BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales


LOS ECOSISTEMAS COMO LABORATORIOS. LA BÚSQUEDA DE MODOS DE VIVIR PARA UNA OPERATIVIDAD DE LA SOSTENIBILIDAD

Glenda Dimuro Peter


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6.2. EL CRECIMIENTO Y UN NUEVO MODELO PARA LOS SISTEMAS URBANOS

“Las ciudades pueden y deben estar planificadas. Lo urbano, no.

Lo urbano es lo que no puede ser planificado en una ciudad, ni se deja.”

Manuel Delgado - Sociedades Movedizas. Pasos hacia una antropología de las calles

Fuente: www.gettyimages.com - www.photography.nationalgeographic.com

Para que la complejidad exista en un ecosistema urbano, el proceso de crecimiento, implantación y ocupación del suelo debe ser necesariamente lento para poder encajar e interrelacionar los diversos componentes de forma adecuada. “En aquellas partes de la ciudad o en aquellos núcleos urbanos que se han hecho lentamente y de manera ininterrumpida, sin perturbaciones importantes, consolidando y renovando las estructuras que las sostienen, ha ido aumentando la diversidad de sus componentes, y en consecuencia, han ido aumentando los depósitos de información organizada proporcionadora de estabilidad y oportunidades, en contra de un aumento excesivo de nueva estructura sostenida en un despilfarro del suelo, de la energía y del tiempo y en el creciente consumo de recursos.” (RUEDA, 1997)

Según Delgado, una ciudad es una cantidad considerable de construcciones apoyadas por una complejidad de infraestructuras que abrigan una población cuyos componentes no suelen conocerse todos entre sí. Por otro lado, el espacio urbano no es la ciudad propiamente dicha, pero si las prácticas que la recorren, el espacio donde se genera la vida humana como experiencia masiva. “El espacio urbano resulta de un determinado sistema de relaciones sociales cuya característica singular es que el grupo humano que las protagoniza no es tanto una comunidad estructuralmente acabada – a la manera de las que la antropología ha venido asumiendo como su objeto tradicional de estudio -, sino más bien una proliferación de marañas relacionales, compuestas de usos, componendas, impostaciones, rectificaciones y adecuaciones mutuas que van emergiendo a cada momento, un agrupamiento polimorfo e inquieto de cuerpos humanos que sólo puede ser observado en el instante preciso que coagula, puesto que está destinado a disolverse de inmediato.” (DELGADO, 2007, p. 12) O sea, la ciudad con sus informaciones infraestructurales y el espacio urbano con su red de informaciones de relaciones sociales, son los que determinan el grado de complejidad y diversidad de un ecosistema urbano, sobre el soporte en tres escalas: viviendas, “urbano” y ciudad.

Los crecimientos urbanos explosivos de los últimos años proporcionan una contribución mayor de energía, colonizando nuevos espacios y territorios. En estructuras ya consolidadas la diversidad es mayor y se cree también que haya una mayor estabilidad del ecosistema urbano, pues preservan los testimonios del pasado además de presentar informaciones suplementarias sobre el presente. O sea, los espacios urbanos más maduros ofrecen grandes cantidades de información, son más complejos y diversificados que las nuevas estructuras de una ciudad. Sin embargo, las posibilidades de un espacio nuevo y la determinación de las estructuras y las funcionalidades en sus orígenes son más grandes que las que podemos encontrar en fases avanzadas de consolidación de una trama urbana.

Cuando se aplica intensivamente energía para el desarrollo de una nueva planificación o se introduce actividades económicas impactantes en un tejido ya estructurado, ocurren perturbaciones capaces de destruir el sistema y la información. Dichas perturbaciones no sólo afectan solamente a nivel local, pueden interferir en sistemas más amplios, lejanos o envolventes. Como bien señala Rueda, en cualquier sistema los primeros colonizadores del suelo suelen ser oportunistas, para pasar posteriormente a ser colonizados por actividades más especializadas y de calidad. Tanto el diseño de una nueva urbanización como la remodelación de una trama existente, sean pequeñas o grandes intervenciones, deben siempre incluir espacios para el desarrollo de actividades mezcladas, con el fin de promover la diversidad, organizándose de forma que aumente la calidad de la información, no la cantidad y la eficiencia energética y reduciendo el consumo de recursos, convirtiéndose en espacios de calidad e identificación positiva.

“Incorporar nuevos espacios para nuestra satisfacción, sustrayéndolo a los usos que la naturaleza hacía, parece que habría de tener un significado alejado de la lógica lineal que prescinde de otro objetivo que no sea el propio de la acción de transformación, para insertarse en una lógica sistémica (lógica en circuito) donde el espacio, recurso escaso, ocupa una función propia, pero al mismo tiempo unida formalmente con el resto de componentes del sistema.” (RUEDA, 2007) El hecho de transformar ha de abarcar la búsqueda de la calidad, no como ocurre actualmente, desperdiciando y degradando los espacios con la creación de aéreas con atractivos limitados, o bien espacios reducidos y con gran complejidad u otros con una función única.

Todo proceso de explotación representa sacar alguna cosa del ecosistema que sería capitalizada por aquél y luego utilizada para hacer avanzar la sucesión y nuevas etapas de organización. Cuando se conserva totalmente un ecosistema, la posibilidad de explotación es nula. Cuando se habla de una conservación relativa, se refiere a un modelo de ordenación del territorio dispuesto a mantener un ecosistema con cierta estructura y cierto nivel de explotación en los sistemas no urbanos (tanto rurales como naturales) y una ciudad compacta y diversa en todas sus partes. Una explotación, planeada, observada, sostenible. Sería un modelo, según Rueda, con dos extremos de una fuerte diversidad que por un lado presentaría una ciudad compacta, densa y diversa y por otro un ecosistema natural diverso y de tamaño suficiente. En el centro se ubicaría el campo de juego, cultivos, pastos donde las interacciones del hombre y de algunos organismos del bosque son fuertes y se mantiene reducida la diversidad biótica de las comunidades. En los extremos el número de especies puede aumentar casi indefinidamente y la densidad de cada una de ella puede ser relativamente baja, bien como la intensidad de las interacciones, lo que puede facilitar las especializaciones.

Es cierto que el control de la densidad de una determinada zona urbana es fundamental para reducir la contaminación, mejorar el microclima urbano, además de favorecer la interacción social y las iniciativas comunitarias, buscando el bienestar común. “A medida que la densidad aumenta, se incrementan también el uso de la bicicleta y los desplazamientos a pie, mientras que decrece el del automóvil. Los centros históricos con alta densidad de población y uso mixto del suelo, reconvertidos en los espacios sin vehículos a motor que otrora fueron, existen hoy en día en la mayoría de las ciudades europeas.” (CAPRA, 2003, p. 311)

Una ciudad considerada ideal para muchos autores es la ciudad compacta, con límites definidos, edificios de altura mediana, mezcla de usos, plazas ajardinadas, avenidas arboladas, redes de transporte eficiente. El espacio urbano es un espacio de intercambio comunicacional generalizado donde se realiza una colectividad sin morfología estable, y los miembros acuerdan concertar sus acciones a partir de acuerdos mínimos y ciertas competencias prácticas y saberes. El resultado es una máquina de vivir y convivir. Como casi nunca podemos planificar una ciudad desde cero, las alternativas son intentar promover la sostenibilidad en espacios consolidados de la mejor manera posible, utilizando los inúmeros conceptos aquí ya explicitados, considerándose siempre el pensamiento sistémico y el sistema de organización de los sistemas vivos.

La tarea hoy consiste en defender la esfera de lo público, o más bien resucitar o repoblar ese espacio público que se está quedando vacio debido al abandono de los ciudadanos interesados o bien el escape del poder hacia un territorio que solamente puede ser definido como espacio exterior. Volver a unir aquello que ha separado la combinación de la individualización formal y el divorcio entre el poder y la política. La clave para lograrse la sostenibilidad está en organizar un espacio simplificado, de participación colectiva, donde los ciudadanos sean capaces de sentirse participantes del proceso siendo capaces de utilizar los residuos producidos por la ciudad (incluyendo sus habitantes) para enriquecer su estructura. El flujo debe ser entendido en el contexto de creación o reducción de la estructura y organización.


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