao solo descansó cuando reunió a los dioses que facilitarían a los binigulazas guiar su vida de la mejor manera posible. El mismo Pitao se encargó de darles la lluvia: a Xochiquetzal le pidió que les enseñara el amor, y cuando Quetzalcóatl visitó Monte Albán, el centro del mundo binigulaza, Pitao le pidió que les regalara la sabiduría. La “Serpiente Emplumada” se ganó la simpatía de todos, y a sus seguidores se les conoció como los “hombres blancos y barbados” por sus virtudes espirituales, cuya blancura era símbolo de pureza y la barba sabiduría. Así, en esta historia se verá que, colindante con Monte Albán, existía la Región de la Serpiente, poblada por unos hombres que vinieron del oriente con la intención de conquistar la tierra de los binigulazas, algunos de los cuales efectivamente destacaban por sus grandes barbas.

Las enseñanzas de los dioses antiguos estaban encaminadas a asegurar la felicidad de los binigulazas, ocasionando la envidia de la Matlacihua, que también se había establecido en Monte Albán. Ella era una deidad de la noche, y cuenta la leyenda que era poseedora de una boca casi sin dientes, tenía cuernos de chivo, una pierna de gallo y la otra de caballo, y de su espalda sobresalían unas horribles alas de zopilote. En general, era un ser que gustaba, con engaños, hacer maldades a los hombres. Ésta, celosa del afecto logrado por Quetzalcóalt se apareció a los binigulazas y les dijo:

--¡Si ustedes se educan con los principios de mi “paradigma”, el cual reúne los valores de la oscuridad, los volveré como los dioses de la creación...Yo los haré superiores a Quetzalcóalt!.

Cuando esta idea penetró en la cabeza de la gente aparecieron las peleas y conflictos, pues unos decidieron seguir a la Matlacihua, y otros aferrarse a los mandatos de los dioses que los crearon. Quienes decidieron secundar a la Matlacihua, los papás y las mamás binigulazas, se marcharon con ella hacia el oriente, donde se convirtieron en sirvientes de los “hombres barbados” de la Región de la Serpiente. Quienes se quedaron para defender su tierra y enfrentarse a la Matlacihua lo fueron los abuelos y los niños binigulazas.

De esta manera, los niños guiados por sus abuelos, se vieron en la necesidad de deliberar para enfrentar a la Matlacihua que no dejó de hostigarlos, y después de hacerlo durante tres días con sus noches llegaron a una conclusión, la cual fue dada a conocer por Plumaje de Quetzal, el más venerable de los abuelos binigulazas, quien dijo así a la asamblea de los niños:

--Pequeños, es necesario que al interior de nosotros exista unidad y armonía. Para eso debemos guiarnos por las enseñanzas de nuestros dioses. A la Matlacihua, para que no nos moleste más, le pediremos que nos diga las cosas que debemos acatar: Ella misma debe indicarnos el límite de lo que debemos o no hacer en Monte Albán.

Todos estuvieron de acuerdo con tal proposición, encargándosele al mismo grupo de abuelos que negociaran con la diosa. Ya ante la terrible Matlacihua dijeron:

--Queremos que respetes nuestras costumbres. Que no nos destruyas ni dividas más. Solo así te respetaremos.

--¡Estoy de acuerdo, pero indíquenme cómo lograrlo!, los condicionó la terrible deidad.

Desconcertados, los abuelos del pueblo se preguntaron entonces entre sí:

--¿Y ahora que haremos?, sin saber que responderse.

Y cuando ya se daban por vencidos, entre ellos apareció Quetzalcóalt en forma de colibrí quien les dijo:

--Propongo que la Matlacihua tenga potestad sobre todo aquello que posea su negro color, ya que éste es el color de su paradigma, pero nosotros debemos acogernos al “paradigma de la luz y los colores del Arco Iris”.

El consejo de abuelos asintió la propuesta de Quetzalcóalt, la cual le fue comunicada a la Matlacihua, quien la aceptó. Cuando esto ocurrió, los niños aprisa llenaron su mundo de colores. Para esto sembraron flores por doquier, los edificios de sus ciudades fueron coloreados, así mismo sus vasijas y vestidos, y para que siempre hubiera luz, a la luna se le recibía por las noches alimentándola con el calor de sus fogones.

Cuando la Matlacihua visitó la tierra de los binigulazas comprendió su falta de tino. Pero no se dio por vencida, y llena de coraje se marchó a las estrellas, cubriendo con su negro manto el cielo: una noche eterna se apoderó de las tierras de Monte Albán.

Cuando todo oscureció, la Matlacihua regresó para exigir el cumplimiento de la promesa que le había sido dada, y que consistía en que ella debía ser venerada por encima de todos los demás dioses si todo era de negro color. Los niños y los abuelos binigulazas se entristecieron, pero como seres de palabra que eran, decidieron cumplir su compromiso. Así que tuvieron que ir ante la terrible mujer para indicarle que se daban por vencidos.

Pero cuando éstos se acercaban ante ella con un bracero de carbón al rojo vivo para comunicarle su decisión, Quetzalcóalt se convirtió en hormiga, y metiéndose entre las ropas de la mala deidad, logró picarle. El dolor hizo que la Matlacihua cayera sobre las brazas, pegando entonces un salto tan grande, que ella misma rasgó el velo que había colocado en el cielo. Volvió la luz al mundo, y nuevamente brilló el sol.

A pesar de todo su esfuerzo, la Matlacihua jamás pudo unir el velo de la oscuridad que ella creó para provocar una noche eterna. Pero como tampoco nadie quitó su velo rasgado, a partir de ese momento el día y la noche se sucedieron mutuamente en el cielo de Monte Albán: era de día donde se rompió el velo, y de noche donde aún estaba. Desde entonces la oscuridad adquirió potestad sobre la noche, y la luz sobre el día. La noche y el día también recordaban a los binigulazas la presencia del “bien y el mal”, su unidad y armonía. Ellos fueron respetuosos de las leyes del universo, y uno de sus mandatos decía:

“Como es arriba debe ser abajo”.

Poco después de que se desgarrara su velo en el cielo, la furiosa Matlacihua buscó a Quetzalcóalt para encararse con él diciéndole:

--Esto que me ha ocurrido con los abuelos y niños binigulazas es por consejo tuyo, pero te derrotaré.

Debido a esta tenebrosa promesa, Donají y José Pablo se vieron envueltos en el conflicto del “paradigma de la luz” y el “paradigma de la oscuridad”, o sea entre los valores de Quetzalcóatl y los valores de la Matlacihua, que, según se verá en la presente historia, también terminó afectando el comportamiento de las regiones en la tierra de los binigulazas; pues en ella los abuelos enseñaron a sus niños que existe más de una forma de entender la realidad, y a cada una de estas formas le llamaron “paradigma”. Los “paradigmas” les permitían “comprender” y “ver” una misma realidad de diferentes maneras, y por eso eran muy tolerantes con todos y entre ellos.

Y tal fue su gusto por la diversidad y la tolerancia que les fue transmitida por sus abuelos, que los niños binigulazas recrearon Monte Albán de muchas maneras, destacando las creaciones de los Niños Águila, de los Niños Venado Cola Blanca, de los Niños Gavilán; de los Niños Halcón; y de los Niños Jaguar.

Entre todos terminaron erigiendo un Monte Albán más complejo, resultado de la combinación de las cualidades de todas sus regiones. En éstas, José Pablo y Donají vivieron las aventuras de los paradigmas de la tierra mágica que recorrieron.


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