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LA DIMENSIÓN INMATERIAL DEL PAISAJE. UNA PROPUESTA DE DOCUMENTACIÓN, CARACTERIZACIÓN Y GESTIÓN DEL PATRIMONIO CULTURAL INMATERIAL

Juan Martín Dabezies Damboriarena


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A modo de síntesis: por un camino posible

Retomando a Touraine (1999), en una obra más pesimista según el autor, realiza una caracterización de las diversas etapas de la modernidad en donde resume algunas de sus características. La “Alta Modernidad”, caracterizada por la proximidad entre naturaleza y cultura, “Media Modernidad” es el período de tiempo conocido como Revolución Industrial, en el cual, predominaba la idea de un orden racional en una sociedad, siendo sustituido el ciudadano por el actor económico. Por último, tras las guerras mundiales y los regímenes totalitarios, en vez de hablar de postmodernidad, Touraine prefiere referirse a la “Baja Modernidad”, que continúa en nuestros días. Lo que caracteriza a nuestra “baja modernidad”, es un vacío del espacio político y social, generando la exagerada fragmentación moderna.

El sujeto existe por la realización individual, estando su grupo referencial al nivel de lo cultural. Esta desaparición de la vida social genera un abandono de las categorías sociales, dando prioridad a las culturales. Ya no se trata de la imposición o reivindicación de mayorías sobre minorías, sino lo contrario. A su vez los aspectos de este cambio cultural han generado cambios de posicionamientos políticos de 180 grados, tanto de la izquierda como de la derecha. La primera que otrora defendía los intereses de la colectividad, defiende ahora los intereses individuales encarnados en las minorías, ocurriendo lo contrario con la derecha (TOURAINE, 2000)

Y aquí es donde retomamos la propuesta de Barreiro (2005; 2006), ya que nos estimula a encaminar una transformación crítica, en base a una acción crítica y no a una crítica sin acción. Los fragmentos desgarrados del sujeto, que por otra parte están conectados por la racionalidad instrumental, Barreiro propone transformarlos desde lo que tienen en común. Transformarse en actor debe suponer entrar al sistema, cambiarlo desde adentro, objetivar y jugar con las contradicciones.

Por otra parte, creemos que la arqueología está apta para operar como transformadora aportando en la profundidad del ser. Desde su interior ya se llevaron a cabo objetivaciones del sujeto tal como lo señala Thomas (2000), que allanan el terreno para propuestas como las de Barreiro. El principal obstáculo, es la fragmentación. Pero justamente allí radica la fundamental ventaja estratégica de Barreiro: utilizar el principal obstáculo a su favor. Y esto implica transformar la justificación de los fines justificando un fin: la propia transformación. Hay que admitir las propias contradicciones de la práctica discursiva arqueológica como parte de un sistema contradictorio (BARREIRO, 2005).

Lo que nos está faltando es la propia subjetivación que permita la acción, la cual debe ser realizada en base a la comunicación, a la identificación de la diversidad, el reconocimiento de la especificidad y admitir la existencia de derechos fundamentales (TOURAINE, 1999). Esto es válido para el sujeto individual como para el sujeto disciplinar, en lo que refiere a la arqueología. Este objetivo, creemos que puede ser alcanzado de forma positiva en base a la propuesta de Barreiro, retomando la intersubjetividad habermasiana, en donde prima el diálogo entre agentes, se incluyen esferas estéticas, éticas y prácticas, y en donde se reconoce un marco de acción regulador.

¿Cómo articula concretamente esta propuesta en la realidad uruguaya? En base a lo expuesto anteriormente en cuanto al itinerario de la conformación del imaginario nacionalista uruguayo, creemos que estamos en un momento en donde la acción de la arqueología aplicada, en los lineamientos propuestos por Barreiro, son perfectamente aceptables. La demanda mitopráctica de minorías, en donde las categorías culturales deben primar (PORZECANSKI, 1992), es articulable con los resultados de una práctica arqueológica como la propuesta.

La arqueología debe explorar nuevos terrenos, comenzado por aumentar el diálogo disciplinar e interdisciplinar. Barreiro propone ciertos caminos que son muy acertados, pero la estrategia debe ser diseñada con alguna particularidad en nuestra realidad. Los proyectos deben definir perfiles de acción claros que orienten diálogos en base a canales concretos, ya sea la administración, la academia, la comunidad local, etc. Pero no debe olvidar que un dialogo unidimensional es muy débil, es muy vulnerable al efecto totalizador de la racionalidad técnica e instrumental. Debemos proponernos operar en coordenadas instrumentales, en el nivel de la racionalidad técnica, sin desatender otras racionalidades que aporten a la crítica, y operando en los sistemas que alimentan a la racionalidad técnica. Esto nos hace que sea necesario operar a un nivel de diálogo multidimensional.

Sin que este pesimismo caiga en una pura retórica disciplinar, creemos que actualmente el canal de diálogo más adecuado es a nivel de la administración. Los marcos legales referentes a lo patrimonial y a lo sostenible, están en plena reformulación en Uruguay (las cuales intentan superar las limitaciones de la Ley de Patrimonio 14.040).

Un caso es el Sistema Nacional de Áreas Protegidas de acuerdo a lo establecido en la Ley 17.234 de febrero de 2000 y su Decreto Reglamentario 52/005, en el cual se pretende articular las diversas áreas protegidas del Uruguay en un sistema único, en donde se incluyen categorías de orden cultural, como los sitios protegidos y los paisajes protegidos. También existen ciertas ordenanzas regionales que dan lugar a este tipo de prácticas propuestas y que creemos deben ser exploradas incisivamente.

A nivel de Patrimonio Inmaterial (PI), la ratificación de Uruguay de la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial del año 2003 de la UNESCO, estipula ciertas exigencias que configuran un panorama alentador3.

Esto sugiere un marco discursivo donde la arqueología y la antropología pueden y deben inmiscuirse desde la práctica. Si analizamos este panorama de este nuevo marco legal, podemos ver como se problematiza el concepto de desarrollo, como se exige el trabajo en base a inventarios, y como se manejan categorías que intentan salvar las distancias ontológicas entre naturaleza y cultura, como estas categorías no apuntan solamente a la conservación (lo cual se ha traducido en la Ley 14.040, en una absorción por parte del estado uruguayo de muchos entidades patrimoniales cuya suerte ha sido la de transformarse en objetos inmaculados que no soportan el peso del tiempo pero que no pueden ser tocados para evitar su deterioro).

Apuntando a la exploración de estos caminos se deben destacar las ventajas del trabajo con Sistemas de Información y en concreto con Sistemas de Información Geográfica (SIG). El trabajar con este tipo de sistemas, no es una solución en sí misma, pero sí es necesario señalar que requieren un trabajo de sistematización y protocolización, y generan productos y manejan lenguajes que son más cercanos a la administración pública, sector privado y otras disciplinas. Es decir se acercan más al funcionamiento de lógicas modernas, cuyo acercamiento y manejo en los términos de la confrontación de fragmentos y en coyunturas discursivas como las mencionadas líneas arriba, hacen posible una acción práctica en base a una heurística desestructurante, sin perder nunca la Vigilancia Epistemológica4 de la práctica.

También hay que destacar la ideoneidad del trabajo con Paisajes Culturales (PjC), como una forma de antidicotomización entre naturaleza y cultura, de integración disciplinar y de dialogo entre expertos y con la sociedad, ya que se trata de una forma de entender el patrimonio como un todo. Esto significa trabajar con la dimensión material y la inmaterial del paisaje, el cual generalmente suele ser abordado desde lo material.

La articulación de Sistemas de Información (lo que significa la incorporación de soportes digitales de tipos diversos) en articulación con el trabajo en PjC, permite integrar diversos tipos de lenguajes y aproximaciones a la realidad a diferentes escalas de análisis y comunicabilidad.


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