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LOS ECOSISTEMAS COMO LABORATORIOS. LA BÚSQUEDA DE MODOS DE VIVIR PARA UNA OPERATIVIDAD DE LA SOSTENIBILIDAD

Glenda Dimuro Peter


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5.5. LA COLECTIVIDAD Y EL ESPACIO URBANO

Toda colectividad necesita de unos lugares arquetípicos cargados de valores simbólicos para desarrollarse y si la ciudad no se los ofrece, los grupos sociales los crean. Todo conglomerado humano necesita vivir en un ambiente configurado por límites, puertas, puentes, caminos y vacíos. Desea lugares de relación como plazas, mercados y centros comerciales. Los hombres buscan comunidades verdaderas a las cuales puedan pertenecer para siempre en un mundo que se mueve y se desplaza y ninguna cosa es realmente segura. “Antes de convertirse en un arte aprendido individualmente y practicado privadamente, la civilidad debe ser una característica del entorno social. El entorno debe ser civil para que sus habitantes puedan aprender las difíciles destrezas de la civilidad.” (BAUMAN, 2002, p. 104)

Estos espacios, cargados de valores, constituyen los lugares “son, en el interior de un mismo grupo social, una de las apuestas y una de las modalidades de las prácticas colectivas e individuales”. (AUGÉ, 1994, p. 57) Los valores del hábito desarrollados en estos lugares sirven para las prácticas sociales y para el auto conocimiento.

5.6. LAS COMUNIDADES DEL SIGLO XXI

Bauman es bastante crítico con relación a la existencia verdadera de comunidades. “Necesitan ser defendidas para sobrevivir, y necesitan apelar a sus propios miembros para garantizar su supervivencia mediante las elecciones individuales y la responsabilidad individual de esa supervivencia, todas las comunidades son una postulación, un proyecto y no una realidad, algo que viene después y no antes de la elección individual.”(BAUMAN, 2002, p.180) Los potenciales revolucionarios están cada vez más escasos y cada vez hay menos gente capaz de articular su situación individual como parte del proyecto de cambiar el orden de la sociedad.

La comunidad, en recurrencia de la pluralidad de referentes de identidades que están disponibles en los tiempos de la modernidad líquida, viene siendo sustituida por la identidad o - para ser más específicos y resaltar las dimensiones que la hacen confundir con la comunidad - por la identidad comunitaria.

Para Bauman, una comunidad en nuestra época es la última reliquia de las antiguas utopías de la buena sociedad. Una comunidad basada en un ideal de pureza en una imposibilidad, pues por más que los individuos se lancen a la tarea de construir su identidad comunitaria, esa sensación es provisional. Nadie está inmune a los referentes de identidades producidos en abundancia en el mundo actual. La mayoría de las comunidades actuales no son como las comunidades de prácticas descriptas anteriormente, son nada más que algunos individuos con intereses comunes que se unen para atender a sus propias necesidades, casi siempre necesidades generadas por el estilo de vida capitalista, como más seguridad y confort. En la sociedad del consumo las informaciones circulan sin obstrucciones aduaneras por todos los territorios en alta velocidad, emergiendo las culturas efímeras.

El “comunitarismo” es una relación previsible a la acelerada licuefacción de la vida moderna, una reacción ante el desequilibrio entre la libertad individual y la seguridad. La seguridad, principalmente con relación a los vínculos humanos, disminuye mientras las responsabilidades individuales crecen.

Pero el “comunitarismo” tiene una paradoja interna. Para cumplir el proyecto comunitario hay que apelar a las opciones individuales cuya posibilidad ha sido negada. No se puede ser “comunitarista” sin admitir la libertad de elección individual que la comunidad niega. Distinto de la comunidad de práctica, el comunitarismo es “un concepto de comunidad definida por sus límites estrechamente vigilados y no por sus contenidos”. (BAUMAN, 2002, p. 102)

La tenacidad exigida por el ideal de la identidad comunitaria se transforma en una trampa, por lo menos en el sentido de las comunidades de práctica, y cualquier iniciativa que venga a establecer un sistema de valores exige un gran esfuerzo interno para de eliminar las impurezas y el riesgo de desvíos.

La inestabilidad de los fundamentos necesita ser compensada y así surgen las llamadas “comunidades explosivas”. Nacen siempre en pares, porque no puede existir “nosotros” sin “ellos”, necesitando de enemigos, amenazadores y concretos para que sean perseguidos y así sea accionada la complicidad entre los miembros de la comunidad. Las fronteras son diseñadas a través de la violencia, su manera de producción es territorial, pero las comunidades explosivas son extraterritoriales, y mantiene las identidades creadas precariamente con la vida entre la explosión y la extinción. Tienden a ser volátiles, transitorias, con un solo propósito, con un tiempo de vida breve y con un futuro incierto. “A diferencial del genocidio a la vieja usanza, y sobre todo del Holocausto, el tipo ideal, los testigos son ingredientes indispensables dentro de la mezcla de factores de la que nace una comunidad explosiva.” (BAUMAN, 2002, p. 208)

Bauman llama “comunidades de guardarropa” al tipo de comunidad que considera que mejor capta los trazos característicos de la modernidad líquida. Es como si las personas estuviesen vestidas para una ocasión especial, un espectáculo y cuando llegan al auditorio, dejan en la entrada la ropa que llevaban en la calle. Ahí, dentro de este ambiente todos tienen los mismos intereses y concentran la atención al escenario. Cuando se acaba la función, todos recogen sus pertenencias y retoman sus diferentes roles mundanos, para poco a poco mezclarse en la ciudad de la cual habían emergido horas antes. Estas comunidades necesitan de espectáculos que las reúnan determinadas veces los intereses de los individuos, que luego se tornan un interés grupal. Los espectáculos han remplazado la causa común de la época de la modernidad sólida. “Esos intereses no adquieren una nueva calidad al agruparse, y la ilusión de situación compartida que proporciona el espectáculo no dura mucho más que la excitación provocada por la representación.” (BAUMAN, 2002, p. 211) Otra designación de las comunidades en cuestión puede ser “comunidades de carnaval” pues ofrecen un respiro y fiesta a los individuos atormentados y agotados del mundo, quebrando la monotonía y la soledad diaria. Este tipo de comunidad no es verdadera, sus componentes actúan de acuerdo con el espectáculo del día, al salir a la calle, vuelven a sus preocupaciones individuales.

Estos tipos de comunidades dispersan las energías de los impulsos sociales y contribuyen para perpetuar la soledad individual causada por el desorden social existente en tiempos de modernidad líquida, donde los individuos buscan alivio en los pocos emprendimientos colectivos concertados y armoniosos.

Algunos criterios relacionados con los sistemas ecológicos hablan sobre interdependencia, cooperación, solidaridad, flexibilidad, flujos cíclicos, diversidad y participación. Estos conceptos están íntimamente conectados también con los sistemas sociales de un ecosistema urbano. La conciencia social y el retorno de los ciudadanos son los puntos clave para empezar a cambiar nuestras ciudades y hacer la sostenibilidad operativa.

A través del cambio de paradigmas, las redes de informaciones deben distribuir entre los componentes de un ecosistema urbano nuevos ideales, formas de poder, conducta y aprendizaje. Partiéndose de la escala local, o sea, del organismo comunidad, surgen las comunidades de práctica: pequeños grupos cerrados desde el punto de vista de su organización, pero abiertos a los flujos de materia y energía de un ecosistema más grande.

Una comunidad de práctica es compuesta por redes de comunicaciones vivas y autogeneradoras que se comunican a través de pensamientos, significados y prácticas comunes. Presentan ciertas características como: ambientes de aprendizaje donde los conocimientos son compartidos; el poder es gestionado por los ciudadanos a través de procesos de negociación; existen prácticas para el desarrollo y formación de identidades; lo global y lo local interactúan en relaciones complejas y conexiones significativas que conducen a niveles de diversidad más altos. Por medio del empeño mutuo, del emprendimiento conjunto y del repertorio compartido la práctica de la ciudadanía es lograda y se hace crítica, activa y responsable.

Aunque en el siglo XXI, una comunidad representada por estos ideales puede ser considerada una utopía, esta, quizás, sea la única salida para nuestros sistemas sociales y urbanos. Solamente a través de la colectividad desarrollada en lo urbano y del surgimiento de la cultura ciudadana es posible que logremos una inteligencia emocional y empecemos a desarrollar en la práctica los criterios de la sostenibilidad en los sistemas humanos (sociales y urbanos) en conjunto también con la naturaleza, buscando un futuro común.

“El ser humano, natural y sobrenatural al mismo tiempo, debe estar arraigado en la naturaleza viva y física, pero emerge y se distingue de ella por la cultura, el pensamiento y la consciencia.”

Edgar Morin – Tierra Patria

Según la nueva teoría de la evolución emergente, la fuerza de un sistema vivo no debe ser encontrada en eventos casuales o en mutaciones aleatorias, sino en su tendencia de crear la novedad, la espontaneidad y la complejidad. Así, la creatividad, la capacidad de aprendizaje, de generar nuevas formas y de cambiarse son propiedades inherentes a todo sistema vivo. “La generación constante de novedad – el avance creativo de la naturaleza, como la denominó el filósofo Alfred North Whitehead – constituye una propiedad clave de todo sistema vivo.” (CAPRA, 2003, p. 156)

Si maximizamos los intercambios en espacios reducidos y compactos, aumentamos la capacidad de relación entre los diversos miembros, es decir, hombres, comunidades, organizaciones y naturaleza unidos por redes que hacen posible el intercambio de bienes y de información (red económica, red de movilidad física y red de movilidad de información) y que aumentan la diversidad potencial de comportamientos. “Si este aumento de complejidad se hace intentando maximizar la recuperación de entropía en términos de información, el modelo de crecimiento se acerca a la idea de sostenibilidad, mientras que el modelo que se sustenta maximizando la entropía que se proyecta en el entorno, se aproxima a la idea de crecimiento sostenido.” (RUEDA, 1997)

La vitalidad que reside en las comunidades de práctica es nada más que la apertura de la organización a nuevos conceptos, nuevas tecnologías y nuevos conocimientos. Esto es el indicador de la vitalidad, flexibilidad y capacidad de aprender de una comunidad, los tres apartados que constituyen la fuerza vital de una organización.

Sabemos que toda comunidad necesita de un espacio urbano para desarrollarse y evolucionarse y para eso nos hace falta hablar del diseño de este soporte. En la naturaleza no nos cabe hablar de diseño, ya que su estructura no fue diseñada, pero sí forma parte de la evolución de la vida y sobrevive de la selección natural. Ya en las comunidades humanas la mayoría de las estructuras son diseñadas, tornándose oficiales, regladas y estables, siempre creadas para un propósito que materializa un significado. Por otro lado, la creatividad de la vida se expresa por el proceso de emergencia. Las estructuras criadas por este proceso, biológicas cuando hablamos de sistemas vivos y sociales cuando tratamos de comunidades humanas, son las llamadas estructuras emergentes. Dichas estructuras son informales y flexibles que evolucionaron y se adaptaron al medio debido a esta creatividad y capacidad de modificarse inherente a todos los organismos vivos.

El equilibrio entre la creatividad de la emergencia y la estabilidad del diseño requiere liderazgo que facilite la novedad y que tenga el poder de la autoridad para conferir poder a otros. “Ser líder significa crear una visión, significa ir a donde nadie ha ido antes, significa capacitar a la comunidad como un todo para crear algo nuevo. Facilitar la emergencia equivale a facilitar la creatividad.”(CAPRA, 2003, p. 162) La vitalidad aportada a comunidades de práctica a través del poder conferido aumenta su creatividad y su potencial, además de la dignidad y sentimiento de pertenencia de sus miembros. “Debe garantizarse la libertad de pensamiento de cada persona, garantizando que se obtenga una comprensión adecuada de las principales cuestiones vinculadas a la sostenibilidad. De esta forma, la sinergia de pensamiento y reflexiones generará un pensamiento crítico que ponga en cuestión nuestros actuales modelos, y estructuras vigentes, propiciando una nueva conciencia que, además, nos prepare para encarar a los nuevos retos que se presenten.”

Los criterios para la operatividad de la sostenibilidad en los sistemas humanos aportados por esta investigación empiezan con la construcción de la idea de sostenibilidad a nivel local y comunitario y así el surgimiento de comunidades de práctica. Pero tan importante cuanto el empeño mutuo, el emprendimiento conjunto y el repertorio compartido por los miembros de una comunidad, es el diseño de su estructura física. En este ámbito, la sostenibilidad no se limita al uso de los materiales locales o de la arquitectura bioclimática y de la eficiencia energética en las residencias, sino que todo el sistema humano (urbano y social) debe ser sostenible y estar erigido sobre las bases relacionadas con la interdependencia, la totalidad, la cooperación, las relaciones no lineales, el equilibrio, la autorregulación, la complejidad, la flexibilidad, los flujos cíclicos, la diversidad, la creatividad, las biorregiones, la solidaridad y la participación que buscan la evolución de la comunidad.


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