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LA MIGRACIÓN EN LA REESTRUCTURACIÓN ECONÓMICA ACTUAL

Jorge Isauro Rionda Ramírez



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CAPÏTULO II: EL CONTEXTO DEL DESARROLLO URBANO

El desenvolvimiento demográfico del país se inicia prácticamente durante el periodo colonial. Las estructuras económicas que los ibéricos implementaron en la colonia condicionaron el ulterior desarrollo de nuevos esquemas de producción durante el periodo de Independencia, Reforma, Revolución Agraria y periodos de entre-guerra y post-guerra, y con ello establecieron las directrices tradicionales de la emigración y distribución espacial de la población hasta el primer lustro de los años 80 en el siglo XX.

La dinámica de desarrollo de aquel entonces, inclusive de ahora, en mucho obedeció y sigue obedeciendo a intereses más propios de la estructura económica internacional, que a los de la nación, debido a que la economía mexicana, y en lo especial, las economías regionales no consolidan un proyecto nacional de desarrollo, sino que se plasman desde su inicio en obediencia a intereses transnacionales y de colonización, durante diferentes fases del desarrollo económico del país . La estructura económica interna desde su inicio madura de manera desarticulada; con procesos de expoliación centralizadores, concentradores y extenuadores de las potencialidades naturales del territorio nacional, como de los propios hombres oriundos de las regiones de la nación mexicana.

En este esquema lógico-conceptual se tiene una concentración de la población desde tiempos coloniales en ciudades-mercado, con una emigración rural-urbano y rural-urbano-metropolitano, de donde se genera una abierta desigualdad.

El carácter primario del sector rural explica la dispersión territorial de la población de este tipo, por lo que durante las administraciones de postguerra, la inversión pública privilegió las regiones de alta densidad demográfica donde se garantiza una población mayormente beneficiada con la implementación de servicios públicos, razón por la cual se explica el tácito abandono rural que caracteriza al periodo comprendido entre los años 40 y 90.

Si el esquema colonial tiende a localizar los principales centros de población al margen de la ruta de la plata y el comercio intrazonal, especialmente en la parte central del país, durante el periodo de post-guerra la implementación del modelo de sustitución de importaciones (en su lógica reproductiva) concentra a la población en las 5 grandes áreas urbanas de mayor primacía del país. Acentuando lo que desde la colonia se viene dando: la población reside en ciudades-mercado donde no solo se concentra el capital operacional y el aparato productivo, sino se centralizan las decisiones de gobierno.

Durante el siglo XIX, centuria que representa el periodo independiente de la nación mexicana, no se puede consolidar un modelo de desarrollo para la nación, más allá de la Reforma que es parte sustancial de la política juarista, y que queda inconclusa por la muerte del Presidente Benito Juárez, y pasa al olvido por las ulteriores administraciones, especialmente por la de Don Porfirio Díaz.

De 1810 a 1920 el país vive revoluciones, guerras intestinas e intervenciones extranjeras. Se trata de pugnas entre conservadores y liberales, en una continua contienda de inclusión – exclusión.

El proyecto del Presidente Plutarco Elías Calles, da a México un régimen que acuña la Reforma Agraria (paralizada desde la muerte de Juárez), y esta en posibilidad de aglomerar las fuerzas civiles que la Revolución Mexicana desata, conjugándolas en un único proyecto político que encabeza el Partido que es el origen del Partido Revolucionario Institucional, lo que causa el fin del caudillismo político. Con esto a partir de la década de 1930 la Nación esta en posibilidad de echar a andar un programa económico y político de desarrollo.

A partir de 1940, al término de la administración del Gral. Lázaro Cárdenas (1934 – 1940), se puede afirmar se consolidaron las bases para que la nación emprenda un crecimiento sostenido que dura 40 años (desarrollo estabilizador), y se conformara como un estado moderno el capitalismo mexicano.

El milagro mexicano (1940 – 1982), se debe en gran parte al crecimiento sostenido de las exportaciones nacionales a raíz tanto de la segunda contienda mundial como al periodo de reconstrucción de las economías europeas, donde Estados Unidos de Norteamérica tiene especial importancia a raíz del llamado Plan Marshall (1946).

La nación mexicana supera la fase revolucionaria y de caudillismo político. Guerras intestinas y “volubilidad” política quedan en el pasado. La democracia se funda en las expectativas políticas y económicas que una dictadura partidista puede sostener.

En este tiempo la oferta agregada del país muestra una alta elasticidad gracias a que, por una parte México presenta altos contingentes de fuerza de trabajo disponible, especialmente a que durante los años 40 se da la transición demográfica del país con la radical caída en la tasa de mortalidad (especialmente infantil), y el sostenido alto nivel de fecundidad que para entonces prevalecen (cerca de 7 hijos vivos por madre). Por otra, el país garantiza estabilidad política interna con base a una dictadura de partido; y finalmente, el esquema productivo proteccionista fundado en el modelo de sustitución de importaciones.

El preámbulo de la Segunda Contienda Mundial, como la propia guerra van a causar un incremento sostenido de las exportaciones agrícolas y de insumos básicos a los Estados Unidos de Norte América. El periodo de la reconstrucción de las economías contendientes también explica que se sostenga un balance superavitario en el comercio exterior de México.

Durante el periodo de la posguerra, el fundamento fisiocrático del desarrollo del sector primario de la economía y la creciente participación de los sectores de la transformación y servicios en las economías urbanas, así como el rol del comercio exterior y el proteccionismo multilateralista similar a la fase mercantilista del desarrollo económico, para muchas administraciones será la original inspiración para el fomento del desarrollo inducid (Mun, 1985).

Al respecto de la fuerza de trabajo campesina, Martin (1983) realiza un estudio de los factores que son determinantes de los flujos migratorios y sus consecuencias en México y siete países centroamericanos como efecto de los ciclos agrícolas en América del Norte, donde encuentra que tienen íntima relación, así que tanto la temporalidad, los destinos de los migrantes y su calendarización en un principio respondieron a las necesidades de aprovisionamiento de mano de obra dentro del desarrollo del sector agrícola estadounidense. Esto viene a imprimir su sello dentro del territorio nacional, para la temporalidad, y tipo de cultivos que los campesinos mexicanos realizan para conjugar ambas actividades según calendario de trabajo en el mercado laboral del norte , o bien, establece la rentabilidad de los minifundios campesinos cuyos rentistas normalmente eran los pequeños productores agrícolas. Con lo anterior se establece que desde el inicio del Plan Bracero (Cornelius, 1978) en 1942, la migración de trabajadores del campo a los Estados Unidos viene a causar la enajenación de la propia economía campesina por los pequeños propietarios en cultivos de tipo comercial, muchos de ellos de productos forrajeros para las ganaderías de exportación, o de hortalizas de exportación. Con ello se fortalecieron principalmente capitales que dan pié en las principales localidades urbanas (normalmente cabeceras municipales), para la consolidación de un sector terciario que con tiempo llega a tener primacía respecto al sector primario.

En la actualidad un poco más del 75% de la población mexicana se considera urbana , y se puede afirmar que el 25% restante no sólo tiene características rurales, sino de abierta marginación. Finalmente superior a la media mundial de 45%, e inferior a la media de América del Norte de 76%; esta última, aunque similar a la mexicana, muy distantes en términos de calidad de vida.

El ascenso de la población urbana en continentes tales como Africa y Oceanía es un hecho inminente. La participación relativa de la población urbana de estos dos es relativamente mayor para el año 2025, según lo declara el Fondo de Población de las Naciones Unidas en su publicación “El Estado de la Población Mundial, 1996”; donde queda velado que dicha ascensión corresponde más a un proceso de concentración de población que de mejoramiento en la calidad de vida en los medios urbanos. El propio “desarrollo del subdesarrollo” , genera como principal resultado el éxodo del campo a las ciudades en las naciones en vías de desarrollo económico, por lo que la ascensión antes mencionada con respecto a la población urbana en dichos continentes viene acompañada de un proceso de desintegración de modos productivos agrícolas tradicionales, y un desarticulado programa de desarrollo industrial concentrado en los principales centros urbanos, por lo que, es de esperar que en lo futuro las ciudades concentren un mayor número de moradores y las presiones demográficas serán mucho mayores en materia de problemas de marginalidad y suburbanización.

En contraste, en América del Norte y Latina, Europa y Oceanía, la participación relativa a nivel mundial viene en descenso, precisamente porque estas naciones pueden frenar la atracción de población a los medios urbanos, gracias a programas de desarrollo rural, así como que su propio crecimiento demográfico esta entrando en los parámetros deseados en correspondencia a su propio desarrollo nacional. Es de esperar que dicho proceso refleje una ascensión en el nivel de vida de los moradores urbanos de estos últimos continentes en mención, mientras que en Africa y Asia, el primer cuarto de siglo se impone como un reto de “industrialización incipiente vs. desarrollo social”. (Con excepción de los países de reciente industrialización como son Taiwan, Corea del Norte, Singapur y Japón).

La relación de población por hectárea de tierra arable en nuestro país es de 26 personas, la norteamericana es de 1. Lo que se traduce para México, en inflación en los bienes básicos comestibles de la canasta básica, por insuficiencia o subcobertura de la oferta. Así también, la tasa de fecundidad total es de 3, algo inferior a la mundial de 3.04 y muy superior a la de América del Norte de 2.06. Esta última ya propiamente vela el equilibrio demográfico que tanto los Estados Unidos como Canadá observan, mientras que la mexicana presenta un estigma propio de naciones subdesarrolladas y con incipientes economías de carácter principalmente agrícola.

El desarrollo urbano mexicano más característicos por la suburbanización y marginación de las áreas periurbanas de sus grandes ciudades al margen de un desarrollo industrial desarticulado y desordenado, que responde más a la demanda de los mercados internacionales que al estómago del mexicano. El problema sigue siendo estructural y no funcional, debemos encontrar la raíz de nuestros problemas en el carácter que toma históricamente el reparto económico del orbe occidental y a la especialización internacional del trabajo que trae consigo el reparto económico mundial, que establece sus polos de desarrollo, centros gravitacionales y metropolitanos que van a establecer tanto la direccionalidad de los flujos migratorios, como la propia distribución espacial de la población en todo ámbito, de acuerdo a la lógica inherente en la dinámica de acumulación capitalista actual.


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