LA VEJEZ: UNA DISCRIMINACIÓN MÚLTIPLE

LA VEJEZ: UNA DISCRIMINACIÓN MÚLTIPLE

Francisco Bijarro Hernandez
Susana Virginia Mendiola Infante

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LOS AÑOS Y LA MISERIA, ¿UN ESTILO DE VIDA Y/O CONDICIÓN DE VIDA?

Actualmente los estilo, mejor dicho las condiciones de vida en los países en desarrollo y menos desarrollados se caracterizan por la extrema pobreza en la que viven y que se transmite a las generaciones siguientes. Están afectados por situaciones de exclusión social, falta de posibilidades de participar en actividades de desarrollo, un muy limitado acceso a la atención sanitaria, inexistencia o ínfimo desarrollo de los sistemas de pensiones, falta de redes de servicios sociales, viviendas que no reúnen condiciones dignas.

Los numerosos y a menudo silenciados conflictos bélicos, la extensión de enfermedades como el SIDA, las hambrunas y los desastres naturales afectan especialmente a las personas mayores.

Las personas adultas son de gran apoyo, pues a través de sus conocimiento apoya a paliar los efectos de conflictos y desastres humanitarios, pero no son reconocidos suficientemente y sus necesidades específicas no son tenidas en cuenta por los organismos nacionales e internacionales. Las familias, que han jugado un papel tradicional de soporte y ayuda a sus mayores, sumidas también en condiciones de pobreza, tienen a su vez, graves dificultades para cumplir un papel de atención adecuada. A pesar de sus esfuerzos, las organizaciones de mayores y las ONGS no cuentan con el reconocimiento y el apoyo de las instituciones gubernamentales e internacionales para el desarrollo de sus programas y actividades. (Kriekemans, 1995: 138)

Es importante reiterar que algunos organismos internacionales de financiamiento no apoyan del todo a la importante contribución de las personas mayores al desarrollo de sus familias y comunidades y condicionan la ayuda económica a estos países a la implantación de duros recortes de los ya escasos instrumentos de protección social. Los gobiernos se hacen cómplices o aceptan pasivamente estas exigencias. Las exigencias de privatización de los sistemas de Seguridad Social, suponen una discriminación para los mayores de los países en desarrollo.

Sostiene Kumar (1995) que la gran deuda externa de algunos países los obliga a destinar pocos recursos económicos al desarrollo de políticas de bienestar social para las personas mayores. Los programas para reducir la pobreza no incluyen a las personas mayores, a pesar de que están aumentando el número de mayores en situación de pobreza. Asimismo La propuesta de Naciones Unidas (2002) de hace ya tres décadas de que los países desarrollados destinasen el 0.7% del PIB a programas de cooperación al desarrollo, solo se cumple en la actualidad por tres estados. Por otra parte También indica Sastre (2001) que es preocupante que a menudo los créditos anuales anunciados o comprometidos no llegan a gastarse sino en una baja proporción.

Una de las características de los adultos mayores es su facilidad de organizarse en grupo y redes, pero la falta de educación y conocimiento de sus derechos, las situaciones de pobreza y exclusión social impiden la realización de sus derechos.

Las mujeres ancianas se enfrentan a una doble discriminación y violación a sus derechos. Padecen más carencias en múltiples aspectos: menos ingresos, más discapacidad, más soledad, menos acceso a la educación, a la cultura al ocio. Su participación en los procesos de toma de decisiones es muy escasa todavía. Pero sobre todo, asumen las tareas de cuidado en el seno familiar, aun en edades avanzadas, constituyendo en la mayoría de los países del mundo, la única fuente de provisión de cuidados ante las situaciones de enfermedad y discapacidad. Las consecuencias de las guerras, desordenes civiles y enfermedades como el VIH/SIDA, genera la existencia de millares de abuelas cuidadoras y madres sustitutas. La violación de sus derechos y las situaciones de violencia y abuso se producen ante tres situaciones de discriminación: el género, la edad y la pobreza.

El efecto anterior se ve mas en los pasases en desarrollo, agudizada por su mayor exclusión social por una vida de desigualdad de genero, su mayor longevidad en comparación a los hombres y su soledad al ser en su mayoría viudas.

El fenómeno de la tercera edad representa un importante reto en las políticas y sistemas públicos de bienestar social, para permitir que las personas mayores puedan seguir participando la mayor parte de tiempo posible en la sociedad y tener unos servicios asequibles, apropiados y ajustados a sus necesidades. (Gest, 2002: 283)

Las garantías de las prestaciones básicas son, entre otros: el derecho a la jubilación con unos ingresos suficientes para tener una existencia segura y digna; el acceso a unos cuidados de salud y socio-sanitarios que garanticen la autonomía personal y la calidad de vida; la inclusión social; la integración efectiva en la sociedad.

Para González (1999) los núcleos familiares son el eje central para el adulto mayor. Los patrones cambiantes en la vida familiar debido a la inmigración, urbanización, incremento de las mujeres en el mercado laboral y otros procesos económicos y medio ambientales deben de ser tomados en cuenta por los poderes públicos para proveer recursos adecuados de apoyo a las familias, de manera que el soporte familiar sea un suplemento y no el reemplazo de los servicios públicos.

Es importante reiterar que los Gobiernos deben poner en marcha la responsabilidad del equilibrio entre auto-cuidados, sistemas de soporte informal y cuidados profesionales, la atención de larga duración debe contemplar un amplio abanico de servicios comunitarios, sociales y de salud. “(…) se debe atender especialmente a las personas mayores más frágiles y vulnerables, a las que se encuentran en situación de pobreza o que sufren una situación de dependencia” (Miguel, 2000: 28).

Una buena calidad de vida en el anciano puede ayudar a no ser reflejo de enfermedad. Sin embargo las condiciones de vida de muchísimas personas mayores y muy en especial de las mujeres, desembocan en un deterioro de la salud. “Por ello, la salud es una de las preocupaciones básicas de las personas mayores” (Idem, 41). Los indudables avances en la mejora de la salud, no pueden ocultar que en numerosos lugares las personas mayores no tienen acceso a la atención sanitaria. “Muchas personas mayores se encuentran discriminadas en su derecho a la protección a la salud y no pueden disfrutar de los avances científicos” (Moreno, et al.,. 1995: 162)

La falta de reconocimiento social de los adultos mayores, en ocasiones pasa por desapercibido su participación en diferente tareas dentro de la sociedad. La participación es un factor clave para el desarrollo social y por ello es necesario promover de forma creativa iniciativas que estimulen la actividad de las personas mayores en el entorno rural y urbano.

Las circustancialidades y obstáculos son de manera diversificada. Es muy importante conocer cuales son las percepciones que las personas mayores tienen acerca de sus capacidades, así como las informaciones de que disponen respecto a las modalidades de su participación. En la medida en que el envejecimiento es un proceso que concierne a todas las generaciones, la participación de las personas mayores debe contemplar el conjunto de temas de interés de la comunidad, aplicando de este modo una perspectiva intergeneracional. (Serra, et al., 146)

A fin de ofrecer una mejor productividad las personas de la tercera edad requieren espacios para optimizar su rendimiento. Este concepto comprende tanto la percepción subjetiva, como los aspectos materiales que favorecen el sentimiento de seguridad (vivienda, alimentos, recursos económicos, acceso a los servicios sanitarios y sociales, de protección personal). “Los mecanismos para crear entornos favorables para las personas mayores deben contemplar todas las áreas de la vida. Para ello es necesario hacer accesibles sus entornos y facilitarles la permanencia en los lugares de vida de su elección”. (Bize, 1999: 273). El desarrollo de las nuevas tecnologías, que tienen que ser un apoyo positivo para las personas mayores, sin embargo están generando una nueva dualidad social, al ser hoy por hoy inaccesibles para la inmensa mayoría de los mayores de los países en desarrollo.

El enfoque Binstock (1997) indica que las plataformas diseñas para mejor las condiciones de vida del adulto mayor, suponen un gran incentivo para la industria, el mercado en general y la generación de empleo. Pero constituyen también un reto para los gobiernos, las administraciones locales y nacionales y sus representantes, y para todas las instituciones.

Es importante hablar de una doble juridicidad por una parte se habla de respeto a los derechos de los adulto mayores, pero por otra parte este espacio jurídico queda de lado en la mayoría de los países, en lo que supone el respeto a su capacidad jurídica y al acceso a la información y asesoría en materia legal. No esta adecuadamente reconocido el derecho a la protección de la vejez con dependencia psíquicas o físicas susceptibles de incapacitación legal. (Borja, 1997: 172)

En ocasiones se hace caso omiso de las situaciones de abuso, violencia y maltrato en todos los ámbitos: locales, nacionales e internacionales y también para las personas que residen en instituciones. Existe un infradesarrollo de los Derechos Humanos de las personas que padecen demencia.

A pesar de lo establecido en diversas Declaraciones de Derechos de Naciones Unidas, en muchos países las minorías étnicas sufren especialmente la violación de sus derechos fundamentales. Esta situación es especialmente grave entre las personas de más edad, con un profundo arraigo a sus tradiciones culturales y mayores dificultades de integración en las culturas mayoritarias. Similares situaciones padecen las personas que cada día emigran en mayor número a otros países por causas económicas o solicitan asilo o refugio por razones ideológicas o de creencias. El desarraigo que sufren se agudiza en las que tienen edad avanzada.

El patrón ecológico es una de los fenómenos que también afecta a la humanidad, sea de manera directa o indirecta, es además el elemento básico para nuestra vida y para el desarrollo de nuestra especie. La mayoría de las prácticas y relaciones mas sostenibles con la naturaleza e imprescindibles de recuperar, se encuentran en nuestros mayores. Nuevas enfermedades o enfermedades en expansión, tienen como origen o elemento de desarrollo el deterioro ambiental. El mundo urbano, la salud ambiental y el consumo son asuntos que afectan de forma directa la vida de las personas mayores. (Domínguez, 260)

Cabe enfatizar que a pesar de los avances en materia de globalización se esta dejando de lado el respeto a los derechos humanos de las persona adulta mayor. De manera muy especial, debemos concluir que las OCs, están legitimadas como cauce la sociedad civil para la adquieren una dimensión especial en la construcción de una nueva sociedad si a través de sus actuaciones tratan de poner remedio a la cultura de la indiferencia, al individualismo exasperado, a la competitividad y al utilitarismo que actualmente constituyen una amenaza en todos los ámbitos del consorcio humano, y con el fin de evitar toda ruptura entre generaciones, las OCS están llamadas a promover una nueva mentalidad, unas nuevas costumbres, unos nuevos modos de ser, una nueva cultura basada en la solidaridad. A pesar de que en los documentos se habla de la responsabilidad de cada gobierno a la hora de aplicar las medidas necesarias para garantizar la seguridad y dignidad de sus mayores, se admite la necesidad de completar esos esfuerzos a través de la cooperación internacional y aumentar la ayuda al desarrollo.