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LOS ECOSISTEMAS COMO LABORATORIOS. LA BÚSQUEDA DE MODOS DE VIVIR PARA UNA OPERATIVIDAD DE LA SOSTENIBILIDAD

Glenda Dimuro Peter


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4.5. ESCALAS PARA LA PRÁCTICA DE LA SOSTENIBILIDAD EN SISTEMAS URBANOS: ORGANISMOS, PARTES DE ORGANISMOS Y CONJUNTO DE ORGANISMOS

Fuente: www.photography.nationalgeographic.com

A través de los conceptos de ecosistemas urbanos concebimos la ciudad como un conjunto de organismos interconectados y con cierto grado de autonomía, funcionando como soporte para los sistemas sociales y articulando el local y el global. Sabemos que una ciudad posee diversas escalas, desde la micro, representada por las viviendas, hasta la macro, donde la planificación territorial más amplia, la ciudad como un todo, es la representante. La escala intermediaria sería lo urbano, el lugar donde se desarrolla el cotidiano de los ciudadanos. “Son muchos los modelos y los planteamientos generados por la aplicación a este ámbito intermedio de los criterios de sostenibilidad y, en ese sentido, el debate y la reflexión siguen abiertos en torno a lo que se entiende por «ciudad ecológica».”(VIENA-CÁRDENAS, 2000)

Muchas son las unidades de investigación y trabajo dentro de un ecosistema urbano, y no necesariamente necesita ser el conjunto complejo de la ciudad el sistema a ser analizado. A través del reconocimiento de las partes que organizan determinado ecosistema, la unidad de escala de trabajo puede ser reducida a un nivel más local y menos global: a la organización de las comunidades de organismos que constituyen un ecosistema (aunque en cualquier caso es necesario especificar los efectos de la intervención local en relación al sistema más amplio). Bien como una célula es importante para la vida de un organismo vivo, las partes de los organismos que configuran la ciudad deben ser tratadas con cierto cuidado, tanto por su propio contenido o por las relaciones establecidas con el restante de las variables, cuanto por las proyecciones simbólicas colectivas e individuales. “Considerando una comunidad ecológica como un conjunto de organismos aglutinados en un todo funcional por medio de sus múltiples relaciones, los ecologistas facilitarán el cambio del foco de organismos para comunidades y viceversa, aplicando los mismos tipos de concepciones a los diferentes niveles de sistemas.” (CAPRA, 1997, p. 44)

Así que utilizando los conceptos de la comprensión sistémica de la vida, de las redes como patrón de organización de los seres vivos y comprendiendo las ciudades como un ecosistema urbano, los criterios para la operatividad de la sostenibilidad fueron redefinidos para ser utilizados en las diversas escalas de los sistemas humanos. En esta investigación, se sugiere que dichos criterios para la práctica de la sostenibilidad tendrán más éxito cuando aplicados a escalas locales, o sea, en las llamadas comunidades de práctica.

Teniendo los ecosistemas naturales como laboratorio y estudiando brevemente sus características principales, se formuló algunos criterios básicos para la práctica de la sostenibilidad en los sistemas humanos.

Aprovechando que los sistemas ecológicos se parecen a los sociales desde el ámbito de su organización, estructura, comunicación y evolución, diversos conceptos fueron utilizados para definir una ciudad como un ecosistema. El soporte para el desarrollo de la vida humana es un sistema formado por individuos de diversas especies, presenta ambientes con características distintas y sufre un proceso constante de interacciones, ajustes y regulaciones en su estructura, ya que está basada en redes y lazos de retroalimentación.

Así, además de redefinir los criterios para tornar la sostenibilidad operativa en nuestras ciudades, también es sugerida una escala para su aplicación: las comunidades de práctica. A partir de ahora, el objeto de estudio de esta investigación pasa a ser la comunidad, las comunidades urbanas y sus relaciones entre sus componentes y su estructura. La red de componentes más pequeños y la trama que les estructura, las redes dentro de redes. Cuanto más personas se vean implicadas en estas redes más desarrolladas y complejas serán, mejorándose la organización y la capacidad para aprender y contestar creativamente a las circunstancias nuevas e inesperadas, cambiando y evolucionando la trama más grande comprendida por el ecosistema urbano.

Como ya hemos visto, las intervenciones urbanas para intentar ser sostenibles, deben ser regidas por principios y reglas que organicen los ecosistemas de la naturaleza, en este caso el ecosistema urbano, minimizando la entropía proyectada para el entorno y reduciendo los impactos regionales y locales. El único aumento de la complejidad que puede reducir la incertidumbre del entorno es aquella que sigue los principios de minimización entrópica que se proyecta sobre el mismo.

En cuanto al aspecto ambiental y natural, las ciudades deben conseguir sus recursos propios y mantener las demandas necesarias para su correcta manutención y desarrollo, conservando los stocks de los recursos no naturales y naturales para el beneficio futuro, prevaleciendo la lógica de los recursos reversibles sobre los irreversibles. “Por lo tanto, el concepto de desarrollo urbano sostenible pasa por una estrategia de ecología urbana que trata la ciudad como un medio ambiente construido no apenas como usuario del ambiente natural, pero también como fuente de recurso.” El objetivo de la sostenibilidad ha coincidido en los sistemas urbanos con el de la habitabilidad y el mantenimiento de ciertos niveles de calidad de vida y derechos a las infraestructuras básicas en estos sistemas.

En cuanto que el aspecto social, primeramente, debe aparecer una conciencia social, el ciudadano debe vencer la batalla contra el individuo de la segunda modernidad, haciéndose saber de la omnipresencia del peligro originado por sus acciones sobre la Tierra. Las redes de comunicaciones deben distribuir el poder entre sus componentes de manera que las normas de conducta faciliten la toma de decisiones en búsqueda de un futuro común, y que den vida a las relaciones, no perjudicando una comunidad en beneficio de otra. Las estructuras materiales e inmateriales y los procesos de comunicación generados deben intentar mantener aquellas culturas y signos que busquen un comportamiento más sostenible del organismo, cambiando antiguos paradigmas que no caminen hacia un futuro en común con la naturaleza. Una comunidad sostenible vive en armonía y respeta su medioambiente, no le causa daños a otras comunidades, ni perjuicios presentes o que puedan ser heredados en un futuro. La calidad de vida, comprendida por los valores abstractos de los que hemos mencionado anteriormente, y los intereses de las futuras generaciones deben ser más valorizados que el crecimiento económico o el consumo inmediato.

Varios son los autores que creen que la solución para los problemas globales que enfrentamos hoy está en la unión de pequeños grupos abiertos para el mundo. Entre el mundo de la época agraria medieval y el mundo industrializado del silgo XXI, muchos tienen la oportunidad de generar confusiones colectivas y, de hecho, la historia de la políticas urbanas más recientes tiene errores de formato. Con el crecimiento del mundo post agrario, la relación entre los grandes y los pequeños está esperando una nueva configuración, una nueva política para los tiempos de la ausencia de imperios. “De ellos pueden aprenderse dos cosas: por un lado, que los intentos de producir comunas a gran escala acaban en totalitarismos; por otra parte, la desatención a las pequeñas unidades puede producir, a largo plazo, a las sociedades modernas a psicopatológicos callejones sin salida.” (SLOTERDIJK, 2002, p. 91)

Mumford dijo que el antídoto para la megalópolis se extrae de la aldea, entendida como módulo apropiado para una convivencia equilibrada y democrática. “La ciudad medieval era un organismo pleno de civismo(...) La ciudad medieval nos demuestra que el espíritu comunal se mantiene dentro de ciertas medidas, pero que pasado un límite en cuanto a población y extensión, ese espíritu social se pierde y se convierte la ciudad en un mero conjunto de casas por un lado y de masa humana por otro.” (PASTOR, 1947, p.35) A través de estas visiones se puede percibir la importancia de mantener una pequeña escala para lograr una comunidad cohesionada y civilizada, la importancia de rescatar las comunidades, este conjunto de organismos que forman parte del sistema urbano.

Para que un organismo esté realmente vivo es necesario que existan una red social y comunidades de práctica, que según Etienne Wenger deben ser redes vivas auto generadoras que se comunican creando pensamientos y significados comunes, conocimientos compartidos y normas de conducta, proporcionando a sus miembros una identidad colectiva y un ámbito que sienten como propio.

Hay tres componentes necesarios para que las comunidades florezcan: la instalación de prácticas de gobierno basadas en el respeto mutuo, en la tolerancia y en la responsabilidad; la adecuada gestión de los recursos humanos y naturales; el acceso a las soluciones de las necesidades básicas, como la salud, educación, habitación y seguridad. Estos tres factores, gobernanza, medioambiente y necesidades humanas básicas, pueden ser considerados los tres mayores retos de las ciudades del siglo XXI, principalmente de los países en vías de desarrollo.

Ante la inoperancia de la mayoría de los gobiernos, las comunidades deben tomar la iniciativa. Las actividades humanas en las ciudades provocan constantemente problemas de intereses individuales reñidos con el bien común, por eso es importante antes de nada, el cambio de mentalidad de los individuos. “La principal tarea de la sustentabilidad urbana es gestionar eficazmente los problemas de los comunales en los ecosistemas que mantienen las ciudades.”

Una comunidad que respeta la trama de la vida está diseñada de manera que sus negocios, economía, tecnología, estructura física y social no perturben la capacidad innata de la naturaleza para sostener la vida. “Lo que es sostenido en una comunidad sostenible no es su crecimiento económico ni su desarrollo, sino toda la trama de la vida, de la cual depende nuestra supervivencia a largo plazo.” (CAPRA, 2003, p. 273)


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