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LAS FALACIAS DEL CAPITALISMO

José López



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3. En el sistema capitalista es posible el pleno empleo. Es indispensable la flexibilidad laboral para crear empleo.

Ésta es una de las falacias más desvergonzadas que nos intentan vender. En el capitalismo no sólo es improbable el pleno empleo, sino que se busca precisamente evitarlo. El sistema capitalista necesita del desempleo. Como decía Marx, El paro es fundamental en un capitalismo “saludable”, porque sirve para disciplinar la clase trabajadora. La simple amenaza permanente de quedarse sin trabajo consigue que los trabajadores renuncien a mejorar sus condiciones de trabajo, incluso consigue que éstas empeoren o se conviertan en papel mojado. Además, por la simple y elemental regla de la oferta y la demanda, cualquiera puede comprender rápidamente, que si un empresario tiene la posibilidad de elegir a mucha gente porque hay más demandantes de empleo que puestos ofrecidos, entonces el salario que ofrecerá será menor que si se produce la situación contraria. ¿No es “casualidad” que precisamente cuando baja la natalidad en un país, como ha ocurrido en los últimos años en España, se permita mayor inmigración? Si fuera cierto que el pleno empleo es posible dentro del capitalismo, si fuera un objetivo estratégico, ¿por qué no se toman las medidas necesarias para conseguirlo? ¿Por qué no se reparte el trabajo? ¿Por qué no se reduce la jornada laboral? ¿Por qué, al contrario, se hacen propuestas para aumentarla? ¿Por qué tanta obsesión por facilitar el despido si el objetivo es que la gente tenga trabajo? ¿Por qué no se controla las horas extraordinarias no pagadas? ¿Por qué se aprueban despidos colectivos cuando las empresas no tienen aún pérdidas? ¿Por qué ese empeño en retrasar la edad de jubilación mientras el paro está a la orden del día, mientras los jóvenes no encuentran trabajo? ¿Por qué no incluso adelantar la edad mínima de jubilación? Si algo es evidente, hay que estar ciego para no verlo o hay que hacer la vista gorda, es que para el sistema capitalista los trabajadores, las personas, no son la prioridad. La única prioridad es el beneficio. Lo único que cuenta es el dinero.

En el discurso de los empresarios españoles, o de sus acólitos, hay muchas cosas que no cuadran. Si, como dicen, el empresario desea empleo estable, es decir, si valora la experiencia de sus trabajadores. ¿Por qué tanta obsesión con eliminar el concepto de antigüedad de los convenios? ¿Por qué no desean premiar la experiencia de sus empleados? ¿Por qué los parados mayores de 45 años tienen tantas dificultades para volver a encontrar empleo? ¿Cómo se explica su obsesión por las "rigideces" laborales? Si un empresario contrata a un joven con un contrato temporal, si tiene suficiente tiempo de probarlo para ver si trabaja bien, si desea que adquiera experiencia, ¿para qué necesita más "flexibilidad" laboral? Si dicho trabajador, con el tiempo, "empeora", primero lo lógico sería analizar, si es así, por qué ha empeorado. En dicho análisis, sólo podría llegarse a tres conclusiones posibles. Una, que su motivación ha disminuido notablemente (y esto es responsabilidad de sus jefes, de los que gestionan la empresa). Dos, que a pesar de un entorno favorable de motivación, ese trabajador es una excepción y se ha convertido en un vago. En estos dos primeros casos tendríamos un problema de actitud. El trabajador, ya sea por culpa de él o por culpa del contexto, no quiere trabajar tanto como antes. Si fuera porque el propio trabajador se ha vuelto perezoso por sí mismo, podría el empresario incluso recurrir al despido disciplinario (lo cual no acarrea costes para él). Pero si fuera porque sus jefes no le motivan suficientemente, entonces un empresario consecuente (que si fuera responsable e inteligente habría indagado antes si el problema era sólo del trabajador en cuestión o no) a quien debería despedir es al jefe que no hace su trabajo (siempre que admitamos que un jefe debe, entre otras cosas, motivar a su personal). En ambos casos, podría usarse la figura del despido disciplinario (incluso podría hablarse de redefinir este tipo de despido). Tres, que dicho trabajador quiere trabajar, pero no puede porque sus aptitudes no están a la altura de las circunstancias. Y esto sólo puede ocurrir porque dicho trabajador haya perdido aptitudes debido a alguna enfermedad o debilitamiento físico o mental (lo cual debería implicar que sea declarado incapacitado permanente, y también debería buscarse las causas de lo que ha ocurrido) o bien porque no haya sido reciclado adecuadamente, porque no se haya invertido en su formación continua. Y, por último, si lo que ocurre es que simplemente la empresa va mal, es decir, tiene pérdidas, ¿no asume ya el Estado los costes derivados de los despidos colectivos a través del fondo de garantía salarial? Pero el empresario español, no se preocupa de redefinir el despido disciplinario, si es que no es fácil de llevarlo a la práctica, no pide que le ayuden a la formación continua de sus empleados (que muchas veces deben recurrir a su propio bolsillo o a hacerla en su tiempo libre o a la que le proporcionan los sindicatos). No, el empresario español corta por lo sano, y sólo se preocupa de abaratar el despido y de facilitarlo al máximo. ¡Y encima nos dice que eso lo hace por la “calidad” del empleo! En realidad, se refieren a la “calidad” del desempleo. Ya ni siquiera cuela la falacia, que algunos desvergonzados usan, de que en los últimos años se ha sustituido a empleados mayores porque los jóvenes están mejor cualificados. ¿Y qué pasa con aquellos sectores, como la informática o las telecomunicaciones, donde se está reemplazando a titulados superiores por titulados medios, donde se sustituye a empleados con experiencia por otros con igual titulación pero menor experiencia? ¿No es evidente que el verdadero y único criterio es el coste? ¿No es evidente que lo que se está haciendo, y lo que se desea hacer aún más, es sustituir gente con experiencia por gente más barata? ¡Y encima tienen la desfachatez de decir, sin ningún pudor, que valoran la experiencia! ¿Es que nos toman por tontos? ¿Es que además de darnos por culo, y perdón por la expresión, tenemos que estar contentos y tragarnos que lo hacen por nuestro bien? ¿Es que además de callarnos cuando nos dicen que dos más dos son cinco, encima debemos darles la razón?

La inevitable conclusión a la que llegamos razonando y observando, es que, al empresario español no le importa realmente el empleo de calidad. Por mucho que nos quiera liar con sus estrambóticos razonamientos, esa es la cruda y simple realidad. No le importa la estabilidad del empleo. No le importa el empleo. No le importan los trabajadores. Ni siquiera le importa realmente que la empresa o la economía funcionen bien a largo plazo. Para el empresario español, más que para ningún otro capitalista, la rentabilidad a corto plazo y con estrechez de miras es su único criterio. Lo que le importa es tener la posibilidad de sustituir a trabajadores con mayores costes por otros con menores costes en cualquier momento, cuando lo estime oportuno. Lo que le importa es aumentar los márgenes a toda costa. Por esto, durante los últimos años, muchos trabajadores experimentados han sido sustituidos por jóvenes o por inmigrantes “baratos”. Ésta es la "flexibilidad" laboral buscada. Sustituir a las personas, como si fueran máquinas, con el único criterio de los costes. No importa el drama personal generado. No importa si se resiente la calidad de los productos o de los servicios ofrecidos. No importa si se resiente el funcionamiento interno de la compañía. No importa si esto supone “pan para hoy y hambre para mañana”. Para el capitalismo, las personas son sólo “recursos humanos”. Para el capitalista más agresivo, más impaciente, menos inteligente, de lo que se trata es de ganar mucho dinero cuanto antes. Y en este aspecto, en España tenemos el “privilegio” de tener una clase capitalista especialmente “inteligente”. El empresario español se obsesiona con el rendimiento inmediato de sus empleados (por eso necesita que ya estén formados de antemano, por eso no se preocupa de formarlos él o de reciclarlos, por eso se contrata nuevo personal joven mientras empleados con más experiencia sobran), pero entendiendo el rendimiento de un empleado sólo como la diferencia entre lo que factura y lo que cuesta. En su corta visión, el empresario español no valora la calidad, no considera cuánto de bien trabaja su empleado (siempre es más difícil evaluar la calidad que hacer una simple resta), no se da cuenta de que si sus empleados están contentos con su trabajo, si se sienten útiles, si se les trata dignamente, si participan en las decisiones que les incumben, trabajan más y mejor, la empresa va mejor y los clientes, al estar más contentos, consumen más o aumentan. La productividad para el “inteligente” empresario español sólo consiste en medir las horas que permanece un trabajador en su puesto. Las oficinas están llenas de presuntos trabajadores que casi viven en ellas, no es de extrañar que España sea uno de los países con peor productividad de Europa. Cualquier trabajador español sabe muy bien que para ascender o que incluso para no perder el empleo, hay que echarle horas. Esto empieza a cambiar tímidamente en algunas empresas dirigidas por empresarios más inteligentes. Pero la tónica general es la que acabo de describir. Uno lo sabe por su propia experiencia, por la experiencia de la gente a su alrededor y por lo que observa en los medios de información (por mucho que la realidad se intente suavizar o incluso obviar). Indudablemente, el capitalismo tiene ciertas tendencias y características intrínsecas a él, pero indudablemente también, aquellas no siempre emergen con la misma intensidad en todos los países, en todos los sectores o en todas las empresas. El capitalismo tiene sus defectos y vicios intrínsecos, inevitables, pero no en la misma proporción en todos los sitios ni en todas las épocas.

Si tan imprescindible es la “flexibilidad” laboral (el abaratamiento y la facilidad del despido) para crear empleo, entonces, ¿cómo se explica que cuando más “flexibilidad” laboral hay, es también cuando más paro hay? ¿Cómo se explica que España, siendo uno de los países de Europa con mayor “flexibilidad” laboral, sea el país con más paro? ¿Cómo se explica que los países nórdicos que tienen los niveles de protección social más altos de Europa tengan los niveles de paro más bajos del viejo continente? ¿Quién se cree que un despido barato favorece la contratación de trabajadores? Cuando un empresario necesita contratar trabajadores porque tiene cierto volumen de trabajo que no puede ser satisfecho con la plantilla que ya tiene, cuando es evidente que tiene posibilidad de obtener más beneficios porque tiene suficiente margen (aunque para él nunca es suficiente) por cada trabajador, cuando el capitalista piensa cada vez más a corto plazo, ¿quién se cree que va a renunciar a la posibilidad de hacer más negocio a corto plazo por el miedo que pueda tener a las “rigideces” laborales que puedan perjudicarle a largo plazo? ¿La explicación más lógica, no es, precisamente, que, en realidad, lo que quiere el empresario es disponer de los trabajadores a su antojo con el mínimo coste posible, sin importarle para nada las consecuencias dramáticas de sus decisiones para las personas afectadas? ¿No es evidente que para él los trabajadores son simples máquinas de hacer dinero? ¿No es evidente, de cajón, que cuanto más fácil y barato sea despedir, más despidos habrá? Aquellos que proponen el despido gratis en España, tomando como modelo el caso de Suecia, ¿están dispuestos también a desarrollar el Estado de bienestar de dicho país? En Suecia, el despido es gratis para el empresario, pero el Estado cubre el sueldo del desempleado durante TODO el tiempo que permanece sin trabajo. Las empresas pagan impuestos especiales al Estado para ayudarle a asumir los gastos sociales derivados de los despidos. ¿Está el capitalista español dispuesto a esto también? Indudablemente, el capitalismo internacional tiene ciertas características comunes a todos los países, pero no todos los países tienen la misma cultura. Los países del norte de Europa, en este aspecto, son la excepción. ¿A quién quieren engañar los “expertos” que propugnan insistentemente (incluso en momentos de crisis donde el paro se dispara) la “flexibilidad” laboral? ¿Es que no tiene límites su desfachatez? ¿No es un insulto a la inteligencia sus “razonamientos”? En realidad lo llaman flexibilidad laboral cuando quieren decir precarización laboral. De esto ya ningún trabajador tiene duda.

Para el capitalismo, los trabajadores son sólo beneficios y costes, son números, no son personas. ¿A alguien le sorprende la progresiva deshumanización de las empresas y por extensión de la sociedad? ¿A quién le extraña la deslocalización de las empresas? ¿Quién no comprende porqué se abusa cada vez más de la subcontratación? ¿Quién no ha vivido de cerca la sustitución de trabajadores experimentados en la plenitud de sus facultades (justo cuando más podrían dar de sí) por trabajadores jóvenes? ¿A quién le choca, a estas alturas, que se recurra cada vez más a trabajadores de países del Tercer Mundo? Para el capitalismo (sumido en un proceso de degeneración que parece inevitable e inacabable), el ideal perseguido, es disponer de muchos trabajadores sumisos, baratos, con largas jornadas de trabajo y sin derechos. Para lo cual es primordial que exista el paro, siempre que no sea excesivo, para impedir estallidos sociales. ¿Alguien puede realmente todavía dudar de esto o rebatirlo? Que se lo pregunten a cualquier trabajador de cualquier sector de la economía de cualquier país. Ya ni siquiera se piensa a medio plazo. Por lo menos antes el capitalista tenía cierta visión a largo plazo. No importa la calidad. No importa si se agotan los recursos naturales. No existe el cambio climático. No importa si la salud física o mental de los trabajadores se resiente. No importa si se disparan las bajas laborales. Siempre habrá posibilidad de encontrar otros trabajadores a los que explotar (ya sea “importando” los trabajadores, ya sea “exportando” el trabajo). Lo único importante es aumentar los beneficios a (cada vez más) corto plazo. Ésta es la prioridad absoluta del capitalismo, su razón de ser. El día que las máquinas puedan sustituir por completo a las personas, el día que sea más rentable una máquina que una persona, entonces el trabajo será una utopía o un dudoso privilegio para los seres humanos que no sean capitalistas (es decir, para la inmensa mayoría). De esto no puede haber ninguna duda, basta con ver lo que ya ha ocurrido, lo que está ocurriendo. Si aún existe el trabajo para las personas es porque la tecnología aún no ha sido capaz de sustituir por completo al hombre, porque aún es más rentable en algunos casos usar trabajadores humanos. Pero el día que esto cambie, el capitalista no dudará lo más mínimo en prescindir del hombre. El problema es que si no se reparte la riqueza generada por el trabajo (ya sea de personas o máquinas) y las personas comunes dependen del trabajo para subsistir, pero éste desaparece, entonces, ¿de qué va a vivir la inmensa mayoría de la gente? El problema para el capitalismo frente a una situación como esa, es el peligro de las posibles revoluciones sociales, es que las masas no se conformen con morir lentamente. ¿Llegaremos a un punto en que la humanidad se verá reducida a una casta superviviente dedicada al ocio, mientras las máquinas trabajan? ¿Será esto la forma más eficaz de reducir drásticamente la población mundial porque sólo una minoría podrá sobrevivir? ¿No podemos concluir que el capitalismo puede conducir a la extinción de la mayor parte de la humanidad? ¿No está ya deshumanizando a la humanidad? ¿O, por el contrario, el capitalismo está condenado a sucumbir porque no podrá evitar, tarde o pronto, la rebelión de las masas? ¿Sobrevivirá el capitalismo o la humanidad? Capitalismo o humanidad parece ser el dilema.


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