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EL PROCESO DE SUSTITUCIÓN DE IMPORTACIONES EN AMÉRICA LATINA:
EL CASO DE MÉXICO, 1940-1980

Ana Luisa González Arévalo


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4.3. Capital extranjero.

Las empresas transnacionales poseen en general grandes capitales extranjeros, controlan parte importante de los recursos financieros. Estas compañías son grupos oligopólicos, conforman poderosos consorcios con capacidad de decisión sobre política económica a seguir en las ramas industriales en las que operan. Estos conglomerados primero se desarrollan en un determinado sector, posteriormente se desplazan rápidamente hacia otros diversificando su producción disminuyendo sus riesgos y ampliando su radio de influencia.

Este tipo de recursos se localizan en mayor proporción en la industria manufacturera, en las ramas más dinámicas, química, material de transporte, confección de artículos eléctricos y electrónicos. Algunas empresas nacionales venden sus instalaciones, o se fusionan con éstas unidades económicas por lo difícil que resulta competir con las ET.

El proceso de sustitución de importaciones es aceptado por estos conglomerados al alentar la fabricación de bienes de consumo duradero, estimularon en algunos casos la producción de bienes ce capital. Otra característica de estas grandes empresas es la de no dejar a un lado la política sustitutiva de importaciones de manufacturas, como es el caso de la automotriz, y cuya capacidad de producción es mucho mayor que la demanda interna del país. Este proceso se afirmaba, (Aguilar, 1986) tendía a verse a como expresión de un interés fundamentalmente nacional, aceleraría el desarrollo industrial y afirmaría la independencia económica. En el fondo, no se advirtió que si bien, ciertos sectores nacionales en los países subdesarrollados apoyaban explicablemente tal política – que por lo demás muy pronto exhibió serias limitaciones-, ella expresaba sobre todo un cambio en la división internacional del trabajo.

El intento por parte de la ET de producir bienes de consumo duradero y de capital, que se adquirían en el extranjero y el fomento a las exportaciones contribuyeron al incremento en la importación y a favorecer los desequilibrios en la balanza de pagos.

Las ET se instalaron en México porque encontraron un crecimiento económico, también en esta década de los 70’s tenían la posibilidad de contar con un mercado en expansión, además, algunas materias primas y energéticos se encontraban a precios menores que en el mercado internacional; asimismo aprovechaban la infraestructura, el pago de impuestos muy bajo, los subsidios por parte del estado y las buenas asociaciones que pueden establecerse en el capital nacional.

A estos conglomerados les intereso mucho la obtención de elevadas ganancias, presentaron una tendencia a realizar un bloque mayor de importaciones en relación a sus exportaciones, favoreciendo las irregularidades financieras con el extranjero y el crecimiento de la deuda externa.

La nueva tecnología era controlada por grupos centralizadores, ellos montaron las nuevas sociedades de estas compañías; de la misma forma establecieron una competencia muy desoladora para empresas con tecnología muy inferior a la de ET.

Estas asociaciones han adoptado la política del llamado “redespliegue industrial”, es decir, instalaron galerones para la fabricación de ciertas líneas de productos, se les ha denominado a estas regiones zonas libres, “zonas francas” o “plataformas de exportación”. Dichas instalaciones son las llamadas plantas maquiladoras, producen o elaboran partes, componentes o mercancías terminadas para exportar hacia otros países. Estos establecimientos, (Aguilar, 1986) lo característico de estas empresas desde el punto de vista de la unidad del proceso productivo y del nivel y formas de integración del capital, consistente en la producción en el proceso de sustitución de importaciones, la tecnología de estos conglomerados implicó para la industria nacional los siguientes factores:

1. Elevados montos de importaciones, que en general resultaron ser equipos adquiridos en el extranjero a elevados costos, ello ocasionó aumento en el precio de las mercancías, y por ende, complicó el proceso industrial.

2. Una mayor dependencia en particular de productos intermedios y bienes de capital en la industria mecánica, eléctrica, electrónica.

3. La persistente renuncia al fortalecimiento y desarrollo de una industria nacional, con capacidad de producir bienes de capital.

4. La tecnología de estas unidades económicas resultó ser una transferencia de maquinaria ya obsoleta, que en los países industrializados había sido sustituida por otras más eficientes.

Se fragmenta y se redistribuye internamente, en busca de mayores utilidades para el conjunto de consorcios que se trate, lo que no sólo altera el proceso productivo y la articulación de sus diversas fases sino el tipo de integración en realidad a partir de una nueva división internacional del trabajo.

La penetración del capital extranjero en esta situación no resulta ser complementaria, no fue capaz de jugar un papel de integración en el desarrollo y fortalecimiento de la industria nacional y menos aún de la economía en su conjunto. El montaje de estas fábricas, representan exclusivamente fases de elaboración de un proceso productivo, o sea, son partes o piezas de una agrupación productiva con carácter mundial.

Los bienes provenientes del exterior controlan casi por completo a estas empresas maquiladoras. Ellas son instalaciones realizadas con poca inversión; las cuales favorecieron el remozamiento de algunas ciudades; sin embargo, como solamente laboran una parte del proceso productivo, en particular el montaje o ensamble, el resultado fue la de encontrarse estas compañías en una dependencia hacia los países del exterior por la compra de insumos importados.

El resultado de estas políticas es una planta industrial raquítica, distorsionada, incapaz de producir medios de producción. La industria mexicana como consecuencia de lo anterior n o fue la columna vertebral de un desarrollo nacional independiente, se encontraba subordinada a las decisiones que eran tomadas en otros países, ello influyó de manera determinante.

La inversión extranjera supone introducción de recursos que en el país tienen un carácter complementario. El capital de las ET no proviene de los países altamente industrializados, sino de las naciones que operan sus filiales, de la reinversión de utilidades de los fondos otorgados por los bancos y del mercado financiero internacional estas unidades económicas tienen como tendencia la obtención de medios para el pago de dividendos y regalías; sin importar los problemas que el país tenga que enfrentar por el elevado del pago de servicio de la deuda externa. Lo cual favoreció un crónico desequilibrio externo, frecuentes devaluaciones del peso mexicano frente al dólar estadounidense, la especulación y la fuga de capitales.

Este dinero procedente del exterior, llega a perder importancia relativa frente a los créditos otorgados al país; el crecimiento en espiral del endeudamiento, el incremento en el sistema de las tasas de interés y los acuerdos con el FMI cuya aplicación fue la de políticas de corte monetarista, traduciéndose en un drenaje de recursos sin precedente, convirtiéndose México en exportador neto de capital hacia las naciones altamente desarrolladas.

Las grandes asociaciones no trabajan para la comunidad, ni en bien de la nación en que operan. Como observa un financiero de la filial inglesa de la firma Ronson, (Aguilar, 1986) deben de hacer a un lado toda actitud nacionalista y entender que, en última instancia, debe ser leal a las acciones de la egresa matriz y proteger sus intereses incluso si éstos no parecen responder al interés nacional del país en que operen.

La inversión directa en México –conforme a los datos del Banco de México-

Hubo un incrementó de manera sustancial, en 1971 era de 3 189.1 millones de dólares y en 1980 alcanzó la cifra de 10 640.7 millones de dólares. (Ver cuadros 21 y 22). La mayor parte procede de Estados Unidos. El comportamiento de estos bienes emanados del exterior no es homogéneo, entre 1970 y 1972 presenta un aumento, pero entre 1974 y 1976 decae, ello coincidió con la ley sobre inversiones extranjeras, sin embargo, hay que tener presente la recesión de la economía norteamericana, posteriormente con el llamado “boom” del petróleo, la inversión extranjera directa (IED) aumenta de manera significativa.

Los últimos 4 años de la década de los 70’s la economía mexicana presenta tasas de crecimiento muy elevadas, lo mismo sucede con el movimiento internacional de capitales. En relación al comportamiento de la IED, si bien ésta crece de manera importante el incremento en realidad resulta de la inversión directa. Este tipo de recursos de procedencia externa aumenta 5.3 veces y los préstamos del exterior 22.1 veces. Estos recursos se dirigen principalmente a la industria del país (Ver cuadro 23).

Ahora bien, en relación a la producción del capital extranjero con respecto a la inversión bruta fija, los dos primeros años de este decenio de estudio le corresponde solamente una pequeña parte, no obstante, empieza a incrementarse a incrementarse y en 1976 se eleva de manera significativa.

La inversión extranjera directa en México era en 1970 de 200 718 miles de dólares y en 1980 ya había alcanzado la cifra de 1 071 100 miles de dólares. Sin embargo, para este año el total de las utilidades remitidas y el pago de intereses y regalías alcanzaba la cifra de 1 644 400 miles de dólares, o sea, una pérdida neta de 573 300 000 dólares durante la década, que en promedio anual era de 57.3 millones de dólares de excedente económico, que fue enviado al exterior durante este decenio.

Este caudal se coloca principalmente en la industria manufacturera, en particular se concentra en dos ramas, la química y la metalmecánica, estos subsectores presentaron un crecimiento más elevado, también en las ramas de petroquímica secundaria, maquinaria industrial y agrícola, equipo y material de transporte, artículos eléctricos y electrónicos.

En relación a las ramas que son consideradas como tradicionales, como las de bebidas, tabaco, textiles, muebles y accesorios, la gama de productos metálicos básicos del mismo modo han recibido recursos provenientes del exterior por la falta de divisas y los obstáculos para la importación de ropa y calzado. Lo idéntica situación sucedió en los subsectores donde se produce el caucho y el hule, en ellas se instalaron este tipo de empresas y tienen que enfrentar una casi nula competencia.

El proceso de sustitución de importaciones favoreció la política llamada de “mexicanización” de empresas extranjeras, en particular este fenómeno cobró mayor importancia a mediados de la década de los 70’s. Dicha política se llevó a cabo con la asociación del capital foráneo con grandes consorcios como el grupo Alfa, VISA, CYDSA, el grupo Somex, Celanese, Renault, ITT, American Motors, etc,y también con los bancos como Banamex, Bancomer, Banco del Atlántico y Banca Cremi, con el estado fue la vinculación con Nacional Financiera.

Estas conexiones implicaron para los recursos provenientes del exterior atractivos intereses al controlar la tecnología y realizar las decisiones económicas más importantes, como por ejemplo, la designación de la administración y los consejos directivos.

Al unirse estrechamente con el capital nacional es visto por los empresarios extranjeros de manera positiva, puesto que argumentan que tiene ventajas en las importaciones, controles de precios y los trámites en el aparato gubernamental son más rápidos y fáciles.

La política de sustituir importaciones significó para la inversión de otros países el aprovechamiento de muchas prerrogativas; no obstante, la fabricación de nuevos productos favoreció una mayor subordinación externa de capital realizadas fuera de México por las compras de bienes. Si bien ocurrió un rápido crecimiento económico, el dinero procedente del exterior fue orientado a la producción de mercancías demandas por las clases altas y medias distorsionándose el conjunto de estas actividades manufactureras, es decir, fue conformado un sector secundario desarticulado y con muy poco nivel de integración.

Lo anterior es producto de la política llevada a acabo, el uso de tecnología de la ET, etc., son decisiones que son tomadas en las matrices ubicadas en los países altamente desarrollados, los cuales poseen sistemas de producción más avanzados. Ello auspició una dependencia de maquinaria muy elevada. Esta es adquirida por las compañías que en algunos casos eleva la productividad, permite un mayor rendimiento en la planta. Sin embargo, este tipo de equipos resulta ser atrasado frente a los nuevos inventos a nivel mundial y de costos muy elevados colocando a estas empresas en condiciones de desventaja.

Finalmente considero que el papel desempeñado por el capital extranjero en el proceso de sustitución de importaciones no condujo a un crecimiento y desarrollo industrial independiente, diversificado y con una fuerte integración de la economía nacional. (Ver cuadro24).


 

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