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EL TÚNEL MÁGICO DE LOS PARADIGMAS ….LA CIENCIA REGIONAL AL ALCANCE DE LOS JÓVENES

Andrés E. Miguel Velasco y otros



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CAPÍTULO 16. EL GRAN IMPERIO

Después de su triunfo temporal en Monte Albán de los Niños Jaguar, la Matlacihua subió a lo alto del Cempoaltepetl, donde divisó a Matacuás que celebraba su victoria persiguiendo un águila.

Con su mirada siguió al soldado, notando su deseo de ser el conquistador de la “orquídea negra”, la flor sagrada a la cual los binigulazas le atribuían el don del poder a quien la poseyera, y que se creía nacía en las colinas de Monte Albán de los Niños Jaguar. Deseaba encontrarla pues él continuamente se sentía menospreciado por su Jefe Trinquete.

A pesar de ser su aliado, la Matlacihua pensó:

--“Lo engañaré”.

Y aprovechándose de su magia, convirtió en olorosa orquídea negra una flor de nopal que crecía en lo alto de una colina de Monte Albán de los Niños Jaguar, ciudad recientemente conquistada por los rubicundos. Después llamó a la Ambición y le ordenó seducir al soldado Matacuás. Esta vestía de negro, coronada por un penacho de flores de rojo color.

--Sí, yo traeré al soldado Matacuás, reverenció la Ambición a la Matlacihua.

Así que inmediatamente desparramó un olor que atrajo a Matacuás. El aroma proveniente de lo alto de la montaña llegó hasta el soldado, quien inmediatamente ascendió hasta allá atraído por la misteriosa fragancia.

-- “¿Será la orquídea negra del relato de los abuelos binigulazas?”, se preguntó Matacuás al contemplar la flor.

--“¡Córtala ahora!”, le susurró tajante la Ambición, que al notar que el soldado vacilaba se enfureció, haciendo retumbar la montaña con su enojo.

-- “No cabe duda de que esta es la flor, pues prodigios ocurren con solo mirarla”, se dijo Matacuás.

--“¡Pamplinas!”, refunfuño la Ambición, a quien se le ocurrió cambiar de estrategia al notar la poca efectividad de su método inicial. Así que usando la sugestión, amablemente susurró al oído del soldado:

--“¡Mentira que esa flor sea un medio de recibir respeto!. ¡Quien la posee puede curar a los enfermos, sanar las penas de amor, o devolver la felicidad de los tristes y decaídos, y lo que es mejor, otorga poder a su dueño. Esto significa influir en los demás, y por lo tanto dominarlos!. ¡Tómala, y en lugar de reverenciar a un tonto como el que los gobierna, tu pueblo te adorará. Tú serás el jefe en lugar del inútil de Trinquete!”, insistió la Ambición al oído de Matacuás.

--“¡Es verdad, como no pensé esto antes!”, se dijo el soldado emocionado.

Y entonces, aunque espinándose la mano cortó la flor de nopal, creyendo que era la “orquídea negra” de que hablaba la tradición sagrada de los niños. Y con ella entre las manos bajó convencido de que con sólo mostrarla a los demás rubicundos éstos se postrarían a sus pies. De esta manera se presentó ante ellos:

--¡Exijo el mando supremo del ejército de la Región de la Serpiente!.

--¿Qué autoridad te da el derecho a ese reclamo?, lo contradijo furioso su Jefe Trinquete.

--¡Esto que tengo en mis manos!, aclaró triunfante Matacuás.

La exclamación de admiración de los rubicundos, que a pesar de su tosquedad respetaban las tradiciones de los binigulazas, fue unánime al contemplar la “negra flor” que sujetaban las manos del soldado.

-- ¡Matacuás ha descubierto la “orquídea negra” de los binigulazas, pero la tradición de ellos decía que el tenerla llenaría de respeto, y no que se debía otorgar el poder a su descubridor!, sentenció iracundo Trinquete.

-- ¡Es verdad!, afirmaron contundentes los demás soldados rubicundos.

Y como todos se negaban a la pretensión de Matacuás, la Ambición decidió tomar la forma de un abuelo binigulaza vestido de rojo. Se situó en medio de los soldados diciendo:

--¡Verdad es lo que dicen soldados, pero también debemos ser justos!. ¿No acaso merece nuestro reconocimiento el arrojo de Matacuás quien ha hecho realidad algo que parecía fantasía en la tradición de nuestros enemigos niños?. Creo que lo que nuestro soldado más valiente pide es lo correcto, pues el que le otorguemos el poder demuestra nuestro reconocimiento a su arrojo.

Dicho lo anterior, la Ambición se postró a los pies de Matacuás.

--¡Mereces ser nuestro Jefe, y yo soy el primero en reconocerlo!

Con su actitud, la Ambición sembró la duda ante los demás soldados, y así a regañadientes, poco a poco los demás soldados se aproximaron con sus espadas para depositarlas a los pies de Matacuás, cuando quiso la mala suerte que en ese momento una nube que pasaba por ahí se desparramara en lluvia. El agua que cayó sobre la falsa orquídea destiñó su negro color apareciendo el rojo de la flor del nopal en que la había convertido la Matlacihua. Los rubicundos indignados por lo que sus ojos veían se detuvieron, no así Matacuás que ciego por la Ambición no pudo distinguir el cambio de color de la flor, y aún exigía el poder a gritos, secundado por la Ambición a la que también se le destiñó su rojo vestido:

--¡Entréguenme el poder para gobernar!.

Y ante los ojos atónitos de todos, el Jefe Trinquete se acercó al soldado con su espada con la intención de entregársela, pero en el momento en que Matacuás extendía la mano para tomarla, Trinquete descargó sendo golpe en su cabeza con la cacha de su espada, haciendo lo mismo con la Ambición, a la cual no le quedó más remedio que huir despavorida, aullando de dolor.

Al descubrir su error, Matacuás se arrojó a los pies de Trinquete lleno de vergüenza. Su Jefe aprovechó el momento para decir a su ambicioso subalterno:

--La Ambición es un espejismo que pretende hacernos ver negro lo que es blanco.

A lo que uno de los rubicundos corrigió:

--Más bien pretende hacernos ver negro lo que es de color rojo.

Por lo cual todos rieron, tomando a broma lo que hasta entonces era un desagradable suceso. Entonces el Jefe Trinquete ordenó:

--Saqueen Monte Albán. Nos llevaremos todos los tesoros que podamos. Los enviaremos a nuestra Región de la Serpiente. Ahora marcharemos sobre Monte Albán de los Niños Venado Cola Blanca, pues debemos agarrarlos desprevenidos. Al terminar la conquista de todas las ciudades de Monte Albán haremos el reparto de la riqueza ganada.

Todos sus soldados subalternos estuvieron en desacuerdo con lo último que ordenó Trinquete, pero por temor a enfurecerlo no se atrevieron a protestar en voz alta. Así que inmediatamente se dedicaron a saquear las casas, palacios, y templos de Monte Albán de los Niños Jaguar. Poco después, se dedicaron a demoler e incendiar la ciudad.

Desde lo alto de una colina, y montado en su corcel negro, el Jefe Trinquete, aparte de disfrutar del espectáculo, imaginaba lo que debía hacer para quedarse con la mayor cantidad posible del tesoro obtenido en el saqueo que estaba perpetrando. Sonrío para sí cuando recapacitó que la forma en que estaba organizada la economía de la Región de la Serpiente, le garantizaba quedarse con la mayor cantidad de riqueza posible.

Era así porque el espacio que formaba la Región de la Serpiente había sido estructurada como un territorio de explotación o dominación por parte de los grupos que se habían apropiado del poder económico; y que habían consolidado dicho poder a través del control de las inversiones en infraestructura, servicios o industria de la región, y que finalmente habían concebido y creado una organización social basada en el aparente manejo social de la riqueza, para a través del control de los ciudadanos carentes de riqueza poder dominar los espacios circundantes incluso con la guerra, y crear un imperio dominado por los rubicundos.

Las ideas económicas predominantes en la Región de la Serpiente se fundamentaban en la ciencia económica de un pensador que sugirió la importancia del “estado” en la economía gracias al control que ejerce en los ejércitos, la policía y las armas. En su visión el mundo económico estaba regido por dos clases: los capitalistas (burguesía), y los trabajadores (proletarios), los cuales, según este pensador, mantenían una lucha constante (lucha de clases), producto de la explotación a que los primeros someten a los segundos, lo cual podía conducir a la crisis, y a la guerra al interior de la Región de la Serpiente.

Para evitar lo último, los rubicundos iniciaron la creación de un sistema imperialista, que tenía como propósito llevar los problemas de la Región de la Serpiente a otras regiones alejadas de ésta. Por eso la tierra de los binigulazas se había convertido en el anhelo de los rubicundos, no solo por su riqueza, sino porque también les permitiría alejar sus problemas de la Región de la Serpiente hacia otras regiones.


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