BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales


LOS ECOSISTEMAS COMO LABORATORIOS. LA BÚSQUEDA DE MODOS DE VIVIR PARA UNA OPERATIVIDAD DE LA SOSTENIBILIDAD

Glenda Dimuro Peter


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3.4.2. LA AMBIGÜEDAD DEL TÉRMINO SOSTENIBLE

A partir de los primeros encuentros se trataba de buscar una terminología capaz de definir la situación. Era generalizada la aceptación del propósito de hacer más sostenible el desarrollo económico, pero por un lado se evidenciaba una mayor preocupación por la salud de los ecosistemas, desplazando esta inquietud hacia el campo de la gestión económica y por otro, la grave indefinición con la que se manejaba el término sostenible hacía con que las buenas intenciones que lo informaban se quedasen en simples gestos en el vacío.

Al principio de la década de setenta, Ignacy Sachs, consultor de las Naciones Unidas para temas de medioambiente y desarrollo, propuso el término “ecodesarrollo” como significado para el compromiso que buscaba conciliar el aumento de producción reclamado por los países del Tercer Mundo. Se concibieron “estrategias de ecodesarrollo” como un nuevo abordaje del desarrollo, con bases fundadas en la atención a las necesidades fundamentales, como por ejemplo habitación, alimentación, condiciones sanitarias, salud, de las poblaciones menos favorecidas, prioritariamente en los países en desarrollo, además de facilitar la adaptación de las tecnologías y de los modos de vida a las potencialidades y dificultades específicas de cada “ecozona”, preocupándose con la valorización de los residuos y con la organización de la explotación de los recursos renovables, en favor de los sistemas cíclicos de producción que sistematizase los ciclos ecológicos. El abordaje del “ecodesarrollo” focalizaba las poblaciones y sus formas de subsistencias y actividades económicas, definiéndolas como economías extra oficiales (agricultura familiar de subsistencia, economía urbana informal). Partiendo de esta afirmación, las bases para el desarrollo de estas actividades deberían tener en cuenta la opinión de las poblaciones involucradas en el proceso, a la vez que se buscaba nuevas formas institucionales de impulso y planificación de los establecimientos humanos y distritos rurales a través de iniciativas de organizaciones populares locales, de militantes o independientes, con apoyo de organizaciones internacionales o agencias públicas.

La palabra “ecodesarrollo” empezó a ser utilizada en los círculos internacionales con relación al medioambiente y el desarrollo, pero la ideología encontraba limitaciones en los ámbitos económicos y políticos, ya que su propuesta presentaba la necesidad de cambios políticos y restructuración de las relaciones económicas Norte- Sur, significando un cambio en la postura de desarrollo de los países industriales. La radicalidad de la proposición no agradó a muchos países y pasado el entusiasmo inicial, la idea se quedó relegada a las esferas marginales. La terminología desagradaba a las autoridades norteamericanas y a algunos economistas más convencionales, así que el vocablo fue sustituído por el de “desarrollo sostenible” ya que este podría ser confundido con el “desarrollo autosostenido” introducido antes por Rostow y que era bastante conocido por los economistas expertos en desarrollo. “Sostenido (sustained) o sostenible (sustainable), se trataba de seguir promoviendo el desarrollo tal y como lo venía entendiendo la comunidad de los economistas.” (NAREDO, 1996)

Predominó así la poética del término desarrollo sostenible, una palabra mediadora establecida para aproximar la separación entre los desarrollistas y los ambientalistas. La simplicidad dada al término acabó por esconder su real ambigüedad y complejidad. De esta forma, lo que contribuyo a sostener la nueva idea de la sostenibilidad fueron los antiguos pensamientos sobre el crecimiento y el desarrollo económico, justo los conceptos que deberían ser replanteados.

Tras el Informe publicado en 1987 por la Comisión Mundial de las Naciones Unidas para el Desarrollo y el Medio Ambiente titulado “Our Common Future” (Nuestro Futuro Común) y conocido mundialmente como el Informe de Brundtland, el término desarrollo sostenible se puso de moda. El informe determinaba que tal desarrollo era aquel que permitía “satisfacer nuestras necesidades actuales sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer las suyas”. Allí se advertía que la salud humana, la propiedad y los ecosistemas se verían seriamente amenazados si no se intensificase el control de la contaminación. Al extenderse la preocupación por la sostenibilidad, implícitamente se constataba la insostenibilidad del modelo económico capitalista industrial. No obstante, los principios y características de la económica no fueron reconsiderados, hecho íntimamente unido a la ya citada ambigüedad que acompaña el significado de la palabra sostenible y el deseo general de no precisar su contenido ni el modo de llevarlo a la práctica, como pasó con otras propuestas similares formuladas anteriormente y que no tuvieron éxito. Por ejemplo las proposiciones hechas por los economistas franceses del siglo XVIII, los llamados fisiócratas, de aumentar las riquezas renacientes sin menoscabo de los bienes fondo, los conservacionistas en la década de 60 y por el propio ecodesarrollo en principios de los 70.

Sin embargo, el propósito novedoso del desarrollo sostenible, aunque con un concepto con una cierta dosis de ambigüedad, fue acogido por gran parte de la sociedad en un momento en que la fuerza de los hechos exigía más que nunca conectar la reflexión económica al medio físico en el que ha de tomar cuerpo.

El extendido uso del adjetivo sostenible en la literatura económica y ambiental se encuadra en la abundancia de términos de moda que hay en las ciencias sociales, términos ambiguos que sirven más como encantamiento que para traducir los problemas del mundo real. A la vez que se amplía la utilización banal del término desarrollo sostenible la palabra sostenibilidad adquiere vida propia, dando lugar para el debate que pretende avanzar y clarificar la aplicación de esta idea.

“La mayor parte de la indefinición vigente procede del empeño de conciliar el crecimiento (o desarrollo) económico con la idea de sostenibilidad, cuando cada uno de estos dos conceptos se refieren a niveles de abstracción y sistemas de razonamientos diferentes: las nociones de crecimiento (y de desarrollo) económico encuentran su definición en los agregados monetarios homogéneos de producción y sus derivados que segrega la idea usual de sistema económico, mientras que la preocupación por la sostenibilidad recae sobre procesos físicos singulares y heterogéneos.” (NAREDO, 1996)


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