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DINERO - LA AUTODESTRUCCIÓN DEL SER HUMANO

Antonio Morales Berruecos y Edmundo Galindo González



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• La teoría de Silvio Gesell

“El Orden Económico Natural” es la obra principal del empresario y economista argentino-alemán Silvio Gesell (1862-1930). Escrito en alemán fue traducido al español por su hijo Ernesto F. Gesell en los años 1936 (tomos uno y dos) y 1945 (tomo tres). Aunque escribió este libro casi nueve decenios atrás, sus ideas para establecer una economía sin desocupación, usura, explotación y daño ecológico todavía son muy actuales. Keynes apreció mucho su teoría, hasta el punto de llegar a decir de él “Creo que los pensamientos de Gesell serán en el futuro más importantes que los de Marx” y a quién también calificó de “profeta”.

Los tres tomos de su obra contienen:

Tomo uno: El Dinero Tal Cual Es

Tomo dos: El Dinero Cómo Puede y Debe Ser

Tomo tres: Libre Tierra

En el tomo uno “El dinero tal cual es” Gesell hace en detalle una severa crítica del estado actual del dinero desde su apariencia física, y su valor hasta su negativa influencia en la economía para demostrar la ineficacia de la moneda tradicional.

Y señala: Una moneda que forzosamente ha de retirarse cuando empieza a faltar, y fluye al mercado en grandes cantidades, cuando ya de por sí hay exceso de ella, sólo puede servir al fraude y a la usura, y ha de ser desechada por inútil, aunque tenga desde el punto de vista puramente corporal, algunas cualidades atrayentes.

También Gesell se pregunta: ¿Para qué se amontonan en las bibliotecas las obras de crítica del capitalismo si sus autores son incapaces de proponer algo mejor? (¿Acaso el haber descubierto las fallas no implica el haber encontrado el remedio?). ¿Para qué discuten los parlamentarios sobre la lucha contra la desocupación, contra la crisis, contra las guerras de conquista, si ignoran en absoluto las leyes que rigen la vida económica moderna? ¿Acaso la opinión pública no se ríe de los parlamentos, de su charlatanería, de su ineficacia proverbial? ¿Para qué se cambian los gobiernos, se organizan las revoluciones, se implantan dictaduras, aprovechando hábilmente el descontento general, si todos estos cambios, forzosamente han de quedar estériles por falta de un programa económico, irrefutable tanto moral como teórico?

Y afirma Gesell: Los partidos políticos, todos sin excepción, carecen de programa económico; se mantienen sólo a fuerza de frases. Que el capitalismo debe modificarse, lo reconocen ya los mismos capitalistas.

En su tercer tomo “Libre tierra” Gesell hace una magistral identificación idealizada de la relación entre el hombre y el planeta tierra. Que aunque suene “utópico”, habrá que entender que este planeta es la casa del hombre y si no la cuida acabara con ella

“Veamos ahora como Gesell expresa y puntualiza sus conceptos:

"Libre tierra"

1. La competencia entre los hombres sólo puede realizarse sobre una base justiciera y alcanzar sus elevados propósitos, si todas las prerrogativas del suelo, privadas o del Estado, “se eliminan”.

2. Frente a la Tierra, al globo terrestre, todos los hombres han de tener los mismos derechos, y con la palabra "hombres" entendemos a todos los individuos sin excepción, sin diferencias de raza, de religión, de cultura y de constitución física. Cada cual ha de poder radicarse donde su voluntad, su corazón, su estado de salud lo lleve. Y allí ha de tener los mismos derechos que los moradores antiguos con respecto al suelo. Ningún individuo, ningún estado, ninguna sociedad debe tener el más mínimo privilegio. Todos nosotros somos moradores antiguos de esta Tierra.

3. El concepto de libre tierra no admite ninguna clase de restricciones. Es ilimitado. Por tal razón, con respecto al suelo, no existen tampoco derechos internacionales, ni soberanía, ni derecho de autodeterminación de los estados. La soberanía sobre el globo terrestre es privativa del hombre, no de los pueblos. En consecuencia ningún pueblo tiene derecho a fijar fronteras ni a cobrar derechos de aduana. En el mundo que, en el sentido de la palabra libre tierra, sólo podemos imaginar como esfera, no existe la importación o exportación de mercancías. Por eso libre tierra significa a la vez libre comercio, libre comercio universal, la eliminación absoluta de todos los límites aduaneros. Los límites internacionales han de ser meros límites administrativos, por ejemplo como los límites entre los diferentes cantones de Suiza.

4. De esta declaración del concepto libre tierra se infiere por otra parte, evidentemente, que las expresiones "carbón inglés, potasa alemana, petróleo americano", sólo designan el origen de esos productos. No existe carbón inglés ni potasa alemana. Pues, toda persona, cualquiera sea el estado a que pertenezca, tiene el mismo derecho al "carbón inglés", al "petróleo americano", a la "potasa alemana".

5. La entrega del suelo a sus cultivadores se realizará por remate público del arrendamiento, del que pueden participar todos los hombres, sin excepción, todos los habitantes de la Tierra.

6. El producto del arriendo ingresa al tesoro nacional, y se distribuye íntegramente, en cuotas mensuales, entre las madres, de acuerdo con el número de sus hijos. Ninguna madre, cualquiera sea su origen, puede ser excluida de este subsidio.

7. La división del suelo por arrendar se hará completamente en relación a las necesidades de sus cultivadores, es decir, lotes reducidos para familias pequeñas, y campos grandes para familias numerosas. Además, grandes extensiones para corporaciones, comunidades religiosas, y colonias para políticos sobrevivientes de tinte comunista, anarquista o socialista.

8. Los pueblos, naciones, razas, comunidades lingüísticas, congregaciones religiosas, corporaciones económicas, que traten de limitar en lo más mínimo el concepto de libre tierra, serán proscriptos, excomulgados y declarados reos de muerte.

9. El rescate de la renta privada del suelo actual se realiza por la indemnización total, por la emisión de la correspondiente suma en certificados de deuda pública

Hasta aquí un resumen de lo comentado en los tomos primero y tercero de la obra de Gesell, sin embargo, nosotros centraremos nuestra atención en el segundo tomo” El dinero como puede y debe ser” donde Gesell expone su teoría de la “Libre moneda”.

"Procurad a la economía una circulación cerrada, es decir, un perfecto y regular intercambio de bienes, elevad la mercancía y el trabajo al rango de dinero efectivo, y la comunidad estará asegurada, el trabajo ordenado racionalmente". Proudhon.

Libre moneda

Gesell expresa en su obra a inicios del siglo XX, que el dinero debe ser un medio de cambio, y nada más. Está destinado a facilitar el intercambio de mercancías, y allanar sus dificultades. El trueque era un procedimiento inseguro, difícil y costoso, y por ello fallaba con frecuencia; el dinero que ha de substituirlo, debe por eso asegurar, acelerar y abaratar el intercambio de las mercancías.

La función que debe realizar el dinero es el ir al encuentro de las mercancías, conduciéndolas desde el productor hasta el consumidor, por el camino más corto, de manera que los mercados se vacían, que el número de los comerciantes decrece, que las utilidades del comercio disminuyen, que no se producen estancamientos, y que los productores tienen asegurada la venta de toda su producción, entonces, podría decir "es una moneda excelente" que abarata el intercambio, al hacer pequeña la diferencia entre el precio percibido por el productor y el precio que paga el consumidor, dado que la función intermediaría absorbe entre el 30, 40 y quizás hasta el 50% de la utilidad total. Las crisis estallan con la misma frecuencia y son tan destructoras como en los tiempos de los tálers y florines.

La moneda ha sido demasiado "mejorada" desde el punto de vista unilateral del poseedor. Al escoger la materia para la moneda se ha tenido solamente en cuenta al comprador, a la demanda. La mercancía, la oferta, el vendedor, el productor, han sido olvidados por completo. Se ha elegido para la fabricación de la moneda la materia prima más bella que proporciona la tierra, un metal noble, - porque beneficiaba al poseedor. Y se olvidó con ello que los poseedores de las mercancías, en el momento de realizarlas, debían pagar aquellos beneficios. Esto ha permitido al comprador aguardar el momento más oportuno para la compra de las mercaderías, olvidando que esa libertad obliga al vendedor a esperar pacientemente en el mercado hasta que al comprador le plazca aparecer. La elección del metal monetario ha convertido a la demanda en una acción volitiva del poseedor del dinero, entregándola al capricho, al afán de lucro, a la especulación y al azar, sin considerar que la oferta, por su estructura orgánica, quede totalmente desamparada frente a esa voluntad. Así surgió el poder del dinero que, convertido en potencia plutocrática, ejerce una presión insoportable sobre todos los productores.

El dinero rechaza las mercaderías, en lugar de atraerlas. Se compran mercancías, sí, pero sólo cuando se tiene hambre o cuando ella reporta ventajas. Como consumidor cada cual adquiere lo menos posible. Nadie quiere acumular provisiones. Que los "otros" guarden las mercancías. ¡Los otros! Pero, ¿quiénes son, en la economía, los otros? Esos somos nosotros mismos, todos los que producimos mercancías. Al rechazar como compradores los productos de los demás, nos estamos rechazando recíprocamente todos nuestros productos. Si no prefiriéramos el dinero a los productos de nuestros conciudadanos, si en lugar de anhelar inalcanzables reservas monetarias hubiéramos instalado despensas llenándolas de mercancías, no necesitaríamos ofrecer nuestros productos en costosos negocios, cuyos gastos absorben una gran parte de aquellos. Tendríamos, entonces, una salida acelerada y barata de mercancías.

Debemos, pues, empeorar al dinero como mercancía, si hemos de mejorarlo como medio de cambio, y ya que los poseedores de mercancías tienen siempre apuro en el cambio, justo es que también los poseedores del medio de cambio sientan el mismo apremio. La oferta se encuentra bajo presión directa, intrínseca; lógico es que se coloque la demanda también bajo idéntica presión.

La oferta es un proceso desligado de la voluntad del poseedor de mercancías; que sea también la demanda un proceso exento de la potestad del poseedor del dinero.

Al eliminar los privilegios de los poseedores de dinero y someter la demanda a la misma presión a que está sometida la oferta, se solucionarían todas las contradicciones del sistema monetario tradicional, se lograría que la demanda, actúe regularmente en el mercado, estando a cubierto de las maniobras de especuladores y otros y no existiría lo que llamamos “ ambiente bursátil”.

Todas las reservas privadas de dinero desaparecerían en forma automática por la fuerza circulatoria. La masa total de moneda emitida se hallaría en circulación constante, uniforme y acelerada. Nadie podría ya "inmiscuirse" en el manejo oficial de la moneda, lanzando o reteniendo sus reservas privadas. Empero, el mismo Estado tendría la misión de ajustar la demanda estrictamente a la oferta, para lo cual bastará retirar o emitir alternadamente pequeñas cantidades de dinero.

¿Y qué nos costaría, a nosotros, los productores, a los que creamos el dinero por la división del trabajo, estos impagables beneficios de la circulación coercitiva de la moneda? Nada más que renunciar al privilegio de infiltrar en la demanda la arbitrariedad, y con ella el capricho, la codicia, el temor y la preocupación. Sólo necesitamos abandonar la ilusión de que se puedan vender los propios productos sin que otro los compre, comprometernos mutuamente a comprar de inmediato y bajo todas las circunstancias exactamente tanto como hemos vendido, y para mantener la reciprocidad de ese compromiso hemos de formar la moneda de tal modo que el vendedor de la mercancía se vea forzado, por las cualidades de la moneda, a cumplir las obligaciones relacionadas con su posesión y cederla de nuevo a cambio de mercancía, personalmente, si él mismo es el consumidor, o por medio de otros, cuando presta el dinero, cuando no precisa para sí mercancía alguna. Esto último, naturalmente, bajo todas las circunstancias e incondicionalmente, es decir, sin tomar en cuenta las condiciones del préstamo.

¿Estamos entonces dispuestos a romper las cadenas de esclavos que arrastramos como vendedores de nuestras mercancías, mediante la entrega de los privilegios despóticos que ostentamos como compradores frente a los productos de nuestros conciudadanos? Si es así, examinemos de cerca la proposición inaudita y verdaderamente revolucionaria de una demanda compulsiva.

Efectos de la libre moneda sobre el comercio:

1. Circulación monetaria ininterrumpida y de ahí el aumento continúo de los pagos al contado.

2. Colocación ilimitada de mercaderías.

3. Eliminación de las depresiones económicas.

4. Eliminación de los factores que originaban las bajas de precios y de títulos ("crack").

5. Eliminación de las fluctuaciones en las coyunturas, que hasta ahora solían conducir a expansiones y contracciones periódicas de los negocios (alza y baja), ligadas a oscilaciones en los precios de las mercancías y de la moneda.

6. Exclusión de las maniobras bursátiles y la especulación.

7. Simplificación y abaratamiento del comercio en general.

8. Eliminación de la mayoría de los negocios minoristas, y el consiguiente traslado de los respectivos empleados a la esfera de producción.

9. Reducción de los elevados gastos comerciales actuales.

10. Derogación de los derechos aduaneros proteccionistas, que resultan innecesarios, o sea la aceptación del librecambio.

11. Eliminación de las causas económicas que conducen a las guerras.

12. Fomento de acuerdos monetarios, beneficiosos para todas las naciones, sobre comercio internacional.

Sobre el capital, trabajo y salario:

1. La moneda perderá su propiedad de producir intereses y descenderá al nivel de mercancía y de trabajo.

2. Conversión incesante de todo excedente monetario en medios de producción, viviendas, etc., sin considerar el rendimiento (plusvalía, rentabilidad)

3. Eliminación inmediata y permanente de la desocupación, desaparición completa del exceso de obreros.

4. Reducción paulatina del interés de capital (plusvalía), que con la implantación de la libre moneda en el comercio internacional se encamina a su desaparición total.

5. Aumento paulatino de los salarios hasta la completa desaparición de la plusvalía. En tanto, empero, la plusvalía resulte de la renta territorial, ella será absorbida por nuestra gran reforma de la propiedad del suelo (libre tierra).

6. El ahorro será más fácil:

• porque el interés pagado hasta entonces al capital queda suprimido;

• porque la producción y el intercambio de los bienes se desarrollarán sin obstáculos, es decir, ya no serán interrumpidos por depresiones económicas;

• porque los gastos comerciales que absorbía la producción bajarán a un tercio.

Conclusión:

Silvio Gesell “establece reglas claras para casi eliminar el pernicioso dinero de la faz de la tierra, Y decimos “que casi lo elimina”, porque lo cambia por otra libremoneda que aunque propone muchas restricciones para su uso, el hombre con su inagotable fuente de manipulación, falsificación, creatividad, etc. etc. seguramente el nuevo orden económico natural de Gesell sería rápidamente prostituido y reemplazado por otra cosa que no podemos ni imaginar. El mismo Gesell expresa “La libremoneda no suprimirá el dinero, mil veces maldecido, sino que lo ajustará a las necesidades bien entendidas de la economía.” Si bien, estamos de acuerdo con su teoría casi en su totalidad, consideramos que algunos de sus conceptos son muy idealizados, sobre todo los de “libre tierra”, haciéndolos por lo tanto, impracticables en las condiciones y circunstancias actuales.

Lo único cierto es que el dinero actual debe ser suprimido en un 100%, de una vez por todas, para que la humanidad perciba un alivio real tangible y permanente de todos los innumerables males que el dinero le ha inflingido desde su creación. Pero paciencia, pues más adelante en éste libro demostraremos que la teoría, de la Unión Mundial, establece un sistema plausible que elimina el razonamiento abstracto del dinero y convierte su sustitución en un razonamiento muy concreto.


 

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