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MISTIFICACIÓN DEL LENGUAJE Y PROCESOS PSICOSOCIALES: LOS PROGRAMAS ESOTÉRICOS EN LA RADIO MEXICANA

Gilberto Fregoso Peralta



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2.2.4 Indicadores educativos.

Una aproximación breve a los números de la educación formal puede abonar pistas, indicios conducentes a, por lo menos, conjeturar en torno a la aceptación de creencias delirantes, ajenas por completo al en ocasiones crudo y avasallante mundo objetivo.

Por ejemplo, hacia finales de 2007 circulaba la información concerniente al fracaso de los jovencitos mexicanos con el examen de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) sobre rendimiento escolar. Pormenorizaba la noticia que el 50% de estudiantes de quince años que representaron a nuestro país en la valoración de habilidades científicas, matemáticas y lectura se ubicaron en los niveles 0 y 1, es decir los más bajos en el escalafón. Con otras palabras, uno de cada dos alumnos se mostró incapaz de resolver problemas elementales y comprender textos, acorde con los resultados del examen PISA 2006. Así como la mitad de los educandos no estaban calificados para realizar estudios superiores, apenas el 1% lograron colocarse en el máximo nivel en las tres competencias valoradas por el Programa Internacional para la Evaluación de los Alumnos, de la OCDE. Con respecto a los resultados del año 2000, el país había decrecido su rendimiento en lectura y ciencias doce puntos, pero acrecentado

el rendimiento en matemáticas en 19 unidades. El saldo fue el último lugar obtenido junto con Turquía, entre los 30 países miembros del organismo. El examen se aplicó a 57 naciones, 27 de ellas no afiliadas, habiéndose colocado México en el lugar 51, apenas arriba de Argentina, Brasil, Colombia, Azerbaiján, Quatar y Kirguistán. En ciencias, decía el reportero, la media de desempeño fue de 410 puntos, al igual que la de lectura, con fuerte tendencia de nuestros jóvenes compatriotas a colocarse en el nivel 2 o mínimo necesario para que un escolar continúe estudiando, mientras que en matemáticas se lograron 406 puntos, es decir, el nivel uno o insuficiente. Referente a las ciencias, el 51% se ubicó en los niveles 0 y 1, siendo apenas el 0.3% el que alcanzó el nivel 6 o de mejor desempeño. Tocante a la lectura, el 47% de los jóvenes mexicanos participantes estuvieron en los niveles 1 y 2, el 6% se colocó en los estándares 4 y 5, mientras el 0.1% en el sitio óptimo. Representaron a nuestro país 37, 706 chicos de 15 años de escuelas públicas y privadas, de los cuales 22.2% cursaban secundaria y 77.8% el bachillerato (La Jornada, 5/12/2007).

Ligado a lo anterior, se informó que los editores buscaban estrategias para garantizar la persistencia del libro en la sociedad mexicana, pues llegaron al día nacional del libro con el peor cierre de librerías en 15 años, ya que según datos de la Cámara Nacional de la Industria Editorial, en ese periodo habían quebrado entre 30% y 40% de los negocios del ramo en el país, merced a la caída en la venta de libros (La Jornada, 12/11/2007).

En el mismo tenor se daba a conocer que durante el presente sexenio –iniciado en diciembre de 2006- se alfabetizaría a tan sólo un millón de los seis millones de analfabetas reales existentes en México mayores de 15 años, así como tampoco se abatiría el rezago educativo de 27 millones de compatriotas en dicho nivel de edad, ya que la meta gubernamental sería lograr que 1.7 millones culminaran la primaria y 2.8 millones la secundaria en el 2012, mediante los trabajos del Instituto Nacional para la Educación de Adultos (INEA), lo anterior declarado por el Subsecretario de Educación Media Superior, Miguel Székely. El funcionario informaba que del 2000 al 2006 se alfabetizó a 832,000 mexicanos fuera del sistema escolar y que en 2007 el índice de analfabetismo real entre la población mayor de 15 años en el país era de 7.9%, siendo la situación más grave entre la población indígena, cuyo indicador entre los varones mayores de 15 años llegaba a 31.6% y a 64% entre las mujeres (La Jornada, 5/09/2008).

Otra noticia idónea a fin de caracterizar el ámbito de la educación formal se refirió a las valoraciones efectuadas por la Secretaría de Educación Pública a través de ENLACE (Evaluación Nacional del Logro Académico en los Centros Escolares), donde se puso de manifiesto una tendencia al decremento en resultados de miles de escuelas en los niveles de primaria y secundaria. Por ejemplo, entre 2007 y 2008 empeoró el rendimiento de casi 39, 704 locaciones educativas, entre ellas 29, 284 de talante básico y 10, 500 de medio básico, de un total de 121 mil. Lo medular de la nota atañe a que las escuelas con rendimiento menor eran las atendidas por el Consejo Nacional de Fomento Educativo (CONAFE), organismo encargado de atender a los sectores con marginación mayor; para el nivel medio básico, las telesecundarias serían las peor libradas (La Jornada, 28/08/2008).

Tanto o más dramática que la anterior, esta otra, referida al surgimiento de una nueva generación de rechazados, ahora niños de seis años sin certificado de preescolar al tramitar su acceso a la primaria, ya que con la ley vigente que hace obligatorio el nivel preescolar de enseñanza, los niños –afirma la reportera- ya no tienen que esperar a ser jóvenes para no ser aceptados en las instituciones educativas, pues ahora hay una nueva generación de escolares de seis años que son rechazados en la primaria por carecer del certificado previo. El texto cita como fuente el estudio Las implicaciones de la obligatoriedad de la educación preescolar en México. Diagnóstico y propuestas, editado por la Secretaría de Educación Pública (SEP), donde se afirma que para el ciclo 2008-2009, en que será obligatorio que los niños de tres años ingresen a dicho nivel, se estima habrá una población de casi 2 millones en esa edad, de los cuales un millón 145 mil 836 quedarían sin acceso, y sólo 794 mil 790 mil serían atendidos. Dicho de otro modo, también la discriminación educativa alcanzaría a los pequeños de tres años. Para el mismo periodo habría 5, 576, 000 chicos con edades de tres, cuatro y cinco años solicitando cursar cualquier grado del ciclo, pero el cupo alcanzaría tan sólo para 4, 978, 740, un 80%. En el informe mencionado, la SEP reconoce una carencia de servicios en las áreas de alta concentración poblacional y en las zonas marginadas, como causa principal de que haya niños de tres, cuatro y cinco años sin cursar el preescolar. La nueva ley de educación obliga haber cursado dicho nivel escolar previo, pero muchos críos y sus progenitores no se enteraron de ese nuevo requisito. Se estaría generando un rezago temprano como resultado de que numerosos padres esperan a que sus hijos cumplan los seis años para inscribirlos en primaria, pero ahora, con la obligatoriedad del kínder, nos son aceptados o se les ubica en el grado inferior al de su edad. Termina la nota diciendo que en las entidades federativas es donde se registra la mayor brecha entre los niños de tres años, a quienes corresponde ir a primero de preescolar; ejemplifica lo ocurrido durante el ciclo 2006-2007 en Colima, donde se presentó el porcentaje más alto de los que no ingresaron (98%), seguido por Campeche (92%), Sonora (91%), Baja California (90%) y Durango (89%) (La jornada, 3/10/2007).

Al margen de la calidad educativa formal en el país, que no pareciera ser motivo de preocupación alguna ni para la Secretaría de Educación Pública (SEP) ni para los intereses económicos predominantes, de todos modos los datos estrictamente numéricos son elocuentes. Por ejemplo, una noticia recogió la información según la cual apenas el 14% de los estudiantes mexicanos llegaba a la universidad, situación reconocida como falla del sistema educativo por la misma SEP, cuyos guarismos en cada fase del proceso no dejaban de revestir interés: 22 individuos de cada 100 no terminaban la primaria, la cifra se incrementaba a 32 de cada 100 sin concluir los estudios de secundaria, había además 12 millones de personas entre seis y doce años sin acceso al sistema escolar. La fuente citada por la reportera es el estudio Retos educativos de la Secretaría de Educación Pública, donde se evidencia la crisis de la estructura escolarizada en materia de cobertura y acceso, pues en el tránsito de primaria a profesional se perdía el 86% de la matrícula. Del 68% que continuaba estudios después de la secundaria, sólo egresaba la mitad. De cada cien que lograba ingresar al bachillerato, apenas 24 lo completaban; 21 sujetos arribaban a la educación superior y –sin aludir a la calidad- catorce obtenían un título profesional. Dentro del área de técnico profesional, de cada siete que ingresaban, tres culminaban su egreso. El estudio –señalaba la noticia- señalaba a la secundaria como un segmento en crisis, pues 18 de cada cien la reprobaban, sólo 79% terminaban en el tiempo normal y la deserción era de 7.1%, sin embargo menor al bachillerato, donde alcanzaba el 16.3% en el conjunto del país, el rezago educativo era en 2007 del 44% y había seis millones de compatriotas de quince años o más en calidad de analfabetos, 11.5 millones sin la primaria terminada, 17 millones sin la secundaria concluida. Finalmente, seis entidades federativas concentraban el 50% de la matrícula en educación básica: Estado de México (13.1%), Distrito Federal (7.1%), Veracruz (6.8%), Jalisco (6.3%), Puebla (5.6%), Chiapas (5%) e igual cifra para Guanajuato (La jornada, 15/10/2007).

El horizonte breve se completó con tres mensajes significativos sobre el tema. Uno recogió la preocupación de la secretaria de Educación Pública, Josefina Vázquez, a propósito de las muy elevadas cifras de deserción y rezago en el nivel medio superior, el más problemático, donde sólo seis de cada diez alumnos culminaban los estudios, es decir, apenas un 60% (La Jornada, 2/02/2007).

Otro reparó en uno de los resultados emitidos por la ya mencionada OCDE, según el cual México carecería de una dilatada cultura científica, aserto derivado del último lugar ocupado por nuestro país en aprovechamiento científico entre los miembros de dicho organismo. De los 33, 706 educandos nacionales participantes, apenas 1% evidenciaron un rendimiento aceptable (La Jornada, 30/11/2007).

El último dio cuenta de las declaraciones vertidas por la directora en México de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, Blanca Heredia, quien sostuvo que con o sin políticas educativas, los indicadores de rendimiento escolar en el país hablan de estancamiento desde hace cuatro décadas e incluso de rezago ante naciones latinoamericanas como Chile, “Hay que atenerse a los resultados, que en verdad son deficientes”, aseveró la directora. Según ella, el desempeño no obedecía sólo a connotaciones sociales y económicas, sino también curriculares y de continuidad, pues cambiar las directrices continuamente es un error. Consideró una carencia grave la de un sistema de criterios donde sea posible saber qué se espera de los diversos agentes participantes en el proceso: estudiantes, mentores y funcionarios (28/11/07). Hasta aquí el asunto de la educación formal, merced a cuyos datos no sería extraño que una gran cantidad de compatriotas pudiera aceptar como plausibles las prédicas radiofónicas de quienes ofrecen milagros a la medida de las necesidades (y recursos monetarios) de los clientes.


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