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LOS ECOSISTEMAS COMO LABORATORIOS. LA BÚSQUEDA DE MODOS DE VIVIR PARA UNA OPERATIVIDAD DE LA SOSTENIBILIDAD

Glenda Dimuro Peter


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6.3. POTENCIALIDADES DE CAMBIOS

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Las constataciones de los riesgos y peligros de las acciones del hombre moderno sobre el medioambiente y a la vez el sentimiento de inseguridad sobre la posibilidad futura de la vida en la Tierra y la necesidad de una discusión pública y democrática sobre el mundo que nuestro modo de vida viene construyendo y el mundo que deseamos, inauguraron las discusiones sobre la alfabetización ecológica. Es precisamente por eso que situar los riesgos de la modernidad e introducir una discusión sobre las potencialidades de cambio es sumamente importante, además de inherente a los procesos educativos.

Los procesos educativos pueden promover grandes discusiones sobre el mundo que queremos y sobre nuevas actitudes y hábitos a la vez que tengamos clara una perspectiva de la futura sociedad. Los conceptos de pensamiento complexo, conocimientos sobre ecología y medioambiente e interdisciplinariedad deben ser relacionados con el entendimiento de alfabetización ecológica, o educación ambiental.

La educación ambiental no se sustenta a partir de un saber absoluto que puede cuidar de la realidad, pero sí a partir de la posibilidad de un saber que no se reduce a las especializaciones disciplinares ni tampoco a las pretensiones fieles a la realidad y que, por eso es capaz de contener los sistemas sociales y ambientales complejos. Tal perspectiva tiene éxito a medida que “la desorganización ecosistémica del planeta y la creciente entropía de los procesos productivos, conducidos por la racionalidad tecnológica y por la lógica del mercado, crearon la necesidad de enfoques integradores del conocimiento para comprender las causas y la dinámica de los procesos socio ambientales.” (Leff, 2002, p. 147) Se trata, por lo tanto, de un pensamiento complejo que da sentido y lugar a las múltiples y singulares experiencias, en el mismo lugar de donde emergen. “A partir de su marginalidad, el saber ambiental hace hablar las verdades silenciadas, los saberes subjuzgados, las voces calladas y el real sometido al poder de la objetivación cientificista del mundo.” (Leff, 2002, p. 150) Este hecho implica llevar al conocimiento público los sentidos y las experiencias heterogéneas que, por tener una dimensión cotidiana, no siempre explicable o mensurable, no están de acuerdo con el propósito del conocimiento formalizado y socialmente reconocido. El saber ambiental abarca la articulación entre los saberes científicos y los populares, aproximando y confrontando siempre la teoría con la práctica.

Así, se puede comprender la educación ambiental como un espacio de construcción del saber ambiental que permite la confrontación de prácticas y concepciones contrastadas como herramienta de elaboración de prácticas, redimensionando saberes que orientan la práctica que a su vez crea nuevos saberes. No puede ser resumida a una temática extra curricular, actividades conmemorativas o discusiones popularizadas por los medios de comunicación, el proceso educativo debe insertar los ciudadanos en un determinado ambiente social, en las comunidades de práctica como ejemplo máximo, involucrándoles en un proceso de comprensión y asimilación de códigos, lenguajes, valores y rituales colectivos que le permitan formar parte y ser aceptado como parte integrante de una colectividad, llevando siempre en consideración el contexto en el cual están inseridos los personajes de esta historia.

La fuerza de un sistema vivo está en su capacidad de evolucionar, en su tendencia de crear algo nuevo, en su capacidad de aprendizaje y autogeneración. Sabemos que en espacios reducidos y compactos podemos aumentar la relación entre los componentes de un determinado sistema y mejorar la comunicación entre ellos, por eso la escala del organismo comunidad puede ser considerada buena para intentar tornar la sostenibilidad operativa en los sistemas humanos.

Una comunidad es capaz de aprender y ser flexible, así la vitalidad es garantizada, siempre y cuando los antiguos paradigmas sean olvidados y el ciudadano ocupe la posición del individuo. Así que el primer paso para la construcción de una comunidad sostenible es la ruptura con los ideales de la cultura capitalista y el surgimiento de las comunidades de práctica. A través de la alfabetización ecológica es posible que los individuos comprendan los principios básicos de la organización del sistema de la naturaleza (del cual el hombre forma parte) y empiecen a tener actitudes más ciudadanas y respetuosas con el medioambiente.

Luego, los soportes para los ecosistemas urbanos, o sea, las ciudades, necesitan ser rediseñados. Conceptos como las cuatro “r”, la eco-efectividad, la basura es alimento y sobre las energías renovables deben ser asimilados por los ciudadanos y colocados en práctica en las diversas comunidades. La sociedad de la talla única y antropocéntrica debe dar lugar aquellas comunidades de práctica con intereses en el bien común (de los hombres y de la naturaleza) y contextualizadas.

Para que el nuevo modelo urbano soporte los sistemas urbanos y sociales pueda desarrollarse, es necesario que criterios como complejidad, relaciones no lineales, flexibilidad y diversidad tengan espacio para evolucionar y interrelacionarse. A través de un ecosistema urbano compacto, diverso y flexible, y con una mezcla de comunidades de práctica, la tarea de defender la esfera de lo público y del respeto con el medioambiente pueda ser lograda. En un espacio donde las comunidades puedan ejercer la participación colectiva y los ciudadanos sean capaces de sentirse parte del proceso de desarrollo, encontramos la vitalidad y la evolución de un ecosistema urbano.

El concepto abstracto de sostenibilidad desde el ámbito social y urbano necesitaba ser redefinido para hacerse operativo en nuestras ciudades. A través de esta investigación se puede afirmar que los conceptos de los ecosistemas de la naturaleza, sus características, formas de organización y de evolución son capaces de ser adaptados a las organizaciones humanas y la teoría de los sistemas vivos facilita las bases de conexión entre las comunidades ecológicas y humanas (urbanas y sociales), pues ambos ecosistemas son vivos y presentan muchas características comunes. Así que a través de la naturaleza la práctica de la sostenibilidad urbana y social merece ser rediseñada.

Haciendo un breve repaso, las principales características de los sistemas vivos identificadas en este estudio son:

1) La red como patrón de organización: todos los seres vivos son redes de componentes menores y la trama de la vida es un todo estructurado en muchas capas de sistemas vivos dentro de otros, son tramas dentro de tramas, redes dentro de redes.

2) Las redes son sistemas autoorganizados, cerrados desde el punto de vista de su organización pero abiertos a los flujos de materia y energía de su entorno.

3) Totalidad de un sistema: un sistema no puede ser reducido a sus componentes pues el conjunto genera propiedades emergentes y nuevas posibilidades que no son previstas en sus partes más pequeñas.

4) Relaciones no lineales: las relaciones en las redes no son lineales se extienden por todas las direcciones y una información puede recorrer un trayecto cíclico, volviéndose un lazo de realimentación capaz de regularse a sí mismo.

5) Estabilidad, equilibrio o autorregulación de un sistema: a pesar del constante cambio de materia y energía los sistemas pueden autorregularse para adaptarse al medioambiente y combatir los peligros de su existencia. Es el llamado “feedback” necesario para garantizar la dinámica del desarrollo, del aprendizaje y de la evolución.

6) Complejidad: cuando un desafío presentado por el medioambiente persiste, los sistemas abiertos se desmontan y se adaptan, reorganizándose en mejores y más complejas formas de evolución.

7) Creatividad: la generación de configuraciones que son constante novedad es una propiedad clave de todos los sistemas vivos.

Una red viva es aquella que continuamente reproduce a sí misma, donde el ser y el hacer son cosas inseparables. Los sistemas vivos interactúan con su medioambiente y a través del “feedback” reciben las informaciones necesarias para el desarrollo y evolución de su comportamiento y estructura, sufriendo una secuencia de cambios estructurales a lo largo del tiempo. A través de la auto renovación, todos los organismos se renuevan a sí mimos continuamente a la vez que sus células se fragmentan, formando estructuras y tejidos que reemplazan las otras células en ciclos continuos. El organismo como un todo mantiene la identidad global, a pesar de los cambios incesantes. La creación de nuevas estructuras y nuevas conexiones de la red son autopoiéticas. Los cambios pertenecen más al ámbito del desarrollo que al de los ciclos y poseen influencias de la propia dinámica del sistema. Una red autopoiética crea su propia frontera y todos los componentes son producidos por otros componentes dentro de la misma red, donde cada elemento participa de la producción o transformación de otros. A través del proceso de cognición, el proceso de conocimiento, la vida y las redes de interconexiones y relaciones es organizada.

Relacionándose los conocimientos sobre los sistemas naturales o ecológicos y los sociales llegamos a algunas conclusiones:

1) Los sistemas ecológicos son redes auto generadoras donde cada componente tiene su función determinada, mientras los sistemas sociales son redes de comunicaciones donde el sistema de organización es diseñado para distribuir el poder entre los componentes y las normas de conducta facilitan la toma de decisiones y dan vida a las relaciones.

2) Los sistemas ecológicos son estructuras materiales cuyo proceso de producción de los componentes de la red cambian continuamente. En los sistemas sociales, las estructuras son materiales e inmateriales y los procesos de comunicación generan los significados y las reglas de comportamiento (cultura de la red), las normas de conducta son las estructuras sociales y las ideas, valores, creencias, conocimientos son generados por los sistemas sociales que forman una estructura de significado, o sea, estructuras semánticas.

3) El comportamiento de un sistema ecológico es conformado por su estructura y el comportamiento de dicha estructura cambia puesto que el mismo se desarrolla y evoluciona su especie. En los sistemas sociales pasa lo mismo con relación a la cultura, pues a medida que esta evoluciona, lo hace también su infraestructura.

Así que podríamos redefinir algunos criterios para promover la práctica de la sostenibilidad en los sistemas humanos basándose en los sistemas vivos y naturales, creando así instrumentos necesarios para la operatividad del proceso. El enfoque está definido primeramente en un cambio de mentalidad y de la idea de desarrollo que tenemos hoy, y se aproxima al carácter cíclico y autorregulador de los sistemas naturales. Dichos criterios siempre se relacionan entre si y están relacionados a los sistemas y sus conceptos: REDES o INTERDEPENDENCIA; TOTALIDAD; ASOCIACIÓN o COOPERACIÓN; RELACIONES NO LINEARES; ESTABILIDAD, EQUILIBRIO o AUTORREGULACIÓN; COMPLEJIDAD; FLEXIBILIDAD o VERSATILIDAD; FLUJOS CÍCLICOS; DIVERSIDAD; CREATIVIDAD; BIORREGIONES; EQUIDAD y SOLIDARIDAD; y PARTICIPACIÓN.

A través de estos criterios y planteando considerar la ciudad como un ecosistema para intentar solucionar en parte los conflictos y disfunciones de las metrópolis, trabajar la escala de las comunidades urbanas es imprescindible. Al redefinir los criterios sistémicos para la eficacia de la práctica de la sostenibilidad en nuestras ciudades, percibimos que su operatividad solamente logrará éxito a través del surgimiento de las comunidades de práctica, pues al reducir y compactar los espacios aumentamos la relación entre los componentes de un sistema y mejoramos su comunicación. Por medio de soluciones creativas las diversas percepciones serán integradas, creándose una consciencia extendida de verdaderos ciudadanos, beneficiando el conjunto.

La práctica de la sostenibilidad debe ser aplicada en la organización de las comunidades de organismos que a su vez organizan el ecosistema más grande, en este caso una ciudad. Aunque en cualquier caso es necesario especificar los efectos de la intervención local en relación al sistema más amplio. Bien como una célula es importante para la vida de un organismo vivo, las partes de los organismos que configuran la ciudad deben ser tratadas con cierto cuidado, tanto por su propio contenido o por las relaciones establecidas con el restante de las variables, cuanto por las proyecciones simbólicas colectivas e individuales.

Dentro de un ecosistema urbano, las comunidades de práctica son las redes de componentes más pequeños y la trama que las estructura, las redes dentro de redes. Cuantas más personas se vean involucradas en estas redes más desarrolladas y complejas serán, mejorándose así la organización y la capacidad para aprender y contestar creativamente a las circunstancias nuevas e inesperadas, cambiando y evolucionando la trama más grande comprendida por el ecosistema urbano.

Si maximizamos los intercambios en espacios reducidos y compactos y aumentamos la capacidad de relación entre los diversos miembros, hombres, comunidades, organizaciones y naturaleza, unidos por redes, hacen posible el intercambio de bienes y de información (red económica, red de movilidad física y red de movilidad de información) y aumentan la diversidad potencial de comportamientos. El antiguo lema ecológico “pensar global y actuar local” debe ser sustituido por pensar en lo global y lo local, pero actuando de manera coordinada, conectando los avances mundiales a las experiencias locales.

La vitalidad que reside en las comunidades de práctica es nada más que la apertura de la organización a nuevos conceptos, nuevas tecnologías y nuevos conocimientos. Esto es el indicador de la vitalidad, flexibilidad y capacidad de aprender de una comunidad, los tres apartados que constituyen la fuerza vital de una organización. Evolucionar, desarrollarse, pero refiriéndose a los componentes, a sus cualidades e inteligencia, orientando los procesos de acuerdo con los nuevos criterios.

Cambiar el hombre posmoderno a lo mejor no es una tarea fácil. No se puede cerrar los ojos frente al profundo cambio que la modernidad fluida ha impuesto a la condición humana. La expresión de las individualidades, el consumo excesivo, la sociedad de la talla única, la búsqueda incesante por una mejor calidad de vida y bienestar que estimula de manera ilimitada y también compulsiva la satisfacción de los deseos y no de las verdaderas necesidades humanas, desde el ámbito del tener cada vez más y no del ser conjunto, son algunas de las características de nuestra sociedad, unida solamente por el interés en lazos negociables y rentables a corto plazo. Vivimos en un invernadero, lejos de ser un campo o un jardín.

Para que la sostenibilidad pueda de hecho curar las enfermedades de nuestras ciudades la raza humana debe primero reconocer su parte en la naturaleza, luego ser alfabetizada ecológicamente y rediseñar sus estructuras. A través de la escala de las comunidades de práctica el reto para lograrse una ciudad como un ecosistema será alcanzado. Si la creatividad, la capacidad de aprendizaje, de generar nuevas formas y de cambiarse son propiedades inherentes a todo sistema vivo, somos capaces de conseguir esta hazaña.

La tarea del arquitecto y urbanista como productores de espacios es sumamente importante en esta etapa en la que nos encontramos. Debe ir más allá de simples mecanismos de control y entrar en cuestiones comunitarias, cambiando la manera como se planea la ciudad. El arquitecto como productor de espacios de gestión colectiva y mediador de intereses comunitarios debe ser el profesional del siglo XXI, pues los diseñadores son también responsables por poner en marcha programas para incentivar el cambio de mentalidad y las ciudades a auto alimentarse. La alianza entre los actores (gobierno, técnicos y ciudadanos) pero principalmente la participación ciudadana, organizada por las comunidades de práctica a través de componentes ecoalfabetizados, será clave para el éxito y la evolución de las intervenciones. El triangulo políticos, técnicos y ciudadanos debe ser equilátero y todos deben participar del proceso de modificación de nuestras ciudades, sujetos éticos con voluntad política y capacidad de tomar decisiones en beneficio del todo.

Esta investigación además de concluir que los criterios aquí redefinidos para tornar la sostenibilidad operativa en los sistemas humanos (basados en las teorías de la naturaleza) pueden ser logrados a nivel del ecosistema urbano (pero que alcanzarán su éxito a través de la escala de las comunidades de práctica) sirve como embasamiento teórico para comprender la situación donde nos encontramos. Es difícil tratar el presente cuando se desconoce los verdaderos orígenes y la historia del hombre moderno, del mundo globalizado, del cambio de pensamientos mecanicistas para los ecológicos, hasta el surgimiento del término que hoy conocemos como sostenibilidad.

El desafío es de dimensión filosófica, política y civilizatoria. Pensar global y localmente y actuar local y globalmente implica alimentar utopías, ampliar y utilizar conocimientos científicos y también establecer un amplio frente de actuación, con la capacidad para transformar las desigualdades, las agresiones y los despilfarros causados por las prácticas y actividades humanas basadas en otros principios. Nuevos principios integrados y renovados valores morales teniendo la naturaleza como aliada y la autonomía y las libertades como fuerza vital es la respuesta para los problemas que enfrentamos.

7.1. LAS INVESTIGACIONES FUTURAS

Como Trabajo Fin de Máster, esta investigación aporta las bases teóricas necesarias para el conocimiento sobre el origen de la problemática actual en nuestras ciudades, tanto bajo el ámbito de lo urbano pero principalmente de lo social, y las teorías de los sistemas vivos y ecológicos necesarias para comprender la ciudad y los sistemas humanos como ecosistemas.

Con este trabajo finalizado, se propone futuros estudios relacionados con la tesis doctoral. La propuesta es utilizar los conceptos aquí explicitados e intentar localizar y valorar comunidades de práctica inseridas en la trama urbana de nuestras ciudades, con el objetivo de aprender algo de ellas para aplicaciones futuras.

Se intentará buscar ejemplos de distintos contextos, tanto culturales cuanto sociales, económicos y físicos. “Las ciudades difieren enormemente entre sí, pero pensar en la relación de las zonas urbanas con la naturaleza revela un patrón importante: los problemas ambientales de las ciudades de renta baja son diferentes, en cuanto a tipología y escala, de los que padecen las ciudades de renta media en fase de industrialización.” Comprender una metrópolis brasileña, por ejemplo, puede guardar algunas semejanzas con las metrópolis sudamericanas, pero las identificaciones con las urbes norteamericanas, europeas o asiáticas tienen otras dimensiones, así que como los desdoblamientos socio espaciales presentan diferentes relaciones, principalmente a lo referente a las formas de uso del suelo, a la composición y a la renta de la población y a las infraestructuras colectivas disponibles. Hay que llevar en cuenta también el contexto sociopolítico y la génesis de la evolución y del proceso migratorio a las regiones metropolitanas, que en Sudamérica ocurrió no solamente por el proceso capitalista del sistema mundo sino que también debido a las grandes transformaciones del mundo agrario. Así que para una futura tesis doctoral se propone estudiar los ecosistemas urbanos en la escala de las comunidades de práctica, de Europa y Sudamérica (todavía no identificadas claramente en el presente momento) utilizando como herramienta de análisis y valoración los criterios para la operatividad de la sostenibilidad aquí definidos.


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