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CONTRATIEMPOS Y AFORISMOS IV. FORMAS DE RESISTENCIA Y GRUPOS SUBALTERNOS BRITÁNICOS

Edgardo Adrián López



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5. Los muchachos de Sherwood

Una llamada al pie advierte que ése era el sobrenombre de los “luditas”, a los cuales se los consideraba unos cuasi herederos de Robin Hood. Pero más allá del romanticismo de la imagen, lo que habita en esto es el prejuicio de que los luditas fueron unos hombres necios, analfabetos, cerrados a la introducción de maquinaria .

Hemos anticipado en el apartado previo, que no era así en absoluto. El “ludismo” integró esa “gran tradición de resistencia” que, antes de él, se plasmó en la inundación de pozos mineros, en el incendio de las propiedades de los acomodados que faltaban a la “economía moral”, en la destrucción de materiales, materias auxiliares y materias primas, entre otras acciones. Esas medidas fueron en su momento, no sólo un intento desesperado por “congelar” el mundo precapitalista de costumbres, sino acciones para amedrentar a empleadores inescrupulosos, ahuyentar a los esquiroles u ocupados “ilegales” y para “acompañar” las huelgas o medidas de otro carácter.

Mas, el ludismo se diferencia de esta tradición de lucha en que era un movimiento cuasi insurreccional. No quiere decir que fuera revolucionario, pero era un movimiento amplio que estaba radicalizado y que, de forma confusa e “intuitiva”, bregaba por objetivos laborales de largo alcance. Sin embargo, tenía un costado revolucionario y ése es uno de los aspectos que se subestimó.

En segundo término, estaba organizado, a pesar de lo confuso e intuitivo que pudiera ser. En tercer lugar, el contexto político en que afloraron los modos de resistencia “pre luditas”, fue distinto al que alimentó a los luditas.

Esos tres grandes rasgos, podrán visualizarse con el comentario del “ludismo” en Nottingham, Lancashire y Yorkshire.

El ludismo del primer distrito, era el más ordenado y el que se ceñía a los planteos de corte laboral. Los disturbios se iniciaron en marzo de 1811 y continuaron hasta febrero de 1812 ; tuvo que actuar el ejército . Poco a poco , los “luditas” aprendieron que debían desplazarse por las noches en grupos reducidos y a veces, coordinados, de manera que en distintos puntos y en forma simultánea, se procediera a la destrucción de maquinaria sin que puedan ser detectados ni por las tropas ni por la policía.

Armaban sus “cajas” para auto financiarse; tenían máscaras y usaban un “santo y seña” para identificarse; compraban fusiles y pistolas; había una férrea disciplina (la desobediencia se castigaba con la muerte). Sus rápidos y primeros éxitos, les otorgaron una elevada auto confianza: no únicamente ofrecían recompensas a quienes les facilitaran datos de aquellos que divulgaban sus secretos, sino que arredraban a los que se hacían pasar por luditas para así robar en las granjas o captar fondos.

Pero, ¿por qué se detiene el movimiento en febrero de 1812 en las Midlands? Hubo tres factores. El primero, es que la protesta había sido exitosa; la mayoría de los calceteros negociantes enriquecidos, habían aceptado pagar mejores precios.

Segundo, en la zona estaban instalados miles de soldados que contaban con la ayuda de guardias especiales y bandas locales de vigilancia.

Por último, el proyecto de ley para convertir la destrucción de máquinas en un delito que ameritaba la pena de muerte, se estaba discutiendo en el Parlamento. Entonces, se optó por la agitación constitucional a modo de otra estrategia.

En el instante en que el “ludismo” se desactivó en Nottingham, se despertó en Lancashire y Yorkshire. Aquí , el movimiento se acercó a la lucha por metas laborales ambiciosas. El asunto que encendió la mecha , consistió en que las esperanzas populares, una tras otra, se estrellaron contra la insensibilidad del gobierno (no hizo nada o muy poco , para bajar el precio de las papas y del pan). Las acciones se desencadenaron con torpeza, en enero de 1812. También acá, los insurgentes aprendieron cómo se debían conducir.

A diferencia de Nottingham, los luditas de Yorkshire empleaban asiduamente cartas y mensajes intimidantes, que podían o no venir de un “centro”. Los carteles , los “avisos”, las cartas, los mensajes y las acciones efectivas, tuvieron el éxito esperado en los pequeños fabricantes, de manera que hacia abril, estaban a punto de lograr lo que se propusieron. A partir de allí, les quedaba renunciar o enfocar a los grandes industriales. Tuvieron éxito con la mayoría de ellos, pero los más recalcitrantes, se armaron y llegaron a poner un cañón en la propia fábrica.

Uno de esos ataques, originó una leyenda por la que los “luditas” eran heroicos, a la par que los propietarios, unos crueles que asesinaron a sangre fría. Este mito tuvo su contrapartida : los oficiales que supieron vencer a los luditas y el dueño de la industria, fueron los que resultaban ser los incorruptibles e implacables perseguidores de los “malos hombres”. Lo cierto es que no se logró atrapar a ninguno, además de a los muertos, a causa de que los párrocos disidentes y los propietarios de talleres ínfimos, ocultaban a los implicados.

Parte de esa simpatía, radicaba en que un porcentaje de los acomodados y la mayoría de los dueños de grandes fábricas, aprovecharon el contexto de inflación, escasez, devaluación, hambre, para introducir nuevas prácticas y máquinas, por lo que se atrajeron el rencor de los “luditas” y de los sectores populares en general.

En Lancashire emergió a su tiempo, el ludismo. El hecho es que en marzo de 1812 , había alrededor de doce mil soldados, lo que representaba una fuerza mayor a la que contaba Wellington en la península Ibérica. A pesar de ello, era ineficiente porque los soldados se consustanciaban con los intereses de la población. Por añadidura, los luditas de Yorkshire se dispersaban con suma habilidad por vastas regiones, lo que conducía a “fragmentar” el ejército en grupos de seis, con lo que se hacían blancos fáciles.

La situación , llevó a que el Estado y los propietarios se unieran; incluso, el gobierno hizo concesiones abiertas a los burgueses, tales como la derogación de las restricciones para mercadear con el continente. Id est, afirmamos que la anulación de las leyes involucradas fueron, al menos en parte, consecuencia de los “luditas”.

Ahora bien, el momento culminante del ludismo en Lancashire, aconteció cuando un grupo quemó el hogar de un capitalista y en la acción fenecieron 7, en abril de 1812 . Es que acá, el movimiento demostró poseer el más alto contenido político y en simultáneo, el más recio espontaneísmo. Las acciones carecían de la organización de Nottingham. La avería de las máquinas que empleaban vapor , era distinta a la destrucción de los telares de medias o de las tundidoras. Los telares mecánicos eran muy costosos y no se encontraban diseminados en los pequeños talleres rurales. Su ataque suponía cada vez, la posibilidad de un enfrentamiento serio con el ejército, como en Yorkshire. Por lo demás, los tejedores no guardaban un criterio uniforme acerca de la introducción de maquinaria.

La cuestión es que el inicio casi simultáneo del “ludismo” en Nottingham, Lancashire y Yorkshire, estimuló en alguna medida, que por las regiones más importantes de Inglaterra, se desataran motines de subsistencia a gran escala y toda clase de rebeliones . Al mismo tiempo , ese clima insurreccional contribuyó a que re aflorase aquí y allá, en la segunda mitad de 1812, el movimiento ludita en Nottingham . Reapareció con potencia en las Midlands, en el verano de 1816.


 

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