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CONTRATIEMPOS Y AFORISMOS IV. FORMAS DE RESISTENCIA Y GRUPOS SUBALTERNOS BRITÁNICOS

Edgardo Adrián López



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Demoras; oportunidades*

“¡Mercaderes, traficantes!

¡Más que náuseas, dan tristeza!

No rozaron ni un instante,

la Belleza […]

[…]

Y ahora que se cae el Muro,

ya no somos tan iguales; tanto

vendes, tanto vales...

¡Viva la Revolución!

Reivindico el espejismo,

de intentar ser uno mismo […]”

Luis Eduardo Aute

El Psicoanálisis es “[...] la ciencia del deseo[, pero no es una ciencia ni al estilo de la actual Física, ni con el aspecto de las ...] Ciencias Humanas[, las que ...] no tienen [...] otra función [...] que la de ser una rama, sin duda ventajosa aunque accesoria, [...] de los [inestables] poderes [...]“

Jacques-Marie Émile Lacan

Como en ocasiones, llego retrasado al encuentro con el futuro, puesto que los multiversos de notas deconstructivas que adornan este hoy, traen sus ecos desde 2006 . El empeño por cincelarlas, por resumir la obra que se había encomendado a mis venosas manos, llegó a tal “cota”, que la síntesis y las apostillas críticas, ubicadas en calidad de glosas al término de las fracciones en que fue dividido el texto desarmado, viraron hacia otro libro, con su correspondiente título, acodado en parte, en lo que con humildad creemos que Thompson quiso hacer o debió haber intentado.

La paginación de lo estampado excedió el aspecto de un “simple” artículo que pudiera insertarse en la página del Grupo EUMED.NET, Universidad de Málaga, Málaga, España, arrojándolo a los torbellinos que pulsan esa “carretera” casi infinita que es Internet, “medio” que es más que un sencillo “instrumento”, por el que conocí sin dar con sus rostros, a los que se ocupan de desbrozar sendas perdidas.

Por recomendación de la jefe de cátedra de Historia Moderna (ver nota 3), se optó en la oportunidad, por delinear la deconstrucción en apostillas, en un gesto distinto al empleado en Aguafuertes II. Resumen y crítica de Gentes, ciudades y riqueza. La transformación de la sociedad tradicional, de Edward Arthur Wrigley, texto publicado en 17 de noviembre de 2008 y en el que las deconstrucciones fueron insertas en el “núcleo” del libro. Con las notas, no únicamente se utiliza un recurso desigual al que ya se había empleado, sino que se adopta un procedimiento derrideano, que consiste en “revalorizar” el espacio marginal, “insignificante” y marginado de las glosas , ubicadas al final o a pie de página, con el propósito de redactar un contra texto que subvierte el denominado “cuerpo central”. Entonces, no es intención nuestra hacer gala de una presunta “erudición”, puesto que no nos anima ningún exhibicionismo ni algún narcisismo no convenientemente disuelto. Las apostillas dan la ocasión libertaria de que el lector pueda descartar lo que se enuncia en esas “banquinas”.

Por añadidura, las glosas detentan el perfil de los aforismos , aunque in stricto sensu, no lo sean. En otros sitios, hemos sostenido que el cansado Marx era partidario de recurrir a los aforismos, a manera de una argumentación intempestiva, relampagueante, sin ser no obstante, autoritaria en su brevedad. En consecuencia, el uso de las notas, largas o no, se encuadra dentro de la “tradición” inaugurada por la pareja de la hermosa Jenny. La explicitación de nuestros pareceres es menos sistemática e incluso, cae en redundancias inesquivables, pero declina, se aleja o curva respecto a la pretensión paternal de un discurso monolítico, áspero.

Sin embargo, a las apostillas en calidad de aforismos, se agrega el instante del “contratiempo” o del clinamen, para que lo intempestivo no sea absorbido por lo reaccionario y conservador que palpita en Nietzsche y en algunos de sus seguidores. Se declina también, en referencia al intelectual desmantelado y desfigurado por el Nacionalsocialismo, con el horizonte de no ser subordinado a los automatismos ideológicos del redactor de El gay saber.

Un motivo adicional por el que la introducción se rasga con una especie de confesión de las demoras que nos distrajeron, radica en que los días y las noches fueron en ocasiones, agotadas en esperar el tiempo propicio para la publicación de lo que ahora es di/fundido. La ausencia de espacios para comunicar lo que es pensado con tanto, tanto esfuerzo, nos condujo durante años interminables, insondables, a “acumular” manuscritos inéditos en cajas, que aun aguardan ser publicados. Esa penosa situación, lleva a una suerte de auto “censura” o de auto “represión” que nos obliga a seleccionar lo que será esparcido, atesorándose un resto que no cesa de incrementarse, como si se padeciera un “mal de archivo” o se quisiera “ser póstumo” por destino, cuando lo que acontece es que en plena democracia burguesa y de Estado “de derecho”, existen incontables mecanismos de censura, bloqueo, “arrincone”, silenciamiento de las ideas, en particular, si son heréticas, osadas, contestatarias, “irreverentes”, anti capitalistas, pro revolucionarias, ácidas, engarzadas con algunos giros de Marx y a favor del socialismo .

Of course, no es desajustado advertir que a pesar que este análisis es una síntesis, no se constriñe a ser un “tosco” resumen. Se le dio a la presentación una coherencia que los volúmenes del intelectual británico, a veces no guardan; hubo además, una genuina reelaboración en clave marxista, de más de un tramo de los palimpsestos. Aunque la primera aseveración pueda aflorar “fuerte” o “excesiva”, lo cierto es que los tomos aludidos, en especial, el segundo, se encuentran saturados de digresiones que les quitan continuidad. En otras circunstancias, lo que acaso debiera haber figurado en “complemento” en las glosas, es colocado en el corpus y lo que en raras ocasiones tendría que asomar en notas, es injertado en el texto. Al re ubicarse los fragmentos en lid de otra manera, se volvió impostergable una tarea adicional de nueva argumentación de lo enunciado: los palimpsestos fueron re estructurados de forma íntegra.

En lo que se asocie con la re escritura de lo que intenta el afiliado al “eurocomunismo”, es plausible abocetar que anheló razonar que la clase proletaria comenzó a aflorar como tal, cuando arribó a una conciencia política insurgente con los últimos estertores del jacobinismo y del ludismo, y con Owen. Lo que en los hechos consigue, es subrayar que los modos de lucha, la mencionada conciencia política y las creaciones culturales de la clase obrera, están desfasadas de la existencia de la clase en tanto clase. Recién con el owenismo, parece que la clase trabajadora (que no nace ni se constituye, según imagina Thompson, de 1780 a 1840), amalgama su condición de clase con las formas de pelea, con una conciencia a tono y con ambientes culturales que la identifican. En ese largo proceso de desajuste y de sintonización entre la existencia real de la clase obrera y sus dimensiones simbólicas, incidieron los modos de resistencia, las formas de conciencia y los universos culturales de los subalternos pre capitalistas, con su peculiar “mentalidad” (alzamientos de subsistencia, paternalismo, disidencia religiosa, jacobinismo, economía “moral”, etc.).

Yendo a otro asunto, la discusión en redor al admirador de Wolff se prosigue por el “desvío” que implica polemizar con otro nombre, con la salvedad que se apela al material concreto, empírico, que nos provee la historia, en particular, para desgranar los conglomerados sociales, especialmente, los grupos no privilegiados. Esta doble operación o “doble enlace” derrideano, posibilita que nuestra mirada sobre las hipótesis del amigo de Engels, sea visualizada en contraste con los que son ponderados sus “hijos” más reconocidos. Al mismo tiempo, vuelve factible que la polémica no sea sólo de teorías a propósito de teorías y de modo teórico, sino re interpretando el acontecimiento.

Ese momento especial del double bind , se prolongará en un libro in progress, que espera describir los múltiples sectores, actividades y agentes que integran los conjuntos en la Inglaterra de 1790 a 1840, acorde a la hipótesis de los aglomerados sociales. El temerario paso, alucina no únicamente demostrar de un modo más acabado lo que se había impuesto Thompson, sino explicitar la utilidad heurística de la teoría de los grupos, con el detalle de los segmentos, agentes y actividades que podemos “desenterrar” en la añeja Britania. Con este procedimiento, es evitado que lo diseminado respecto a Albión sea una sociodicea o una mirada ideológica y analíticamente inexacta, en torno a la estratificación social de la isla.

Esa manera elíptica, complicada y compleja de proceder con Marx y con nuestras apreciaciones, nos condujo a perfilarnos para los compañeros militantes y para innumerables colegas, como si ejerciéramos una “impostura” calculada y un cinismo posmoderno , los cuales serían de escaso rigor a la hora de concretar investigaciones. Nos atrajo no sólo la soledad, sino la ira, en particular, de aquellos que, por una defensa reactiva de Lenin (a quien desmantelamos, apelando a la libertad de expresión y de pensamiento...), sienten que “malversamos” al co fundador del Partido Comunista, con las referencias al suegro de Miller , a Derrida, Guattari, Deleuze, Serres , Proust.

Dos “botones” para la muestra: un bendecido historiador argentino, de tendencia trotskista (al menos, hasta en algún instante de su vida), fallecido en 10 de agosto de 2008, Rosario, Pcia. de Santa Fe, me amonestó sentenciando que los nombres que invocaba, no conducían a ninguna parte. A causa de que no estoy seguro de anhelar ir a los “templos” frecuentados de la ortodoxia, y en virtud de que no deseo pertenecer a una familia, puesto que no la he tenido desde mi ajetreada infancia, no sé por cierto, a dónde ir, qué esperar. Es la urgencia que padecen los náufragos ...

Otros, más jóvenes, que recibieron de mí sus primeros datos sobre el nacido en Tréveris en la cátedra Un Marx desconocido, que dicto desde 2002, en una Facultad que le cerró las puertas no únicamente al admirador de Engels, sino a casi todos los intelectuales ácidos (e. g., de la estatura de Paulo Freire), me enrostran con una violenta soberbia de espanto, que me auto declamo comunista sin serlo. Están tan fascistamente seguros de cómo identificar a un “verdadero” marxista..., que no se inquietan ante la alternativa de que la razzia de ideas que se halla por detrás, pronto pueda incurrir en “gulags”, en pogromos inéditos.

Así y aunque no lo parezca, no es mi intención colocar al historiador desmadejado en el “equipo” de los “malos” marxistas; nos embarga el proyecto de clarificar que empalma con otros “zócalos discursivos” y que nuestro buen amigo Marx, poco o nada tiene que ver con lo que le hace decir . Por descontado, lo que nosotros le forzamos a expresar acaso no atesore mucho de su interminable firma, pero es el riesgo de las interpretaciones, de las lecturas, de sus apuestas. Y si bien no nos arrebata ninguna intención de establecer la “verdadera” interpretación de Marx, ni la fatua aspiración de ser su único “heredero”, ni la pretensión de inaugurar una tendencia, Partido o “escuela” , lo que sugerimos en tanto mera perspectiva es una mirada que tiene consecuencias en el ámbito de la praxis y de la acción política.

Sobre lo adelantado, cabe enunciar que en Antofagasta, Chile, en enero de 2009, el anarquista Fernando Guzmán me ofreció un documento en torno a las consideraciones económicas de Guevara. Uno de los méritos del libro, es que presenta un Che que no es sólo ejemplo de militante y de revolucionario consecuente, sino un teórico . Empero, alrededor de la ley del valor sigue la tradición leninista y allí no innovó, al contrario de lo que se arguye. Sus concepciones acerca del dinero, de la planificación y del Plan, son leninistas in toto. La cuestión radica en que el enfoque verticalista, centralista, autoritario y tecnócrata de la planificación y del Plan, invocan una lectura del que fuera aherrojado en marxismo y una forma de militancia, de práctica política y de manera de concretar el socialismo, lo que en paralelo revela que según el encuadre que se haga de las hipótesis de ese duende estimado, así obtendremos un socialismo u otro.

Frente a un leninismo que de por sí es asertivo, dogmático, excluyente, dirigista, una de las escasas “éticas” que aceptamos, es la de una “moral” a favor del deseo, correlativa de una “ética” de los placeres, que, tal cual lo gubia un reacio Lacan al comunismo (que nunca fue el “socialismo” del siglo XX...), una vez concretada la maravillosa revolución, modifique estructuralmente los poderes que hasta ahora, pospusieron al Deseo a causa de

“[...] los moralistas, [...] los educadores, [...] las academias [...]”, los rebeldes, quienes lo anestesiaron, domesticaron y traicionaron .

Otras de las “pequeñas normas” que festejamos son las que “orientan” un modo de expresión que sea delicado y que se encuadre dentro de lo que el increíble Engels bautizó como “relaciones elevadas de trato”.

Otra “moral” que recibimos es una especie de “‘ética’ de la militancia” por la que los adversarios no pueden ser convertidos en enemigos, por la que no es plausible ser maquiavélico (las “maniobras” no se justifican por anhelar concretar altos ideales) y por la que no es factible envenenarse con poder, con la excusa de obtener un “más allá” del poder o con el pretexto de luchar por un no poder.

Estas “reglas” no suponen que haya mojigatería, recato conservador y otras formas de represión sexual y/o sublimadas en el marxismo por el que coloreamos los días. Pero de hecho, las tres “morales” estaban implícitas en ciertos bucles del padre de “Tussy”, o pueden explicitarse en determinadas lecturas de sus ángulos.

Una de las consecuencias en la esfera de la acción política es que la revolución no se comprende en cuanto “terror rojo” y se desmarca de lo peor del jacobinismo, sin que nos abismemos en algún pacifismo que lleve al fracaso.

Si algo demostró el siglo XX, es que otro Marx es posible... y urgente.

Para terminar, cuatro despejes: ciertas notas fueron numeradas en negrita, porque las consideré importantes, sea por los datos o cifras, sea por las definiciones, sea por lo discutido.

Los textos largamente comentados, se ponderan fuentes documentales, no únicamente a causa de que se los trata como “índices” de la ideología del historiador deconstruido, sino porque hemos usado algunos cuadros, hemos confeccionado otros, empleamos datos o cifras, y en razón de que utilizamos lo que en general establece, para tallar lo dicho con otros contornos. Seguramente, a colegas acostumbrados al lento y valioso trabajo de archivo, lo que pincelamos les asomará una exageración peligrosa, que cambia la tarea con documentos de primera, por las glosas parasitarias. Lo que es plausible, es que el trabajo de leer con una paciencia infinita lo escrito por manos ajenas, es una tarea ardua y de significación; tres extenuantes años lo atestiguan. Por añadidura, en las ciencias se debe aprovechar lo que fue gubiado, con el objetivo de no perder el tiempo comenzando de cero.

En tercera instancia y en lo que se refiere al asunto de un “corpus” de pautas que hemos calificado de “moral”, nos distanciamos de un eticista de la estatura del enciclopedista anarquista ruso, Kropotkin , puesto que no imaginamos una moral de gran formato, que sea un Papado de la conciencia y que se auto considere inexorable y necesaria. No podemos extendernos aquí en una demostración de las objeciones que le efectuamos a ese libertario, pero estamos convencidos que la ética es un prejuicio muy peligroso que sirve para que asomen Inquisidores e integristas, dispuestos a embanderarse auto complacidos en su Moral, para acorralar a quienes cataloguen de “faltos de ética” , de “cerdos” o de “marranos”.

Y como si el encuentro con ese texto hubiera sido providencial; como si el haber dado con un intelectual tan desmantelado ahora, que no puede defenderse más que con lo que dejó escrito, el pensador de África, el otro cabo de Europa y de Estados Unidos, cinceló lo que tipeamos en este cuarto momento, cuando llegan las noticias sobre el desastre “climático” que enlodó a Tartagal, localidad de la empobrecida Pcia. de Salta, norte de Argentina:

“[... Los ‘marranos’ no] esperan nada [...] Velan, tan pacientemente, sin decir palabra, por el tiempo que pasa sin pasar. Velan [...] en silencio, como si velasen también al silencio, y por un tiempo de silencio [...]” . Derrida esperaba que la foto que convocaba sus reflexiones, fuera por los últimos judíos obligados a negar su fe; es porque no le tocó convivir con los “torquemadas” de una parroquiana universidad: siempre habrá “cerdos”, toda vez que haya quienes, más rápidos de lengua que de inteligencia, sean propensos a lo peor de sus impulsos. No habrá últimos marranos...


 

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