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CONSIDERACIONES TEÓRICAS ACERCA DE LA ECONOMÍA INFORMAL, EL ESTADO Y LA GERENCIA

Alexei Ernesto Guerra Sotillo



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1.7.3 La Tesis de Liliana Bergesio

La utilización del término “economía popular”, para hacer alusión al sector informal urbano (SIU) en algunas corrientes de pensamiento latinoamericano, es analizada por Bergesio (2004), a través de la revisión de las ideas más resaltantes al respecto, provenientes de autores latinoamericanos.

Aunados a los intentos ya citados de clasificación de los enfoques teóricos que estudian la informalidad, dicha autora señala la existencia de tres grandes interpretaciones, alrededor del SIU:

1) Escuela Legalista (neoliberal) representada por Hernando De Soto y el Instituto Libertad y Democracia:

De Soto, a decir de Bergesio, veía en esta economía el semillero de la revolución liberal por la que nuestros países nunca habrían pasado, responsabilizando al crecimiento y burocratización del Estado, a la inadecuación, frondosidad y verticalidad de la legalidad vigente, a la elevación de los costos del acceso a la legalidad para explicar el surgimiento de la informalidad.

El diagnóstico del Instituto Libertad y Democracia (ILD) y de De Soto es netamente superstructural: Los países de América Latina están en la etapa mercantilista, definida por un Estado que oprime a la iniciativa privada, en manos de una élite que gobierna para su propio beneficio, a decir de Bergesio (2004:26). En consecuencia, según este enfoque, el programa político consistiría en disminuir el papel del Estado en materia económica.

2) Escuela Estructuralista representada por el PREALC-OIT (Mezzera, Kritz, Carbonetto, Chávez, Tokman, Grompone, entre otros).

Para la OIT-PREALC el problema se visualiza como falta de dinamismo en el sector capitalista para arrastrar por el camino del desarrollo al resto de los sectores, y provocar por esta vía el pleno empleo. A partir de este diagnóstico, que a decir de la autora privilegia aspectos estructurales de la sociedad, la propuesta política hace descansar el desarrollo en el papel económico del Estado. Es decir, la superación de las restricciones que enfrenta el capital en las sociedades de América Latina pasa por la intervención económica estatal.

Deposita la responsabilidad en la incapacidad del sector moderno (originada por la tecnología exógena utilizada) de absorber la oferta laboral que viene del crecimiento poblacional, creando un excedente estructural de mano de obra que se ve obligado a inventar su propio puesto de trabajo.

Cuando se trata de pensar en soluciones, este enfoque enfatiza los mecanismos macroeconómicos (elevación del salario real y del gasto público) y la reactivación de las grandes empresas, de las cuales depende el SIU; es decir, la solución al problema está fuera del sector. Siendo el apoyo que se le puede dar al mismo, marginal y temporal (2004:26).

Bergesio (2004) coincide con Cortés (2000), en cuanto a que la noción de informalidad que engloba actividades extralegales, es un indicador empírico cuya localización teórica no es precisa, de modo que la comparten el neomarxismo y el neoliberalismo.

3) Economía Popular

La autora hace referencia a la tesis de Coraggio (1992), para quien la economía popular no supone la desconexión del mercado capitalista ni se ve como fase para integrarse a él a plenitud. Es una propuesta abierta, en tanto no prefigura de manera definitiva qué actividades, relaciones y valores, constituirán esa economía popular.

La visión o enfoque de la economía popular, se involucraría en la dinámica del poder, al plantear que el centro del interés de llamar a lo “popular” se produce a partir de la posibilidad (o necesidad) de constituir un actor social desde las determinantes estructurales, para incidir en el espacio de la lucha política.

Bergesio considera que el concepto de SIU no es adecuado para aprehender la complejidad de este fenómeno económico y social que está transformando las economías de América Latina, y de su lectura se interpretaría una inclinación hacia la idea de “economía popular”, ubicada en territorios neomarxistas.

Esta autora manifiesta, en relación a estas tres corrientes, que tanto la perspectiva de la extra-legalidad como las visiones marxistas actuales coinciden en el supuesto del tránsito de una a otra etapa histórica, aunque difieren tanto en el diagnóstico como en el pronóstico. Para los primeros se trata del paso del mercantilismo al capitalismo, y para los segundos del capitalismo al socialismo. (2004:28).

La intelectual hace alusión a Villarán, para quien lo popular ha tenido usualmente una relación simbiótica con la pobreza. Villarán, citado por Bergesio, sostiene que desde la perspectiva de las causas del problema de la pobreza, se maneja el supuesto de que la riqueza es acumulada por los ricos de la sociedad. Y así, que la solución pasaba por el cambio del sistema, del patrón de acumulación, la toma del poder, la redistribución de la riqueza y los ingresos, depositando en el otro, en el Estado, la acción política contra los enemigos, su resolución. Esta visión teórica y práctica desdeña, a decir de este autor, la identificación de las formas concretas en que el propio pueblo viene resolviendo sus problemas de ingresos.

Bergesio identifica en la misma línea argumental, a Palma (1992), quien en los mismos predios del neo-marxismo, vincula la particular originalidad y a la vez diversidad de expresiones laborales y productivas del capital. Para Palma, (…) el abanico de las formas diversas de trabajo en América Latina es muy amplio, pero (contra todo perjuicio dualista) todas esas formas resultan, por canales distintos, subordinadas al capital que extrae valor por mecanismos varios”. (2004:30).

La tesis de este autor, plantea que lo popular, por una parte, es consecuencia del capital (aunque no buscada en sí) y, por lo tanto, se despliega en un espacio acotado por la lógica de funcionamiento del capitalismo; pero al mismo tiempo, lo popular representa una reacción contra la incapacidad de esa lógica de funcionamiento para universalizar sus logros y resolver la crisis de civilización.

En la revisión de autores que han realizado elaboraciones teóricas sobre el tema, Bergesio hace referencia también a las ideas de Coraggio (1992), que de manera operativa ha definido la economía popular de esta manera:

Se trata de unidades domésticas elementales de producción-reproducción (individuales, familiares, cooperativas, comunitarias, etc.) orientadas primordialmente hacia la reproducción de sus miembros, y que para tal fin dependen fundamentalmente del ejercicio continuado de la capacidad de trabajo de éstos. La condición fundamental para clasificar como popular a una unidad de reproducción es el trabajo propio (en relación de dependencia o por cuenta propia) (…) (Subrayado nuestro)

De acuerdo a este planteamiento, se identificaría un posible punto de distancia o diferencia entre la unidad económica popular y la empresa capitalista: mientras la primera buscaría solamente la reproducción del trabajador (condiciones materiales de subsistencia o sobrevivencia), la segunda apuntaría entonces a la reproducción del capital. Ello nos lleva al relativo, polémico y no zanjado debate alrededor de la solidaridad y el lucro, como pilares valorativos de una y otra visión de la economía.

Iguiñez (1992), citado por Bergesio, dentro de este debate y al referirse precisamente a la legitimidad de las formas y esquemas laborales y productivos de la economía popular, sostiene que si bien los actores populares también buscan obtener ganancias y crear riqueza, ser productivos y creativos como los empresarios capitalistas, éstos se diferenciarían de aquellos por su solidaridad y vínculos con su entorno social.

De manera más categórica y tajante, Iguiñez expresa que “estas características los perfilan como depositarios de relaciones sociales alternativas a las capitalistas, contribuyendo de este modo a la formación del sujeto social popular.”

Compartiendo este enfoque, Barrantes (1997) defiende la denominación de “Economía Popular”, y afirma que ella define una región específica del conjunto de relaciones de nuestra configuración societal, no reducida a una locación geo-espacial específica (vgr. Las denominadas zonas marginales, lo urbano, lo rural, lo micro) sino que se encuentra múltiplemente inscrita en el entramado político, ideológico, simbólico, imaginario, económico, jurídico y cultural venezolano.

Ahora bien, ¿Se puede acaso afirmar, sin ambages, que todo lo popular en términos económicos, es solidario? ¿Están excluidas de plano, en las motivaciones de sus actores, la búsqueda del lucro y la ganancia? ¿Existen límites no tanto legales, sino éticos, al lucro? ¿Quién, o quienes, están llamados a establecerlos?

Esta tesis probablemente no considera las exigencias del modelo económico edificado sobre la globalización y la competitividad, ni tampoco que el tema de la solidaridad no es monopolio exclusivo de la izquierda o del neo-marxismo, sino también de visiones más liberales de la gerencia y la organización, en las cuales se habla de la “empresa social”, o de la empresa “socialmente responsable”, o para ser más precisos, de la responsabilidad social empresarial (RSE) o responsabilidad social corporativa (RSC). La RSE, plantea la necesidad y obligación ética, de toda empresa, de vincularse con su entorno y de humanizar su gestión interna y sus nexos con la comunidad en la cual se ubica.


 

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