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POBREZA ABSOLUTA Y CRECIMIENTO ECONÓMICO, ANÁLISIS DE TENDENCIA EN MÉXICO, 1970-2005

Rogelio González de Jesús



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1.3. Crecimiento Económico y Desarrollo Humano

Desde un puno de vista teórico, el PNUD define Desarrollo Humano como una proposición normativa acerca de cuáles debieran ser los objetivos del desarrollo. “El objetivo básico del desarrollo es crear un ambiente propicio para que los seres humanos disfruten de una vida prolongada, saludable y creativa. Esta puede parecer una verdad obvia, aunque con frecuencia se olvida debido a la preocupación inmediata de acumular bienes de consumo y riqueza financiera” (Informe de Desarrollo Humano, 1990). Los rasgos que definen aquel ambiente propicio para el Desarrollo Humano son: aumento de las capacidades de la gente, cooperación, equidad, sustentabilidad, seguridad (Informe de Desarrollo Humano, 1996.

Generar riquezas y producir las coordinaciones necesarias para ello es un objetivo de cualquier estrategia de desarrollo económico que se pretenda tal. En buena parte del mundo y especialmente en nuestro país se ha establecido al mercado como instrumento para el logro de esos objetivos. Ganancia privada, competitividad y autorregulación son los principios que lo guían. El crecimiento de la riqueza en sí misma es su principal indicador de éxito. Bien visto, el Desarrollo Humano no está lejos del objetivo básico de la economía. Sólo pretende asegurar que las riquezas producidas por la economía sean una oportunidad para las personas concretas y para todas ellas sin exclusión. Señala también la necesidad de que aumenten las capacidades de las personas para producir riquezas. Pero afirma que junto a ello se debe fortalecer a las personas en su capacidad para captar esas riquezas. El grado en que las personas pueden aprovechar creativamente su existencia en sociedad es su medida del desarrollo. Esto lo mide a través de la salud, la educación y las posibilidades de consumo, así como a través de la reducción de las desigualdades y de los sufrimientos socialmente provocados (Güell, 2001).

La tensión entre la autorregulación de la economía y la definición normativa de las necesidades a las cuales ha de satisfacer la producción de riquezas es un rasgo propio de la modernidad. Sin duda se trata de lógicas distintas. Además, como nos muestran los términos de mercantilismo, capitalismo salvaje, planificación centralizada, politización, neo-liberalismo, la historia moderna está llena de pretensiones por totalizar una lógica por sobre la otra. Buena parte de las crisis sociales sistémicas en la modernidad pueden explicarse precisamente por la intromisión de una de estas lógicas en el área de competencia autónoma de la otra. La permanencia e irreductibilidad de esa tensión nos señala que lógica de mercado y lógica social no son dos opciones entre las cuales se pueda elegir una. Cada una de estas lógicas puede amenazar a la otra, y normalmente han tendido a hacerlo, pero ninguna de ellas puede realizar sus objetivos sustentablemente sin la otra (Güell, 2001).

El Desarrollo Humano no puede pensarse como uno de los polos de esa tensión, el polo opuesto al mercado. El es una perspectiva de análisis y de acción que se concentra precisamente en la creación de complementariedad entre ambos. El Desarrollo Humano puede definirse también como el manejo de la tensión inevitable entre economía y sociedad para asegurar el despliegue simultáneo de la riqueza, la habilitación de las personas y la integración de la sociedad. Así pues, sería un error de perspectiva oponer economía de mercado y Desarrollo humano como si fueran alternativas. Pero sería también un error desconocer el llamado de atención que puede hacerse desde el Desarrollo Humano sobre el aumento de las tensiones entre ciertas maneras de entender la economía de mercado y las dinámicas de la sociedad (Güell, 2001).

Desde un punto de vista macroeconómico la evolución de la población tiene una gran importancia, pues es necesario que su tasa de crecimiento sea inferior a la del PIB real si se quiere incrementar el PIB real por habitante. Por lo que respecta al crecimiento natural de la población, el número medio de hijos por mujer depende fundamentalmente del nivel educativo, como se demuestra en Guisán, Aguayo y Expósito (2001) con una amplia muestra internacional.

Es cierto que el crecimiento económico, al aumentar la riqueza total de una nación, también mejora las posibilidades de reducir la pobreza y resolver otros problemas sociales. Pero la historia nos presenta varios ejemplos en los que el crecimiento económico no se vio acompañado de un progreso similar en materia de desarrollo humano, sino que se alcanzó a costa de una mayor desigualdad, un desempleo más alto, el debilitamiento de la democracia, la pérdida de la identidad cultural o el consumo excesivo de recursos necesarios para las generaciones futuras. A medida que se van comprendiendo mejor los vínculos entre el crecimiento económico y los problemas sociales y ambientales, los especialistas, entre ellos los economistas, parecen coincidir en que un crecimiento semejante es, inevitablemente, insostenible, es decir, no se puede mantener mucho tiempo.

Para ser sostenible, el crecimiento económico debe nutrirse continuamente de los frutos del desarrollo humano, como la mejora de los conocimientos y las aptitudes de los trabajadores, así como de las oportunidades para utilizarlos con eficiencia: más y mejores empleos, mejores condiciones para el florecimiento de nuevas empresas y mayor democracia en todos los niveles de adopción de decisiones ver (gráfica 1.7)

A la inversa, si es lento, el desarrollo humano puede poner fin a un crecimiento económico sostenido. Según el Informe sobre desarrollo humano, 1996, "En el período 1960-1992, de los países que se encontraban en situación de desarrollo desequilibrado con un desarrollo humano lento y un crecimiento económico rápido, ninguno logró efectuar la transición hacia un círculo virtuoso en que pudieran reforzarse recíprocamente el desarrollo humano y el crecimiento". Puesto que la desaceleración del desarrollo humano se ha visto seguida, invariablemente, de la desaceleración del crecimiento económico, esta modalidad de crecimiento se describe como "sin salida".


 

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