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LOS ECOSISTEMAS COMO LABORATORIOS. LA BÚSQUEDA DE MODOS DE VIVIR PARA UNA OPERATIVIDAD DE LA SOSTENIBILIDAD

Glenda Dimuro Peter


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2.5.2. LA GLOBALIZACIÓN TERRESTRE Y LA PÉRDIDA DE FRONTERAS

“Era un campesino autosuficiente y se ha convertido en un suburbano en busca de un salario.”

Edgar Morin. Tierra Patria

Aunque muchos piensen que la globalización es un hecho reciente, muchos teóricos, como Sloterdijk, defienden que la globalización terrestre fue consumada por las navegaciones cristiano-capitalistas e implantadas políticamente por el colonialismo. Fue el comienzo de la Era Planetaria, a través de los descubrimientos, del camino de las Indias, de Copérnico, según Morin. Tuvo forma durante más o menos 500 anos (entre 1492 y 1945), cuando se diseñó prácticamente el actual sistema mundo. Según Sloterdijk, el proceso de globalización tiene 3 fases que se distinguen por sus medios simbólicos y técnicos: la globalización de las navegaciones; la globalización morfológica (onto morfológica) que es el primer pensamiento de la esfera; y la globalización electrónica, que es la que vivimos hoy.

La globalización, según su sentido cultural y topológico, significa también occidentalización del mundo. La manera como se desarrollaban las prácticas de expansión europeas, con agresividad y meramente extractivas, no ocurre solamente debido a un sadismo específico europeo. “Más bien es de la transformación de las mentalidades y practicas europeas, en un generalizado comerciar o actuar con riesgo, de donde surge la sorprendente, casi misteriosamente exitosa, fuerza ofensiva de las primeras generaciones de los descubridores.” (SLOTERDIJK, 2007, p. 71) Los europeos de 1500 no eran más hábiles que los pueblos anteriores, pero estaban dispuestos al riesgo. Más dispuestos al crédito (acreedor) y más dependientes de él (deudor) debido a los cambios de paradigmas económicos por lo cual estaban pasando. “Debido a este modo de proceder administrativo-económico, el recuerdo de los intereses que hay que pagar dentro de un plazo determinado se traduce en hazañas prácticas e inventos científicos. La empresa es la poesía del dinero. Así como la miseria vuelve inventivo, el crédito vuelve empresario.” (SLOTERDIJK, 2007, p. 71)

El mundo globalizado es descrito por Sloterdijk a través de la imagen del palacio de cristal de la novela Memorias del Subsuelo (1864) de Dostoiwski. Se trata de una estructura devoradora de lo humano donde nos rendimos a los demonios del occidente: poder, dinero, placeres de la sociedad del consumo. “El espacio interior de mundo del capital no es un ágora ni una feria de ventas al aire libre, sino un invernadero que ha arrastrado hacia dentro todo lo que antes era exterior. Con la imagen de un palacio del consumo de alcance planetario puede someterse a discusión en clima excitante de un mundo interior de mercancías integral. En esta Babilonia horizontal la condición humana se convierte en una cuestión de poder adquisitivo, y el sentido de la libertad se manifiesta en la capacidad de elegir entre productos del mercado, o de producir uno mismo tales productos.” (SLOTERDIJK, 2007, p. 30)

Es cierto que la mundialización del capital, el llamado fenómeno de la globalización que caracteriza la economía internacional tal como la conocemos hoy, empezó en la década de los 70 y dio origen a un nuevo tipo de capitalismo profundamente distinto de aquel practicado durante la Revolución Industrial o del emergido después de la Segunda Guerra Mundial. La terminología globalización posee innumerables sentidos, casi siempre relacionados con procesos económicos, pero esto es nada más que una simplificación, ya el hecho no se resume solamente a la economía sino a un fenómeno multidimensional que obedece decisiones de naturaleza política. Se han producido nuevas formas de reproducir, como el surgimiento de alimentos transgénicos y las clonaciones; de distribuir, no solamente las riquezas sino también los alimentos, topo tipo de género, servicio o mercancía; de relacionarse; nuevas formas de consumir, tanto los recursos naturales como los propios productos industrializados. Sus principales características son: el centro de sus actividades económicas es global; sus principales fuentes de productividad y competitividad son la innovación, la generación de conocimientos y el procesamiento de la información; y todo está estructurado bajo redes de flujos de financiación. Solamente en un espacio globalizado se puede ordenar las nuevas necesidades de movilidad, organizando tanto el transporte de personas como de mercancías e ideales. En otras palabras, la economía se mueve en tiempo real, moviéndose rápidamente en una búsqueda global de oportunidades de inversiones.

Las agencias internacionales y las élites dirigentes están metidas en los medios políticos y pueden formar parte del sistema de definición de las políticas a ser implementadas. Los gobiernos inmersos en redes financieras globales tienen menos posibilidad de controlar su propia política económica, no pudiendo cumplir con sus discursos y promesas, dependiendo de grandes corporaciones. “El auge de la sociedad en red ha ido de la mano del declive de la nación-estado como entidad soberana.”(CAPRA, 2003, p. 194) La globalización está sujetada a una lógica política con relaciones asimétricas de poder, que establecen potencias a escala mundial, traducidas por la formación de bloques económicos, organizaciones financieras internacionales e instancias de poder que articulan alianzas estratégicas. Son multinacionales, empresas globales con intereses y lealtades dispersos y cambiantes. Para ellas, un mundo ideal es un mundo sin estados o con estados pequeños, pues los estados tienen territorios y poder, etnicidad, lengua, pero también fuerza colectiva, mientras la nación pude ser fácilmente anulada por la globalización de la economía. “El poder de la élite global se basa en su capacidad de eludir compromisos locales, y se supone que la globalización evita esas necesidades, dividiendo tareas y funciones de tal manera que sólo las autoridades locales deben hacerse cargo del rol de guardianes de la ley y el orden (locales).” (BAUMAN, 2002, p. 199)

El sistema de comercio actual permite que los individuos y empresas puedan reclamar libertad y buscar ventajas y ganancias en mercados y recursos de otros países de cualquier parte del planeta, ejerciendo así su derecho al lucro. “Durante por lo menos doscientos años, los gerentes de las empresas capitalistas dominaron el mundo – es decir, separaron lo plausible de lo implausible, lo racional de lo irracional, lo sensato de lo insensato, y determinaron y circunscribieron el rango de alternativas que deberían limitar la trayectoria de la vida humana.” (BAUMAN, 2002, p. 61) Pero la inserción en la economía mundial no puede ser mirada necesariamente como un juego positivo en el cual todos pueden ganar. Por lo contrario, lejos de existir una economía mundial integrada e inclusiva, la actual configuración de un sistema internacional marca grandes contrastes y polaridades, reproduciendo grandes catástrofes en los países periféricos y principalmente menos desarrollados, donde se produce un capitalismo dependiente, aumentando aún más las desigualdades y las exclusiones sociales. “Consideremos por un momento un solo aspecto de la brecha: en el año 2007, las dos personas más ricas del mundo poseían una fortuna superior al PIB combinado de los 45 países más pobres.” Tales acciones no separan apenas países o continentes, pero dentro de cada país establecen un profundo hueco entre las camadas integradas y los sectores excluidos. Distancia que crece cada vez más bajo las condiciones libres del juego de fuerzas del actual mercado, principalmente en los países de Tercer Mundo y considerados “en desarrollo”. Morin trata del tema del subdesarrollo de los desarrollados, concluyendo que no es económico, sino moral, psíquico e intelectual, cultural en definitiva. “Mientras seamos mentalmente subdesarrollados aumentaremos el subdesarrollo de los subdesarrollados.” (MORIN, 1993, p. 130)

El análisis de la relación entre globalización y urbanismo nos lleva a constatar la profunda crisis de las políticas locales de “reproducción social” (vivienda, educación, servicios sociales, etc.) que han sido históricamente propias de los gobiernos municipales o regionales. Las grandes metrópolis subdesarrolladas son hoy la expresión del antagonismo y de las desigualdades antes descritas. Como ya se sabe, el fenómeno de la urbanización acelerada ocurrido en los últimos 40 años puede ser observado principalmente en los países periféricos y es, justamente en las ciudades, donde se establecen los instrumentos de excelencia del fenómeno de expansión de la economía del mundo capitalista. Es en la ciudad donde se ubican las sedes de las grandes corporaciones internacionales y las instituciones financieras, las redes de información, sistemas de comunicación, y también es en la ciudad donde se encuentran los bienes de consumo sofisticados y las actividades de servicios vinculadas a la modernidad. En fin, elementos de carácter esencialmente urbano que definen las megaciudades de hoy como “ciudades globales”.

La globalización es un fenómeno múltiple y diverso y así también son los fines a que pueden llevar sus caminos. Muchos autores consideran que la catástrofe inmunológica de la Edad Moderna es la pérdida de fronteras, hecho que hizo que la Tierra se convirtiera en un escenario para una hipercivilización, donde debemos saber actuar en un mundo sincronizado. El mundo globalizado puede remitir a una cultura globalizada y homogénea, o a un proceso opuesto, como la formación de grupos con identidad, movimientos xenófobos y manifestaciones creativas propuestas por pequeños grupos de ciudadanos. La intensidad y la rapidez de los flujos de información permiten el contacto con diversas culturas aún no conocidas que llevan a la aparición de nuevas culturas, provocando una tolerancia más grande a la diversidad, pero también pueden generar reacciones negativas e intolerantes con respecto a esta misma diversidad.

El progreso pasó de promotor de riquezas a causante de grandes impactos ambientales. El impacto de la nueva economía en el bienestar del hombre puede ser considerado negativo hasta el presente momento. Se ha enriquecido la elite global de los especuladores financieros, empresarios y profesionales de alta capacitación técnica, pero las consecuencias para la mayoría de la población y principalmente para el medioambiente han sido desastrosas. Pasamos de una interdependencia de mercados a una globalización y exclusión por medio de la tecnología de información, donde el propio mercado es la instancia reguladora, no el Estado. El mercado global es en realidad una red de máquinas programadas bajo el lema fundamental de generar dinero, precediendo a los derechos humanos, democráticos, protección al medioambiente o cualquier otro valor.

La fuerte creencia en el papel de las ciencias y de la tecnología en la resolución de los problemas, cambió para el desencanto y la conciencia de la necesidad de precaución. Sin embargo, las mismas redes electrónicas de financiación y flujos de información pueden ser canalizadas para otros medios y se puede añadirles otros valores, ya que el punto crítico no es la tecnología, que, como sabemos, acompaña el hombre desde los tiempos primitivos, sino la política en la cual está inmersa.

“La historia universal fue el modelado de la Tierra como soporte de las culturas y los éxtasis; su característica presentación política fue la unilateralidad triunfante de las naciones expansivas europeas; su estilo lógico es la interpretación indiferente de todas las cosas bajo la señal del espacio homogéneo, del tiempo homogéneo y del valor homogéneo; su modo operativo es la concentración; su resultado económico es el establecimiento del sistema mundial; sus bases energéticas son los combustibles fósiles, todavía disponibles en abundancia; sus gestos primarios estéticos son la expresión histérica del sentimiento y el culto a la explosión; su resultado psicosocial es el apremio a ser cómplice de la miseria lejana, su oportunidad vital es la posibilidad de comprar interculturalmente las fuentes de la felicidad y las estrategias de gestión de riesgo; su esencia moral es el paso del ethos de la conquista al ethos del dejarse-domesticar por los conquistados; su tendencia civilizatoria se expresa en un denso complejo de desahogos, seguros y garantías de confort; su desafío antropológico es la producción masiva de últimos hombres; su consecuencia filosófica es la oportunidad de ver cómo la Tierra única aparece en los innumerables cerebros.” (SLOTERDIJK, 2007, p. 31)


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