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EL CAUDAL MÍNIMO MEDIOAMBIENTAL DEL TRAMO INFERIOR DEL RÍO EBRO

Josep Maria Franquet Bernis



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CAPÍTULO 4. LAS PREVISIONES DEL PLAN HIDROLÓGICO NACIONAL

1. LAS DEMANDAS DE CARÁCTER AMBIENTAL

Un componente básico son las demandas de carácter ambiental que, por motivos de protección y recuperación del dominio público hidráulico, se impongan a los caudales mínimos circulantes. Se observa que si bien actualmente son del orden del 50% de las de refrigeración, los criterios utilizados en el Plan Hidrológico Nacional para su evolución las incrementan de forma continua y de manera substancial. Debe tenerse en cuenta, a este respecto, que en un país semiárido como es España, y con recursos hídricos naturales escasos en muchas regiones, es preciso utilizar soluciones autóctonas más adecuadas que la simple extrapolación de criterios empleados en países húmedos de Europa central. No puede olvidarse que se trata de recuperar los cauces, sus márgenes y riberas, y mantener láminas de agua de la calidad adecuada para cada ecosistema, lo que seguramente se puede conseguir con caudales y volúmenes razonables.

Aunque las exigencias de calidad ambiental son, básicamente, una limitación para la asignación de recursos, los caudales que se requieren con ese fin pueden considerarse prioritarios después del abastecimiento a la población. La determinación de los caudales ambientales depende de múltiples parámetros y de la calidad fijada al agua en cada tramo de río y cada acuífero, en función del uso al que se destine y del escenario ambiental previsto, por lo que, como es obvio, estos datos no deberían ser definitivos hasta que no estuvieran realizados los estudios correspondientes a cada caso. En consecuencia, en el Plan Hidrológico Nacional se ha supuesto que, a efectos de balance, la demanda ambiental que debe ser satisfecha desde los sistemas de regulación destinados a usos consuntivos -es decir, con recursos disponibles con garantía de suministro- es, como mínimo, el uno por ciento de los recursos naturales de la cuenca. Este porcentaje se ha incrementado al dos por ciento en la mayor parte de las cuencas e incluso a cifras superiores en alguna, como la del Duero, donde existen grandes tramos de ríos salmonícolas; por otra parte se han destinado importantes volúmenes específicos para resolver problemas actuales bien localizados: Tablas de Daimiel, Doñana, Albufera de Valencia, delta del Ebro, etc.

Dado que la demanda ambiental no es consuntiva, este caudal de recursos garantizados se añadiría, donde sea necesario y posible -por estar dominados los tramos del río en cuestión desde un sistema de explotación de recursos-, a los caudales circulantes por los cauces en régimen natural, a los retornos de otros usos -con los requisitos que se derivan de los objetivos de calidad exigidos por el Plan de cada cuenca en cada tramo de río-, y a los caudales turbinados en las centrales hidroeléctricas. Así pues y aunque, por supuesto, las cifras ahora utilizadas deberán ser revisadas a lo largo del proceso flexible, abierto y continuado de profundización en el conocimiento del ciclo hidrológico y de evolución y mejora de la propia planificación hidrológica, se puede adelantar que, desde el punto de vista global que interesaba al Plan Hidrológico Nacional, se creían suficientemente adecuadas.

2. LOS CAUDALES AMBIENTALES

A partir de lo establecido en el artículo 40 de la Ley de Aguas, donde se indica que los Planes Hidrológicos de cuenca deben incluir... la asignación y reserva de recursos... para la conservación o recuperación del medio natural... se generó una expectativa sobre el caudal ecológico como una especie de caudal mínimo que debería circular por los cauces para mantener sus condiciones ambientales y ecológicas; en las pocas ocasiones en que se ha tratado de cuantificar dicho caudal, se ha acudido a la transposición de normativas extranjeras sobre pesca y protección de las aguas que deben ser adaptadas a las circunstancias climáticas del país.

A fin de organizar y coordinar los trabajos que se deben realizar a este respecto en los Planes Hidrológicos de cuenca es necesario tener en cuenta, en primer lugar, que las características ambientales de los ríos han evolucionado a lo largo del tiempo desde su estado estrictamente natural -que probablemente ni siquiera se conoce hoy en día-, hasta el que presentan actualmente que es consecuencia, en cierto modo, de los efectos positivos y negativos de las obras de regulación -presas y embalses- construidas fundamentalmente a lo largo del siglo XX, y, sobre todo, de la degradación de la calidad del agua por la contaminación orgánica e inorgánica que se ha producido en los últimos años.

Así pues, lo primero que hay que acometer es decidir, para cada tramo de río, cual es el necesario objetivo que se quiere obtener. En realidad, lo único que añade a las tareas de planificación es un uso adicional a los convencionales; en consecuencia, sus características, como ocurre con las de aquellos, deberán definirse a priori. Es bien cierto que, en este caso, la determinación de las características necesarias de calidad y cantidad -normalmente no consuntivas-, será mucho más complicada porque involucra el conocimiento de aspectos tales como las especies bióticas que existen, o se quieren introducir, la estructura del cauce, lecho y márgenes e incluso a sus parámetros hidráulicos: calado, pendiente, velocidad, radio hidráulico de la sección transversal, etc.

Se destaca, sin embargo, que, aunque su investigación es ciertamente más complicada, se trata de unas necesidades muy variables, que tienen unos condicionantes respecto a la calidad y cantidad del agua que se necesitan para satisfacerlas, y que, por supuesto, también debe tener definido el orden de preferencia que ocupa respecto al resto y que, generalmente, será el inmediatamente posterior al abastecimiento de la población.

Puesto que, así definida, esta demanda es semejante a las demás, se comprende lo absurdo que resultaría fijar un caudal mínimo, con carácter general en todos los ríos, con el objetivo de satisfacerla. Lo lógico es analizar cada sistema de explotación -mediante los obligados modelos matemáticos de simulación-, y comprobar si con los recursos disponibles y la calidad que tendrán se puede satisfacer la demanda en cuestión que, por supuesto, puede ser muy diferente, incluso en cada tramo del mismo río, en función, entre muchos factores, de la tipología de la flora y de la fauna que se pretende conservar e introducir. Si los recursos previstos no son suficientes, en cantidad y/o calidad, deberán, como en cualquier otro caso, complementarse y mejorarse.

Puede muy bien ocurrir, por ejemplo, que los caudales regulados con fines hidroeléctricos proporcionen un caudal más que suficiente para conseguir los objetivos ambientales; es posible también que la explotación hidroeléctrica produzca unas variaciones bruscas en el caudal y/o la temperatura del agua que resulten incompatibles con la satisfacción de esta demanda, por lo que deberá estudiarse y proponerse la solución más adecuada. En cualquier caso, es evidente que la solución en este caso -relativamente frecuente en muchas regiones de la España húmeda-, no sería nunca la adición de un caudal mínimo regulado con este fin.

También es necesario dilucidar la calidad que deben tener las aguas para satisfacer la demanda correspondiente a cada escenario elegido. Es posible que, en algunos casos, la que se consigue para otras demandas sea suficiente, pero también puede ocurrir, en ocasiones, que haya que forzar el tratamiento de los vertidos para conseguir que determinado parámetro tenga los valores límites necesarios. Es previsible incluso que se llegue a la conclusión que las pretensiones iniciales para el tramo en cuestión eran demasiado exigentes para las condiciones que se pueden lograr, con inversiones razonables, y sea más aconsejable modificar las características de la demanda.


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