BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales


ECOURBANISMO

Leonardo Fernández



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I. Introducción. Buenos Aires: pampeano, metropolitano y rioplatense.

El «Territorio» de Buenos Aires. La Región Metropolitana de Buenos Aires se puede denominar como pampeana, metropolitana y rioplantense. El ecosistema de Buenos Aires es un sistema complejo integrado en el que interactúan variables naturales, sociales, económicas y políticas (Di Pace, 2004). Podemos fijar un límite físico al sistema urbano que se encuentra entre lo que denominamos llanura pampeana, el Delta del Paraná y el Río de la Plata, que son el conjunto de los tres grandes ecosistemas que rodean a la mancha urbana. Me limitaré en esta sección a esquematizar un razonamiento ecosistémico de Buenos Aires. En este sentido, me propongo tratar un encuadre de la organización ‘territorial’, inclusive las dinámicas relevantes del ‘mercado’ de la vivienda, el transporte y el trabajo, como también las implicancias ‘territoriales’ del urbanismo actual.

HISTORIA Y ESTRUCTURA

La historia de Buenos Aires que se expresan en los dominios de la ecología y, también, de manera muy manifiesta, en el campo del urbanismo, me inquieta con una lectura metropolitana de su estructura. La estructura de un sistema –su organización- se comprende a través de su historia, porque la historia de un sistema está constituida por una sucesión de estructuraciones y desestructuraciones (Garcia, 2006: 119).

Buenos Aires es resultado de la conformación de la Ciudad de Buenos Aires y su entorno metropolitano que comprende varios partidos de la Provincia de Buenos Aires. Su origen, bajo el dominio español , fue producto de la expansión de la ciudad por su condición de puerto y las posibilidades de comercialización de sus productos agropecuarios. Su expansión se produjo, luego de la creación del Virreinato del Río de la Plata, a partir de la ganadería extensiva (Garay, 1995).

Buenos Aires es “pampeana y rioplatense”. A pesar de la suavidad del relieve pampeano, desde el momento de su fundación, la llanura y el río fueron sus condicionantes básicos: un riachuelo donde emplazar un puerto protegido y un plano alto donde instalar un fuerte. La sucesión de cuencas perpendiculares al río tramó toda una geometría de chacras y estancias, largas y angostas, para permitir que todas sean sorteadas con un borde de acceso al agua. La enorme horizontalidad permitía extender la trama de las Leyes de Indias casi al infinito (Garay, 1995).

Buenos Aires es “metropolitano”. En la primera fundación de Buenos Aires, próxima al actual parque Lezama, los españoles buscaron terrenos elevados para establecer sus campamentos, desde los que tenían una buena visión del río y de la tierra indígena. Después se fueron ocupando terrenos altos entre las cuencas de ríos y arroyos, para evitar las planicies inundables por estos.

Ya en el siglo XIX, el tendido de las vías del ferrocarril, partiendo desde el puerto y sobre las tierras más altas, posibilitó loteos de tierras aledañas a sus estaciones, dando origen a la mayoría de los centros urbanos que hoy conforman la aglomeración urbana. Un plano topográfico permite comprobar que las mayores alturas de Buenos Aires, que rondan los 30m sobre el nivel del Riachuelo, se encuentran en las tres direcciones de expansión metropolitana: al norte, al sur y al oeste. La mancha urbana envolvió una configuración tentacular, que presenta aún en la actualidad.

El modelo agroexportador acentuó el desarrollo centralizado en la ciudad-puerto que extendió su tejido urbano de 24 km² en 1880 a 85 km² en 1895, concentrando el 20% de la población del país. Ya en el siglo XX, la inmigración europea (iniciada en el siglo anterior), incrementó la población metropolitana (que concentraba el 26% de la población en 1914) y contribuyó a la expansión territorial, extensión de la red ferroviaria y las mejoras en la red vial.

La disponibilidad de energía barata ha sido un factor determinante de la expansión metropolitana. El metabolismo industrial priorizó los cursos de agua, mientras que la población buscó zonas altas para radicarse en barriadas. La geografía planteó algunos condicionantes como la sudestada* que provocaba inundaciones de sus ríos y arroyos.

La industrialización sustitutiva de importaciones (con sus consecuentes migraciones internas y provenientes de países limítrofes), a partir del decenio de 1930 y en las dos décadas siguientes, acentuaron la concentración de la población y la extensión del tejido urbano de Buenos Aires y su área de influencia.

La nacionalización de los ferrocarriles, como menciona Torres (1993), fue determinante en la expansión física de la aglomeración, a partir de un proceso de transformación de suelo urbano residencial guiado por las trazas ferroviarias. Este proceso fue dando lugar a un modo de movilidad residencia – trabajo que insumía tiempo de los trabajadores en sus desplazamientos a los centros de empleo.

El loteo popular a bajo precio, con escasos niveles de cobertura, de infraestructura y tarifas subsidiadas de transporte para los usuarios, se constituyó en un mecanismo de expansión extensiva de la trama urbana, dando como resultado una muy baja ocupación del territorio con densidades en la periferia que no superan, en muchos casos, los 20 hab/ha y, por lo tanto, incrementando de manera sustancial los costos de urbanización (Clichevsky, 1991).

El transporte colectivo desde los años ‘40 es otro factor determinante de la organización territorial, en particular de la ocupación de intersticios entre ejes ferroviarios. La distribución de usos residenciales de baja densidad en la periferia, planteó la incorporación de viviendas de autoconstrucción con carencias de servicios urbanos de alta demanda social (agua, cloacas, pavimentos, pluviales y recolección de residuos). Como resultado de este proceso, se configuró un espacio urbano desordenado, con deficiencias en la infraestructura básica, los servicios urbanos y el transporte (Fernández, 2001).

A fines de la década de 1970, tanto la promulgación del Decreto Ley Provincial Nº 8.912/77 (por la cual se reglamentó la subdivisión de la tierra), como la política de fomento a la descentralización y relocalización industrial que caracterizó la economía de esos años, tuvieron un fuerte impacto en el modelo de crecimiento de la aglomeración, cuyo proceso de concentración de la población se detiene (34,6% en los 1991) y comienza a disminuir (33,2% en el 2001).

Durante la década de 1990 el retroceso del Estado en cuanto a las inversiones de equipamiento y acceso viales y la posterior privatización de los servicios urbanos, dieron lugar a formas de urbanización que privilegiaban las vías de acceso rápido a los centros y los lugares habitados por la población de mayores ingresos. La Ciudad de Buenos Aires y su entorno metropolitano presentaba un proceso de expansión vinculado con el sector financiero y de emprendimientos urbanos (Cicolella, 2001).


 

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