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LOS ECOSISTEMAS COMO LABORATORIOS. LA BÚSQUEDA DE MODOS DE VIVIR PARA UNA OPERATIVIDAD DE LA SOSTENIBILIDAD

Glenda Dimuro Peter


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3.4.3. LOS CONCEPTOS DE SOSTENIBILIDAD Y DE DESARROLLO SOSTENIBLE

El concepto de sostenibilidad no es explícito pero sí es fruto de un sistema de razonamientos aplicados para acercarnos a él. Según Naredo, aclarar la situación exige identificar los verdaderos objetivos de la sostenibilidad teniendo en cuenta la noción usual de sistema económico, cuales son las recomendaciones razonables para atenderlo y cuáles son las limitaciones de este planteamiento.

La definición de desarrollo sostenible del Informe de Brundtland es muy genérica e imprecisa, pues primeramente las generaciones futuras, como el propio nombre sugiere, son futuras y no están presentes para definir sus necesidades y qué recursos necesitarán. El término sostenibilidad necesitaba ser aclarado y especificado para dejar de ser una simple teoría y pasar a la práctica. Aún así, la Comisión propuso algunos conceptos, entre ellos “la noción de ´capital´, adoptada para toda fuente mundial de recursos que deba ser gestionada racionalmente.” (EDUARDS, 2004, p. 8) Según ellos, hay cinco tipos principales de capital: social, económico, tecnológico, medioambiental y ecológico. El capital social relaciona conocimientos y educación con el uso de los recursos medioambientales, o sea, la sociedad debe estar preparada y equipada para comprender la nueva situación y también debe haber una mayor cohesión social. El capital económico es caracterizado por los recursos financieros y los principios políticos, dependiendo directamente de la explotación de recursos (suelos, personas, medioambiente). El capital tecnológico transforma materias primas y otros recursos en productos útiles para los seres humanos, dependiendo de la ciencia y del diseño, exigiendo nuevos conocimientos y tecnologías. El capital medioambiental cuantifica los recursos de la tierra (combustibles fósiles, agua, suelo, minerales, agricultura, pesca, explotación forestal y energías renovables) e incorpora también valores negativos como contaminación, polución y desertificación. El capital ecológico se refiere a los hábitats, especies y ecosistemas, siendo el sistema de vida básico del que depende toda la raza humana. La clave para lograr un estilo de vida responsable y un progreso y desarrollo sostenibles sería la gestión racional de la integración de los sistemas de capital.

Robert Solow, economista estadounidense ganador del premio Nobel en 1987, ha advertido que si queremos que la sostenibilidad signifique algo más que un compromiso emocional con la naturaleza, debemos precisar lo que se quiere conservar, concretando lo genérico establecido por el Informe de la Comisión de Brundtland. Según Solow, lo que debe ser conservado es el valor de las provisiones de capital, incluyéndose el capital natural, con el que cuenta la sociedad. “Para Solow, el problema estriba, por una parte, en lograr una valoración que se estime adecuadamente completa y acertada del stock de capital y del deterioro ocasionado en el mismo, por otra, en asegurar que el valor de la inversión que engrosa anualmente ese stock cubra, al menos, la valoración anual de su deterioro.” (NAREDO, 1996) Este tipo de teoría se ha extendido entre los economistas y generado un tratamiento de la sostenibilidad desde el ámbito de la inversión, o sea, explica que el problema ambiental encontrará soluciones cuando la producción y la renta se sitúen por encima de ciertos niveles que permitan aumentar sensiblemente las inversiones en mejorías ambientales. Sugiere también que los países en desarrollo deben anteponer el crecimiento económico a las preocupaciones medioambientales, pues cuanto más renta tuviesen, se suponía que mejor tratarían su problemática ambiental. Hoy, en el siglo XXI, está claro para los economistas que el tratamiento de las cuestiones ambientales y de la propia idea de la sostenibilidad necesita de revisiones y retoques y principalmente el sistema económico necesita reformularse. Las ideas de Solow no son adecuadas, el mayor ejemplo son los Estados Unidos, un país con elevadas tasas de crecimiento y tasas aún más grandes de contaminación.

La sostenibilidad del sistema económico siempre fue la mirada de distintas interpretaciones y aplicaciones más o menos parciales o sectoriales. Esta preocupación no tendría validez si por detrás de todo no hubiera el interés de mantener o incluso enriquecer la calidad de la vida humana. “Por lo tanto, no tiene nada de extraño que el objetivo de la sostenibilidad se haya solapado normalmente en los sistemas urbanos con aquel otro de la habitabilidad, es decir, con la pretensión de mantener la calidad de vida en estos sistemas.” (RUEDA, 1997) En muchos casos se observa que a medida que los sistemas urbanos se tornan cada vez más insostenibles, la insostenibilidad se nota también en la pérdida de las condiciones de habitabilidad. En 1991, la Unión Mundial de la Conservación (Programa de Medio Ambiente de las Naciones Unidas y del Fondo Mundial para la Conservación de la Naturaleza) sostuvo que "el desarrollo sostenible implica mejora de la calidad de vida dentro de los límites de los ecosistemas." Por fin, uniendo la idea de la sostenibilidad (o insostenibilidad) a las zonas urbanas, el Consejo Internacional de Iniciativas Ambientales Locales (ICLEI) formuló el siguiente concepto: "el desarrollo sostenible es aquel que ofrece servicios ambientales, sociales y económicos básicos a todos los miembros de una comunidad sin poner en peligro la viabilidad de los entornos naturales, construidos y sociales de los que depende el ofrecimiento de estos servicios." (RUEDA, 1997)

La Cumbre de la Tierra, realizada en Río de Janeiro (Brasil) en el año de 1992, dio impulso al paradigma del desarrollo sostenible a través de tres tipos de sostenibilidad: ambiental, económica y social, reconociendo no solamente la crisis ambiental en sus diversas facetas sino como una crisis inmersa en los sistemas económicos y sociales. Una crisis vivida en un mundo globalizado y superpoblado, dominado por una economía capitalista integrada, donde la cultura de las masas forma parte del escenario y de una sociedad individualista, consumista y con una enorme disparidad entre ricos y pobres se sacan los actores. Desde esta época ya se ha comprendido que la solución realista para la crisis no sería lograda a corto plazo y sin abordar simultánea e integradamente las crisis ambientales, económicas y sociales. En este mismo encuentro se firmó un acuerdo llamado Agenda 21, creado para concebir planos de acción que para resolver problemas locales y luego sumarse para ayudar a alcanzar resultados globales. La Agenda 21 debería ser un proceso de desarrollo de políticas para el desarrollo sostenible y una construcción de sociedades entre autoridades locales y otros sectores de la sociedad para su implementación, integrando planeamiento y políticas, involucrando toda la comunidad y focalizando resultados a largo plazo. Sus principales características son la concepción de estrategias globales para la prevención y actuación tendentes a la sostenibilidad del desarrollo y la calidad de vida local, mediante la aplicación de los principios generales de la sostenibilidad a las condiciones concretas de cada caso y zona; la utilización de programas dirigidos por los poderes locales con un carácter abierto y con la elaboración de procesos de concertación con otras administraciones y especialmente con los agentes privados, las organizaciones y la población local; la implantación de programas concebidos como sucesión de ciclos que definen los principales problemas en relación a la sostenibilidad local, y a partir de esto, los objetivos y los programas clave son concretizados, bien como los indicadores que permiten de forma sencilla establecer un seguimiento y realimentación del proceso.

En la carta de Aalborg de 1994, son definidas etapas de un plan de acción: reconocimiento de los métodos de planificación y de los mecanismos financieros existentes así como otros planes y programas; localización sistemática de los problemas y de sus causas mediante extensas consultas públicas; clasificación de un modelo de comunidad sostenible mediante un proceso participativo que incluya a todos los sectores de la comunidad; consideración y evaluación de opciones estratégicas alternativas; establecimiento de un plan de acción local a largo plazo a favor de un desarrollo sostenible que incluya objetivos mensurables; programación de la aplicación del plan, incluida la preparación de un calendario y una declaración del reparto de responsabilidad entre los participantes; establecimiento de sistemas y procesamientos para la supervisión y la notificación de la aplicación del plan.

Las definiciones de la sostenibilidad creadas en el principio de los noventa son más específicas respecto a lo que se comprende por el término desarrollo, en cuanto a prestación social, ambiental y económica de servicios. El desarrollo puede ser entendido como un conjunto de saberes que califican una sociedad como avanzada o no y está asociado al crecimiento económico, a la industrialización, a la modernidad, al progreso, a la tecnología, a la ciencia. En teoría, los objetivos del desarrollo son la erradicación de la pobreza y la satisfacción de las necesidades humanas. El desarrollo sostenible se supone que debe satisfacer las necesidades del hombre, integrándose las preocupaciones ambientales que utilicen modelos de producción y consumo que ahorren los recursos naturales que hoy en día se malgastan. Pero el concepto de desarrollo que nuestra sociedad capitalista se encuentra hoy está íntimamente conectado al concepto de crecimiento y principalmente al de crecimiento económico. La idea de crecer se opone a la propuesta de la sostenibilidad, ya que “la teoría del crecimiento es organizada en torno de la cuestión del ahorro y de la inversión, o sea, del juicio de los flujos de consumo en el tiempo” (GODARD, 1997, p. 113), crecimiento implica acumulación de capital y aumento del consumo de los recursos naturales que inciden en el aumento de la presión sobre el medioambiente cuya regeneración de los ecosistemas ya fue ampliamente superada. Por esta afirmación uno puede fácilmente constatar que la idea de desarrollo sostenible parece insensata, ya que desarrollo y sostenibilidad se contraponen en sus definiciones. La idea de crecimiento con la que trabajaban la mayoría de los economistas solamente llevaba en consideración aspectos relacionados con la renta, las exportaciones, el producto nacional, en fin, todo vinculado con el acumulo de capitales. Los procesos anteriores, el uso de los recursos y todo lo relacionado con el medioambiente no solían entrar en discusión, hecho que en el siglo XXI tendría que empezar a ser planteado.

Analizando las limitaciones del tema de la sostenibilidad y el concepto de la economía capitalista que tenemos hoy, algunos autores llegan a dos tipos de nociones sobre la sostenibilidad que responden a dos paradigmas distintos: la sostenibilidad débil, formulada desde la racionalidad de la economía estándar, y la sostenibilidad fuerte, formulada desde la racionalidad de esa economía , de la termodinámica y de la ecología, preocupándose directamente por la salud de los ecosistemas en los que vivimos y la economía de los hombres, sin ignorar que sobre los procesos del mundo existe el razonamiento monetario. Esta investigación está basada en la sostenibilidad fuerte.

Otro paso para superar la indefinición sobre los conceptos de la sostenibilidad es la centralización en los procesos y sistemas físicos separadamente de las preocupaciones sobre el crecimiento financiero, dejando de lado el tema desarrollo económico. “Para ello, lo primero que tenemos que hacer es identificar los sistemas cuya viabilidad o sostenibilidad pretendemos enjuiciar, así como precisar el ámbito espacial (con la consiguiente disponibilidad de recursos y de sumideros de residuos) atribuido a los sistemas y el horizonte temporal para el que se cifra su viabilidad.” (NAREDO, 1996) Cuando nos referimos a los sistemas físicos que sirven de soporte para la vida, la sostenibilidad dependerá de la capacidad y manera de abastecerse de los recursos naturales y deshacerse de los residuos. Estos aspectos se someterán a la configuración y el comportamiento de los sistemas sociales que los organizan y mantienen. La indicación del ámbito contextual de referencia es lo que determina la sostenibilidad de un sistema.

Según Capra, la sostenibilidad es la consecuencia de un complejo patrón de organización que presenta cinco características básicas: interdependencia, reciclaje, sociedad, flexibilidad y diversidad. Sostenible, por lo tanto, no se refiere solamente a un tipo de interacción humana con el mundo que preserva o conserva el medioambiente para no comprometer los recursos de las generaciones venideras, o que vislumbra únicamente a la manutención prolongada de los procesos económicos, sociales, políticos, institucionales o territoriales, pero se trata de una función compleja, que mezcla de manera particular las cinco variables descriptas.

Según Khnor, son dos los principios que están en la base del “desarrollo sostenible” (KHNOR, 2007): la precaución, que nos pide actuar con urgencia cuando es probable que exista grave daño ambiental, aún cuando no se disponga de la totalidad de los hechos; y responsabilidad común pero diferenciada, que reconoce que el Norte es, e históricamente ha sido, el mayor responsable de la crisis – y tiene más recursos, así como mayor responsabilidad de resolverlo. El Sur también debe cumplir su papel – debe ser ayudado con recursos financieros y transferencias de tecnología, y no debe cargar con la responsabilidad de hacerse cargo injustamente de una cuota excesiva de la adaptación mundial.

Con relaciones a las escalas de la sostenibilidad, de acuerdo con el autor Naredo, la sostenibilidad global es cuando razonamos sobre la extensión a escala planetaria de los sistemas considerados, tomando la Tierra como escala de referencia y la sostenibilidad local es cuando nos referimos a sistemas o procesos más parciales o limitados en el espacio y en el tiempo. La sostenibilidad parcial se refiere sólo a algún aspecto, subsistema o elemento determinado (por ejemplo, al manejo de agua, de algún tipo de energía o material, del territorio) y no al conjunto del sistema o proceso estudiado con todas sus implicaciones. Evidentemente, a muy largo plazo, tanto la sostenibilidad local como la parcial, están llamadas a converger con la global. Sin embargo, la diferencia entre sostenibilidad local (o parcial) y la global cobra importancia cuando, como es habitual, no se razona a largo plazo.

Las diferentes nociones de sostenibilidad, o de desarrollo, dificultan la interpretación objetiva y práctica de los conceptos del desarrollo sostenible. Muchas definiciones apuntan hacia la exigencia de una sostenibilidad como valor normativo, que permita la formulación de objetivos colectivos, pero no siempre homogéneos, ya que el planeta es constituido por diferentes realidades sociales, económicas y culturales. “Se puede decir que la sostenibilidad deberá tener diferentes estructuras a partir de las diferentes escalas de organización en la cual se incierta.” (CHAVES, 2008) La principal dificultad de este planeamiento es que, incluso desde el punto de vista de los fenómenos ecológicos, se analizan primero el nivel local (ecosistemas) o regional (biomasa y regiones biogeografías) y luego de forma más extendida a nivel planetario.

“La aplicación de una política de sostenibilidad del desarrollo no puede derivarse directamente ni de una optimización económica, observada por los precios de los mercados, ni de los conocimientos científicos de los procesos biofísicos, de los cuales depende la reproducción de nuestro medioambiente.” (GODARD, 1997, p. 117) Los criterios a ser tomados como referencia para la construcción de estratégicas de sostenibilidad deben llevar en cuenta el actual estado de incertidumbres que cercan la cuestión. Godard propone tres ejemplos de actitudes que pueden servir de base para una política de desarrollo sostenible que pueden ser relacionadas con un comportamiento de seguridad y de prevención de riesgos conocidos, la optimización del tiempo para conocer los fenómenos y contestarlos de forma más eficaz y buscar soluciones de menor riesgo de arrepentimiento que atiendan de forma simultánea varios objetivos de la colectividad.

Para comprender la sostenibilidad primero hay que conceptuarla como algo dinámico y no estático y luego eliminar las barreras existentes entre las diferentes disciplinas y tradiciones de pensamientos, buscando la construcción de una interdisciplinariedad. Debemos superar el padrón de conocimiento fragmentado y aprender a percibir y discutir la problemática en toda su complejidad y totalidad, una visión holística, integrada, democrática, en contra a la mecanicista y analítica de las cuestiones ambientales. En segundo, hay que valorar los conceptos de “crecimiento cero” o de “crecimiento estacionario”, ya que el crecimiento económico es incompatible con la preservación de la naturaleza. Los ecologistas, al contrario de lo que muchos piensan, en su mayoría no son partidarios del crecimiento cero pero sí son contrarios al crecimiento sin límites y sin control. Apoyan la estrategia de que se debe mantener una producción sin provocar la ruptura del equilibrio ambiental y del agotamiento de los recursos naturales. Por otro lado, algunos afirman que hay que reintegrar las políticas del medioambiente en una perspectiva de mantener el desarrollo económico, ya que los costes de manutención y reparación de los ecosistemas, bien como la implantación de mecanismos de reciclaje y eliminación de desechos, son bastante altos. “Ciertos ideólogos de los países ricos proponen el crecimiento cero para los países en desarrollo, mientras los países ricos, que cuentan con solamente el 23% de la población mundial, utilizan 78% de los recursos minerales y energéticos del Planeta. Ellos adoptan medidas de protección ambiental, pero sus empresas contaminan el Tercer Mundo.” (MINC, 2005, p. 114)

Otros piensan que es posible la armonía entre los objetivos del desarrollo y la preservación ambiental, pero para asumir tal postura es necesaria la elaboración de una nueva concepción de modelo de desarrollo, un nuevo estilo de vida, nuevos modos de producción, bien como nuevos tipos de organizaciones sociales y relaciones internacionales. No se debe olvidar que el objetivo de la sostenibilidad no puede lograrse sin tener en cuenta la necesidad de la universalización y aplicación efectiva de los derechos humanos para todos los seres humanos y los derechos de la naturaleza.


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