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PERIODISMO DE INVESTIGACIÓN: UNA MIRADA DESDE LA REALIDAD

Rosalinda Gámez Gastélum y Ana Imelda Coronel Cabanillas



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EJE TEMÁTICO I. EL PERIODISMO DE INVESTIGACIÓN

Tomado de: Gerardo Reyes(1999). Periodismo de investigación, Trillas, México.

ANTECEDENTES

De la modernidad se desprenden proyectos y productos que son posibles catalogarlos dentro de las categorías de lo culto, lo popular y lo masivo. Dentro de este esquema, el periodismo fue y sigue siendo masivo, ya que desde la aparición de la imprenta en 1455 se posibilitó la difusión masiva de textos antes sólo destinados a una élite.

Por ser efímera, la actividad periodística estaba ubicada en un lugar secundario, en una época donde lo realmente importante era lo duradero. El ámbito del periodismo se definía únicamente por el género noticia, que a su vez se caracterizaba por la actualidad, la novedad, lo verdadero y lo objetivo.

El ejercicio periodístico se caracterizó desde un principio por un alto grado de subjetividad, porque los medios masivos de comunicación fueron usados como instrumentos de propaganda y de opinión. Ante ello, la función periodística se transformó paulatinamente para quedar limitada al aspecto informativo y a mediados del siglo XX, se incluyó el análisis y en consecuencia, el aspecto subjetivo que propició el nacimiento del periodismo interpretativo, donde los valores se concentran en la honestidad y el compromiso político y social.

De esta alternativa, llamada periodismo interpretativo surgida a mediados del siglo XX, se derivó de manera actualizada, la modalidad periodística conocida como periodismo de investigación.

De estirpe neoyorkina, el llamado nuevo periodismo empezó a practicarse a mediados de los años 60 en la revista Esquiere y el suplementos New York del desaparecido diario the New York Heráld Tribune. Varios de los colaboradores de New York que sobreviviría como publicación independiente dirigida por Clay Felker al finiquitarse el periódico descreían de los convencionalismos propios de la gran prensa norteamericana y procedieron a romper las reglas de la “objetividad” la imparcialidad y la suposiciòn de que el periodista no piensa ni debe externar juicios de valor o adjetivos innecesarios.

Tom Wolfe teórico y practicante de El nuevo periodismo confiesa que por primera vez oyó hablar de Nuevo Periodismo hacia 1966, pero no desconoce que ya en la década de los 50 se estaba fraguando desde las páginas de True y The New Yorker justamente cuando “la novela lanzaba sus ultimas llamaradas como sancta sanctorum” es decir, cuando la novela languidecía como género y se encontraba en un callejón sin salida.

Carlos Monsivais admite que el nuevo periodismo desea aprovecharse de la llamada “crisis de la novela” y “declara abolidas las fronteras convencionales entre reportaje y crónica y participa de beneficios, prejuicios y técnicas de historia, antropología social, sociología, psicología, novela, política, además de referencias extraídas de la mitología cinematográfica o de la cultura televisiva o del catalogo de los grandes almacenes o de la hazañas de la sociedad de consumo y el show business”.

Este fenómeno desinhibido, que quiere fundir la novela y el reportaje en un solo género, que no se abstiene de interpretar ni de recrear, “reacciona contra el trabajo de los reporteros tradicionales pasivos, grisáceo, informe y desea impregnar de apremio estilístico estético las fortalezas habituales donde se empobrece se burocratiza o se degrada el lenguaje. Interpretar para el nuevo periodismo, es en lo primordial cuestión de formar enuncia Carlos Monsivais, antes de concluir: hay que negar el dictum de Oscar Wilde: el periodismo es lo que no se puede leer y literatura lo que no se lee”.

Lo que los “nuevos periodistas” se proponen es ocupar el sitio privilegiado de los autores de novelas el sitio privilegiado de los autores de novelas mediante el realismo provocador, irreverente y agresivo de sus textos y una clara voluntad de estilo.

El reportero no desaparece, como en la nota informativa convencional que cubre el espectro qué – quién - dónde - cuando - cómo - y por que sino todo lo contrario se involucra como protagonista en la historia que reportea y redacta sin desdeñar ninguno de los recursos diálogos, descripciones, monólogos interior, reflexiones en sayísticas, caracterizaciones de los reportajes, punto de vista narrativo, manejo del tiempo de que dispone un novelista en su arsenal literario.

La semejanza entre la novela realista del siglo XIX y el reportaje ha hecho a muchos críticos preguntarse si no eran ya “nuevos periodistas” Daniel Defoe, Stephen Crene y Mark Twain, Balzac y Zola. Diario del año de la peste, de Daniel Defoe; Vida en el mississippi, de Mark Twain; la jungla, de Upton Sinclair o entre nosotros El aguila y la serpiente de Martín Luis Guzmán, no combinaban ya el relato literario y el reportaje que realizaban para documentarse.

En efecto estos libros son antecedentes del nuevo periodismo tanto o menos que Hiroshiba de John Hersey, que apareció integro en un numero de The New York en 1946 pero lo que sucedió en los 60 fue que los nuevos periodistas promovieron una rebelión radical contra las costumbres y las formulas tradicionales del quehacer periodístico y sobre todo asumieron una actitud mas participativa y osada lo que distingue al nuevo periodismo en su manera de encarar los hechos y sus personajes el papel activo que nuevo el periodista en la historia, su compromiso con una idea política como dice Carlos Monsivais y su identificación con uno de los lados del asunto para dedicarse a interpretar desde allí.

El estilo como juicio moral y político, la implicación de que el tema refleja a la sociedad en su conjunto ka intención de penetrar en las mentes de asesinos, motociclistas, gángster y políticos, construyeron para Monsivais las características del nuevo periodismo.

Pero sobre todo en dos formas difiere el nuevo periodismo del reportaje convencional: en la relación del reportero con la gente y los acontecimientos, puesto que al describirlos refleja nuevos valores y actitudes, y en la transformación radical de la noticia mediante el uso de mecanismos novelísticos como el punto de vista, la manipulación del tiempo hacia atrás o adelante y el retrato escrito.

Uno de los libros en que mejor se profundiza en esta diferencia es Realidad y Ficción. El nuevo periodismo y la novela de no ficción de John Hollwell el profesor de la universidad de Arizona observa que el nuevo periodista va mas allá de la versión oficial de las cosas y suele ser “francamente crítico de los poderosos intereses que controlan la difusión e las noticias”. No se resigna a los boletines de prensa del poder ni guarda deferencias alguna hacia los funcionarios públicos. Le arrebata la iniciativa a los directores de comunicación social o jefes de relaciones publicas y no se limita a transcribir sus declaraciones. Todo lo contrario: “lucha por revelar la historia oculta tras los hechos superficiales”.

“Las crecientes tendencias hacia el reportaje a fondo en el periodismo de revista y de periódico han conducido a una mayor libertad para los escritores en términos de forma y estilo, escribe Hollowell lo propio y distintivo del nuevo periodismo es su lenguaje, su estilo”, su diversidad de puntos de vista, sus caracterizaciones a través del habla de sus personajes o tomando en cuenta sus modos de vida y sus formas de pensar.

Si busca un estilo literario comparable al de ficción es para dar una mayor dimensión psicológica, social ideológica a los personajes reales que aparecen detrás de la noticia. Su afán es liberar al reportaje de las formulas anquilosadas impuestas por la redacción de las agencias. El periodista no es una maquina no es una grabadora no es una taquimecanógrafa no es un procesadora electrónica de palabras. Es un escritor no se intimida ante la inconmovible estructura elemental de los párrafos compuestos por hechos y citas entrecomilladas: intenta mejor reconstruir una experiencia y hacerla sentir al lector. Aspira a conmoverlo utiliza las herramientas de la narrativa para dar un cuadro, un contexto vivo, y procede de escena una escena como los novelistas o lo narradores cinematográficos en vez de pergeñar un resumen de los sucesos y las acciones o una cronología aséptica por ello en lugar de cita y paráfrasis registra completos los diálogos a fin de identificar en lo posible los procesos mentales que ocurren detrás de los discursos. Y cuando se trata de caracterizar a los personajes se vale de todo: los mínimos detalles de su status, sus vestidos, sus casas, sus muebles, su manera de mesa, sus gustos, sus modos de comer sus desplantes, sus propiedades materiales en fin de todos los factores “por medio de los cuales la gente experimenta su posición en el mundo”.

Quien de alguna manera percibió esta riqueza de posibilidades fue Truman Capote. Después de convivir durante cinco años con los autores de un oscuro asesinato en un poblado de Kansas, publico en 1966 A sangre fría. El novelista negó que su obra perteneciera al periodismo y afirmo que había inventado un nuevo genero literario “la novela de no ficción”. A pesar de ello, dice Tom Wolfe, el éxito de A sangre fría dio al nuevo periodismo un impulso arrollador. Tanto que muy pronto Norman Mailer se puso a escribir los ejércitos de la noche en 1968, en el que cuenta, incluyéndose como personaje y refiriéndose a sí mismo en tercera persona, los pormenores de una gigantesca manifestación contra la guerra de Vietnam. “Hacia 1969 no existía en el mundo literario nadie que se atreviera a desechar llanamente al nuevo periodismo como genero literario menor”, recuerda Tom Wolfe.

Y es esa precisamente la circunstancia que particulariza al nuevo periodismo como un fenómeno de raigambre típicamente norteamericana: la guerra de Vietnam. Por ello mismo cuentan entre sus reporteros más acuciosos e implacables aquellos que se propusieron y consiguieron describir desde el campo de batalla la guerra concreta, su cotidianidad y su fascinación demencial, contrapuesta a las estimaciones estadísticas y las líneas de política internacional racionalizadas desde Washington. Utilizando a discreción las técnicas del nuevo periodismo, el ingles Nicholas Tomalin y los norteamericanos Michael Herr. ( autor de Despachos de guerra y coguionista de la película Apocalypse Now) y John Sack escribieron sobre la guerra como muy pocos novelistas lo habían hecho en el pasado, ciertamente con una pasión y un punto de vista distintos en muchos sentidos a los asumidos por Tolstoi, Stendhal, Vistor Hugo, Erich

Maria Remarque o Stephen Crene, quienes como todo el mundo sabe, describieron grandes batallas militares.

Es cierto que hacia 1966 Nicholas Tomalin ya era un periodista consistente y de prestigio pero no fue sino hasta que rompió con las maneras tradicionales de organizar un reportaje que conmovió a los lectores ingleses de The sunday times.

Al relatar como el general James f. Hollings Worth ( a quien acompañó en su helicóptero) se condujo en su misión de exterminio y “mato mas vietnamitas que todas las tropas bajo su mando”, Tomalin despliega una narración con la distancia y la objetividad estilísticas de un cuento o un fragmento de novela: deja que el personaje y los hechos hablen por si solos, hace que el general se defina por su acciones y sus palabras, para que el lector vaya deduciendo por su cuenta la locura y el cinismo, la distorsión de la realidad, que “identifica” a campesinos con guerrilleros, de un guerrero profesional y suicida.

A Tom Wolfe la obra maestra del género Vietnam le parece el capítulo que en Despachos de Guerra Michael Herrr dedica al sitio de khesanh. Uno de los aciertos del reportero fue no asumir el relato en un tono autobiográfico. Su intención fue mas bien penetrar las mentes de los muchachos que estaban en la línea de fuego y bajo los estallidos de los morteros: como se sentían, que pensaban, que decían, utilizando indistintamente la primera y la tercera personas del verbo. “Creo que hasta ahora nadie ha superado a Michael Herr en su capacidad de captar los peculiares horrores de la guerra. Ciertamente ningún novelista lo ha hecho”, dice Tom Wolfe.” Y no hay duda de que lo mejor que pudo escribirse de Vietnam vino de nuevo periodismo”.

John Sack, por su parte, entrevistó a los soldados de la compañía acerca de lo que les pasaba por la cabeza en los momentos más peligrosos del combate; luego, se las arreglo para que en el relato tanto sentimientos como pensamientos se integraran a la acción que describía. En varios tramos de su composición, titulada m, que fue publicada en la revista Esquire, el discurrir de los combatientes se desliza sin mayores trabas a lo que los novelistas llaman” monólogos interior”.

En los años subsiguientes puede apreciarse el efecto que entre otras latitudes tuvieron estas piezas periodísticas, sueltas o rescatadas en antologías, y los libros de Norman Mailer, Truman Capote, Gay Talese, Hunter s. Thompson, et. Al. Bajo una tónica parecida, en México Vicente Leñero escribió los periodistas y asesinatos; Hhernan Lara Zavala, Charas; Carlos Montemayor, guerra en el paraíso. En Perú, Guillermo Thordike compuso en forma de libro dos reportajes novelados: no, mi general y el caso bancheiro. En Colombia, German Castro Caicedo triungo con el Karina.

En el prefacio a su música para camaleones, breve nota introductoria que sintetiza todo su arte poética, Truman Capote dejó para la posteridad estas palabras:

“Durante varios años me sentí cada vez mas atraído hacia el periodismo como forma artística en sí misma. Tenia dos razones. En primer lugar, no me parecía que hubiese ocurrido algo verdaderamente innovador en la literatura en prosa, ni en la literatura en general, desde la década de 1920; en segundo lugar, el periodismo como arte era un campo casi virgen, por la sencilla razón de que muy pocos artistas literarios han escrito alguna vez periodismo narrativo y cuando lo han hecho, ha cobrado la forma de ensayos de viaje o de autobiografías. The muses are heard me situó en una línea de pensamiento enteramente distinta: quería realizar una novela periodística”.

PERIODISMO DE INVESTIGACIÓN

Ciertamente el trabajo e los reporteros de The Washington Post, Bob Woodward y Carl Bernstein, coincide para la mayoría de los lectores con lo que se entiende por “periodismo de investigación”. Es una imagen romántica y heroica: dos jóvenes sabuesos de la prensa norteamericana siguen las huelas del escándalo de Watergate y luego de su detectivesca indagación provocan en 1974 la renuncia del presidente Richard Nixon. A partir de entonces entre las nuevas generaciones de estudiantes de periodismo se acrecienta la ilusión por este tipo de “especialidad“ periodística que en rigor no tiene por que ser una rama de la profesión sino el periodismo mismo, bien hecho, de manera responsable y acuciosa.

En un sentido muy estricto hablar de “periodismo de investigación” significa incurrir en un pleonasmo. Se supone que todo periodismo es de investigación. Sin embargo, en la practica de todos los días o todas las semanas no se tiene el tiempo suficiente para ir a fondo en la investigación de un tema. Por ello se entiende, en sentido laxo, que el periodismo de investigación es aquel que comporta la minuciosa y por lo genera dilatada revisión e un archivo, el análisis de documentos, el seguimiento y cotejo de ciertos datos, y al final un trabajo de redacción en el que el periodista sabe jerarquizar y organizar por escrito su material dentro de un contexto justo y significativo. Por eso el periodista investigador mas que a un detective se aparece a un historiador.

La organización estadounidense IRE( Investigattive Reporters and Editors ), fundada en 1975, que tiene su sede en la Universidad de Missouri y que agrupa a mas de 3,000 periodistas, ha llegado a la siguiente definición:

El periodismo de investigación “es el reportaje, conseguido mediante el trabajo de un reportero y por su propia a iniciativa, de asuntos de importancia que algunas personas u organizaciones desean mantener en secreto. Los tres elementos fundamentales son: que la investigación sea el trabajo de un reportero, no un informe o una investigación elaborados por otra persona; que el tema del reportaje sea de suficiente importancia e interés para el lector o el espectador; y el hecho de que otros tengan la intención de ocultar al publico la información que se busca). Así los famosos papeles de Pentágono, que sobre la guerra de Vietnam y contra la voluntad del gobierno dio a conocer The New York Times, no seria periodismo de investigación por que fueron deslizados a la prensa y no eran producto del trabajo de un reportero.

Al menos tres de los más importantes libros sobre la materia, Investigative and- Depth Reporting, de Judith Bolch y Kay Miller, The Repolrter´s Handbook, de Steve Weinberg, John Ullman y Jan Colbert y The Journalismo of Outrage, de David l. Protess et al. Dedican sus páginas mas a como conseguir la información que a com escribirla. En las escuelas de periodismo la enseñanza suele centrarse en cursos de redacción y no tanto en como localizar las fuentes y la documentación indispensables para apoyar un reportaje. Los tres libros coinciden en que los periodistas no salen muy bien preparados de las universidades: se gradúan entregados de todo pero de nada a fondo: no se les enseña como funciona por ejemplo, el sistema de la administración de la justicia y tienen por tanto que tomar cursos especiales de derechos o de economía si van a dedicarse a cuestiones financieras o bursátiles.

En las carreras de derecho o de ingeniería el estudiante adquiere una gran cantidad de conocimientos y comparativamente poca técnica y luego se lanza a la practica, mientras que en una típica escuela de periodismo el estudiante aprende muchas técnicas y muy poco acerca de cómo funcionan las cosas, las instituciones, en la sociedad. “ una de las razones por las que el diarismo se les reprocha su superficialidad es que las cualidades que tienen en común los periodistas investigadores la capacidad de localizar, entender y en ultima instancia utilizar un gran numero de documentos y estadísticas a fin de abonar bien una hipótesis no son del dominio de todos los periodistas. Esas cualidades pueden t deben ser aprendidas por todos los reporteros”, escribe Hohn Ulman, uno de los autores de The Reporter´s Handbook.

El objetivo de este manual__ referido, por su puesto, al contexto estadounidense es orientar al periodista en el manejo de la información estatal: la que se encontrará en los archivos oficiales de las diferentes dependencias de la administración publica municipal, estatal o federa. Diríase entonces que en este sentido una investigación periodística digna de tal nombre solo sería posible en un país organizado en su estadística y sus registros documentales, es decir, en un Estado de derecho. Porque el principal punto de referencia el acuerdo común de los ciudadanos, el contrato social__ es la ley.

Las experiencias de los reportajes de investigación que informan The Reporter´s Handbook provienen de los periodistas miembros de Investative Reporteers and Editors (IRE), y en sus paginas revelan como fueron consiguiendo su información en los diferentes campos ( tribunales, Suprema Corte, vivienda, Departamento del Trabajo, sindicatos, Departamento de Estado, salud publica, reglamentos, estaturos, etcétera ) y como supieron utilizar las leyes del derecho a la información ( Freedom of Information Act) para conseguir del gobierno los documentos que necesitaban.

Desde 1975 , IRE ha venido organizando reuniones anuales en las que los periodistas investigadores de 18 países participan en conferencias y mesas redondas e intercambian sus experiencias. El congreso de IRE que se celebro en Chicago del 6 al 9 de junio de 1991 contó con la asistencia de mas de 600 periodistas, en su gran mayoría de Estado Unidos, y trataron temas relacionados con el narcotráfico, el hampa en los sindicatos, el crimen organizado, la corrupción policíaca, la violación a las leyes y los reglamentos ecológicos, y sobre la posibilidad de que en los diferentes países los periodistas colaboren con sus colegas de todo el mundo.

La columnista de El Espectador de Bogota, Maria Jimena Duzán ( que perdió a una hermana y a cinco compañeros periodistas asesinados por los narcotraficantes) diserto sobre como debe comportarse en Colombia el enviado especial de un diario extranjero; sobre la convivencia, por ejemplo, de identificarse como periodista en cualquier circunstancia, en las ciudades y en el campo. El peruano Gustavo Gorriti, experto en el tam de Sendero Luminoso, aconsejo a sus colegas que se prepararan muy bien antes de ingresar en Perú para hacer un reportaje sobre la insurgencia, que buscaran relacionarse con periodistas nacionales, que definieran de manera clara su intención profesional al encontrarse en zonas peligrosas, que no se detuvieran mas de dos días en cada lugar, etcétera. Michael Oppserskalsi, director de la revista alemana top secret, contó como su equipo de trabajo, en colaboración con sus pares de Namibia, penetro los servicio de propaganda e inteligencia militar de Sudáfrica a fin de conocer y publicar las acciones de juego sucio preparadas contra las fuerzas del SWAPO. En otras mesas redondas y conferencias los periodistas investigadores discutieron acerca de las relaciones con los editores cuando se trata de contratar un libro y sobre la utilidad de las computadoras y las redes de computación con acceso a archivos para la investigaciones periodística.

Uno de los servicios más importantes que otorga IRE__ desde su sede en Universidad de Missouri: 100 Neff Hall, Columbia, Mo. 65211; Estados Unidos; teléfono 314 882-2042 es el de bancos de información electrónicos; también permite consultar su * morgue* de datos, su hemeroteca y su biblioteca, y comprar sus publicaciones periodísticas, como Top Investigations from 1985 & 1986, the Investigative Journalist´s” Morgue” (índices de artículos, reportajes, series, de los archivos de IRE), Top 100 investigations, en las que sé indican las Fuentes, los documentos, las dificultades, los seguimientos, los resultados, el punto de partida, de los 5,300 reportajes de investigación compilados.

Si Investigative and in- Depth Reporting, de Judith Bolch y kay Miller, fue uno de los primeros libros de periodismo que centra su interés en como conseguir la información mas que en como redactar un reportaje o un articulo. The Jornalism of Outrage, de David l. Protess, Fay Lomax Cook, Jack c. Doppelt, James S. Ettema, Margaret T. Gordon, Donna R. Leff y Peter Miller, de la Northwestern University de Chicago, es fundamentalmente un estudio acerca de los efectos que en la sociedad y el gobierno han tenido los seis reportajes de investigación analizados por los autores. Muchas veces un reportaje o una denuncia resultan como rayas trazadas en el agua, no se materializan en una acción de la sociedad civil o del gobierno, o no se vuelven una legitima causa política; en el libro The Jornalism of Outrage la idea es justamente seguir la pista a cada uno de los seis reportajes de investigación y discernir que cambios se produjeron en la sociedad, en las legislaciones, y en las políticas administrativas, a consecuencia directa de su publicación.

Y esos seis reportajes, efectivamente, llegaron a transformar las cosas que estaban mal.

En The Jornalism of Outrage se hace también la historia del periodismo de investigación en Estados Unidos, desde las denuncias de Benjamín Harris en su public ocurrences, que publicada en Boston hacia 1960, hasta la denuncia de la masacre de109 Vietnamistas en la aldea de My Lai escrita por Seymour Hersh y distribuida por Dispatch News Service en 1969 y las investigaciones sobre el caso de Watergate de los reporteros de The Washington Porst, carls bersnstein y bob Woodward en 1972.

En la parte introductoria de su libro, los investigadores de la universidad Northwstern rastrean el origen de esa tradición el periodismo norteamericano que consiste en denunciar los males de la sociedad y del gobierno, la corrupción, la malversación de fondos públicos, el peculado, los fraudes electorales, los abusos de poder, la concesión de favores a particulares en perjuicio del bien publico * del interés general, la concentración del privilegios, el monopolio industrial o comercial, los excesos de fuerza policíacos, el maltrato a los trabajadores, las condiciones de insalubridad en las fábricas es decir, todo aquello que ilegitima o ilegalmente vaya en contra de la sociedad en su conjunto.

Si el periodista investigador se siente un reformista (no un revolucionario necesariamente) es porque desde los primeros gérmenes de la sociedad norteamericana, en los años de las que fueran las trece colonias, empieza a establecerse el consenso de que si la cosa publica es publica, luego entonces la gente tiene derecho a saber lo que es del orden publico, no lo que concierne a las vidas privadas. Esa es la teoría de la responsabilidad social de la prensa, que se refuerza en el siglo XIX cuando se producen ciertos cambios en la sociedad estadounidense y en los propietarios de los periódicos.

Como no había ni hay ahora un estatuto de prensa porque se entiende que una sociedad es más democrática en la medida en que algunas actividades colectivas no se reglamenten entonces empezó a sentirse el acuerdo común, en la practica, de que la prensa tiene una responsabilidad hacia la sociedad y el propósito de ilustrar al publico con la información y la verdad en función de ciertos valores de moral civil: el respeto de los derechos de los demás, la observancia de la legalidad común a todos los ciudadanos.

El periodismo contemporáneo se encomienda al principio del”derecho de la gente a saber”, según muchos códigos de ética profesional (aunque no sean de obediencia obligatoria ni uniformes, debido a la naturaleza heterogénea y competitiva de los periodísticos norteamericanos) y a la convención no escrita de que la labor de la prensa es un servicio publico. La convicción de que mejor se sirve la sociedad en la medida en que más de disemine la mayor cantidad posible de información es uno de los principios, por ejemplo, del reglamento ético que rige en The Washington Post. El código de ética de la sociedad de periodistas profesionales, la mayor en su género en los estados unidos, establece por su parte y desde 1926 que “ el derecho del público a saber es la misión mas importantes de los medios masivos.Se distribuyen las noticias y se ilustra a la opinión publica para servir mejor al bienestar general”. Esta tradición es, pues, la que da sentido al trabajo de los periodistas investigadores. Al exponer los casos de abusos y de injusticias, el periodista investigador consigue uno de los más nobles fines del periodismo contemporáneo: Activar la conciencia de los ciudadanos a favor del bien común. El periodismo así entendido no es sino una de las múltiples opciones que tiene el ejercicio de la democracia y una preafirmación de que la difusión de la información hay de practicarse bajo el espíritu de los derechos civiles.

Las profundas raíces históricas del periodismo de investigación anteceden en Estados Unidos incluso a la publicación de los primeros periódicos en 1704, en la época colonial. Hacia finales del siglo XIX los grandes propietarios de periodísticos Joseph Pulitzer, William Randolph Hearst, Adolph s. Ochs. E. W. Scrpps, Joseph Medill revitalizaron la actividad periodística, no se inhibieron para demostrar y denunciar los despojos del poder, y sus periódicos dieron a conocer los reportajes de investigación más importantes de las dos últimas décadas del siglo.

Las revistas de circulación nacional se metieron con la elite de la industria y los negocios. En 1902 la mensual publicó una denuncia de la standard oil company e hizo la historia del ascenso de John d. Rockefeller al mundo de la riqueza y el poder documentado como la estándar, a través de intimidaciones y amenazas, hizo quebrar a las pequeñas compañías petroleras de Cleveland. En 1905 Compolitan denunció las pláticas deshonestas de la internacional Harvester Company. Pero tal vez la denuncia de la industria mas leída durante este periodo fue un reportaje de investigación de upton sinclair, quien se pasó siete semanas como trabajador “ clandestino” en los rastros de Chicago en 1904 para denunciar las inhumanas e insalubres condiciones bajo las que tenían que trabajar los carniceros. Sinclair publicó primero una serie de sus hallazgos en una revista socialista, appeal to reason, y luego los reeditó en su famoso libro la jungla.

La construcción del reportaje se realiza al final, cuando el reportero ya tiene todos o los suficientes datos a la mano. El propósito del periodista es armar una argumentación, darle un sentido y un contexto a su información. Se trabajo aspira a establecer cierta verdad periodística no una verdad científica organizada conforme al método científico, ni una verdad jurídica como procuran hacer los abogados defensores o los jueces en un proceso judicial a través de los datos, las declaraciones, los documentos, la persuasión sostenida en un discurso lógico y sugerente. El redactor apela a la inteligencia del lector y para ello le proporciona todos los datos comprobados de que dispone a fin de que cada quien llegue a sus conclusiones.

Este sistema de escritura argumental, que en la tradición literaria tiene sus orígenes, entre otros, en los ensayos de Montaigne y de Voltaire, puede estudiarse en libros como el caso moro, en tierra de infieles, autos relativos a la muerte de Raymond Roussel, la desaparición de Majorana, el teatro de la memoria, de Leonardo Sciascia; en asesinato de Vicente leñero; en charras, de Hernan Lara Zavala; en el Karina, de German castro Garcedo; en operación masacre, de Rodolgo Walsh; en el profesor y la prostituta, de linda Wolfe, en cabeza de turco, de Gunter Wallraff; en el periodista y el asesino , de Janet Malcom; en todos los hombres del presidente, de Bob Woodward y Carl Bernstein.


 

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