LA VEJEZ: UNA DISCRIMINACIÓN MÚLTIPLE

LA VEJEZ: UNA DISCRIMINACIÓN MÚLTIPLE

Francisco Bijarro Hernandez
Susana Virginia Mendiola Infante

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EL PAGO FINAL DE LA VIDA

Las condiciones de miseria de los adultos mayores tanto urbanos como mas en zonas rurales, nos plantean una realidad que no escapa a la de los demás sujetos en cuanto a las carencias cotidianas con las que se desarrolla su vida.

La vejez en estos sectores, fundamentalmente en sectores de pobreza estructural plantea ciertos agravantes en las condiciones de vida, que nos permiten plantear además la noción de envejecimiento en ésta población. Sin embargo consideramos que no han sido profundamente estudiadas las condiciones de vida de éstos sujetos -adultos mayores pobres- y los rasgos en la población que nos permiten aludir a un mayor envejecimiento en ésta población. Planteándonos en: Envejecimiento y calidad de vida en adultos.

Los diversos espacios vigentes plantean los rasgos de una crisis de larga data, que impacta de diferentes formas en los sectores sociales pobres. Particularmente en los sectores urbanos marginales y rurales, incide de manera irreversible en la vida cotidiana, otorgando características particulares según el sujeto de que se trate. Las condiciones de pobreza de los adultos mayores en éstos grupos sociales nos plantean una realidad que no escapa a la de los demás en cuanto a las carencias cotidianas de su vida, sin embargo registra agravantes. Y son éstos agravantes en las condiciones de vida, que nos impulsan a plantear como un rasgo especial el envejecimiento en ésta población derivado de las condiciones de vida y pobreza. (Idem, 101)

Al profundizar el estudio de vejez y pobreza es un punto útil para mostrar que si bien el género calza en el análisis de la pobreza, sin embargo no es reducible a él. La pobreza puede ser vista como una forma dual de privación: privación de las necesidades básicas, y privación de aquellos elementos que permitirían satisfacer las necesidades. En el marco de los mercados laborales y de la producción, hombres y mujeres pueden cambiar lo que poseen o controlan por un conjunto de recursos mediante la venta de su fuerza de trabajo en la producción de mercancías y servicios por un pago en dinero o en especies: es decir puede cambiar las mercancías que ha producido. Sin embargo en el caso de los adultos mayores, el deterioro, las condiciones de salud y la posición familiar, las condiciones en relación a la formación/ educación, son situaciones que obstaculizan de manera notable la inserción en el mercado laboral.

Considera Gallier (2002) que dentro de las estructuras familiares y de parentesco, las redes barriales, el ejercicio de derechos está a menudo gobernado por arreglos contractuales más bien implícitos que explícitos, cuya legitimidad se basa en normas y prácticas comunes en lugar de prácticas exigidas legalmente. “Incluir causas y consecuencias de las privaciones, incorpora criterios de equidad y justicia, así como también a necesidades básicas y de bienestar.” (García, 24). Las desigualdades codificadas en las reglas y prácticas de diferentes áreas institucionales otorgan derecho a las mujeres y hombres en forma diferente y desigual en los distintos grupos sociales. Así también introducen diferencias y desigualdades en torno a la posición de "ser joven o ser viejo". Género y generación son situaciones y posiciones sociales que modifican la percepción y vivencia del fenómeno de la pobreza.

Que decir de género y pobreza, y de cada ciclo vital. Teniendo presente que las demandas, el ejercicio de derechos, las posibilidades y formas de gestionar recursos y políticas, son diferentes según el sujeto de que se trate. Es en éste marco y ligado a la percepción del fenómeno, que reconocemos a la pobreza como una realidad multidimensional, que requiere no solo mirar a un sujeto sino también los impactos que en el sujeto produce el problema; analizando además la "unidad doméstica" y los diversos sujetos que la conforman. Y destacando las particulares asimetrías de poder de acuerdo al género y la generación.

Enfatiza Puerto (1995) que en las relaciones de género y familia nos obliga a atender analíticamente no solo a los roles del hombre y de la mujer, sino también, a las relaciones entre ambos, y en diversos espacios sociales (unidad doméstica, organizaciones comunitarias - cruciales para analizar la participación - y otras). En éstos espacios sociales y detectando asimetrías de poder tanto de géneros como de generación, podremos indagar acerca del desarrollo de estrategias de participación e intervención que faciliten la construcción de estrategias más equitativas. Analizar éstas cuestiones devela y permite visualizar aspectos que suelen permanecer ocultas, o implícitas suponiendo "relaciones armónicas" cuando en la unidad residencial o doméstica, la armonía no necesariamente implica equidad o cooperación. Especialmente cuando se trata de adultos mayores.

Es necesario que las diversas disciplinas científicas especializadas en la materia se den a la tareas del estudio de las condiciones de vida de los adultos mayores pobres y los rasgos en la población urbano marginal y rural que nos permiten aludir a un mayor envejecimiento en ésta población.

Indagar las condiciones de vida del anciano/a de las condiciones es socioeconómicas dejan a la vejez en una situación de riesgo social, aislándolas de sus posibilidades por carecer de alternativas para satisfacer sus necesidades, siendo esto agravado en los sectores de pobreza.

Dos terceras partes de la población de adultos mayores en probablemente vive en situación de pobreza de la cual pertenece a sectores de pobreza estructural. El envejecimiento poblacional plantea una crisis en el plano laboral, sanitario, educativo y urbanístico. Un gran sector de ancianos/as debe continuar trabajando en malas condiciones laborales para la propia supervivencia.

No debemos olvidar además que cuando aludimos a trabajo, en particular en éstos sectores aludimos a trabajos precarios. Y por otra parte se realizan trabajos de fuerza y desgaste físico notorio. Así el trabajo más frecuente es entre las mujeres el doméstico y las tareas relacionadas a la construcción en los hombres, de los casos. Está claramente focalizado en las mujeres y entre los hombres se puede mayor dispersión en otras tareas. (Bize, 301)

Lamentablemente son solo algunos la población que percibe ingresos por jubilaciones. “Aun siendo bajo, este porcentaje es mayor que el encontrado en poblaciones similares de mujeres en edad adulta”. De acuerdo al género además de las condiciones de vida y el estado de salud plantean distintas dificultades de inserción laboral y deterioro por ende de su vida. Un factor que genera además aislamiento es la modificación en las condiciones familiares, y las serias dificultades habitacionales de los sectores de pobres estructurales.

El adulto mayor en estos espacios sociales, sostienen el proceso que tiene que ver no solo con los cambios que le ocurren al individuo desde el nacimiento, sino que por su carácter multidimensional debemos incorporar al análisis no solamente los factores cronológicos y biológicos, sino también los condicionamientos psicológicos y sociales, es decir, el estado de ánimo, la adaptación a los cambios, a las pérdidas y a los roles sociales asumidos. Y obviamente los factores sociales que aluden a las condiciones de vida de los sectores en cuestión.

El adulto mayor que toda su vida a trabajado con su cuerpo y que se encuentra en una situación de deterioro donde podríamos decir que la vejez comienza antes. “(…) el proceso de expropiación del cuerpo, particularmente como fuerza de trabajo define problemas de salud particulares y acentuados en éstos sectores tanto en hombres como en mujeres. Debemos señalar como un dato sumamente relevante acerca del deterioro que éstas personas hoy ancianas, comenzaron a trabajar cuando eran niñas.” (Canal, 107). Probablemente que desde antes de los 12 años se sumaron al mercado laboral en tareas sumamente precarias.

En algunos sitios familiares localizamos se pueden localizar hasta de tres ancianos viviendo, esto dificulta las condiciones y modo de vida de esas familias y de los mayores de 60 años y más, donde se toma en cuenta: cantidad de personas, presencia de otros miembros no adultos mayores y la edad del Jefe de Hogar. “De este universo, los hogares donde todos son adultos mayores, comparten los mismos porcentajes (unipersonales y multipersonales).”(Coutier, 1990: 133). Pero en los otros dos grupos que conviven con otras generaciones se diferencian las jefaturas ancianas casi 3 veces más que los hogares donde el anciano no es jefe de hogar.

Sería importante dejar de lado done el mito popular pasa de extremo a extremo, de ser una carga a contar con ellos para todo, quedando sus necesidades para un después. Pero esta postergación social que ser traduce en lo legal, en lo educativo, en la salud etc. encuentra un eco en la persona mayor como autopostergación, pensándose a sí mismo como un ser que ya no tiene derechos, que no tiene sexo (tanto de género como sexual), sueños.

En los sectores de pobreza estructural, además el/la anciano suele encontrarse su supervivencia sobre la base de redes sociales que son por demás inseguras a la hora de garantizar la sobrevivencia y obviamente la calidad de vida. Es importante analizar en éste sentido como se componen los ingresos de los adultos mayores. Y en particular de las mujeres, ya que son ellas quienes "reconstruyen un mapa de ingresos sobre la base de diferentes procedencias". Es notable por ej. en relación a quienes reciben dinero de sus hijos como las mujeres reciben más frecuentemente y más dinero de sus hijos. (Fargues, 210)

Una buena calidad de vida en condiciones pobreza y discriminación, presenta múltiples obstáculos a la hora de precisar teóricamente en vistas a la complejidad y a la necesidad de realizar una construcción del concepto que involucra aspectos diferentes según sea esa construcción. Particularmente cuando aludimos a la noción de calidad de vida en el presente proyecto, estamos involucrando aspectos ligados a la situación del sujetos en su ámbito cotidiano (familiar y comunitario) y además desde posición asumida por el equipo en torno a la problemática del envejecimiento hemos enfatizado expresamente la noción de violencia hacia éste sujeto particular: los adultos/as mayores. Motivo por el cual haremos también algunas precisiones conceptúales.

Cuando hablamos de otros hechos sociales polémicos estamos hablando de una problemática social que nos remite a la trama social misma y de connotaciones "estructurales". “Se vincula a causas vinculadas al como está organizada nuestra sociedad" (Miguel, 2000: 283). Esto nos señala desde un inicio la complejidad del problema que pretendemos abordar. Sostenemos que la violencia se instala en las formas de organización de nuestras sociedades porque estamos aludiendo a sociedades donde la subordinación plantea una estrategia de organización social fundada en relaciones de poder, asimétricas y que se encuentran naturalizadas. Y donde el adulto mayor, se encuentra sin duda en el marco de una relación asimétrica y de menor poder en relación a otros adultos que por su edad se encuentran ocupando espacios ligados a la vida productiva, o en edad reproductiva, condiciones mayormente valoradas a nivel social. El lugar que ocupan las personas en la sociedad (ubicación a nivel de sector social, a nivel de género, a nivel etáreo, y otras), es uno de los aspectos que pauta relaciones de subordinación y mayor exposición a la violencia social, de género o etárea. Y que están sostenidas por las instituciones sociales de las que formamos parte, y en las que circulamos.

Argumenta Giddens (1990) que Este tipo de interrelaciones sociales están incorporadas de manera tal que nos aparecen a nuestro juicio como naturales, factibles de reproducir e incluso hasta necesarias. La violencia hacia el adulto mayor podemos decir que aparece en términos sociales con el lugar que ocupan los ancianos en la sociedad, su participación en la escena pública, el deterioro de sus ingresos, o la ausencia de ellos, las inexistentes políticas sociales que asuman la problemática, etc.

Este sentido de maquillar las condiciones reales del modo de vida de los adultos mayores nos lleva a la subordinación de los adultos mayores a nivel social, nos remite a aludir a formas de relacionarse desde la subordinación. Donde reconocemos existen desigualdades (relaciones desiguales entre personas), pero que además existen " asimetrías" (diferentes poderes entre las personas). Esto responde a una de las formas de definir la violencia que la plantea como una imposición de la voluntad de unos /as sobre otros, donde su nota esencial nos remite a que va desde el / la que tiene poder hacia el /la que tiene poder. (Feriggla, 142)

Otra característica esencial en la a la violencia y las relaciones de subordinación es que plantea una presencia sutil, permanente, que se

instala hasta en nuestros cuerpos, y nuestras acciones. Y que desarrolla actitudes de restricción, de autocensura, de miedo. Por otra parte así como la violencia se sostiene desde las instituciones sociales, existen instituciones, como la violencia en éste caso, que toman cuerpo en toda la trama social, y se instalan en relaciones que además "desvalorizan a algunos sujetos de mayor manera que a otros", tal es el caso de los "viejos". En este proceso de envejecimiento /vejez /violencia, está afectada en mayor medida la población anciana pobre, por encontrarse en mayores desventajas al ubicarse desde siempre en condiciones de marginación.

Presentar el concepto calidad de vida en poblaciones que envejecen y empobrecidas lleva a remitirse a las condiciones que hacen de este sector social un grupo vulnerable, invisible y marginado. Necesidades Básicas Insatisfechas, necesidad de mejor movilidad, acceso a servicios de salud, pérdida de su estatus en la familia, marginación del mercado laboral formal y un vacío legal van generando la situación de vulnerabilidad que deteriora su desarrollo personal y social-comunitario. Así también, la capacidad de la comunidad de atender a estos miembros se dificulta por la falta de recursos materiales y humanos asociados, sin duda, con la crisis.

Por lo anterior y de acuerdo con Gest (2002) podemos diferencia cuatro rasgos específicos de adultos mayores y sus condiciones que aumenta su vulnerabilidad: las persona mayores solas, aisladas, débiles o incapacitadas. Parejas de personas mayores aisladas o parejas en donde una o dos de ellas está(n) discapacitadas. Las personas mayores viviendo con dependientes jóvenes. Y las personas mayores aisladas viviendo con familias que no las apoyan.

Por lo tanto, y desde el análisis de González (1999) las condiciones de calidad de vida del adulto mayor va a depender de las oportunidades, de las formas en cómo transcurre la vida, no sólo depende de los recursos cuantitativos, sino de cómo es el desarrollo cualitativo de su vida, con quiénes se vincula el adulto mayor, cómo lo hacen, dónde se dirige cuando tiene necesidades particulares, a quién frecuenta, etc.

Este aspecto subjetivo de la calidad de vida hace de los recursos un instrumento para conseguir lo valorado (seguridad, felicidad). Si bien hay una estrecha relación entre los recursos económicos y la posibilidad de desarrollar las capacidades, esta relación no es directa, y no alcanza a explicar la vulnerabilidad a la que se ven expuestas las personas mayores (rol social desvalorizado, abandono, maltrato).

Es necesario presentar la realidad y día con día nos encontramos con historias de abandono, entrega a otras familias por situaciones de pobreza de sus familias de origen, trabajo temprano, golpes frecuentes. En el otro extremo encontramos ancianos que han vivido "su mejor época" en una familia que los contenía, y donde no han pasado tantas necesidades. Ambos extremos sin embargo comparten un hoy que se delinea con elementos comunes y que nos hablan de una vejez especialmente vulnerable y comprometida con la pobreza.