LA VEJEZ: UNA DISCRIMINACIÓN MÚLTIPLE

LA VEJEZ: UNA DISCRIMINACIÓN MÚLTIPLE

Francisco Bijarro Hernandez
Susana Virginia Mendiola Infante

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UNA TRIPLE DISCRIMINACIÓN, ANCIANIDAD, POBREZA Y ESTILO DE VIDA SEXUAL

Recién se inician las líneas de conocimiento que han alcanzado en poco tiempo una bibliografía tan amplia como el de la vejez. Basta echar un vistazo a cualquier biblioteca o centro de documentación especializado en temas sociales o demográficos para comprobar que los informes, estudios o libros sobre las personas mayores de 60 años ocupan una parte importantísima de las investigaciones en los últimos años. Sin embargo, de manera inversamente proporcional a esta ingente cantidad de estudios, la presencia real y la influencia de las personas mayores en la cultura actual es prácticamente inexistente. Y su importancia política, cultural o social disminuye rápidamente. La vejez no es considerada socialmente como lo que verdaderamente es: un éxito; uno de los hechos más positivos de los últimos tiempos ya que, en realidad, se ha conseguido democratizar la esperanza de vida y que cualquier español al nacer tenga ante sí una esperanza de vida semejante independientemente del medio social en el que nazca. Y sin embargo, en lugar celebrar ese éxito que nos iguala, y aunque cada vez se vive más tiempo, parece que las personas mayores molestan y que nada está preparado para ellos. Es el de los viejos un tema que interesa a los investigadores y a los políticos -que nunca se olviden de hacer trucos electorales a los votantes de esa edad-, pero no al resto de los ciudadanos, o a la cultura, que ha instaurado una especie de "amnesia" social que nos hace pensar que nunca vamos a llegar a viejos.

Los índices de adultos mayores como lo venimos comentando esta aumentando constantemente, en algunos países la esperanza de vida van en aumento y se considera que crecerá aun más en los próximos debido la reducción imparable de la tasa de natalidad. Hoy por ejemplo en promedio de acuerdo con la ONU los adulto mayores representan el 16.75% de la población En este cuadro pueden verse no solo el actual porcentaje de personas mayores de 65, sino el ritmo de crecimiento de éste a lo largo del siglo. En todo caso, en estos últimos años se ha producido una novedad histórica espectacular: el número de mayores es hoy superior al de menores. (Wallace, 222)

Hoy en día el grupo senil toma importancia dentro en algunos sectores poblacionales. En los últimos años escuchamos hablar, cada vez con mayor frecuencia, de que el sistema publico de pensiones, en definitiva lo que permite que la población anciana de un país pueda vivir con tranquilidad y dignidad los últimos años de sus vidas, amenaza quiebra, lo que significaría, a corto o largo plazo, la desaparición del sistema publico del bienestar y su correspondiente consecuencia: que sobre las familias volvería a recaer la responsabilidad entera del cuidado y mantenimiento de los ancianos. Sea así o no, lo que es evidente es que el gasto publico dedicado a la vejez, especialmente a las pensiones de jubilación, es uno de los principales gastos que hace el estado, lo que hace que el continuo aumento de este sector de la población ponga en guardia a los que predicen un colapso financiero causado por el envejecimiento demográfico. “La existencia de tantos adultos mayores (o de tan pocos jóvenes), se ha convertido en una cuestión política de primer orden, no sólo por la cuestión, que nos afecta a todos, de la supervivencia del estado del bienestar, sino también porque cada vez hay más votantes de esa edad, lo que hace que sea difícil para los políticos ignorarles totalmente” (Tilly , 142). De hecho, hay quien opina que el creciente peso electoral de los ancianos en EE.UU. terminará convirtiendo a los ancianos en lo que se ha llamado un lobby gris.

Para Young, et al., (1992) el escenario de los adultos mayores, ya casi en cualquier parte de los países de América y Europa -por citar algunos- es así, está muy lejos de constituir ese "lobby gris" que denuncian algunos analistas seguramente ultraliberales. La realidad es que los adultos mayores son personas a las que les resulta difícil organizarse y protestar, aparte de que, y esto es fundamental, sus protestas no pueden en ningún caso ser amenazantes, ya que no pueden hacer huelga ni disponen de ningún poder con el que coaccionar al estado. En cuanto a la fuerza de sus votos ésta es también relativa, ya que las democracias occidentales están derivando hacia sistemas en los que el número de votantes es cada vez menos importante y podríamos llegar a un sistema en el que el número de personas que se abstienen en una votación pueda ser superior al de votantes, sin que se de a esa abstención ningún significado político.

El argumento de Ferigla (1998) indica que debido a su poco peso político y social, pero con una enorme dependencia del Estado, los adultos mayores se han convertido de alguna manera en los "rehenes" del Estado del Bienestar, de manera que es ahí en donde los “benefactores” cifran la supervivencia o la quiebra del mismo. Mientras se paguen las pensiones parece que el Estado del Bienestar subsiste, cuando se dejen de pagar habrá quebrado. “Los diferentes partidos negocian soluciones para los ancianos pero sin tenerles a ellos en cuenta, sin escuchar sus demandas o sus preocupaciones, sin que se indague sobre sus auténticas necesidades” (Serra, 151). En todo caso, como legitimadores de la negociación, los informes sobre la ancianidad se suceden; hay publicados cientos de informes sobre la vejez y teniendo en cuenta casi todas las variables posibles.

Por no llamarlo de manera universal, porque de todos los informes oficiales, financiados por instituciones públicas ninguno, absolutamente ninguno, hace referencia al tema de la orientación sexual en la vejez, siendo precisamente éste un periodo de la vida en el que la orientación sexual puede convertirse en un factor que influya enormemente en la calidad de vida. La asunción de que orientación sexual es igual a sexualidad debe pesar en este olvido que trae consecuencias muy graves.

La sociedad reconoce a las personas que están en edad productiva y son de beneficio para el desarrollo socioeconómico del entorno y goza de alguna manera una autonomía social. Pero esta autonomía se les niega a los ancianos, a aquellos que han superado la edad productiva, que son vistos como niños: con sus derechos mermados, en manos de otros, inactivos sexualmente, sin deseos propios. Esta sociedad muestra una imparable tendencia a negar el carácter de personas a los viejos, a considerarlos cercanos a los niños. Es triste reconocerlo pero con esta serie de estigmas el anciano va perdiendo su voz y voto. (Miguel, 311)

El bienestar de los ancianos, en todo caso, queda como responsabilidad de los demás, de la sociedad en su conjunto, del Estado o de la familia, como reivindicación de los demás para ellos, y sus deseos se escuchan por boca de otros y no de ellos mismos. La desesperanza económica es un indicador que los coloca en una vulnerabilidad mayor. La pobreza es una amenaza real para las personas mayores de 60 años. Es más probable que uno sea pobre si es viejo que si es joven, si es mujer que si es hombre. Sin embargo, las estimaciones oficiales y la manera de definir la pobreza que hacen los organismos oficiales, sirven en realidad para subestimar el problema. La pobreza es considerada siempre una condición objetiva que se define por los bajos ingresos familiares, relacionada con un conjunto de problemas que normalmente aparecen simultáneamente, o como consecuencia de una escasa capacidad económica. Sin embargo, existe también la llamada pobreza subjetiva que es la forma en que la situación objetiva es valorada por las propias personas que la sufren. La pobreza objetiva y subjetiva no siempre coinciden. En el caso de los adultos mayores, la pobreza subjetiva es mucho mayor que la pobreza objetiva. Esto quiere decir que la pobreza que sufren la mayoría de los ancianos es un tipo de pobreza que no genera alarma social y que por tanto no enciende las luces de aviso de los políticos, de los programas sociales, ni del resto de la sociedad. Es decir, muchos ancianos se sienten pobres, pero la sociedad puede no percibirlos así. Normalmente o tienen ya pagada su casa o viven en residencias, lo cual hace que tengan solucionado uno de los problemas que más alarma social genera: la falta de vivienda, y uno de los capítulos que ocupa una parte importante de la renta de las personas en edad laboral. Teniendo techo parece que el resto de las cosas son menos importantes, no importa que la pensión apenas de para vivir, no importa que no tengan apenas dinero para nada que no sea absolutamente la pura subsistencia. La consideración social del adulto mayor como alguien que se tiene que limitar a sobrevivir favorece esta visión que no es privativa de las personas no especialistas, sino incluso de investigadores, como podemos apreciar en algunos informes.

Sostiene Sassen (1998) que el constaste es real muchos adulto mayores actualmente a pesar de tener grandes avances en otras materia viven en condiciones desfavorecidas, en pocas palabras muchos rozan los niveles de pobreza. Sin embargo, en muchas ocasiones esta pobreza ni siquiera es considerada tal pues a esto contribuye esa visión limitada de la ancianidad en la que los adultos mayores son considerados personas con menos necesidades que los jóvenes y necesitados, por tanto, de menos recursos. En parte, el desinterés por la pobreza de los ancianos se debe a que no genera alarma social: es una pobreza invisible, apenas se ve. La pobreza de los adultos mayores es más bien conocida como "precariedad social" en tanto que no es visible y consiste en disponer de poco dinero y tener pocas o nulas esperanzas de poder disponer alguna vez de más. Consiste en tener siempre lo justo para sobrevivir cada día. Pero en cambio, los adultos mayores son personas que disponen de mucho tiempo libre, con lo que la sensación de precariedad y de falta de esperanza puede convertir sus últimos años en un periodo vivido siempre al borde la angustia económica. Por eso, a pesar de que, en ocasiones, hay más pobreza absoluta en una edad anterior, la sensación subjetiva suele ser peor en la ancianidad, cuando se tiene la certeza de que la situación no puede mejorar y cuando, además, gozar de un cierto bienestar material es muy importante. Por tanto, como en múltiples ocasiones ha mencionado diversass organizaciones, las cifras objetivas de distribución de la pobreza no dan idea real de la situación ni muestran la pobreza subjetiva, la sensación de pobreza.

Sastre (2001) sostiene que depender de un núcleo familiar es monotonía de los 365 días del año, está claro que se sigue considerando que estas personas tienen que ser cuidados por aquella dada la escasez de espacios en instituciones públicas especializadas. Cierto que la escasez de de espacios no tiene por qué corresponderse, a esa edad de 60 años en la que los ancianos son todavía perfectamente válidos, con ancianos desvalidos o abandonados, puesto que, cada vez más, los ancianos prefieren residir en sus propias casas. Lo que es cierto es que, llegados a una cierta edad, las personas mayores que residen solas, necesitan algún tipo de ayuda o, por lo menos, que alguna otra persona se preocupe por su existencia.

Es necesario que esta inquietud su una a otras y así tomar las medidas de acción pertinentes. Hasta aquí hemos descrito la situación de las personas que son ancianas o muy ancianas en este momento preciso, pero la situación económica de la vejez puede cambiar radicalmente. Los ancianos que vienen puede que no tengan los mismos problemas económicos. Si bien ser adulto mayor elevará siempre el nivel de desamparo económico en tanto que los ingresos que se reciban por pensión (sea esta la que sea) no pueden a esa edad incrementarse de ninguna forma con otros ingresos, es cierto que para los nacidos a partir de 1946, es decir para los que estén en este momento llegando a la edad de jubilación la situación será distinta. Tiene que ver con la esperanza de vida de los nacidos antes de esa fecha, con la esperanza de llegar a muy anciano, con la alfabetización de aquellos años, con el tipo de trabajo, con los movimientos civiles con la edad de los padres etc. Por tanto, hay que hacer una diferenciación entre las generaciones más ancianas y las jubiladas recientemente en cuanto a niveles de renta y bienestar. En todo caso, lo que es cierto es que sigue siendo la familia la que carga con la mayor parte del esfuerzo de cuidar a sus miembros dependientes, y los que nunca tuvieron o perdieron esa red de apoyos familiares se ven abocados a situaciones de desamparo total en muchas ocasiones. Esta variable tiene mucho que ver con el hecho de que la persona sea gay, lesbiana o transexual, como veremos. Para concluir, y enlazar con la ancianidad de las personas gays y lesbianas. La vejez ha irrumpido definitivamente como etapa importante, prolongada y generalizada en la vida de las personas, y existe una manera óptima de que no se convierta en penuria y desprotección. Consiste, simplemente, en permitir que quienes están naciendo hoy tengan las oportunidades y condiciones para acumular conocimientos y formación, recursos y patrimonio, relaciones sociales y familiares, todo aquello que, tras una vida libre de grandes catástrofes y sobresaltos, conduce a una primera vejez que no necesita de más asistencia ni protección que la que corresponde por derecho a cualquier ciudadano. La pregunta que nosotros nos hacemos es si la vida que han vivido gays y lesbianas les ha permitido y les va a permitir en adelante tener las oportunidades y las condiciones necesarias para llevar adelante una vida libre de catástrofes y sobresaltos con las necesarias relaciones sociales y familiares que son necesarias para vivir una buena vejez.

Sostiene Habermas (2000) que no solo la discriminación económica es única, existen otras ya conocidas. Es sobre todo, y esta es la base de todas las discriminaciones, cultural y social. Ser viejo ya no está bien visto. Mucha gente explica esta discriminación diciendo que es “ley de vida”, que lo joven y atractivo es siempre más valorado que lo viejo y que es normal que guste más un cuerpo joven que uno anciano. Esta explicación tranquilizadora se extiende cada vez más. Independientemente de que aunque fuera así, habría que combatir esta situación simplemente porque es injusta, estas personas olvidan que lo que es o no atractivo no es sino algo que decide una cultura determinada. Depende de la consideración social y cultural que se otorgue a unas personas el que sean percibidas de manera atractiva o no. Por tanto, es algo que depende de nosotros. Pensar lo contrario es un intento de “naturalizar” la discriminación social que sufren estas personas, y gays, lesbianas y transexuales deberían ser especialmente críticos con estos intentos, que por otra parte recogen argumentos que se han aplicado en múltiples ocasiones contra este sector. Lo joven no es más atractivo que lo viejo, depende de los valores que se impongan sobre esos dos hechos biológicos que, de por sí, no tienen mayor significado que ese, el temor a edad adulta se debe por nuestro propio concepto de ella

Son mucho los espacio en donde aun los anciano son considerados con respeto y, por tanto, han resultado atractivos a la mayoría de las personas. Es una errónea proyección de circunstancias posteriores y especiales el creer que la juventud es valorada en todas las sociedades. Por el contrario, los etnólogos han demostrado que la adolescencia sólo existe como periodo socialmente reconocido en las sociedades modernas y en alguna sociedad tradicional. (Lewis, et al., 283)

Caso real, muchos hombres mayores resultan atractivos para la mayoría de las mujeres heterosexuales al estar socialmente -por ser hombres, por ser ricos, por ser poderosos o por estar muy respetados en algún campo específico- muy valorados. Así mismo, muchas lesbianas mayores son consideradas atractivas para otras lesbianas al estar las mujeres socializadas en no tener en tanta consideración la edad al elegir a sus parejas.

La cultura de la marginación es producto de poco consumo del adulto mayor. Debido a que al llegar a la vejez la mayoría de la gente, por razones obvias, consume menos, los ancianos no son objeto preciado para una sociedad que ve en las personas únicamente a consumidores potenciales. Las pensiones no dan para mucho y el cuerpo y la salud puedo no seguir el ritmo consumista de los jóvenes. Teniendo esto en cuenta, los ancianos no interesan y por tanto, esa máquina de crear estereotipos sociales que es la publicidad, los deja de lado. Los grandes negocios del siglo XXI tienen que ver con la juventud. Sólo lo joven vende, sólo lo joven existe y es atractivo. En la cultura del ocio y del consumo estas personas no tienen espacio. (Serra, et al., 157)

La discriminación social, como hemos visto, es una constante en la sociedad actual y no es, desde luego, un problema que afecta únicamente a gays, lesbianas y transexuales. Sin embargo, dada la situación de discriminación social en la que se sitúan los gays por una parte y dadas también algunas características que ha desarrollado en los últimos años la subcultura gay, la marginación de las personas gays se puede hacer extrema en la vejez. No decimos gays y lesbianas porque la vejez de las lesbianas difiere en muchos sentidos de la vejez de los gays, y difiere para mejor, como explicaremos. La vejez de las personas transexuales tiene también características propias y especialmente discriminatorias.

Desde cualquier enfoque, el tema de la vejez de los gays es un tema relativamente nuevo que ha comenzado a aflorar ahora. Es ahora cuando está llegando a la vejez la primera generación que, si bien en su juventud no pudo salir del armario dadas las circunstancias sociales y políticas de algunos sitios, si lo pudo hacer en su madurez. Por otra parte, en países como EE.UU. donde la lucha por los derechos de gays, lesbianas y transexuales ya cuenta con cuarenta años de historia, sí que existe ya una generación entera de personas que, después de vivir más de la mitad de su vida como gays, se encuentran llegando ahora a la edad del retiro laboral.

Como parte de la situaciones y presiones sociales, a favor de "olvidar" este asunto de la vejez y debido, como hemos mencionado a que hasta ahora no ha existido entre nosotros una población mayor, en alguno países aun no han desarrollado tipo de política relacionada con la tercera edad de gays, lesbianas y transexuales. Seguramente, el movimiento ha estado tan preocupado por solucionar problemas inmediatos de aceptación, de discriminación, de igualdad legal, de salud, que hemos descuidado una realidad que nos afectará a todos más que ninguna otra. El número de gays y lesbianas mayores va a incrementarse en los próximos años al mismo ritmo que crece el número de personas de la tercera edad en una sociedad cada vez más envejecida. Olvidar lo que puede padecer esa población en el futuro es un suicidio, todos vamos a ser viejos. Y cuanto más vulnerable es un sector de la población, más se padece y se acentúa esa vulnerabilidad en el momento de la vejez.

Este sector poblacional específico se enfrenta varios problemas y de discriminaciones específicas ligadas a cada edad de su vida, siendo las más importantes las que se sufren en la niñez-adolescencia y en la vejez. Sin embargo, la vivencia de la homosexualidad en la niñez y en la adolescencia es cada vez menos un tabú y es, además, algo que las asociaciones de defensa de los derechos de gays y lesbianas encaran cada vez con mayor energía. En los próximos años, y más cuanto más nos acerquemos a la consecución de la plena igualdad legal, el tema de la defensa de los adolescentes gays puede convertirse en el gran tema de las asociaciones. (Tilly, 199)

Es importante reiterar que las asociaciones de defensa de los derechos de los gays no se han ocupado todavía del asunto por viarias circunstancias:

 Es importante reiterar que poca gente se acepta públicamente como gay o lesbiana en la vejez. La comunidad gay que vivía fuera del armario, a la única que se puede llegar desde las asociaciones, es hasta ahora una comunidad joven. Eso está ya cambiando.

 El ser gay es muy vulnerable como cualquiera a los mitos sociales de la vejez y de la juventud y a sus prejuicios. Existe un prejuicio contra la vejez en la sociedad general.

 Dentro de comunidad se gay se construidos una subcultura especialmente ligada a la eterna juventud en la que el adulto mayor no tiene espacio.

 Su mecanismo de interrelación tiene diferentes premisas: vejez/juventud; homosexual/heterosexual, queremos hacer notar lo siguiente:

 El concepto de vejez no existe. A esta sociedad no le gustan los viejos y cada vez existen más prejuicios antivejez. Esta es una sociedad volcada enteramente en negar la evidencia de que los seres humanos envejecemos. Es una sociedad que ha creado un enorme mercado en torno a todo lo que sea evitar o disimular el envejecimiento. Y al contrario, todo lo que tenga que ver con la juventud es aceptado, presentado como deseable; la vejez provoca repulsión. Lo mejor que le puede pasar a la vejez es no existir.

 Es un sector que solo relaciona la actividad sexual con juventud. El sexo en la vejez no se imagina y, cuando se hace, provoca repulsión. La razón es que el sexo ha pasado a ser un producto más del mercado y, como tal, se le ha asociado a la juventud; ambas cosas se complementan y se venden a la vez. Se vende la juventud porque es deseable sexualmente, se vende el sexo porque está ligado a la juventud.

 La homosexualidad, en una sociedad heterosexista, continúa siendo algo meramente sexual por lo que es perfectamente imaginable un joven gay, pero esa misma persona, con los años, deja de ser gay para pasar a ser un viejo, alguien sin sexo. Si los gays son sexo, de ahí se sigue que en la vejez (cuando se les supone sin sexo) su orientación sexual pase a ser un dato irrelevante, a desaparecer. Tan sólo persiste la figura del viejo pederasta que persigue a los niños, una de las figuras más denigradas de la cultura actual y que está, además, de plena actualidad.

La lucha del movimiento gay-lésbico en los últimos años ha conseguido que la sociedad pueda imaginar, tolerar o aceptar a un gay o una lesbiana jóvenes, pero no sucede lo mismo con los adultos en plenitud. Si ni siquiera cuida y protege adecuadamente a los viejos heterosexuales, que son de los suyos, cómo se puede esperar que cuide de los viejos gays, lesbianas y transexuales. Y esa realidad, la de que en la vejez da lo mismo que uno sea o no gay, lesbiana o transexual, nos la hemos creído nosotros mismos.

De acuerdo con Bourdieu (2000) los paradigmas asignados a la homosexualidad afectan especialmente a los ancianos que no podrán rebelarse contra ellos, y además, mientras que los jóvenes hemos luchado contra esos estereotipos y conseguido en parte cambiarlos, los estereotipos que se refieren a los viejos GLBT (grupo lebisco-gay, bisexual y transexual), muchas veces estamos más que dispuestos a aceptarlos. Así, no son pocos los jóvenes GLBT que están convencidos de que los viejos GLBT terminarán sus días solos y aislados. Otro estereotipo que ha calado muy hondo es el de que los viejos están más armarizados que los jóvenes, debido a que en la vejez se es más conservador o se es más cobarde. La realidad y numerosos estudios demuestran que ambos estereotipos son falsos. Las personas ancianas GLBT ponen en práctica y viven hasta el final una manera distinta de relacionarse, tanto sexual, como amistosamente. Las personas GLBT podemos pensar con orgullo que hemos inventado nuevas formas de relación entre las personas que contribuyen a enriquecer las opciones posibles. Muchos ancianos GLBT viven con sus compañeros en la vejez; muchos prefieren vivir independientes en sus propios hogares, pero manteniendo relaciones sexuales y amorosas con un compañero o con varios; muchos ancianos crean redes de amistad que terminan convirtiéndose en una auténtica familia y que pueden ser fuente de enormes satisfacciones.

Un segundo estigma social, también se ha demostrado falso. Es más, es fácil que ocurra lo contrario. En la vejez mucha gente pierde el miedo y sale del armario. A esa edad ya no importa lo que piense la familia, ni lo que piensen en el trabajo, nadie nos va a despedir. En contra de la opinión mayoritaria, muchos ancianos gays y lesbianas que tienen la oportunidad de conocer las asociaciones y de conocer el trabajo que realizan en pro de la igualdad los activistas más jóvenes, salen del armario después de toda la vida en él. Pero esas personas son aquellas que disponen de recursos para mantenerse, son independientes y tienen la subsistencia asegurada. Por el contrario, entre las personas más vulnerables económica y socialmente lo que se da es el caso contrario; personas que después de toda una vida fuera del armario, se ven obligadas, en su vejez, a armarizarse de nuevo. Las discriminaciones se sienten especialmente en esta edad, y es una de las razones de que estos años puedan llegar a convertirse en una pesadilla para las personas GLBT. Los estereotipos son falsos, lo que es verdadero es que la discriminación y la presión social a esa edad pueden resultar tan insoportables que parezca que los estereotipos pueden llegar a parecernos ciertos.

Diversos especialistas afirman que debido a la presión del entorno gay y como especificidad de la cultura gay, los gays sufren lo que se ha llamado "envejecimiento acelerado". Esto es, los gays se sienten viejos mucho antes que sus pares heterosexuales. Es corriente que mientras que un heterosexual diga que es joven a los 40, un gay diga que ya es viejo. Este fenómeno es una de las pruebas más evidentes de que existe una fobia a la edad que se da especialmente en el entorno gay. La mayoría de las lesbianas, por el contrario, llegan a la edad madura o anciana con una sensación de libertad que no han conocido en su juventud. La diferente situación que ocupan mujeres y hombres en esta sociedad provoca que la edad quite a los hombres lo que da por fin a las mujeres. (Silva, 301)

A pesar de todas estas particularidades vistas y de la presión existente algunos investigadores sugieren que los gays están más preparados para asumir la vejez que los heterosexuales. Estos estudios afirman que debido a las muchas dificultades por las que atraviesan los gays durante su vida, al dolor que se les inflige, a la homofobia, las personas homosexuales desarrollan unas habilidades mayores ante los múltiples desafíos de la edad; y más aun teniendo en cuenta que la discriminación por la edad también la padecen las personas heterosexuales. Se afirma que los gays están más preparados para la edad avanzada porque están acostumbrados a asumir la responsabilidad sobre sus propias necesidades más temprano en la vida que muchos heterosexuales casados. Así mismo sugiere este investigador que los gays estarían mejor preparados para vivir los cambios de los ciclos vitales de manera menos traumática.

Es muy importante mencionar de los gays y lesbianas que están llegando a ancianos es que dada la época en que vivieron su juventud, es bastante alto el porcentaje de personas que han estado casadas, especialmente las lesbianas, para quienes era mucho más difícil “escapar” de un matrimonio que hace muy poco tiempo era casi obligatorio para las mujeres. Además, el matrimonio ha sido desde siempre una manera efectiva para ocultar la orientación sexual cuando no se quiere que ésta sea conocida. Los solteros son siempre más sospechosos que los casados. Así, dependiendo de los países y de la época la cifra de casados puede ser de hasta el 40% de la población homosexual. Por lo mismo, muchas de estas personas, más mujeres que hombres, tuvieron hijos. Increíblemente apenas hay estudios acerca de las relaciones que mantienen estas personas con sus hijos ya adultos, ni de si el hecho de haber estado casados tiene alguna influencia en su vejez. Los estudios que se hacen acerca de hijos de padres gays y madres lesbianas suelen referirse a hijos niños o adolescentes y contempla variantes tales como su integración escolar o familiar o el grado de idoneidad de los padres. Todos estos estudios ignoran que gays y lesbianas tienen y han tenido hijos desde hace mucho. (Idem, 315-316)

La vida encierra un conjunto de altibajos, en ocasiones de triunfo y otros de derrota, que hacen al sujeto una vulnerabilidad, y la vejez es una de ellas, cuando el hecho de sumar una orientación sexual o una identidad de género distinta a la de la mayoría puede revertir gravemente en la calidad de vida de estas personas, incluso en personas cuya calidad de vida, mientras se mantenían en edad laboral no era mala o era buena. Nadie necesita más servicios, atención y ayuda que los ancianos gays. Más que los adolescentes, que tienen toda la vida por delante, más que los jóvenes que, afortunadamente, van disponiendo de estrategias de superación de las discriminaciones. Estos servicios atención y ayuda no los van a encontrar en una sociedad que tiene que cambiar mucho todavía para aceptar a este sector de la población. Y estos servicios no los encuentran todavía en unas asociaciones inmersas en la cultura gay de culto a la juventud.

No solo se trata de cuantificar el problemas, sino afrontarlos con las medidas pertinentes, en puridad, no sería importante porque bastaría una sola persona que viviera fuertemente discriminada para que en justicia hubiera que tratar de remediar esa discriminación, la realidad es que las cifras, al final, tienen más importancia de la que parecen. Por una parte, las cifras son, en muchas ocasiones, lo único que se recuerda de un estudio o de un artículo. De hecho, es siempre por las cifras por lo primero que preguntan los periodistas que llaman a las asociaciones pidiendo cualquier tipo de información. Por otro lado, es evidente que a la hora de hacer presión política o social, no es lo mismo ser muchos que pocos.

Estudio como el Alfred Kinsey, referido por Young (1992) indican que, aunque antiguos, parecen todavía los más fiables. Estos dan unas cifras para la población homosexual de entre el 8 y el 10%. Kinsey demostró que el 37% de los hombres y el 20% de las mujeres habían tenido al menos una experiencia sexual satisfactoria con alguien de su mismo sexo desde la pubertad; el 13% de los hombres y el 7% de las mujeres habían tenido más experiencias sexuales homosexuales que heterosexuales.

Por Lógica no es el con exactitud de adultos mayores que se declaran gays o lesbianas. Ese número es muy inferior todavía, aunque es de esperar que según va pasando el tiempo el número de las personas que declaran su orientación sexual vaya creciendo. Ahora nos encontramos en ese momento en el que la primera generación de personas GLBT llegan a la jubilación.

Es imposible predecir donde se encuentra loas adultos mayores gays Y no sabemos dónde están porque tampoco les hemos visto en las asociaciones que sería, en teoría, un lugar mucho más accesible y benevolente para ellos que el ambiente o que la sociedad heterosexual. No salen a los lugares de ambiente porque los lugares de ambiente no sólo nos les acogen sino que les expulsan. Se les expulsa literalmente, ya que hay locales de moda en donde, sin ninguna duda, tendrán la entrada vedada. Muchos de ellos ya han experimentado alguna vez la sensación de que les insulten por la calle de un barrio gay como Chueca o que les nieguen la entrada de algún local. Cuando entramos en un colectivo y nos encontramos con que está lleno de jóvenes es perfectamente lícito preguntarnos dónde están esas personas que tienen ahora más de 65 años, y más aun cuando sabemos que muchos de ellos estarán solos y tendrán múltiples problemas relacionados con su orientación sexual.

Aun estamos a años luz de que la administración considere que los ancianos gays, lesbianas o transexuales pueden tener unas necesidades diferentes o específicas. La vejez gay está tan oculta y silenciada que ni siquiera un sólo caso que refleje esta problemática ha saltado a los medios de comunicación, tan ávidos por otra parte de historias morbosas. No es, desde luego, porque estas historias no existan. Basta rascar un poco en la brillante superficie del "ambiente" para encontrar historias que reflejan la desesperación de estas personas.

De la misma forma que el heterosexismo invisibiliza cualquier realidad no heterosexual y tiene consecuencias muy graves en las vidas de aquellas personas no heterosexuales, el edadismo (o edadfobia, o adultismo) tiene también consecuencias muy graves, que luego mostraremos, en las vidas, en la salud, en la seguridad de los ancianos gays. Pero además, en ningún caso los ancianos gays se van a convertir en un lobby electoral. Sus necesidades nunca van a ser objeto de transacción electoral. Es más, puede que ni siquiera, dada la edad que tienen, los niveles de "armarización" en los que han vivido, las dificultades cotidianas de vivir una orientación sexual en la vejez, sus demandas lleguen a ser no ya exigidas, sino siquiera conocidas. A no ser que se ocupen los colectivos de prestarles la ayuda necesaria, parece difícil que ellos mismos, por sí solos, se constituyan en un cuerpo reivindicativo.

Sostiene Bourdieu (2000) si estimamos "homosexualidad visible" como una medida del índice de aceptación, veremos que comienzan a existir un gran número de jóvenes que viven desde muy pronto fuera del armario. No en el colegio todavía, por supuesto, pero sí en cuanto alcanzan una cierta autonomía social. Vemos, por el contrario, como aquellas personas que han llegado a la vejez fuera del armario, se encuentran con que al llegar a una edad "respetable" su homosexualidad deja de ser nombrada, como si ya no importara, como si se hubiera difuminado. Los ancianos apenas tienen modelos sociales de gays que vivan su homosexualidad en la vejez con dignidad y abiertamente. No es extraño desde luego que una administración que apenas da a los ciudadanos ancianos lo justo para malvivir no se ocupe de aquellos que tienen unas necesidades específicas, pero sí lo es que desde las asociaciones se ignore el problema.

Anteriormente ser homosexual era un castigo institucional principalmente en los gobiernos conservadores, hoy día se presenta de igual forma este acto pero de manera mas elegante. Los gays y lesbianas que han podido vivir siempre en libertad su orientación sexual, se la deben a los adultos mayores gays el reconocimiento que se debe a aquellas personas que han sido perseguidas injustamente y que son nuestro pasado y nuestra historia. Aquí no se les ha reconocido nada y, por el contrario, se les ha ignorado y se les continua ignorando. No hay nadie en esta sociedad tan invisible como anciano gay. Son invisibles no sólo para el heterosexismo institucionalizado, sino que tampoco cuentan para la agenda política de los colectivos que se supone que luchan por los derechos de todos. Se tiene que convenir que no se esta luchando por los derechos de todos, sino de sólo una parte de ellos. (Feriggla, 300)

Sabemos que hubo gays que fueron detenidos pero, sobre todo, sabemos que la represión era tan grande que quizá no hacía falta la detención efectiva. El terror imperaba. Esos gays, lesbianas y transexuales están vivos, han sufrido una vida de persecución y represión, merecen un reconocimiento por nuestra parte. Sin embargo no se ha hecho nada por recuperar el pasado y sus vidas expropiadas, no se ha hecho nada por atraerles hacia los colectivos, no hemos mostrado ningún interés por la represión franquista. Los adultos mayores gays, lesbianas y transexuales siguen ahí, la mayoría escondidos, la mayoría ocultando tragedias personales. Es necesario crear una iniciativa en donde recuperen su memoria y en espera que tengan consecuencias, como, por ejemplo, abrir una vía para que estas personas se acerquen a las asociaciones. Pero mientras mal que bien se ha ido consiguiendo un reconocimiento de los presos que por hecho de expresar sus inconformidades era reprimidos, el reconocimiento a los presos gays y transexuales camina mucho más lentamente.

Las iniciativas antes descritas pretenden rescatar la memoria y rehabilitar a los que sufrieron persecución por esa causa. Sin embargo, encontrarse con ellos es muy difícil, porque como puso de manifiesto, la mayoría de ellos no quiere hablar.

Se manejan versiones que los homosexuales eran tanto “enfermos” como “pecadores” pero en sus primeros años, no se preocupó excesivamente por reprimirlos. Sólo al final, cuando aumentó la visibilidad gay, el homosexual pasa a ser un “peligro social”. Es logico que los años 60 y 70 cuando se produjo la mayor represión, es por lo que muchos de los que la sufrieron están todavía vivos, y muchos de ellos no son todavía ancianos.

Seria un error predecir con exactitud los condenados a nivel nacional e internacional condenados y son esos hombres y mujeres gays, lesbianas y transexuales, muchos de ellos ancianos, los que todavía no se han liberado del sentimiento de vergüenza, culpa e inferioridad moral. O, en todo caso, no les ha llegado, por parte del movimiento gay organizado ninguna propuesta que les haya interesado lo suficiente como acercarse a las organizaciones.

Sostiene Tilly (2000) Es necesario tener en cuenta que las diferencias de clase, también entre las personas GLBT, no es extraño que algunos gays de alto poder económico y social se refirieran a aquellas épocas como una buena época. La represión recaía sólo sobre los gays de clase obrera o bajo poder económico; al igual que, en su vejez, las personas de alto poder adquisitivo tendrán acceso a unos servicios y gozarán de una situación que no podrá considerarse opresiva. La cuestión de la clase social, por tanto, es también un factor a tener en cuenta. Y en esto, como en todo, son las personas más desfavorecidas las que resultarán más discriminadas, las que conocerán situaciones más dramáticas y para aquellas para quienes debemos pedir que el Estado supla esas carencias.

Un mundo capitalista cada vez más deshumanizado consagra el principio de que el bienestar de los ancianos depende de ellos mismos, de que hayan conseguido los medios suficientes como para labrarse una vejez sin sobresaltos. Si no es así, entonces es la familia la responsable de la ancianidad. Este es un modelo discutible desde el punto de vista político o social, pero de lo que no cabe duda es que es un modelo heterosexista que no sirve a los ancianos GLBT, que han edificado sus vidas alrededor de otro tipo de relaciones y que han construido un modelo diferente de familias que el estado se niega a reconocer como legítimas. El estado ofrece poco a los ancianos pero lo que ofrece son programas sociales pensados para adultos mayores heterosexuales y que pueden ser nada efectivos o irrelevantes para los ancianos gays.

Los adultos mayores GLBT viven en un contexto social heterosexista y, aunque éste se ha relajado algo en los últimos años, para las personas que han llegado ahora a la ancianidad el heterosexismo ha sido una presencia constante y muy importante en sus vidas; de hecho, las ha determinado; la mayoría de estas personas viven aun condicionadas por un heterosexismo militante que se ha suavizado sólo un poco para los más jóvenes. “La existencia del heterosexismo es el factor fundamental que va a condicionar las vidas de gays y lesbianas”. (Idem, 167) Éste mecanismo ideológico supone la estigmatización, la negación, el desprecio de cualquier forma de comportamiento o de identidad no heterosexual. Supondrá ocultamiento de sí mismo, vergüenza y, en todo caso, la siempre omnipresente posibilidad de ser injuriado. Supondrá la discriminación económica, la discriminación legal y social, la pervivencia de los prejuicios y, en su caso más extremo, la violencia física.

La historia de vida de los adultos mayores gays ha estado condicionada por estas circunstancias y lo va a estar mucho más en la vejez, a merced entonces de dos sistemas de prejuicios: los prejuicios contra las personas GLBT los prejuicios contra los ancianos, como vimos en la primera parte. Esto quiere decir que, en un momento de la vida en el que estas personas son especialmente débiles y vulnerables, van a acumular sobre sus personas varias marcas de discriminación, incluyendo la propia discriminación que sufrirán las personas de edad dentro de la comunidad gay.

Los adultos mayores con este estilo de vida van sufrir el heteresexismo de manera particularmente virulenta, pues si se presupone que todo el mundo es heterosexual, los ancianos más. El heterosexismo puede afectar seriamente a su salud y a su bienestar físico y mental. Las personas ancianas dependen de los servicios públicos en mucha mayor medida que los jóvenes. Necesitan de los servicios públicos para cuidar de su salud, para requerir asistencia médica o social. Los ancianos son mucho más dependientes que los jóvenes de instituciones fuertemente heterosexistas. El miedo a la discriminación, al estigma o al maltrato puede reforzar el sentimiento de aislamiento y conducir a algunas personas a no requerir de determinados servicios que podrían necesitar, y cuya ausencia afectarán gravemente a su calidad de vida y pueden ponerles en riesgo de muerte.

La situación es mas complicada para las personas transgénero y transexuales cuyo cuerpo no concuerde con el género adoptado por esta persona. Esta persona en caso de tener que acudir a un hospital o un espacio de ancianos en la que tenga que recibir cuidados físicos puede sufrir de importantes episodios de transfobia. Lo más probable es que estas personas, paralizadas por el miedo, no acudan a eso sitios o retrasen en lo posible operaciones importantes antes que verse sometidos al maltrato y a la humillación, o aun peor, antes de que se les obligue, en la vejez, a adoptar el rol social que coincide con su cuerpo biológico de nacimiento y que han rechazado toda su vida.

Para Young, et al., (1992) En el escenario social heterosexista se hace especialmente sangrante cuando los ancianos tienen que acudir a las casa hogares para ancianos gubernamentales. Los problemas que pueden encontrarse en ellas son tan graves que pueden conducir a estas personas a vivir con una ínfima calidad de vida sus últimos años. Los problemas de heterosexismo, intolerancia y, en definitiva, de ignorancia, se agravan teniendo en cuenta que el cuidado de los ancianos sin recursos económicos o sin muchos recursos económicos. La Iglesia Católica, una de las instituciones más homófobas que existen. Son muchas las órdenes religiosas que se ocupan de gestionar residencias de ancianos. Y en este caso, al ser la homofobia parte de su ideología, será difícil que se desprendan de ella por mucho que lo digan las leyes. Por eso es imprescindible que se ofrezca a estas personas la posibilidad de elegir y que no se deje en manos de organizaciones confesionales las vidas de personas que tal vez no sean afines a dichas confesiones. En todo caso es imprescindible acometer la formación de los cuidadores y de todo el personal sanitario y auxiliar de las residencias, hospitales y centros gerontológicos a los que acudan los ancianos. Tanto desde sus estudios profesionales, como en los planes de estudio o en las prácticas, y desde luego desde las asociaciones, es necesario insistir en la necesaria formación en orientación sexual de las personas que estén en contacto con los ancianos de manera que se despojen de los prejuicios acerca de las personas GLBT; que comiencen primero a imaginar la posibilidad de que las personas con las que tratan pueden ser GLTB y que aprendan después cómo tratarlas y qué necesidades específicas pueden encontrarse; y, en último caso, para que respeten la libertad de estas personas, lo que incluye su libertad para manifestarse sexual y afectivamente como quieran.

Referente a la discriminación que sufren los ancianos GLBT dentro de la propia comunidad GLBT ésta es especialmente sangrante en cuanto que se convierte en una barrera infranqueable para ellos. A menudo, más infranqueable aun que la que constituyen la homofobia, el heterosexismo y la transfobia. El edadísmo es la exclusión, la discriminación, el menosprecio, cometidos contra las personas a causa de su edad. Al igual que ocurre con el sexismo, el racismo, el clasismo, la discriminación contra los discapacitados etc. se trata de una discriminación que se produce de forma sistemática y que opera en el interior de la cultura GLBT para reforzar la idea de que todo lo que es "viejo" es menos atractivo, menos importante, menos útil, merece menos atención y menos recursos. Los activistas son renuentes a ocuparse de este tema tan poco atractivo y los colectivos se resisten a introducirlo en sus agendas políticas.

Se ha mencionado anteriormente las manifestaciones de la discriminación cultural propias de la comunidad GLBT son la elección de estándares de belleza que excluyen a las personas de edad, la exclusión de las personas mayores del tejido social GLBT a base de excluirles de los lugares más comunes de socialización, de los bares; así como la exclusión o invisibilidad absoluta de sus problemas de la agenda política, cuando son quizá sus problemas los más graves y perentorios dentro de la comunidad gay.

La marginación de los adultos mayores no es sólo, como se puede llegar a pensar, un problema de actitud, sino que se ha convertido en un problema estructural que, probablemente sólo pueda encontrar una vía de solución (como ha ocurrido en otros países) cuando las propias personas mayores se asocien y creen sus propios grupos reivindicativos con ayuda de las asociaciones y los colectivos. Por supuesto que los medios de comunicación gays, incluidas las personas o los medios más reivindicativos ignoran a este sector de la comunidad que no puede consumir en la misma medida o que no ofrece una imagen “fashion”.

Diseñar algo contra esta discriminación y contra estos prejuicios a los que todos estamos expuestos significaría que las organizaciones hicieran examen de conciencia y que comenzaran a incluir estos temas en sus agendas políticas sin más dilación. Esto incluiría luchar contra la discriminación en el lenguaje, luchar contra los estereotipos dentro de nuestra propia comunidad y, sobre todo, considerar a las personas mayores como personas útiles, escucharlas y tomarlas en serio. Esto incluiría comenzar a luchar contra los prejuicios que anidan el los sujetos mismos, lo que no es tarea fácil. Eso llevaría a implementar políticas en la que ellos estuviesen presentes y nos llevaría a renunciar quizá al estereotipo estético del gay o la lesbiana jóvenes y guapos. Requiere renunciar al estereotipo estético de moda y adoptar -lo que no es fácil en un mundo dominado por el marketing- nuevos modelos de representación más inclusivos, quizá menos “vendibles”, pero desde luego más justos y más solidarios. Por nuestra parte requiere también hacer el esfuerzo de recuperar a los pioneros, a aquellas personas que con su lucha han hecho más fácil el camino de los jóvenes; incluye también hacer el esfuerzo para recuperar nuestra historia como medio de reforzar el movimiento; incluir a las personas mayores en las decisiones y en las políticas generales, así como en las que les afectan especialmente; crear dentro de los colectivos oportunidades para ellos y espacios de interacción social no excluyentes.

Que decir de la situación económica es muy importante en cuanto que es la segunda preocupación, después de la salud, que manifiestan las personas ancianas. El conocimiento que se tiene de las personas GLBT muy ancianas es muy escaso ya que es muy difícil acceder a ellos. Podemos decir que se dan dos situaciones diferentes. Las de las personas muy mayores (más de 80 años) y las que llegan ahora a la edad de jubilación. De los mayores no conocemos casi nada. Los que tienen hoy más de 70 años no parece probable que vayan ahora a acercarse a los colectivos, ni al ambiente. Son pocos los que han llegado a esa edad viviendo abiertamente su orientación sexual y muchos menos los que si han llegado a esa edad armarizados y sin conexiones con el ambiente vayan a lanzarse a él si no lo han hecho ya. A estos les afecta especialmente la situación económica que hemos descrito para las personas nacidas en las primeras décadas del siglo XX. En todo caso, en cuanto a la incidencia de la pobreza hay algunas cifras que dan que pensar: las mujeres sufren un mayor índice de pobreza en su vejez que los hombres, así como las personas ancianas que viven solas o con otras personas con las que no tienen vínculos de sangre tienen también un mayor índice de pobreza que las que viven con familiares. Vivir solo o con no familiares es, por tanto, una de las variables que más afectan a la incidencia de la pobreza y veremos que esta variable afecta especialmente a gays y lesbianas. Pero las posibilidades de ser pobre no tienen que ver únicamente con el matrimonio, sino con las relaciones familiares en general. Quien no está casado pero tiene hijos tiene más posibilidades de escapar de la pobreza; quien no está casado pero vive con sus hermanos, sobrinos, cuñados o cualquier otro familiar, tiene menos posibilidades de ser pobre. El hecho de mantener contacto con familiares también influye, aunque no se viva con ellos. Un adulto mayor puede vivir solo, pero mantener un fluido contacto con algunos parientes que pueden cubrir algunas de sus necesidades o ayudar a completar las carencias más evidentes. Se puede decir que los ancianos GLBT tienen más posibilidades de vivir solos y sin familia y que la falta de redes familiares de apoyo incide en que estas personas sufran la pobreza en mayor medida que sus pares de edad heterosexuales.

Sobre la situación económica de los ancianos los estudios no se ponen de acuerdo. Mientras que algunos hablan de que la ancianidad es casi sinónimo de estrechez económica, otros sostienen la tesis de que las personas que estén por llegar a los 60 en los próximos años no encontrarán una situación tan dramática como sus predecesores (a pesar de la siempre anunciada quiebra del sistema de pensiones). Cierto es que, los pobres son cada vez más jóvenes, pero ya hemos dicho que la percepción objetiva y subjetiva de la pobreza no siempre coinciden. Otro asunto peliagudo y muy discutido es si el hecho de ser gay o lesbiana influye en la situación económica de las personas. Tradicionalmente se ha sostenido que el hecho de ser gay puede haber influido (aunque esa cuestión todavía está necesitando un buen estudio sistemático), en la elección de la profesión, con una ligera ventaja económica para los gays, no así para las lesbianas que en esta cuestión –como en otras muchas- deben más a su condición de mujeres que a su orientación sexual. Las personas transexuales tienen, desde luego, dificultades añadidas en el hecho de que en muy pocos casos pueden ocultar su condición, lo que por ahora las condena a tener muy limitadas opciones laborales que hasta ahora y con contadas excepciones, se reducen a dos: el mundo artístico y la prostitución. En todo caso, esto no afectaría a los gays más ancianos que, como toda su generación, simplemente no tenían fácil elegir nada. En todo caso, se ha dicho que es posible que el hecho de saberse homosexual, influyera en que esas personas buscaran un pequeño refugio en profesiones liberales o más libres, más urbanas, en todo caso, ya que se supone que en las ciudades era más fácil vivir una orientación sexual determinada. No se trata, como se afirma en ocasiones de manera simplista, que los gays ganen más dinero, sino de que ser homosexual puede ser un factor (cuya importancia está por determinar) a la hora de escoger profesión, a la hora de luchar por ejercer o prepararse para una determinada profesión, lo que al final podría haber revertido en mayores niveles de renta media. No así, como hemos dicho, las mujeres, cuyas posibilidades de elección fueron muy reducidas hasta hace muy pocos años, ni las personas transexuales. En cualquier caso, la posibilidad de que los gays dispongan de un mayor índice de renta se ha convertido en uno de los mitos que afectan a la homosexualidad más extendidos y al final y sin prejuzgar, ya que los estudios no son los suficientemente fiables, en un mito que tiene algunas características homófobas, ya que genera desconfianza y rencor sin fundamento, puede llegar a parecer que ser gay “ayuda” a la hora de ganar más dinero en lugar de percibirse como un factor de discriminación, convierte a los gays sólo en consumidores y no en ciudadanos, invisibiliza a aquellos que no cumplen con dichos estándares de renta y, en definitiva, puede utilizarse como coartada para no aprobar medidas legales o sociales a favor de este sector de la población. En muchas ocasiones son los mismos empresarios gays los que, deseando hacer negocio, quieren demostrar que los gays disponen de un índice de renta superior al resto de la población, pero muchas veces lo que es únicamente un indicio no suficientemente contrastado es rápidamente utilizado por los medios de comunicación conservadores para pintar una realidad mucho más agradable de lo que lo es en realidad; por su parte las asociaciones, que serían las más interesadas en realizar estudios fiables sobre este tema, no disponen de recursos para hacerlo.

Como decimos, este tema no está tan claro como a veces nos quieren hacer creer. Los estudios no exclusivamente de mercado realizados en otros países, especialmente en EE.UU., tienden a demostrar que gays y lesbianas se distribuyen por igual en todos los tramos económicos y de hecho, algunos estudios, sugieren que algunos gays ganan menos que sus pares de edad heterosexuales en la misma situación y desde luego, las lesbianas mucho menos, así como los transexuales. Algunos análisis realizados sobre el censo de 1990 de los EE.UU. demuestran que las parejas del mismo sexo que viven en estados en los que no existe una política de no discriminación por orientación sexual podían ganar hasta un 26% menos que los heterosexuales del mismo nivel educativo, clase social, localidad, edad y raza. Resulta verosímil. Las minorías discriminadas encuentran siempre desventajas en todos los ámbitos, incluido el mercado laboral. El hecho de que la orientación sexual no sea visible, como la raza, o la discapacidad, no es óbice para que no sea objeto de discriminación. A veces basta con que se sospeche que la orientación sexual de una persona no es la heterosexual para que se ponga en marcha el mecanismo de la homofobia y eso puede significar para un gay o una lesbiana una merma de su capacidad laboral. Una marca de discriminación siempre actúa negativamente, incluso aun en el caso de que existiera algún factor, como el mencionado antes de la posibilidad (no confirmada) de que los gays elijan profesiones liberales mejor pagadas. Generalmente, un gay vivirá en su trabajo con menos libertad, siempre expuesto a una posible discriminación, en un ambiente hostil que sin duda influirá en su comportamiento, lo que le hará más dócil respecto a la injusticia, lo que hará que quizá proteste menos cuando se vea discriminado o salga perdiendo respecto a otra persona etc. Es racionalmente muy difícil dar el salto que, según el mito, convierte a un sector de la población especialmente discriminado en el trabajo en un sector especialmente adinerado. Quizá lo que se puede decir del mito de la mayor renta económica es que visibiliza a los gays que ocupan trabajos de alta remuneración: abogados, artistas, médicos etc. Estos ganan lógicamente más que los obreros heterosexuales, pero según los estudios pueden ganar menos que los abogados, médicos o artistas heterosexuales de media. Eso por no mencionar a las personas transexuales, de las que no cabe duda que constituyen uno de los sectores más económicamente desfavorecidos de toda la sociedad y que son frecuentemente pasto de la pobreza y de la más feroz discriminación.

De acuerdo con el marco de referencia anterior, no existen muchos estudios, ni aquí ni en otros países que relacionen pobreza y homosexualidad senil. Los que hay hacen referencia a los jóvenes, pero pueden ser orientativos. En Irlanda se ha realizado un estudio que relaciona esta falta de apoyo familiar con la tendencia a la marginalidad de las lesbianas y los gays. El rechazo y, en ocasiones, la expulsión de la familia lleva a los jóvenes lesbianas y gays a caer en bolsas de marginación. Eso mismo es aplicable a la situación de las personas transexuales. Otros informes demuestran que una construcción problemática de la identidad, en tanto que no asunción o problematización excesiva de la orientación sexual, significa una mayor posibilidad de caer en la marginalidad. Son estudios realizados entre jóvenes que se dedican a la prostitución y que se han visto abocados a este medio de vida por el rechazo y franca hostilidad de su entorno (enfrentamiento con la familia, malos tratos físicos y psíquicos, abusos sexuales).

La proyección desde el mundo empresarial gay senil es a hacer creer lo contrario. Por su parte, el estado heterosexista no tiene ningún interés en hacer estudios fidedignos que demuestren que la relación es la inversa de la que muestran los empresarios precisamente para no verse compelidos a desarrollar políticas antidiscriminatorias en ese sentido. Además de que es probable que la percepción social sintiera más simpatía por una minoría discriminada y pobre que por una minoría discriminada pero rica.

No puede quedar de lado la variable de la salud, pues, es uno de los problemas que más afectan y preocupan a los ancianos de cualquier orientación sexual. La salud es, de hecho, la principal preocupación de las personas mayores. Ya hemos visto que la esperanza de vida ha crecido espectacularmente en las últimas décadas. Pero una alta esperanza de vida no quiere decir ausencia de enfermedades sino casi lo contrario. Cuando se vive mucho lo que se produce es un aumento de la incidencia y la prevalencia de las enfermedades crónicas. Sobre problemas específicos de salud que puedan tener los ancianos GLBT sabemos poco, lo cual es preocupante porque la orientación sexual incide en la salud y, desde luego, ser gay o lesbiana, y más aun transexual, incide no sólo en la salud sino, además, en la necesidad de procurar a estos ancianos unos cuidados específicos. La falta de conocimiento de algo tan fundamental como es la orientación sexual del paciente puede incidir gravemente en la salud de las personas, ancianas o no.

Los prejuicios son uno de los problemas más importantes a los que con mayor frecuencia se enfrentan las personas GLBT a lo largo de su vida. Las barreras que suponen los comportamientos discriminatorios están bien documentadas y estas barreras y estos prejuicios tienen una enorme influencia en la salud de las personas. Los estereotipos y los prejuicios conducirán al personal sanitario a ignorar las necesidades de salud de las personas GLBT y como efecto reflejo, es muy corriente que estos mismos prejuicios y esta misma discriminación conduzcan a estas personas a silenciar a los médicos su orientación sexual y todos los problemas de salud que puedan tener relación con ella, lo que conducirá a un agravamiento de estos problemas. El miedo a la estigmatización mantendrá a estas personas muchas veces en silencio. El miedo al estigma acompaña a las personas GLBT durante toda su vida, pero puede acrecentarse durante estos años debido las circunstancias específicas de la vejez. Lo que sí es nuevo es que el miedo al estigma puede ahora comenzar a acechar a personas que no han ocultado nunca su orientación sexual. El estigma en la vejez afecta de manera importante a la calidad de vida en un momento en el que defenderse resulta problemático.

Es importante reiterar que las personas transexuales sufriran la discriminación en grado aun mayor y de manera más preocupante que gays y lesbianas. Las personas transexuales pueden encontrarse en su vejez con problemas graves de salud, producto a veces de un uso inadecuado, excesivo, o no controlado médicamente en la juventud, de tratamientos médicos intensivos utilizados para cambiar el aspecto físico hasta hacerlo acorde con sus deseos. Si bien cambiar de sexo en México ya no es ilegal, continúa siendo o muy caro o muy difícil, por lo que no son pocas las personas que continúan automedicándose, poniendo su salud en grave riesgo. En la vejez, la salud de las personas transexuales que no hayan contado con una buena atención médica se va a resentir gravemente.

En ocasiones es innecesario el uso de los medicamentos haya sido autorecetado, sino que es obvio que en todo caso estas personas han necesitado de tratamientos intensivos y, por tanto, pueden tener problemas específicos de salud relacionados con toda esa medicación utilizada. El miedo a no ser bien tratados por los servicios de salud, el miedo a ser maltratados por otros ancianos usuarios de los mismos servicios, llevarán a muchas personas transexuales a ocultar problemas graves de salud o problemas mentales que requerirían tratamiento especializado. Las personas trangenéricas y transexuales son uno de los grupos que menos utilizan los servicios de salud ya que su condición queda fácilmente al descubierto.

Los adultos mayores que sufran de enfermedades crónico-degenerativas pueden necesitar atención profesional en su hogar. Es importante diseñar programas factibles, por ejemplo, asistentes de ancianos que ayuden a los adultos mayores en las labores de la casa, realicen la compra cuando la persona está muy enferma para salir, hacerles compañía y les ayuden también en el aspecto sanitario: les den las medicinas, hacer recuperación, les ponen inyecciones, se ocupan de ponerles un catéter, oxígeno, este otras actividades. Las personas que hace de cuidador es de la propia familia hay que llamar la atención que de esos cuidadores familiares son mujeres.

Ya sea el cuidador un profesional, un voluntario o un familiar, el anciano GLBT se va a encontrar en una situación difícil. En ese momento es una persona muy débil porque está enfermo, depende de otra persona y, si esta persona es un voluntario, quiere decir que no tiene dinero para pagar a un profesional. De alguna manera se encuentra a merced de esta persona que se introduce en su casa. La persona GLBT anciana se encuentra con que puede que este cuidador no acepte de buen grado su homosexualidad. Puede que el anciano se vea en la necesidad de ocultársela. En ese caso todo en su casa le delata: las fotos, los amigos, la decoración e incluso un compañero(a). En su vejez esta persona puede llegar a sentirse en la necesidad de regresar al armario en su propia casa, teniendo cuidado con qué amigos le visitan y cómo se comportan. Es difícil imaginar una situación más terrible.

Referente a que los cuidadores sean miembros de su familia, que es lo más habitual, se hablará de este aspecto en el apartado “familia”. En las residencias seniles será aun peor. Estamos acostumbrados a las noticias que aparecen en la prensa acerca de las terribles condiciones en las que viven los ancianos en determinadas residencias, en donde son privados de sus más elementales derechos. No es concebible que en semejantes lugares el anciano pueda vivirse como gay, lesbiana o transgénero/transexual. Muy posiblemente sería maltratado de una manera u otra. El personal de los centros públicos tampoco está preparado para atender a estos ancianos. Las residencias en donde los matrimonios pueden permanecer juntos no aceptarán fácilmente que una pareja de hombres comparta habitación o cama y aun en el caso de que la dirección del centro no tuviera más remedio que aceptarlo, dicha relación sería, seguramente, contestada o problematizada por el resto de los residentes, la mayoría gente mayor con prejuicios antiguos y enquistados. No lo aceptará tampoco seguramente el personal administrativo y en cuanto al sanitario es de suponer que, no habiendo recibido nunca ninguna información ni recomendación al respecto, esta situación tampoco sería bien aceptada. En cuanto a la posibilidad de vivir en una institución subvencionada o gratuita, casi todas pertenecen a órdenes religiosas de monjas.

Anteriormente se mencionó, en el caso del personal de las residencias, de los voluntarios cuidadores o acompañantes de las ONG, del personal de salud especializado en personas ancianas o de los auxiliares de salud, lo que se da no es sólo altos índices de homofobia, sino también de sexofobia. Según la mentalidad de la mayoría de estas personas, los viejos no tienen sexo ni actividad sexual, y como la orientación sexual homosexual está ligada al sexo en los prejuicios de la mayoría de la población, el cóctel es explosivo. Podemos hipotetizar referente al personal un enorme nivel de ansiedad e incomodidad cuando se encuentran con manifestaciones sexuales por parte de cualquier residente. La mayoría de las residencias y la mayoría del personal de éstas tratan de inhibir cualquier manifestación sexual, ya sea homo o hetero, aunque es evidente que en el primer caso ésta sería mucho peor recibida. Y la realidad es que la mayoría de los gays mayores de 60 años tienen vida sexual activa.

Lo mas considerable es que incluso si se trata de una persona que ha vivido abiertamente como GLBT durante la mayor parte de su vida adulta, se encuentre ahora, a la hora de tener que vivir en una residencia, teniendo que ocultar su orientación sexual, su identidad de género, o su cuerpo, para no ponerse en situaciones de vulnerabilidad ante la discriminación o el abuso. La realidad es que, en México, todavía no se ha dado un solo caso en el que una residencia sea denunciada públicamente por vulnerar los derechos de una persona GLBT. Sin duda esto no es debido a una aceptación generalizada que exista de la homosexualidad en los ancianos, sino a que estos se ocultan sistemáticamente. Las personas transexuales con un cuerpo congruente con su género pueden ocultarse, las personas cuyo cuerpo no concuerde con su género pueden pasar por un calvario de abusos físicos y psicológicos.

La homosexualidad en sí fue considerada una enfermedad mental. Cuando las personas GLBT comenzaron a exigir sus derechos uno de sus primeros éxitos fue conseguir que la Asociación Americana de Psiquiatría quitase a la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales, cosa que por fin se consiguió, después de una campaña terrible y llena de irregularidades] en 1973. Para las personas transgénero y transexuales es diferente. En todo caso, las personas GLBT no han tenido una buena relación con los servicios de salud mental, en donde quedan todavía muestras más que suficientes de homofobia y transfobia como para que los gays y lesbianas, y aun más los transexuales, teman acercarse a ellos.

Las personas que en su vejez sufran problemas de salud mental vivirán con especial preocupación que su orientación sexual quede al descubierto. Además, en muchas ocasiones, los problemas de salud sólo tienen tratamiento si el paciente es sincero con los médicos que le atienden y los mismos tratamientos dependen en ocasiones de que el paciente se encuentre cómodo en ellos. Una terapia de grupo, una terapia particular, puede ser inefectiva para una persona que tenga miedo de que se descubra su orientación sexual. Todavía puede darse el caso de que, siendo el de los ancianos un grupo con el que es relativamente fácil cometer abusos (ya que no es probable que protesten o que su protesta tenga demasiada trascendencia pública) un anciano se encuentre con que lo que el terapeuta intenta “curar” es su homosexualidad; o que enfermedad y homosexualidad se confundan y se solapen para los médicos, o que ésta sea considerada un síntoma o una consecuencia de aquella. Aun hay suficientes profesionales de la salud que consideran la homosexualidad una patología.

Es necesario considerar, además, que en estos casos, el adulto mayor no sólo depende de la actitud del personal de salud, sino de sus pares de edad, de los demás ancianos presentes en la terapia o en la residencia, personas que por su edad serán seguramente remisos a comprender esta situación. Un adulto mayor gay puede tener que recluirse en el silencio en sus últimos años. ¿Está un anciano gay o una anciana lesbiana en disposición de contar a un terapeuta o a un psicólogo o profesional de la salud mental, su sentimiento de pérdida por el fallecimiento de su compañero (a)? ¿o que sufre violencia doméstica por parte de una pareja del mismo sexo? Tal como está la situación, no. La persona que tenga problemas de salud mental, de Alzheimer, o cualquier otra enfermedad que influya en la conciencia o en la memoria, puede vivir esos años absolutamente angustiados ante la posibilidad de que su orientación sexual quede finalmente al descubierto. Si esto ocurriera finalmente podría suponerle maltrato mental y físico por parte del personal encargado de cuidarle, desprecio de sus familiares, intentos de acallar esa situación recién descubierta etc.

Por otra parte, está la cuestión del impacto que vivir con el estigma de la homosexualidad ha podido causar en la salud mental de los ahora ancianos GLBT. En México no hay estudios en ese sentido, pero sí hay muchos en EE.UU. Los gays ancianos soportan sobre ellos una visión prejuiciosa y estigmatizante tanto entre la sociedad heterosexual como entre la comunidad gay. Como víctimas de esa doble visión: seres sin sexo o voraces sexualmente cualquier indicación de que son sexualmente activos resultará especialmente castigada socialmente, especialmente porque esa voracidad sexual, según el imaginario colectivo al uso, se ceba en niños y adolescentes. Las lesbianas son a menudo percibidas como mujeres solas y amargadas. A veces también se las imagina como perseguidoras de jovencitas a las que quieren corromper. Sin embargo, los estudios sugieren que, si no fuera por la presión social y las dificultades materiales, los hombres gays que han vivido su homosexualidad con naturalidad, buscan en la vejez el contacto con personas de su edad.

Está demostrado que, a pesar de todas las dificultades, no hay mayores índices de depresión entre los gays que entre los heterosexuales en el momento de la vejez. Si bien los gays sufren de menor apoyo social y familiar, también por el contrario cuentan con una red de amistades más sólidas y solidarias que los ancianos heterosexuales. Sin embargo, es perceptible en los últimos años el enorme problema que está suponiendo la discriminación que los gays están padeciendo dentro de una comunidad en la que no gozan de ninguna estima. Esta tendencia parece incrementarse cada vez más. Muchos ancianos comienzan a percibir que los niveles de discriminación dentro de la comunidad gay son superiores incluso a los de la sociedad heterosexual. La discriminación ya reseñada, que puede conllevar incluso violencia (insultos, prohibición de entrar a determinados lugares etc.) puede tener sin duda consecuencias en el bienestar mental de estas personas: altos niveles de ansiedad, baja autoestima y deseos de suicidio.

Desde 1981, año en el que comenzó la epidemia, mucha gente asume que los pacientes infectados de VIH son relativamente jóvenes, pero con los avances que se han producido en el tratamiento de la enfermedad, los pacientes de VIH cada vez viven más, y el VIH se puede convertir entonces en el principal problema de salud de muchos ancianos. Además y como veremos, los ancianos también pueden contagiarse, cosa que muy a menudo se olvida.

Los adultos mayores que están llegando a esos años con VIH están sometidos a la doble estigmatización, reforzada, además, porque la mayoría de las personas mayores no ha superado el prejuicio que unía sida a homosexualidad y que ya ha superado en parte el resto de la sociedad. Ser VIH positivo o desarrollar síntomas de sida es especialmente traumático para los gays mayores que puede que nunca hayan salido del armario ante su familia, o ante gente muy próxima. Este factor de secreto puede convertirse en un impedimento para que el anciano se haga la prueba del sida o para que acuda a recabar tratamiento. En muchos casos no lo hace pero mientras, continúa practicando sexo no seguro. En una residencia de ancianos, ante un trabajador social, ante el personal médico, tener sida en la tercera edad puede ser un estigma difícil de soportar. Un viejo con sida es un viejo sexuado, que practica el sexo y que es gay, una cadena de estigmas que hará que dicha persona esté dispuesta a hacer cualquier cosa antes de que se descubra. Todo ello aumentará en estas personas el sentimiento de soledad, de vulnerabilidad y de baja o nula autoestima. Los ancianos seropositivos describen un intenso sentimiento de soledad, de vergüenza y de miedo. Miedo a que se entere la familia, los amigos e incluso los amigos gays. Muchos ancianos que acuden a asociaciones de seropositivos describen las dificultades que encuentran para comunicarse con jóvenes seropositivos debido a las diferentes experiencias vitales de cada uno de ellos, a la diferente manera en que se enfrentan a la identidad gay y a la diferente manera de entender la sexualidad. Sin embargo, a menudo, en los mismos colectivos los factores de edad no se tienen en cuenta y muchos de los voluntarios y profesionales se impacientan con los ancianos que refieren situaciones y problemas que ellos desconocen o no están preparados para abordar. Las personas que trabajan con VIH deben recibir formación específica para tratar con ancianos y con sus necesidades y las personas que trabajan con ancianos deben recibir formación específica en asuntos relacionados con el VIH.

La resistencia a los antiretrovirales es un problema que va en aumento y que sin duda tendrá consecuencias en la salud de los mayores. Es lógico concluir que los mensajes de prevención del VIH (cuya eficacia está siendo contestada por las nuevas cifras de transmisión) son particularmente ineficaces en el caso de la gente mayor. La mayoría de las campañas de prevención están diseñadas para dirigirse a los jóvenes que se identifican como gays. Muchos ancianos no lo hacen, eso sin contar con que es probable que los mensajes, el medio, el diseño, etc. estén pensados exclusivamente para un público joven. En las páginas Web oficiales consultadas para escribir este informe no aparece en ninguna un plan o campaña que vaya destinada a un público mayor.

Es común que muchos ancianos GLBT perciban el sida únicamente como una enfermedad de jóvenes, no se vean a sí mismos en situación de riesgo e ignoren los mensajes de las campañas de prevención. Y se demuestra que los ancianos sexualmente activos que se ven envueltos en prácticas de riesgo usan en menor proporción el preservativo y se hacen la prueba del sida con menor frecuencia que los jóvenes. Aun en el caso de que sean conscientes del riesgo es probable también que los ancianos encuentren mayor dificultad para poder negociar el uso del condón, dada su situación de debilidad y discriminación dentro de la propia comunidad gay. La mayoría ha vivido una vida en la que las enfermedades sexuales eran un tabú del que no se hablaba pero en la que la mayoría de ellas eran tratables médicamente; se han encontrado con el sida cuando eran mayores para cambiar de hábitos o para negociar sus prácticas sexuales.

Es probable que los gays mayores, seropositivos o no, desarrollen una mentalidad en la que el contagio de VIH no tenga importancia. Debido a que el sida tarda muchos años en manifestarse, a una persona anciana puede no importarle ese contagio por percibir que, dada su expectativa de vida, no es algo que le afecte. Aquí entra en juego el sistema de exclusión creado por la comunidad gay que de alguna manera les hace percibir que cada relación sexual que consigan es una especie de regalo. Es lo que algunos han llamado “protección imaginaria”.

El sida se ha convertido en un problema para la población anciana lo demuestra el hecho de que el documento final del Foro Mundial de ONGs sobre el Envejecimiento recogiera explícitamente. Igualmente resulta imprescindible el desarrollo de programas de prevención y atención para las personas mayores que sufren de la enfermedad del SIDA. Hasta ahora, las necesidades médicas de los ancianos con VIH o con sida son muy específicas y mal conocidas. Se han realizado muy pocos estudios acerca de cómo afecta el VIH al sistema inmunológico de las personas de edad, pero sabemos que el sistema inmunológico se hace más débil con la edad. Hay evidencias que demuestran que el sida progresa con más rapidez en los mayores que en los jóvenes y que es posible que mueran más deprisa, pero no está claro si esto se debe al declive natural del sistema inmunológico, al retraso en el diagnóstico que se produce en los ancianos o a problemas que tienen que ver con la interacción de la medicación contra el VIH con el resto de la medicación que generalmente toman los ancianos. No lo sabemos y no es fácil que lo podamos llegar a saber ya que la mayoría de los protocolos y pruebas de la medicación contra el VIH excluyen a los mayores de 45 años, por lo que los médicos tienen que prescribir la medicación contra el VIH a los mayores sin saber muy bien qué consecuencias tiene.

Aumentan las evidencias de que los gays que practican sexo anal sin protección tienen más posibilidades de padecer cáncer de recto. Las tasas de cáncer de recto y neoplasma anal (crecimiento anormal de las células) son sustancialmente más altas entre los gays que entre la población general. Estas tasas son aun más altas entre los gays que son VIH positivos. Desgraciadamente, además, parece que el uso de las terapias antiretrovirales no afectan a estas estadísticas. La tasa de cáncer de recto entre los gays VIH negativos es de 35 casos por cada 100.000 habitantes según la OMS (2004), mientras que la misma tasa entre la población general es de 0.9 casos por cada 100.000 habitantes.

Uno de los resultados más llamativos que aparecen en el estudio encargado por la Dirección General de Salud Pública sobre profesionales sanitarios y homosexualidad, es la ausencia de la mujer lesbiana en su discurso acerca de la homosexualidad. En realidad, percepción confirmada tanto en la encuesta como en las hojas de evaluación, los médicos no saben casi nada acerca de la sexualidad de las mujeres lesbianas. En España tampoco se percibe que puedan tener necesidades sanitarias específicas.

Sin embargo, en los últimos años se ha venido demostrando que hay determinados problemas de salud que afectan especialmente a las lesbianas. Los grupos de lesbianas vienen trabajando para que los profesionales de la salud se hicieran eco de los riesgos específicos de salud que pueden sufrir o de las enfermedades cuyo índice de prevalencia es mayor entre las lesbianas que entre las mujeres heterosexuales. En lo que se refiere a los problemas de salud de las lesbianas, los factores de riesgo no se deben generalmente a la orientación sexual en sí, sino que son consecuencia de factores combinados que tienen que ver con la situación social en la que se vive la homosexualidad. La incidencia del cáncer de mama es superior entre las lesbianas que entre las mujeres heterosexuales. Esto tendría que ver con la superior exposición de las lesbianas a determinados factores de riesgo que influyen en el cáncer de mama: las lesbianas, hasta el momento (esto podría cambiar en un futuro próximo) son más propensas a no tener hijos; tienen tasas diferentes de exposición a las hormonas, consecuencia de no haber tomado nunca, o haber tomado en menor cantidad, anticonceptivos orales; por razones que tienen que ver con la homofobia y con las difíciles condiciones de vida de muchas de ellas, así como de que la socialización se realiza en bares, son más propensas a la obesidad, al consumo de alcohol, a fumar, a llevar una dieta inadecuada y, sobre todo, y este es uno de los principales factores de riesgo, se someten a menos revisiones ginecológicas que las mujeres heterosexuales. Sin embargo, es necesario recoger aquí que ciertos estudios cuestionan que la incidencia del cáncer de mama tenga que ver con ninguno de ellos y afirman que en este tipo de cáncer el factor determinante es el genético y que no hay evidencia alguna de que el cáncer tenga una mayor incidencia entre las lesbianas].

La salud de las lesbianas alerta también sobre un posible mayor riesgo entre éstas de sufrir cáncer cervical. Esto podría deberse a que las lesbianas, al acudir en menor medida que las mujeres heterosexuales al ginecólogo, no se someten a la necesaria citología una vez al año, prueba que es necesario realizar para detectar este tipo de cáncer a partir de los 45 años.

La tensión que su orientación sexual les produce, la necesidad de mantener una vida social heterosexual hace que la mayoría se despreocupe de cosas como la dieta y que consuman de media más alcohol y drogas. Además, la vida social de gays y lesbianas gira en torno a los bares, ya que estos son el único lugar seguro para muchos. Esto les hace propensos a beber más alcohol que sus pares de edad y clase social heterosexuales, lo que es sabido, pero también sabemos que el alcohol afecta mucho más y de manera más negativa a las mujeres que a los hombres. En la tercera edad, todo eso pasará factura. Una vida desordenada en la dieta hace que las lesbianas sufran más que las mujeres heterosexuales de cáncer de colon, endometrio y ovarios. También el hecho de no usar, o no en la misma medida, anticonceptivos orales incrementa en las lesbianas el riesgo de sufrir cáncer de endometrio y de ovarios.

Lo anterior es corto y se multiplica en gravedad si hablamos de las personas transexuales. Aunque poco a poco se han creado algunas unidades de cambio de sexo en algunos hospitales, éstas son todavía mínimas para las necesidades de estas personas Además, se presentan como unidades dirigidas al cambio de sexo quirúrgico y no a proporcionar un cuidado integral de la salud de las personas transexuales. Es necesaria, por parte de los terapeutas una verdadera especialización, en la que se conozca todas las variedades y las opciones de la experiencia transexual, desde la hormonación a las cirugías plásticas, cuya necesidad va más allá de los requerimientos estéticos o de la cirugía de reasignación.

Para algunos lectores lo anterior puede resultar un tema interesante y para otros lo relacionaran que es el castigo divino por el estilo de vida llevado, pero recordemos que todos los adultos mayores tienen los mismo derechos, por tal motivo la construcción social de la tercera edad debe diseñarse como una persona que se encuentra en su total plenitud de su vida.