BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales


DINERO - LA AUTODESTRUCCIÓN DEL SER HUMANO

Antonio Morales Berruecos y Edmundo Galindo González



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• Almas de Discreción

Suiza ha obtenido fama universal gracias a la puntería de su héroe nacional, Guillermo Tell, la belleza de sus paisajes, el sabor de sus chocolates y la exactitud de sus relojes. Y, sobre todas las cosas a la discreción de sus banqueros.

El prestigio que goza la banca helvética esta establecido desde hace largo tiempo; una tradición de siete siglos de antigüedad garantiza su seriedad y su seguridad. Pero fue durante la Segunda Guerra Mundial cuando se convirtió en el más fuerte poder financiero del planeta.

Fiel a su larga tradición de neutralidad, Suiza no tomó parte en la guerra- pero si vendió sus servicios, a un muy buen precio, a la Alemania Nazi. Un negocio brillante: Los bancos suizos convertían a monedas internacionales el oro que Hitler robaba de los países ocupados y de los judíos capturados, incluyendo los dientes de oro de aquellos que morían en las cámaras de gas en los campos de concentración. El oro entraba a Suiza sin ningún problema, mientras aquéllos perseguidos por los Nazis les eran devueltos a la frontera.

Bertolt Brecht dijo que era un crimen robar un banco, pero era un crimen mayor fundar uno. Hoy día, gracias a sus bancos, Suiza es el más importante centro de reciclaje de narco-dólares y el refugio mas seguro para el botín obtenido por dictadores, políticos ladrones y evasores de impuestos. Caminar en Zurích o Ginebra, se pisa sobre calles limpias de un país inmaculado, adonde ni una pizca de polvo ensucia el aire. Debajo de los resplandecientes pavimentos duermen los invisibles frutos del fraude, pillaje, drogas y tráfico de armas, transformados en barras de oro y en montañas de dinero.

Después de medio siglo de terminada la guerra, el secreto bancario continua siendo el motor que mueve la maquinaria de la prosperidad nacional. El dinero tiene el derecho de usar una máscara y vestirse llamativamente en un carnaval que dura todo el año, con el consentimiento de la mayoría de la población. Un plebiscito de 1984 propuso “restringir los abusos perpetrados por los bancos secretos: 73 por ciento de los ciudadanos suizos se declararon en contra de ello.” Gracias al secreto bancario, el dinero proveniente de drogas y otras escuálidas transacciones llega sucio y sale impoluto, sin ninguna culpa, tanto que ni la propiedad internacional o los mercados de valores se percatan de ello. No obstante lo complicado del proceso de captación, el lavado siempre mantiene su prueba con impecable eficiencia. En los años 1980s cuando Ronald Reagan era presidente de Estados Unidos, Zurich era el centro de operaciones de muchas transacciones laterales bajo la dirección del Coronel Oliver North. De acuerdo con John Ziegler, armas de EU llegarían a Irán, un país enemigo, y fueron pagadas con morfina y heroína; estas drogas serían después vendidas en Zurich y el dinero depositado ahí mismo. Este, subsecuentemente sería usado para financiar a mercenarios que bombardeaban cooperativas y escuelas en Nicaragua.

Ya fuese a las sombra de templos de altas columnas de mármol o de discretas capillas, los santuarios Suizos proporcionaban cobijo al dinero, sin importar de donde o de quien llegase; ellos evitaban preguntas y ofrecían misterio. Ferdinando Marcos, el déspota dictador de las Filipinas hasta 1986, mantenía entre $1,000 y $1,500 millones de dólares almacenados en 40 bancos Suizos. El cónsul general de las Filipinas en Zurich era una de las cabezas del Crédito Suizo. Doce años después de la caída de Marcos y muchos juicios y contra-juicios, el Tribunal Federal Suizo ordenó la devolución de $570 millones al Estado Filipino. Los fondos fueron detectados de documentos confiscados al dictador durante su exilio en Honolulu. Esto fue una excepción a las reglas; normalmente, el dinero delincuente desaparece sin dejar rastro. Los cirujanos de los bancos Suizos, cambian su nombre y se ocupan ellos mismos de inspirarle vida legal a su nueva y fantástica identidad.

Nada fue regresado del botín apropiado por los vampiros de Nicaragua, la dinastía Somoza. Casi nada apareció, y ni un centavo regresó, de las vastas sumas robadas por la dinastía Duvalier, quienes exprimieron hasta la última gota del pobre Haití y depositaron el dinero en pilas en los bancos de Ginebra. El dictador Joseph Mobutu solía viajar a Ginebra, escoltado por una larga flotilla de Mercedes a prueba de balas. Ahí el hombre que arranco entre $4,000 y $5,000 millones del Congo, mantenía juntas con sus banqueros. Después de la caída de Mobutu, solo se encontraron $6 millones. Moussa Traore dictador de Mali, desnató más de $1,000 millones: Los banqueros Suizos solo devolvieron $4 millones.

Los bancos Suizos eran el puerto final de los millones robados por algunos de los militares Argentinos, quienes aducían sacrificarse por la patria a pesar de ejercer la imposición de una dictadura desde 1976 en adelante. En 1998, una investigación judicial reveló la punta de ése iceberg: las cuentas eran mantenidas bajo los nombres de algunos de los militares que se sentían seguros de gozar de su propia impunidad. ¿Cuantos millones se han desvanecido en la niebla, custodiando éstas cuentas fantasmas?

Los costos erogados por proteger a la mafia Mexicana de la droga y a los políticos y gobernantes se desconocen, pero el río de dólares se dice fluye entre otros, al Citibank, The Union de Banque Suisse y al Societe de Banque Suisse. Cuanto podrá ser recuperado? El dinero flota entre las aguas mágicas del Lago Ginebra y se vuelve invisible.

Hay algunos que aprecian a Uruguay como la “Suiza de América”. Pero los uruguayos no se sienten halagados por éste homenaje. Aludirá a la vocación democrática del país o a las prácticas del secreto bancario? De algunos años a la fecha el secreto bancario ha estado convirtiendo a Uruguay en una caja fuerte con una vista al mar.

Conclusión;

Suiza, convertida en una mega bóveda blindada para almacenar dinero oro, joyas, obras de arte, diamantes y otras riquezas, por tiempo indefinido, bajo total seguridad y discreción, sin importar mucho quienes sean los depositarios, ni el origen real de las riquezas embovedadas, siempre y cuando se cumplan con los requisitos de admisión establecidos por la casa, ha disfrutado por muchísimo tiempo de uno de los pocos privilegios de la Europa de ayer de hoy y de siempre que es la paz y seguridad de sus fronteras. Las terribles guerras Europeas y de otros confines de la tierra no perturban a Suiza. Ni el terrible Hitler osó tocar a la sagrada Suiza, sino al contrario, la protegió y como sabemos hizo uso de la bóveda para guardar sus tesoros robados y empleó a sus discretos banqueros para que le prestaran otros servicios profesionales a la Alemania Nazi y a sus aliados. Más aún, a pesar de estos hechos delictuosos de todos conocidos, Suiza nunca ha sido castigada en ninguna forma, después de la segunda guerra mundial; otro privilegio que pocos países o personas aliadas o cómplices en alguna forma con el nazismo pueden alardear. Mucha discreción sin lugar a dudas, que continúa practicándose celosamente hasta nuestros días.

La seguridad es tan férrea que descendientes o posibles herederos o victimas de diversos despojos, cuyos capitales están en la bóveda, han intentado recuperarlos pero se les ha negado el paso o han intervenido sus expertos abogados para negociar con estos y acabar dándoles migajas, como fue el sonado caso de los judíos sobrevivientes o descendientes del holocausto.

Ahora bien, a la entrada de la Unión Mundial se aplicaran las normas señaladas para estos bienes. Mismos que serían sometidos al proceso de sustitución por recursos nuevos de la UM.

Todas las instalaciones del complejo de bancos, bóvedas, subterráneos etc. que comprenden la banca suiza pasaran al olvido pues se acabara la explotación de las riquezas humanas.

Los eventos anteriores marcarían el fin o el ocaso de uno de los escondrijos más famosos del escurridizo ¡dinero!, la bóveda Suiza; Y así sus discretos ex banqueros encontrarían trabajo fabricando relojes, chocolates, miniaturas de Guillermo Tell, como guías de turistas, guardianes de las fronteras y montañas, pintando paisajes, o trabajando para la Unión Mundial.

¡¡Todo esto hecho con la mayor de las discreciones, naturalmente!!


 

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