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EL PROCESO DE SUSTITUCIÓN DE IMPORTACIONES EN AMÉRICA LATINA:
EL CASO DE MÉXICO, 1940-1980

Ana Luisa González Arévalo


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4.1. Comportamiento de la producción de bienes de consumo duradero, bienes de consumo no duradero y bienes de capital.

De 1976-1977 la economía mexicana, como se había visto-, sufrió la primera recesión verdaderamente importante desde que se inició el proceso de industrialización. El modelo de sustitución de importaciones de mercancías de consumo duradero no logró consolidarse en bienes intermedios y de capital, así como también algunas ramas de la actividad industrial mostraron tendencias regresivas, o sea, disminuyeron su índice de sustituir la importación, en especial, se estancó o retrocedió la rama de metálicas básicas. El resultado fue el déficit en cuenta corriente de la balanza de pagos y el aumento en la deuda externa. Al llevarse a la práctica dicho patrón de política económica se subestimó los efectos desfavorables en la concentración del ingreso, la heterogeneidad estructural y los desequilibrios intersectoriales, regionales y de la balanza comercial.

Dentro de este marco del proceso de producir las mercancías compradas en el exterior, el país abrió la entrada al capital transnacional, permitiendo la penetración incondicional de empresas extranjeras que fabricarían lo que se importaba, de todos modos, posteriormente el saldo de la inversión extranjera se volvió deficitario. En 1970, el coeficiente de inversión, (Gutiérrez, 1981) la relación de pagos de dicha inversión (compra de bienes, servicios y contratación de empréstitos) fue de 2.24, debido a que los pagos fueron de 882.1 millones de dólares y los ingresos de 364.1 millones. En 1977 el coeficiente llegó a 3.69 (1 7772.6 millones de dólares de pagos contra 318.2 millones de ingresos.

La constante presente en los desequilibrios de la producción y la necesidad de importar bienes y servicios para impulsar el crecimiento económico en el país, ocasionaron saldos negativos permanentes en la cuenta corriente de la balanza de pagos. Su financiamiento dio lugar al endeudamiento externo agravando la dependencia.

El subsector industrial que desempeñó el papel de columna vertebral del desenvolvimiento de esta actividad económica fueron las ramas productoras de bienes de consumo duradero (automóviles, línea blanca, aparatos electrodomésticos, etc.). Sus principales características que presentaban en este periodo eran:

1. Este tipo de productos tienen una mayor realización, en los estratos poblacionales con elevada concentración del ingreso.

2. Estas mercancías sus precios de venta están elevados, producto del papel desempeñado por las compañías que tienen la posibilidad de realizar campañas publicitarias y de comercialización intensivas, amplias, originando un margen ganancia, particularmente alto, estas agencias de publicidad se encuentran concentradas en un número muy reducido de empresas, de capitales, generalmente transnacionales .

3. Las firmas fabricantes de estos bienes otorgan facilidades en el crédito a los compradores para impulsar las ventas.

4. Se presenta una modificación frecuente de los bienes producidos, con el objeto de competir más que a través de una guerra de precios, la competitividad se realiza por diferenciación de productos.

5. En algunos casos los consumidores de este tipo de artículos conforman un núcleo reducido, provocando por un lado, un alto costo de este tipo de bienes, y por otro, un número muy grande de modelos en relación al tamaño del mercado

6. El establecimiento de barreras para la entrada al mercado de nuevos empresas, está fijado por el monto de capital de arranque, la innovación tecnológica, el acceso a las materias primas, la compra de maquinaria y la disponibilidad de financiamiento, tanto nacional, como extranjero.

El movimiento que representó el sector productor de bienes de consumo duradero en el decenio de 1970, en relación con otros sectores, permite detectar cual es el grado al que había llegado la industria. A excepción de 1980, la producción de objetos de consumo duradero y el sector manufacturero en su conjunto crecen a un ritmo mayor que el PIB. No sucede lo mismo en la fabricación de mercancías de consumo no duradero, que presentan ascenso y descensos en su periodicidad productiva. El crecimiento medio en la industria productora de artículos de consumo duradero en el periodo 1972-1980 alcanzó el 10.2%, mientras que el PIB llegó al 5.8% del sector industrial 7.1% y la de las manufacturas 6.4% (ver cuadro 13).

Un ejemplo de la dinámica de la industria productora de bienes de consumo duradero, es la rama automotriz, después de que anotó tasas negativas entre 1975-1977, que fueron del orden del 8.9%, alcanzó en 1978, 1979, y 1980 incrementos de 29.3%, 16.8% y 6.4% respectivamente, en cambio el PIB crecía a 7.0%, 8.0% y 7.4%. Esta dinámica del sector productor de mercancías de consumo duradero no ha implicado un bienestar de la población a la misma velocidad. Los beneficios se han concentrado en un estrato muy reducido del total de los habitantes del país.

Continuando con el año 77’, la producción por subsidios a la actividad manufacturera, fueron las empresas productoras de artículos de consumo que presentaron progresiones superiores a la media, en tanto las de bienes de capital registraron tasas negativas, ello es producto del retraso de la inversión pública y privada. En particular se beneficiaron los sectores dedicados a la exportación.

En especial, en este año tuvieron un abatimiento los recursos dirigidos a la industria de bienes de capital. Conforme la información proporcionada, (Banco de México, 1976 y 1977) refleja que en 1976 la inversión en activos fijos y la producción de maquinaria apuntan sus variaciones de 10.9% y 2%. Al año siguiente, fueron de 34.4% y 11.7% para los mismos rubros. Precisamente, las compañías que fabricaban bienes de capital tuvieron un serio estancamiento. En términos generales, en 1977 las grandes y gigantes empresas solamente utilizaron el 57% de la inversión.

Hacia 1978, hay una recuperación del ritmo de crecimiento económico, tras el estancamiento que caracterizó al bienio anterior. En este año se le da gran relevancia a la diversificación industrial, en particular la producción de bienes de consumo popular, con miras a la elaboración interna de bienes de capital y exportación de manufacturas, integración vertical del sector petrolero y la modernización agrícola.

La reactivación económica del 78’ se sustentó fundamentalmente en el incremento de la producción de los siguientes sectores: extracción de petróleo crudo (22.5%), producción de derivados de petróleo (10.4%), construcción (12.5%), generación de electricidad (10%), producción de manufacturas (8.6), excluida la refinación de petróleo. La minería estuvo estancada.

En este sentido, en el año 78’, (CEPAL, 1979) ramas tradicionales (alimentos, textiles, prendas de vestir, etc.) que absorben la mayor parte, sólo se amplía 5.4% en promedio, en tanto la siderurgia, las ramas de maquinaria y equipo se incrementaron 13.6%, 12.5%, 27.0% respectivamente. La industria de la construcción tuvo dos años de rezago, en el empleo de la mano de obra, su dinamismo en este año de 1978 fue del 12.5%, parece haber tenido un gran peso las obras de infraestructura en la edificación de viviendas. La minería mantuvo su estancamiento habitual.

Como se ha visto en páginas anteriores las características del proceso de desarrollo industrial, a partir de la posguerra se basó en la sustitución de importaciones cuya orientación fue la de satisfacer un mercado ya conformado, pero no tuvo la capacidad de crear, como en los países altamente industrializados a los asalariados y a los consumidores, efectivamente, se limitó a satisfacer la demanda general de los estratos de elevados ingresos. Los trabajadores nunca han sido el elemento básico del mercado, al contraerse su participación en éste como clientes, en efecto, el peso de la masa trabajadora en el proceso industrializador, disminuyó aún más. Al conformarse esta deformación originada en el mercado, la estructura productiva se orientó necesariamente a la producción de bienes de consumo duradero, convirtiéndose en la columna vertebral de la acumulación de capital en detrimento de la producción de bienes salario y de producción, teniendo como resultado una tendencia creciente a la escasez en el abastecimiento interno de los productos y cada vez mayor integración vertical y horizontal del conjunto de los sectores industriales.

Los objetivos de la política sustitutiva en sus diversas fases no habían sido cumplidos, consecuentemente, el estado mexicano trató de implantar un nuevo plan para el desarrollo de la industria mexicana. En relación a proyectos y planes industriales en 1979, el 12 de marzo de ese año, José Andrés Oteyza, titular de la Secretaría de Patrimonio y Fomento Industrial (SEPAFIN), dio a conocer el Plan Nacional de Desarrollo Industrial, 1979-1982 (PNDI). A este proyecto –el gobierno mexicano- lo consideraba fundamental para la reordenación de las relaciones económicas con el exterior.

Sus principales fines del plan fueron: solucionar la desocupación y el subempleo, elevación en el nivel de vida de los mexicanos a través de altas tasas de crecimiento. Ello solamente se logrará, argumentaba el gobierno, fortaleciendo el consumo básico de mercancías, impulsando a las ramas manufactureras orientadas al mercado externo a obtener niveles superiores en productividad, realizar una política eficaz de sustitución de importaciones, un mejor aprovechamiento de los recursos naturales del país, fomentar las industrias de bienes de capital, desconcentración geográfica de la actividad económica y la articular de la pequeña y mediana empresa y atenuar las tendencias oligopólicas.

El PNDI planteaba un gran dinamismo que se mantendría hasta 1990, ello se obtendría a través del impulso al sector petrolero, al que se le caracterizó, como el pivote para el desarrollo económico nacional y así se superaría la crisis al avanzar en su propia determinación financiera y la consolidación económica. La utilización del excedente generado por el petróleo se canalizaría hacia el sector industrial, que generaría, según el estado, empleo permanente, de tal manera que tuviera efectos multiplicadores y una expansión para el conjunto del país.

Los analistas planteaban las siguientes opiniones son respecto al Plan Nacional de Desarrollo. Industrial:

1. Los recursos financieros excedentes obtenidos no se pueden aplicar a la economía mexicana de manera inmediata, porque ello, -según planteaban- ocasionaría una ampliación de la demanda, que al encontrarse con una oferta de muy poca elasticidad habría elevados procesos inflacionarios, o un acrecentamiento en el consumo de importaciones de bienes suntuarios. Por consiguiente, el superávit financiero debe utilizarse para amortizar la deuda externa, exportar capital y aumentar los activos internacionales.

2. Argumentaban que los remanentes de la industria petrolera correspondían a la ampliación de la capacidad productiva, evidentemente, es conveniente seguir utilizando el financiamiento del exterior y la inversión extranjera como fuentes de recursos. La inflación sería evitada por la expansión de la oferta, no obstante continuaría el déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos, al persistir la importación de mercancías, para cubrir las necesidades de la planta productiva, de esta forma ésta se haría menos dependiente.

3. De las ganancias del petróleo, una parte sería destinada para el sector público y la otra para elevar la capacidad del estado en beneficio de la estructura productiva y hacer llegar realmente los beneficios a los sectores marginados de la población. Ello consolidaría al mercado interno mediante los bienes de consumidos por la mayor parte de los habitantes; lo cual a su vez, implicaba, -según este análisis- incrementar los salarios reales, elevar la carga fiscal, gravar las utilidades a los grupos de altos ingresos, evitar los incentivos fiscales, consolidar las entidades cuya función es la de producir bienes y servicios, eliminación de los subsidios, que reciben los empresarios privados a través de los precios, impulso a la producción de bienes de capital destinados a elaborar las mercancías consumidas por la mayor parte de los mexicanos y llegar hasta la nacionalización de industrias como la alimentaria o la farmacéutica.

Las metas del PNDI, sus tasas de crecimiento real del PIB serían de 7.1% en 1979, 8.2% en 1980, 9.5% en 1981, y 10.6% en 1982. Afirmaban que el producto industrial sería dos puntos más alto que el del PIB. El crecimiento del empleo estaría aproximadamente el 5% a mediano y largo plazo. Eliminación del desempleo hacia 1990. La manufactura crecería en 1982 un 12.4% y en el periodo de 1985-1990 a un ritmo de 10.8%.

En este plan se pretendía desalentar el crecimiento de empresas en el Valle de México y promover su instalación en ciudades de tamaño mediano. Justamente, el valor bruto de la producción que se generó en el Valle de México en 1979 del 50% se reduciría al 40% en 1982. Se pensaba en las siguientes zonas prioritarias: fronteras, costas y algunas ciudades ubicadas a lo largo de la red nacional de distribución de gas. Las primeras están relacionadas con el fomento de las exportaciones.

El diagnóstico realizado por los autores del PNDI era el siguiente:

La industria se había venido apoyando de manera preponderante en el mercado interno, concentrándose en el Valle de México, Guadalajara y Monterrey. La producción se había orientado a la sustitución de importaciones de bienes de consumo, ocasionando fallas de integración, desigualdad, desaprovechamiento de recursos humanos y naturales, estímulo a la producción de artículos de lujo. La política de sustituir la importación, afirmaban, no fue equilibrada en cuanto a los volúmenes de intercambio comercial (exportación e importación) de mercancías, agravando el déficit comercial. La acentuación en el endeudamiento creciente con el exterior aumentó la dependencia. El recurrir continuamente al crédito favoreció la restricción a la pequeña y mediana empresa. Periodos de relativo estancamiento seguidos por fases de auge de corta duración. Asimismo, argumentaban, que de no aminorarse la sujeción financiera, la crisis que ésta ocasiona se tornaría crítica. El Desarrollo Estabilizador deformó la estructura productiva, limitó el mercado interno redujo la capacidad competitiva, lo cual condujo a un círculo vicioso que agudizó la subordinación del país hacia el extranjero.

Después de esta exposición del PNDI considero, que la explicación que dan los autores de dicho plan sobre la situación económica, el modelo de desarrollo empezó a agotarse por fallas estructurales, resultado de la incapacidad de impulsar la política de sustitución de importaciones de bienes de consumo que se tradujera en crecientes exportaciones, ni logró alentar la producción de bienes de capital. El problema de la balanza de pagos se agravó, y el país tuvo que recurrir progresivamente al endeudamiento externo determinando la conformación de la economía de nuestro país y en este caso de la industria.


 

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