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LAS POLÍTICAS INDUSTRIALES DURANTE EL GOBIERNO DE RAÚL ALFONSÍN

Priscila Palacio



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IV.2. LA INDUSTRIA DEL TRACTOR

La producción nacional de tractores no se desarrolló sino hasta la década del cincuenta, cuando debido a la declaración de interés nacional de la industria de maquinaria agrícola, y a los beneficios que la legislación otorgaba, se establecieron en el país compañías extranjeras, que trajeron la tecnología necesaria para su fabricación. A excepción de John Deere, estas empresas se asociaron con socios locales, e incluso con el Estado (Grimblatt, 1999: 14). El “régimen de la industria del tractor” (1957), estableció beneficios de tipo fiscal y protección a la producción local, con el fin de atraer inversiones hacia el sector, a la vez que impuso restricciones a la cantidad de partes y piezas importadas que podían utilizarse en la fabricación de tractores nacionales. En la década siguiente se reglamentaron minuciosamente los aspectos relacionados con la producción, y la relación entre empresas terminales y autopartistas (Chudnovsky & Castaño, 2003: 31).

Pero las inversiones dieron sus frutos hacia mediados de los años sesenta, permitiendo que la industria de tractores alcanzara su mayor nivel de producción hacia mediados de la década de 1970, cuando la producción pasó de 11.000 unidades (en 1970) a 26.000 (en 1977).

Pero la primera caída importante en la producción de tractores se produjo en el año 1978, a causa de la reforma económico-financiera realizada por el gobierno militar que implicó la aparición de créditos indexados en lugar de los anteriores créditos subsidiados (Huici, Néstor, 1986: 6). La nueva política macroeconómica afectó fuertemente la producción de tractores nacionales, que alcanzó su nivel mínimo en el año 1981. A partir de 1982 comenzó una leve recuperación del nivel de producción, que se mantuvo en ascenso hasta el año 1984, para volver a caer al año siguiente. La segunda mitad de la década del ochenta registra niveles de producción nacional bajos y fluctuantes, que no alcanzan en ningún momento los niveles de la primera mitad de los años setenta.

De manera que, la gran desaceleración en la producción nacional de tractores comenzó con la política económica implementada por el último gobierno de facto. La política cambiaria aplicada por el mismo favoreció la actividad de ensamblado en vez de la de producción . Además, la flexibilización del régimen de la industria del tractor, adoptada en 1977, amplió los porcentajes permitidos para la incorporación de partes y piezas importadas, permitiendo a la vez, la importación de piezas con arancel bajo ; a partir de 1981 se pudo importar hasta el 40 % del valor de un tractor, sin pagar aranceles (Chudnovsky & Castaño, 2003: 31). Estas medidas fueron rápidamente adoptadas por las firmas de capital extranjero, y permitieron incrementar las unidades importadas entre fines de la década del setenta y comienzos de la siguiente, afectando también las ventas de unidades nacionales en el mercado interno.

Cuando se analiza el largo plazo (1970 – 1989) se observa claramente la tendencia decreciente que registra la producción de tractores vendidos de producción nacional, durante este período (tabla 35).

En el gráfico 41, se observa claramente que luego del espectacular crecimiento que experimentó la venta de unidades de producción nacional de tractores hacia el año 1977, el año 1978 marca un punto de inflexión en ese crecimiento, a partir del cual comienza el decrecimiento de las mismas. También puede observarse que, en el año 1979 se comienza a comercializar en el país tractores importados. Estas importaciones, que llegan a su valor máximo (tanto en unidades como en porcentuales) en el año 1981, disminuyen fuertemente a partir del año siguiente, manteniéndose en niveles poco significativos durante el resto de la década . En cuanto a las ventas de unidades nacionales, si bien insinúan una recuperación de sus niveles para los años 1983 y 1984, a partir de 1985 vuelven a caer, para registrar valores mínimos durante la segunda mitad de la década de 1980.

La política económica implementada desde fines de los años setenta, no sólo afectó la producción nacional y las ventas en el mercado interno, sino también desalentó las exportaciones, que habían alcanzado su valor máximo en unidades en 1974 (4.233 unidades) (Huici, 1986: 6).

Apartir de 1975 las exportaciones comenzaron a disminuir; si bien las mismas comienzan a crecer para 1978 y 1979 , volvieron a caer al año siguiente, hasta alcanzar un nivel mínimo irrelevante de 1 unidad en el año 1983. A partir del año 1984, vuelven a crecer (tenuemente), para volver a caer luego de 1986. De esta manera, toda la década de los ochenta registra niveles de exportaciones fluctuantes, y que no alcanzan a los registrados a mediados de los años setenta.

Cuando se analiza el porcentaje que representaron las exportaciones sobre las ventas totales de producción nacional, se observa que el valor máximo de las mismas se registró en el año 1978 (29,96 %). Ese mayor coeficiente obedece a la caída en las ventas experimentada en el mercado interno. En los años previos (1976/77) ya se había producido una caída respecto de la tendencia que se venía observando desde el año 1973, quizá por el fuerte cambio en las condiciones de competencia que produjo la reforma económica del gobierno militar (que asumió en 1976). Luego de 1979 se observa que el porcentaje exportado de producción nacional vuelve a declinar, junto con el declive en la producción y las ventas nacionales, llegando a tocar valores mínimos en los años 1983 y 84 (años en que aumentan las ventas de unidades en el mercado interno); recién a partir de 1985 se vuelve a registrar un incremento en el porcentaje de exportaciones de tractores (por las dificultades que se comienzan a evidenciar, ya en ese año, en el mercado interno), que registra el valor máximo de la década en el año 1987 ; sin embargo, debido a la inestabilidad política y económica de los últimos años de la década del ochenta, los niveles de exportaciones vuelven a caer a partir de 1987, registrando fluctuaciones hasta fines de la misma.

Para Néstor Huici, el rumbo errático que adoptaron las exportaciones se debió a que las mismas fueron efectuadas por empresas de capitales extranjeros , que destinaban sus exportaciones a países latinoamericanos, cuyos mercados se caracterizaban por una demanda inestable (debido a las fluctuaciones de crédito interno). Sin embargo, es evidente que los hechos que más influyeron en el comportamiento de las mismas fueron las políticas industriales y macroeconómicas que adoptó el país, desde mediados de los años 1970. Así, hacia fines de esa década, cuando las empresas comenzaron a afrontar inconvenientes en su producción debido a la reforma financiera y el encarecimiento de los créditos, las exportaciones fueron tomadas como una alternativa para hacer frente a los vaivenes en las ventas de unidades en el mercado interno. En la década siguiente, los años ochenta, puede observarse que los bajos niveles en las exportaciones se corresponden con igual comportamiento en la producción y en las ventas de tractores nacionales en el mercado interno.

La situación económica adversa que afrontaron las empresas desde mediados de los años setenta, y en los años ochenta, incidió también sobre el tamaño de las empresas; muchas empresas comenzaron a reemplazar sus líneas de producción por importaciones, achicando la fábrica y reduciendo la cantidad de personal (como sucedió en las empresas Fiat y John Deere), a la vez que aumentó la capacidad ociosa en las plantas. Ello se reflejó en el nivel de inversiones de las empresas; como expresa Huici a mediados de los años ochenta, las firmas de capital extranjero no se planteaban nuevas inversiones sino cómo salir de la crisis (Huici, 1986); las firmas tradicionales de capital extranjero cerraron temporariamente sus plantas, ya que la acumulación de inventarios les generaba una carga financiera negativa debido al incremento de la inflación.

“En los últimos 15 años las fábricas locales de tractores pasaron rápidamente de su época de oro a la peor crisis de su existencia” (Huici, 1986: 6).

Pero sobre la reducción del nivel de empleo de las mismas también influyeron otros factores, como el mencionado cambio en la productividad que se produjo por la incorporación de nuevas máquinas herramientas, ahorradoras de mano de obra , y la utilización en los tractores de partes y piezas producidas fuera de la fábrica . Esto se observa claramente en la tabla 37 y los gráficos 44 a 47, donde la productividad del personal directamente relacionado con el proceso productivo es mayor a comienzos de los años ochenta, de lo que fue durante la década de los setenta, y la potencia de los tractores producidos (en CV) también aumentó .

En los siguientes gráficos se observa el incremento en la productividad de la mano de obra.

El cambio en la potencia de los tractores también se atribuyó a un cambio cualitativo que se produjo en la demanda, que comenzó a requerir unidades de mayor tracción , lo cual se reflejó en el crecimiento de la demanda de productos de Zanello, empresa que en sus inicios fabricaba exclusivamente tractores de gran potencia.

A pesar de que en este período la tendencia en las empresas fue a reducir sus activos, ocurrió algo muy significativo con la empresa Zanello , la más importante de capital nacional. Huici muestra que “esta empresa se convirtió en líder en plena crisis”. Se trataba de una empresa que empezó armando tractores a partir de partes y componentes comprados a distintos proveedores (nacionales y extranjeros), y que poco a poco se fue integrando verticalmente. Hacia 1985, en un período de crisis, Zanello estaba produciendo sus propias partes de tractores, como son los motores, bombas de inyección de combustible, bombas de agua, etc.

“Los directivos de Zanello estiman que la inversión que han realizado entre 1978 y 1985 orilla los 40 millones de dólares, y tienen previsto un plan de expansión para producir un vehículo de transporte automotor urbano de pasajeros, como forma de compensar la fuerte estacionalidad del sector de tractores” (Huici, Néstor, 1986: 8)

Como dice Huici, esto muestra el importante papel que desempeñó esta empresa en el avance tecnológico de los tractores de la época, como así también en la definición de un “tractor nacional”, un tractor cuyo diseño pudiera distinguirse del resto de los tractores importados.


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