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EL CAUDAL MÍNIMO MEDIOAMBIENTAL DEL TRAMO INFERIOR DEL RÍO EBRO

Josep Maria Franquet Bernis



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5. OTROS ASPECTOS Y CAUDAL TOTAL A CONSIDERAR

Habrá que incluir, así mismo, las circunstancias de todo tipo que induzcan razonablemente a la perentoriedad de establecer un cierto caudal mínimo motivado por otras exigencias, particularmente las de tipo paisajístico, lúdico, recreativo, de regadío en concesión administrativa o en expectativa razonable, de refrigeración de centrales termonucleares, etc. Estos aspectos, análogamente a los anteriores, se verán sometidos a las prioridades que establece el correspondiente Plan Hidrológico de Cuenca y que reseñamos a continuación.

Obviamente, el caudal total preciso para atender las demandas medioambientales no será normalmente el que se deduzca de la adición de los caudales obtenidos para cada uno de los aspectos anteriormente citados, sino el que se considere más significativo para el tramo de cauce en estudio, en concordancia con el aspecto que tenga prioridad para el mismo. También se tiende a considerar que la fijación de “caudales medioambientales” sólo supondrá la necesidad de caudales adicionales cuando no queden recogidos implícitamente por los caudales circulantes de las otras demandas que se consideren prioritarias. Veamos en este sentido que -excepto otras jerarquizaciones que puedan establecer los respectivos Planes de Cuenca- la vigente Ley de Aguas y sus ulteriores modificaciones establecen una priorización de usos que debe ser respetada en todo momento. En efecto, los planes hidrológicos de cuenca fijarán el orden de preferencia en el otorgamiento de las concesiones, según lo establecido en el artículo 58 de la vigente Ley de Aguas de 1985 y sus disposiciones concordantes. A falta de dicho orden de preferencia, regirá, con carácter general, el siguiente:

1.º Abastecimiento de población, incluyendo en su dotación la necesaria para las industrias de poco consumo de agua situadas en los núcleos de población y conectadas a la red municipal.

2.º Regadíos y usos agrarios.

3.º Usos industriales para producción de energía eléctrica.

4.º Otros usos industriales no incluidos en los apartados anteriores.

5.º Acuicultura.

6.º Usos recreativos.

7.º Navegación y transporte acuático.

8.º Otros aprovechamientos.

El orden de prioridades que pudiera establecerse específicamente en los planes hidrológicos de cada cuenca deberá respetar, en todo caso, la supremacía del uso consignado en el apartado 1.º de la precedente enumeración. Dentro de cada clase, en caso de incompatibilidad de usos, serán preferidas aquellas de mayor utilidad pública o general, o aquellas que introduzcan mejoras técnicas que redunden en un menor consumo de agua.

Por cierto que el Plan Hidrológico del Ebro establece, de forma general en el ámbito del Plan, una cierta prioridad de usos en el ejercicio de las facultades que le otorga el artículo 58 de la Ley de Aguas y sus ulteriores modificaciones. En este sentido, es de resaltar que los regadíos (capítulo fundamental, por su cuantía, en cualquier Plan Hidrológico) quedan en la segunda posición, por detrás de los usos de abastecimiento urbano, con la obligatoriedad de mantener los caudales ecológicos mínimos en todas las concesiones futuras.

Por otra parte, la casuística para la compatibilización de usos es muy variada, pero podrá seguir requiriendo el establecimiento de embalses intermedios que corrijan las distintas modulaciones exigidas por los diferentes usos (FRANQUET, 2001).

Sin embargo, estas consideraciones metodológicas no tienen por qué ser aplicables strictu sensu al conjunto de los caudales circulantes por el tramo inferior del río Ebro (Flix-desembocadura), dado que, por un lado, en este tramo final sí se presenta la problemática de la adicionabilidad de demandas para los diferentes aspectos medioambientales, y por otro lado la importancia fundamental que atañe al delta del Ebro, como espacio natural singular y necesitado de especial protección, desde la perspectiva ecológica.

Pero resulta necesario establecer un régimen transitorio para la fijación de los citados caudales medioambientales. En la “Propuesta del Proyecto de Directrices del Plan Hidrológico de la Cuenca del Ebro” (8 de mayo de 1992) se decía ya entonces que, dada la complejidad que supone la evaluación de los caudales mínimos para los ríos de la cuenca, con carácter transitorio se deberían tener en cuenta las siguientes cuestiones:

- Se adoptarán los caudales obtenidos de los estudios específicos en aquellos tramos de río en que se hayan llevado a cabo.

- Se adoptarán los caudales fijados por las Comunidades Autónomas en sus disposiciones normativas específicas sobre caudales mínimos.

- Se adoptará con carácter general como caudal mínimo el 10 % de la aportación media interanual en el régimen natural, excepto justificación en sentido contrario. Cuando el caudal medio interanual, en régimen natural, sea superior a los 80 m3/seg podrá adoptarse sólo el 5 % de aquel valor (por cierto, éste es el caso del tramo inferior del río Ebro que es objeto del presente Informe).

- El Plan Hidrológico tendrá que sintetizar en una norma única el caudal de reserva para usos medioambientales en base a una coordinación de los criterios mantenidos por otras administraciones en el ejercicio de competencias concurrentes con el recurso hidráulico. También se considera oportuno que dichas actuaciones de coordinación se lleven a cabo en el ámbito del correspondiente Consejo del Agua.

Como ya hemos dicho, dentro de este apartado tenemos que considerar una amplia diversidad de usos estrechamente ligados a una demanda social creciente (pesca deportiva, esquí acuático, usos escénicos, navegabilidad, etc.). De entrada, pues, se tendrían que estudiar cuidadosamente los condicionantes que estos usos pueden imponer a otros aprovechamientos e infraestructuras. Podríamos aquí considerar tres grandes apartados:

a) Acuicultura

Las planificaciones que se establecen en función de los oportunos estudios prospectivos que presuponen posibles desarrollos de la acuicultura continental y la litoral (de singular relevancia en el delta del Ebro) tendrán en cuenta las demandas necesarias de agua por este concepto.

Cualquier proyecto técnico de instalaciones de acuicultura continental exigirá un estudio hidrológico minucioso de conjunto y de detalle, tanto por los elevados caudales hídricos demandados como por los aspectos negativos de los retornos sobre la calidad de las aguas, procurando dotarlas de elementos que permitan una autonomía de funcionamiento sin interferir con el régimen ordinario de explotación del río.

b) Prácticas deportivas y de ocio

La cultura del ocio, en todos sus aspectos, se caracteriza cada vez más por un desplazamiento de las masas humanas desde las zonas secas hacia las húmedas. Este hecho conlleva necesariamente una mejor organización del fenómeno, ajustando positivamente la demanda creciente y el dominio público, tanto por lo que se refiere a la protección del citado dominio (espacios húmedos sensibles) como por lo que afecta a la salud pública, contaminación microbiológica, aguas residuales urbanas e industriales, retornos de explotaciones agropecuarias, etc.

Las planificaciones han de programar, con la colaboración de las diferentes administraciones públicas interesadas y afectadas, la realización de unos ciertos Planes Directores de Uso y Gestión, individualizando para cada embalse, laguna y tramo de río establecidos, regulando las actividades que se puedan admitir en cada caso, las zonas en que se puedan realizar y las medidas necesarias para facilitar su desarrollo (reforestación, accesos, obras, instalaciones, concursos para la concesión administrativa de autorizaciones, etc.), así como sistemas de control y gestión del espacio natural regulado. Además, hay que incorporar programas de recuperación y rehabilitación de márgenes y riberas, incluyendo su utilización para usos recreativos, poniendo especial cuidado en la conservación de los espacios recuperados. Estas actuaciones son de especial interés en los tramos urbanos y periurbanos de los ríos, mediante la colaboración con las Comunidades Autónomas y las Corporaciones Locales interesadas. La explotación y conservación de estos espacios en las áreas externas al dominio público hidráulico estatal no tiene por qué recaer en el Organismo de Cuenca (la Confederación Hidrográfica del Ebro, en nuestro caso) .

En los tramos del río aptos para la práctica del piragüismo, los programas de recuperación de cauces, márgenes y riberas deberán tener en cuenta su adecuación a aquella actividad, pudiéndose también considerar a los efectos de la determinación del caudal mínimo en estos tramos del río.

Para la elaboración de planes y programas sobre usos recreativos, en general, es aconsejable dar audiencia a las asociaciones y federaciones deportivas interesadas (pesca, vela, piragüismo, etc.). Frecuentemente, estas actividades tienen una finalidad turística que puede revestir un interés económico en zonas relativamente deprimidas, como en el caso de las del entorno del tramo inferior del río Ebro.

c) Navegabilidad

En los últimos tiempos, en las comarcas del sur de Cataluña, la navegabilidad del río Ebro se ha planteado como una actuación trascendente por las diferentes administraciones que actúan en el territorio. La navegación fluvial constituye una actividad turística de futuro, ya bastante experimentada y consolidada en otros países europeos desde hace muchos años. En los años 80 se inició, entre Amposta y la desembocadura al mar, una navegación de aspecto turístico con medios marítimos y embarcaciones de pasajeros que realizaban pequeños cruceros. Como continuación de esta iniciativa y con el objetivo de promover una navegación turística estrictamente fluvial, a instancias de los consejos comarcales del Baix Ebre, Montsià, Ribera d’Ebre y Terra Alta, así como de la Diputación provincial de Tarragona, la Generalitat de Catalunya proyectó, a principios de los años 90, unas cuantas infraestructuras portuarias fluviales, como embarcaderos, señalizaciones, etc. Sin embargo, la obra emblemática del conjunto, sin duda alguna, consiste en el dragado del cauce del propio río con la finalidad de hacer navegable la siguiente vía: Riba-roja, Flix, Ascó, Móra, Benissanet, Miravet, Benifallet, Xerta-Tivenys, Aldover, Tortosa, Amposta, Deltebre, Sant Jaume d’Enveja y la Gola Norte (desembocadura). El objetivo básico residía en convertir la navegación fluvial en una oferta recreativa para pequeñas embarcaciones familiares o comunitarias de paseo y potenciar así una alternativa de futuro lúdica, cultural y deportiva para aquellas comarcas. Se trataba de un proyecto unitario con una longitud total de 119 km que, desde un punto de vista operativo, fue dividido en tres grandes tramos: Riba-roja-Tortosa (81 kilómetros), Tortosa-Amposta (14 kilómetros) y Amposta-Gola Norte (24 kilómetros), que estudiaremos separadamente.

a) En el tramo Riba-roja-Tortosa existen tres barreras para la navegación fluvial: la presa de Flix y los azudes de Ascó y de Xerta-Tivenys, que enfrentan dos tipos diferentes de intereses: los hidroeléctricos y los turísticos. El proyecto planteaba la rehabilitación de las correspondientes esclusas, ya existentes antiguamente en Flix y Xerta pero fuera de servicio, lo que exigía su reconstrucción.

b) Para el tramo Tortosa-Amposta se había previsto el dragado de un canal de navegación de 50 metros de anchura. Para poder hacer la navegación más segura, el canal se ha señalizado mediante un sistema de balizamiento diurno, constituido por 146 boyas laterales y 31 señales fijadas a los embarcadores o encima de unos palos a lo largo de los márgenes. El calado del canal es de dos metros y el radio mínimo de las curvas, para garantizar que el cruzamiento de dos barcos se pueda realizar de manera segura, es de 400 metros.

c) Finalmente, para el tramo final Amposta-Gola Norte, que ya era navegable con anterioridad a la ejecución de estas actuaciones, se han previsto obras que permitirán la salida al mar de las embarcaciones. Esta posibilidad va ligada a la estabilidad geomorfológica del hemidelta norte (delta izquierdo del Ebro), donde se proyecta un espigón, sin olvidar tampoco la rehabilitación del canal de navegación Carlos III o “Canal Marítimo” que uniría directamente la ciudad de Amposta con el puerto marítimo de San Carlos de la Rápita.

En definitiva, mediante el turismo fluvial en el tramo inferior del Ebro se esperaba revalorizar el capital turístico de la zona, promover los cruceros de recreo y la navegación recreativa, crear centros de interés complementario a la navegación estricta y al turismo (gastronomía, artesanía, mercado del barco usado, alquiler de embarcaciones, etc.) y dar lugar a un importante trabajo educativo y cultural. Pero lo cierto es que también se han levantado voces críticas no exentas de razón: que esto haya de representar un notable impulso al turismo de las cuatro comarcas catalanas del tramo inferior (Baix Ebre, Montsià, Ribera d’Ebre y Terra Alta), es algo que está por ver y demostrar. De momento, la rentabilidad conseguida por algunas ofertas de navegación ya establecidas parece ser escasa. Algo que sí parece claro es que la construcción y el mantenimiento físico de los dragados fluviales, en todo el mundo, suelen resultar muy problemáticos y costosos. Y en el caso de nuestro río se juzga, por lo menos, cuestionable que estos gastos sean sostenibles a medio plazo por el desarrollo y los beneficios que puede generar la navegabilidad aguas arriba del Delta.

También se apuntan otros defectos de concepción o constructivos. El canal de dragado que se construyó, en vez de seguir los puntos que naturalmente excava el río (cercanos a la orilla externa en los virajes) discurría precisamente por los lugares de poco calado, donde el río tiene tendencia natural a rellenar y sedimentar los acarreos y aluviones. Con ello, además de aumentarse el volumen del dragado y haberse duplicado ya el presupuesto inicial del proyecto, tampoco queda nada clara su supervivencia a medio plazo. De hecho, los primeros dragados efectuados en el tramo Tortosa-Amposta quedaron parcialmente rellenos por la moderada crecida provocada por el río Siurana poco después de inaugurada la obra, incluso arrastrando parte de las boyas de señalización del canal. Este incremento del volumen de la obra ha hecho fracasar las primeras estimaciones presupuestarias, ya que sólo hasta Móra se invirtieron 1.265 millones de las antiguas pesetas mientras que la ejecución del proyecto hasta Riba-roja había de costar sólo 1.010 millones. Además, las avenidas, con puntas de caudal -el mes de enero de 1997 se produjo una notoria- del orden de 2.800 m3/seg., también han jugado en contra del dragado y han impedido el funcionamiento normal de la maquinaria de dragado durante varios meses. Las cuestiones derivadas del impacto ambiental de la obra, en fin, no permiten dragar entre los meses de mayo y junio, con lo que se ha aprovechado la interrupción de los trabajos en el agua para limpiar 33 vertederos incontrolados de escombros diversos.

Por otra parte, algunas organizaciones ecologistas consideran que, en épocas estivales, cuando el caudal del río alcance los mínimos anuales, la central termonuclear de Ascó necesita casi toda el agua para la refrigeración de los condensadores del reactor existente aguas abajo del correspondiente azud; entonces, sólo queda en circulación por aquel tramo el canal de descarga. Por tanto, si hubiera una navegación abierta, nunca se podría garantizar el caudal mínimo necesario para poder navegar en base a las condiciones del proyecto (del orden de 60 m3/seg.). También las alegaciones de los ecologistas han forzado a hacer un estudio de localización de náyades (moluscos bivalvos lamelibranquios, como la Margaritifera Auricullaria) y a iniciar el traslado de unos 30.000 ejemplares de estas especies (dotadas del máximo nivel de protección de la Unión Europea) que habitan en unas seis hectáreas del cauce del río, a otras zonas del mismo que no resultaran afectados por las máquinas. Todo ello pudo representar en su día no menos de 50 millones de pesetas de coste adicional.

Últimamente, entre las actuaciones a realizar a corto plazo aprobadas por la Comisión de Navegabilidad del IDECE a comienzos del año 2009, con un presupuesto de 1’7 millones de euros, figuran las siguientes: la instalación de balizas en el pantano de Flix, la construcción de un paso de embarcaciones sin motor en el azud de la central nuclear de Ascó, la colocación de paneles informativos y turísticos, el transporte de muelles de temporada a García, el dragado del tramo fluvial comprendido entre Tortosa y Amposta para garantizar un calado suficiente a embarcaciones de 1’8 metros, la dotación de electricidad, agua y recogida de residuos en los principales embarcaderos y la instalación de puntos para poner combustible.

A medio plazo, las propuestas que contiene el estudio llevado a cabo por el IDECE ascienden a 14’06 millones de euros. En este apartado destaca la concreción de un modelo de puerto náutico con marina seca diseñado para albergar 70 amarres y con capacidad de 150 embarcaciones en la marina seca. El estudio, elaborado por Ports de la Generalitat de Catalunya y que estima el coste en 3’1 millones de euros, prevé también alquilar por 2.000 € al año cada amarre y por 1.500 € el almacenamiento de embarcaciones.

Todas estas experiencias y tropiezos han sido determinantes para que los Departamentos de Política Territorial y Obras Públicas y Medio Ambiente de la Generalitat de Cataluña se replanteen seriamente las estrategias a seguir antes de continuar hacia delante. De esta manera, las obras para la navegabilidad del río Ebro se habrán de ejecutar de la misma manera que se hacen las carreteras, o sea, a tramos y a base de años y de mucha, mucha paciencia. Esperamos, en definitiva, su final exitoso, para que los habitantes del tramo inferior del Ebro no puedan pensar que esto de la navegabilidad del río es sólo una exótica narración de sus abuelos, o sea, un puro y costoso ejercicio de romanticismo.

Otros aspectos relacionados con la navegabilidad del río Ebro en su tramo inferior, así como el análisis de las actuaciones que la administración autonómica catalana ha realizado al respecto en los últimos años, en fin, nos llevarían a un análisis crítico del proceso seguido y de la situación actual que preferimos obviar por razones de espacio y oportunidad.


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