LA ECONOMÍA DEL FIN DEL MUNDO
CONFIGURACIÓN, EVOLUCIÓN Y PERSPECTIVAS ECONÓMICAS DE TIERRA DEL FUEGO


Miguel A. Mastroscello

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CAPITULO 8 – CRISIS, CAÍDA, RECUPERACIÓN Y… NUEVA CRISIS

8.1. TIERRA DEL FUEGO DESPUÉS DEL TEMBLOR

Si bien desde una perspectiva de largo plazo debemos admitir que la economía provincial había experimentado unos cambios cualitativos de gran importancia y signo positivo, una mirada sobre la coyuntura a finales de 2001 y comienzos de 2002 encontraba datos preocupantes: el muy delicado estado de las finanzas públicas, un desempleo creciente, la ausencia de inversiones —tanto públicas como privadas— y la caída en el consumo, cuestiones que se sumaban a las gravísimas complicaciones derivadas del colapso en el orden nacional. Este último aspecto se hizo sentir de manera muy acentuada, como hemos apuntado, en el sector que venía cumpliendo el rol de “locomotora” de la economía provincial.

En efecto, la tremenda crisis descargó sobre la industria manufacturera dos formidables impactos, que recayeron al mismo tiempo sobre la estructura de costos y las ventas. Por un lado la devaluación de la moneda argentina elevó de manera dramática los precios de sus insumos importados: en una primera instancia los cuadruplicó, aunque luego el efecto se atenuó en forma leve, cuando la tasa de cambio se estabilizó, como dijimos, en torno a los $ 3.- por unidad de la moneda estadounidense. Lo mismo ocurrió con el endeudamiento en divisas que muchas de las firmas mantenían en aquel momento. Por el flanco de las ventas, se redujo de modo drástico, hasta su virtual desaparición, la demanda del mercado nacional por los bienes de consumo durable elaborados por las principales plantas fueguinas.

Dicha situación tuvo como consecuencia inmediata un brusco desmoronamiento de la demanda de empleo y una mayor retracción del consumo en la Provincia, acentuando los problemas que venía soportando el comercio, mayorista y minorista, por la recesión que llevaba ya cuatro años de duración.

El escenario, sin embargo, se iría modificando de manera bastante rápida en un sentido favorable, al encontrar la economía fueguina las bases de su recuperación en factores inherentes a la propia crisis nacional.

Uno de ellos fue, de manera un tanto paradojal, la misma devaluación que torpedeó al sector fabril. En efecto, la elevación del tipo de cambio nominal, que por un lado encarece los precios en moneda local de los artículos importados, produce al mismo tiempo el abaratamiento de los bienes y servicios que se adquieren del resto del mundo en divisas (exportaciones).

La devaluación, entonces, tiene sobre los servicios turísticos demandados desde el exterior el mismo efecto que sobre las exportaciones de mercaderías, motivo por el cual los productos del turismo fueguino vieron así potenciar, vía precios, los atractivos ejercidos sobre los visitantes extranjeros. De tal modo, las actividades de los restaurantes, los hoteles, el comercio y los transportes mostraron muy pronto las claras señales de una firme expansión, con un casi inmediato correlato favorable en el nivel de empleo por tratarse de rubros con una intensa participación de mano de obra (“trabajo-intensivos”).

Esto fue acompañado por un no menos vigoroso proceso de inversiones en infraestructura edilicia que, en un contexto de virtual desaparición del crédito bancario, es muy probable que haya sido motivado por la obvia desconfianza de los ahorristas en un sistema financiero que había estallado apenas unos meses atrás. En términos más sencillos, estamos suponiendo que buena parte de ese flujo inversor provenía de fondos cuyos propietarios, anticipándose al “crack”, habían logrado mantenerlos a resguardo del “corralón” impuesto a los depósitos bancarios por el ministro Remes Lenicov y que, siguiendo una tradición argentina arribada de la mano de los inmigrantes italianos y españoles un siglo atrás, buscaron refugiarse en “los ladrillos”. Esas inversiones, a las que se sumaron otras de origen externo, posibilitaron además un rápido eslabonamiento hacia la actividad de la construcción, sumando así otra señal positiva al mercado de trabajo local.

Un poco más adelante, desde fines de 2003 y hasta mediados de 2004, al compás de la recuperación del consumo doméstico en el orden nacional, la industria fueguina comenzó con lentitud a recomponer su situación, reiniciando la producción aunque a una escala mucho más reducida que la de sus momentos de cierto esplendor. Todavía el sector no alcanzaba a ejercer aquel vigoroso papel motorizador que lo había caracterizado, pero no es menos cierto que empezaba a emerger del profundo abismo en que había caído, y que eso constituía per se una señal alentadora.

Como señalamos antes , entre 2003 y 2005 la industria dispuso de una temporaria apertura del subrégimen promocional para nuevas iniciativas, en virtud del Decreto Nº 490/03. En ese marco se hicieron 75 presentaciones, entre proyectos nuevos y ampliaciones, pero las excesivas demoras en las tramitaciones —en parte originadas por las prevenciones para no afectar actividades ya radicadas en el territorio continental— determinaron que fueran muy pocos los proyectos que llegaron a ponerse en marcha.

Las estimaciones provisorias disponibles del PBG para el período 2000-2004 a valores constantes , confirman el repunte del nivel general de actividad, según se observa en el gráfico siguiente:

Sin embargo, los datos muestran también una cara negativa del prisma, puesto que el valor del indicador para 2004 resulta inferior en 10% al de 2000, el que a su vez —tal como señaláramos en la segunda parte de esta obra— había sido menor que el de 1993.

Analizando la situación desde el ángulo de los ingresos familiares, esta faceta preocupante del diagnóstico se confirma. En efecto, la situación del 20% más pobre de los hogares había continuado deteriorándose, ya que en 2002 el segmento percibió el 4,7% el ingreso total, una proporción inferior a la del 2000. También se obtiene una imagen negativa enfocando el asunto en términos absolutos, ya que en ese caso se comprueba que los ingresos totales familiares promedio del primer quintil fueron $ 791.70 en mayo de 1995, $ 710.50 en mayo de 2000 y $ 528.65 en mayo de 2002.

Trasladando otra vez la mirada a lo que el lugar común llama “la parte medio llena del vaso”, otras estadísticas ratifican la veloz secuencia “caída-recuperación” de la economía fueguina. Así, la producción física de la rama fabril electrónica registró un sostenido avance entre 2002 y 2006. Ello se verificó de una manera muy intensa en el caso de su “producto-insignia”, el televisor color, que creció 784% entre puntas, y también, aunque en forma más moderada, en otros artículos como las videocámaras (433%) y las autorradios (298%). Como esperable consecuencia de ello, creció el empleo del sector, fenómeno que se extendió al resto de sus distintas ramas. Comportamientos parecidos se observan en el número de turistas registrados en hoteles, los niveles de consumo de energía eléctrica y de gas (por red y envasado), los permisos de construcción y los volúmenes de las exportaciones de combustibles minerales.

A propósito del último rubro mencionado, debemos señalar que si bien su expansión no tuvo un impacto directo sobre el empleo regional por tratarse de una actividad “capital-intensiva”, produjo un efecto positivo para las arcas provinciales por el consecuente aumento en las regalías, aunque de menor significación relativa que el registrado en otras provincias patagónicas. Un estudio reciente concluye que en este último aspecto influyeron menos el aumento en la producción y la escalada en el precio internacional del barril de crudo que la devaluación de la moneda argentina.

De todos modos, y pese a que la mejora para los ingresos totales de la provincia recién puede calificarse como importante en el ejercicio 2004, no parece aventurado afirmar que operó como una ráfaga de oxígeno para la gestión de Manfredotti, quien sumando a ello la fuerte contención del gasto y el ya citado apoyo de programas del gobierno nacional , logró administrar la crisis y llegar al final del mandato no demasiado maltrecho en ese aspecto. No obstante, el fuerte desgaste de la imagen política de su gobierno le iba a impedir acceder a la reelección que intentó conseguir en la contienda de 2003.


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