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LOS ECOSISTEMAS COMO LABORATORIOS. LA BÚSQUEDA DE MODOS DE VIVIR PARA UNA OPERATIVIDAD DE LA SOSTENIBILIDAD

Glenda Dimuro Peter


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3.1. DE LA VISIÓN MECANICISTA PARA LA HOLÍSTICA

“Las nuevas concepciones de la física viene generado un profundo cambio en nuestras visiones del mundo; de la visión del mundo mecanicista de Descartes y Newton para un visión holística, ecológica.”

Fritjof Capra. A teia da vida: uma nova compreensão científica dos seres vivos

Fuente: www.photography.nationalgeographic.com

La tensión entre las partes y el todo o entre el mecanicismo y el holismo viene siendo un tema recurrente a lo largo de la historia de la biología. La mudanza del paradigma mecanicista para el ecológico viene ocurriendo desde el siglo XIX bajo diferentes formas y con diferentes velocidades en los más diversos campos científicos, no siendo un cambio uniforme. “Un péndulo caótico, en el sentido de la teoría del caos – oscilaciones que casi se repiten, pero no perfectamente, aleatorias en su apariencia y sin embargo formando un patrón complejo y altamente organizado – sería a lo mejor la metáfora contemporánea más apropiada.” (CAPRA, 1997, p. 33) Como idea general, la visión mecanicista es representada por las partes, el átomo, la reducción. La visión holística o ecológica es sistémica, organísmica .

Aristóteles y los primeros filósofos y científicos occidentales distinguían la forma (patrón, orden, calidad) de la sustancia (materia, estructura, cuantidad), comprendiéndole como algo que limita la materia y le da su forma. En los siglos XVI y XVII la visión del mundo medieval basada en los ideales de Aristóteles y en la teología cristiana cambiarían radicalmente. La antigua noción orgánica, viva y espiritual del mundo dio lugar a otra más mecánica. Varios descubrimientos en los campos de la física, astronomía, matemática y las conocidas revoluciones científicas de Copérnico, Galileo, Descartes y Newton contribuyeron para difundir esta visión de mundo. En la ciencia moderna la obsesión por la cuantificación y la medición comandada por el pensamiento analítico hizo que el mundo, el universo material incluyendo los organismos vivos, se transformasen en la máquina perfecta capaz de ser gobernada por leyes matemáticas exactas.

La primera oposición fuerte al sistema mecanicista cartesiano fue a través del Movimiento Romántico en el siglo XVIII y XIX. Poetas y filósofos de la época hacían duras críticas al sistema, incluso algunos eran opositores a Newton, y retornaron a la tradición de Aristóteles del mundo holístico y orgánico. Goethe defendía que la percepción visual era vital para el entendimiento de la forma orgánica y fue uno de los primeros en utilizar el término morfología para el estudio de las formas biológicas a partir de un punto de vista dinámico y envolvente. En su teoría, la forma es vista como un patrón de reacciones dentro de un todo organizado, donde cada criatura es una gradación uniformizada dentro de un todo armonioso. La forma biológica es algo más que un molde, que una configuración estática de toda una cosa, porque en ella existe un flujo continuo de materias que permiten que haya una evolución y un desarrollo, sin que la forma original sea anulada.

“La idea de la Tierra como un ser vivo, espiritual, continuó a florecer por toda la Edad media y el Renacimiento, hasta que toda la perspectiva medieval fue sustituida por la imagen cartesiana del mundo como máquina. Por lo tanto, cuando los científicos del siglo XVIII empezaron a visualizar la Tierra como un ser vivo, ellos revivieron una antigua tradición que estuvo adormecido por un período relativamente breve.” (CAPRA, 1997, p. 36)

En la segunda mitad del siglo XIX volvió a hablarse sobre el mecanicismo debido a la mejora del microscopio y los consecuentes avances notables en el campo de la biología. Los descubrimientos de Pasteur y de la teoría microbiana de las enfermedades daban énfasis a una visión reduccionista, y la creencia por parte de los biólogos de que todas las propiedades y funciones de los organismos vivos serían explicadas por leyes químicas y físicas. Por fin, los triunfos de la biología y de la teoría de las células, embriología y microbiología establecieron el mecanicismo como un dogma entre los biólogos.

A partir del siglo XX se creó la teoría de la biología organísmica que dio origen a algunas de las características del pensamiento sistémico. “Descubrieron que todos – sean células, cuerpos, ecosistemas o el planeta en sí – no son apenas piezas distintas, pero sí sistemas dinámicamente organizados y complejamente equilibrados, interdependientes en cada movimiento, cada función, cada cambio de energía y información.” (MACY, 2004, p. 60) Así que comprender las cosas sistémicamente significa ponerlas en un contexto y establecer la naturaleza de sus relaciones.

Se introdujo entre los científicos una cantidad física denominada entropía, una medida de desorden. Mide la parte de energía que no puede ser transformada en trabajo y es una función de estado de carácter extensivo en su valor, en un sistema aislado, crece en el transcurso de un proceso que se dé de forma natural. De acuerdo con la segunda ley de la termodinámica existe una tendencia en los fenómenos físicos del orden hacia el desorden. El científico IIya Prigogine demostró que un sistema en un estado de desorden (entropía) puede pasar a un estado de orden (entalpia) si fuera sometido a un gran flujo de energía. Prigogine conceptuó los “sistemas abiertos” como sujetos a un gran flujo de energía libre que aumenta su nivel de orden y de información, o sea, es un sistema donde la energía y la materia entran y salen libremente. Según el físico los sistemas reales, o sea, los sistemas existentes en la naturaleza, son abiertos y no están en equilibrio, por lo tanto sus leyes deben ser regidas por una termodinámica verdadera y no por una termoestática, como llaman la termodinámica clásica, cuyas leyes fueron elaboradas para los sistemas cerrados.

Resumiendo: la relación entre el todo y las partes fue invertida. El sistema cartesiano creía que en cualquier sistema complejo el comportamiento del todo podría ser analizado observando las propiedades de sus partes. En la visión mecanicista el mundo es compuesto por partes que interactúan unas con las otras a través de relaciones secundarias. En la ciencia sistémica los organismos no pueden ser observados por análisis, pues las propiedades de las partes no son intrínsecas y solamente pueden ser entendidas dentro de un contexto más grande. Las partes son redes de relaciones dentro de redes mayores, muchas veces caóticas pero equilibradas, siendo las relaciones el aspecto más importante y no sus fronteras.


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