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ECOURBANISMO

Leonardo Fernández



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Biodiversidad

La Región tiene singularidad geográfica con un alto valor de “biodiversidad”: encontramos ambientes de especies, ecosistemas y paisajes de características tropicales y subtropicales en un contexto austral y templado. Es lo que Morello denomina “encrucijada biogeográfica”, en la que se encuentran ecosistemas de la Selva Austrobrasileña o provincia biogeográfica Paranaense, del Delta, del Espinal y de la regiones Chaqueña y Pampeana. A pesar que el paisaje predominante de la Región es la llanura, el encuentro de esta llanura con el ecotono* fluvial deltaico y estuarino, origina una diversidad de ambientes con variedad geomorfológica a la que se asocian suelos y vegetación propios. Según los estudios del GEPAMA* esta particularidad permite a muchas especies subtropicales-tropicales, configurar su límite austral en las llanuras aluviales de los tributarios del Paraná y en el litoral del estuario del Río de la Plata.

El sistema Deltaico es probablemente una de las áreas de mayor valor de biodiversidad en la región. Las distintas modificaciones antrópicas observadas en el Bajo Delta han favorecido el establecimiento de “neoecosistemas”. Por los mismos, se entiende a las áreas abiertas o arboladas, seminaturales, en las que las especies vegetales dominantes o más frecuentes son especies exóticas invasoras, mientras que las especies acompañantes son especies nativas (Morello et al., 1999). En los albardones de las islas del Bajo Delta, dichos sistemas están conformados por plantaciones forestales de salicaceas (Salix spp., sauce y Populus spp., álamo) en distintos estadíos de abandono. Dicha actividad reemplazó casi en su totalidad al bosque ripario original, Monte Blanco, que se caracterizaba por su elevada riqueza florística (151 especies vegetales, Burkart, 1957). En la actualidad, a nivel regional sólo se encuentran relictos de este último, pero que en su conjunto siguen manteniendo una elevada riqueza florística (111 especies vegetales). En relación a los neoecositemas de albardón que presentan una mayor expresión espacial se destacan las forestaciones de salicáceas en distintos estadíos de abandono que a nivel regional se expresan como un mosaico de parches (Kalesnik, 1997).

Como hemos señalado anteriormente, respecto de los arroyos Pinazo y Escobar, los arroyos Garín, Claro y Las Tunas, son afluentes de importante valor conector entre zonas urbanizadas de los partidos de la zona norte de la Región y el Delta del Paraná. El Corredor de Biodiversidad del Río Luján, se caracteriza por conectar el Delta de la Paraná, la Reserva Nacional Otamendi, la Reserva Municipal de Pilar, valiosas hectáreas del área rural e importantes centros urbanos de la periferia de la zona norte. Si bien sus márgenes se encuentran invadidos por vegetación exótica, en especial la Acacia Negra (Gleditsia triacanthos) , presenta grandes superficies de aprovechamiento para el desarrollo de la biodiversidad.

El crecimiento difuso de la región, fragmenta el territorio generando manchas que reducen y destruyen biodiversidad. La heterogeneidad de ambientes, es necesaria para aquellas especies que requieren zonas distintas para cubrir diversas funciones, como refugio, alimentación, descanso y reproducción; situación que suele agravarse cuando condiciones climáticas o plagas, anulan la capacidad de algunos de estos ambientes. Por otra parte, a mayor cantidad de espacio habitable para flora y fauna, mayor es el número de especies. El avance de la impermeabilización del suelo, su esterilización y la construcción de barreras ambientales, producen la “banalización” de la flora y la fauna, con el consiguiente deterioro del sistema hasta su desaparición (Garay y otros, 2007).

La perturbación que la actividad urbana provoca en los procesos naturales, ha generado una selección de organismos que aún dentro de la ciudad subsisten, y es lo que Rueda denomina Biodiversidad Urbana*. Estos organismos se desarrollan dentro de la mancha urbana y en su entorno de abastecimiento (de donde la ciudad extrae recursos para su existencia). En las áreas agrícolas urbanas o periurbanas, la biodiversidad depende en gran parte del mantenimiento de un sistema de setos vivos entre los cultivos. Es importante detener el avance de la urbanización, reconstruir o evitar que desaparezcan estos setos si aún existen. Las cosas pueden variar para otros grupos de organismos, pero la estrategia para el Región debería basarse en el mantenimiento de la actividad agrícola existente como primera línea de acción para preservar la matriz de uso territorial en las zonas periurbanas. De esta forma se favorecerá de modo viable el mantenimiento de una elevada biodiversidad, y no en promover el abandono agrario con la esperanza de ganar espacios naturales (Rueda, 2006).


 

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