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POBREZA ABSOLUTA Y CRECIMIENTO ECONÓMICO, ANÁLISIS DE TENDENCIA EN MÉXICO, 1970-2005

Rogelio González de Jesús



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1.1.8. Índice de pobreza de la Sedesol.

En el 2002, la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol) convocó a un grupo de expertos nacionales a formar el Comité Técnico para la Medición de la pobreza en México, con el objetivo de que dichos expertos plantearan una metodología de medición que sirviera como punto de referencia para la identificación de las carencias que manifiestan los grupos de población más desfavorecidos del país. El Comité propuso la utilización de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de Hogares, elaborada por el INEGI, como fuente primaria de información. La metodología toma como medida de bienestar el ingreso por persona (después de impuestos) reportado en las encuestas y lo compara con tres puntos de referencia para agrupar a la población por su nivel de ingreso.

En el presente trabajo se realizan cálculos del IDH en México para el periodo 1970 a 2005. Se utiliza la metodología de PNUD con algunas modificaciones en el índice de educación, derivado de la disponibilidad de datos de la tasa de alfabetización de los adultos, se considera al 100% la tasa bruta de matriculación.

Pese a los problemas y limitaciones que puedan ofrecer estos cálculos, es posible reflejar a través de ellos realidades complejas de forma sinóptica, el IDH, mide el grado medio de adelanto de un país específico, en lo tocante a las capacidades humanas básicas, capta facetas del desarrollo humano que otros índices convencionales impiden evaluar.

1.1.9. Efectos de la pobreza extrema en México

A diferencia de Estados Unidos, en México no existe línea oficial de pobreza. Algunos cálculos gubernamentales del número de personas pobres en el país, citados en ocasiones por la prensa, no hacen explícita la línea de pobreza utilizada y destacan más la denominada pobreza extrema, población objetivo de los actuales programas gubernamentales orientados a disminuirla. Sin embargo, en los cálculos oficiales se ha adoptado el criterio el criterio de trazar como línea de pobreza a aquellas personas que no logran rebasar el umbral de los dos salarios mínimos, no obstante que esta medida resulta ser muy simple y requiere de mayores elementos.

A mediados de los setenta, un organismo gubernamental —la Coordinación General del Plan Nacional de Zonas Deprimidas y Grupos Marginados (Coplamar), dependiente de la Presidencia de la República— publicó lo que se conoce como la canasta normativa de satisfactores esenciales (CNSE), que incluye, entre otros, los rubros de alimentación, vivienda, cuidados básicos de la salud e higiene, cultura y recreación básicas, transporte y comunicaciones, vestido y calzado, y pequeñas partidas para presentación personal, y calculó su costo anual promedio para un hogar típico de 4.9 miembros a precios de 1981. Mediante índices de precios al consumidor por subrubros de la canasta, en una investigación anterior se actualizó a precios de diferentes años el costo de la canasta con el objeto de cuantificar la incidencia de la pobreza en México de 1963 a 1988; dicho costo se actualizó a precios de agosto de 1996 a fin de calcular las líneas de pobreza (LP) para actualizar las mediciones referentes a 1992, 1994 y 1996 que se presentan más adelante.

Cabe señalar que entre las necesidades básicas consideradas en la CNSE, los rubros de alimentación, vivienda y algunos gastos menores en salud, higiene y material educativo básico, conforman lo que la Coplamar denominaba canasta submínima (CSM), el costo de la cual determina la línea de pobreza extrema en nuestras cuantificaciones.

El costo de la CSM por persona, estimado a precios de agosto de 1996, asciende a 7 693 pesos anuales, esto es, un promedio de 2.80 dólares diarios por persona; el costo anual por persona de la CNSE —que determina la línea de pobreza— asciende a 19 975 pesos, esto es, 7.30 dólares. De esta manera, una persona está en condiciones de pobreza cuando su ingreso familiar per cápita es inferior al costo de la CNSE; la persona está en condiciones de pobreza extrema si el monto promedio per cápita de su ingreso familiar no alcanza siquiera a cubrir el costo de la CSM, es decir, no cubre las necesidades más apremiantes de alimentación, vivienda y otras partidas menores que normalmente no se reciben por medio de transferencias gubernamentales. El concepto de ingreso per cápita relevante es el que señalan las encuestas de ingresos y gastos de los hogares, ajustados a cuentas nacionales.23 La aplicación estricta de esta metodología permite tener series estadísticas de largo plazo (1963-1996) sobre la incidencia de la pobreza y de la pobreza extrema en México (Hernández, 2000).

Para decirlo en forma simplificada, los niveles de pobreza se acrecientan cuando los ingresos promedio de la sociedad tienden a disminuir o los índices de concentración del ingreso a incrementarse. Por el contrario, la pobreza —y la pobreza extrema— disminuye en términos relativos cuando el crecimiento económico acrecienta los ingresos promedio o cuando fenómenos económicos y sociológicos tienden a reducir las desigualdades más apremiantes de la sociedad, en especial cuando aumenta la participación en el ingreso de los deciles de la población con menores recursos(Hernández, 2000).

Analicemos primero las tendencias en la pobreza extrema. En los primeros años de los sesenta, siete de cada diez mexicanos registraban ingresos insuficientes para adquirir la CSM, lo que implicaría que se encontraban en condiciones de pobreza extrema. Tal proporción fue disminuyendo en los siguientes años: 56.7% en 1968, 34% en 1977 y 29.9% en 1984, lo que sugiere que la incidencia de la pobreza extrema se redujo sistemáticamente durante las décadas en que se conjuntaron crecimiento y redistribución del ingreso. Según nuestros cálculos, de 1984 a 1988 se habría reducido marginalmente esa incidencia, pero esta tendencia es cuestionable dada la forma como se calculó 1988, que supone una distribución similar a la de 1984(Hernández, 2000).

Para los siguientes años la incidencia de la pobreza extrema revierte las tendencias previas y se acrecienta: 32.9% en 1992, 34% en 1994 y 37.9% en 1996 (Ver Tabla 1.2). En la actualidad, de acuerdo con nuestros cálculos, más de 35 millones de mexicanos no tienen ingresos suficientes para adquirir el costo de la CSM, que, como se sabe, incluye principalmente el gasto básico en alimentación, vivienda y otros enseres menores. Las tendencias apuntadas en la pobreza extrema se habrían acompañado de aumentos sistemáticos y consistentes en los índices de pobreza no extrema: de 8.1% en 1963 se habría aumentado a 41.7% en 1992, y se habría mantenido en una cuantía semejante en los siguientes años, para alcanzar 42% en 1996.

La suma de pobres extremos y pobres no extremos constituye el número total de personas en condición de pobreza. Su tendencia de largo plazo refleja con toda claridad la interrupción del crecimiento económico y del proceso redistributivo del ingreso a partir de los ochenta, toda vez que la incidencia de la pobreza total se habría reducido de cerca de 78% en 1963 a sólo 58% en 1984; se habría mantenido relativamente inalterada durante el resto de los ochenta, y habría repuntado de manera significativa en los siguientes años para alcanzar cerca de 80% en 1996, incidencia ligeramente mayor que la que se había registrado en el país 33 años antes.

Pero si bien la incidencia de la pobreza en términos relativos sería similar en la actualidad que hace tres décadas, la incidencia absoluta es notoriamente mayor en la actualidad, toda vez que, por el crecimiento de la población nacional, de 30 millones de personas que vivían en condiciones de pobreza en 1963 se habría pasado a cerca de 74 millones en 1996. De especial relevancia parece ser el acrecentamiento de la pobreza en la primera mitad de los años noventa. El Tabla 6 descompone el crecimiento de la población nacional en los años de los que se dispone de información: 1992-1994 y 1994-1996. En el primer bienio, uno de cada dos mexicanos que aumentaron la población entró a formar parte del grupo de pobres extremos y uno de cada cinco en el de pobres no extremos; esto es, cerca de ocho de cada diez nuevos mexicanos que aumentaron la población en ese bienio se incluirían en la categoría de pobres, lo que demuestra que la profundización de la pobreza habría tenido proporciones marginales de profundas dimensiones (Hernández, 1993).

Sin embargo, es en el bienio siguiente (1994-1996), al estallar la crisis de 1995, cuando los índices marginales de pobreza se disparan. En ese bienio, en tanto que la población se habría incrementado en 3.2 millones de personas, el número de mexicanos en condiciones de pobreza extrema habría aumentado en cerca de 4.8 millones de personas y en 3 millones más el número de personas en pobreza no extrema. Esto es, dos y media veces más que el crecimiento de la población habría pasado a formar parte de la población pobre del país (ver tabla 1.3). A la luz de estas tendencias queda en claro que una crisis económica como la de 1995, con su cauda de recesión, desempleo, subempleo y reducción de los ingresos reales de la mayoría de la población, se traduce en incrementos importantes en los niveles de pobreza y de pobreza extrema, no obstante el leve proceso redistributivo del ingreso que se habría presentado en esos años y que más arriba se examinó.

Para 1996 México manifiesta una población en condiciones generalizadas de pobreza y de pobreza extrema, que se vuelve más lacerante al considerar las condiciones prevalecientes en las regiones con el mayor atraso del país. De acuerdo con nuestros cálculos, los mayores índices de pobreza extrema —incidencia mayor que el promedio nacional— se registran en las regiones centrales y sureñas, como la Golfo Centro, con 48%; la región Centro, con 50.8%; la Centro Norte, con 49.5%; la Peninsular, con 47.7% y, en especial, la región Pacífico Sur, con 67.9%. Por el contrario, la región Capital y las regiones Golfo Norte, Norte y Pacífico Norte registran incidencias de pobreza extrema del orden de 24 a 28 por ciento (ver tabla 1.4). De hecho, hay una clara asociación inversa entre la incidencia de la pobreza extrema y los niveles de producto per cápita de las regiones, como lo muestra un coeficiente de correlación r = – 0.776, que es significativamente diferente de cero a 99 por ciento de probabilidad estadística. La incidencia de la pobreza total sigue una pauta similar (r = – 0.792), aunque en este caso da cuenta de la situación tan lamentable de bienestar de las regiones más atrasadas, ya que regiones como las centrales y sureñas registran incidencias de pobreza cercanas o mayores a 90% de la población local (Hernández, 1993).


 

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