LA ECONOMÍA DEL FIN DEL MUNDO
CONFIGURACIÓN, EVOLUCIÓN Y PERSPECTIVAS ECONÓMICAS DE TIERRA DEL FUEGO


Miguel A. Mastroscello

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6.4. LA RESTRICCIÓN ESTRUCTURAL

A Campos lo sucedió Ruperto Bilbao, designado por el Presidente Illia en 1965. Propietario de la estancia “Inés” e hijo de aquel pionero español que, habiendo llegado a la región con Menéndez, integró la primera Comisión de Fomento riograndense, el nuevo gobernador fue el primer nativo en ocupar ese cargo, en el cual permanecería hasta 1966, cuando el gobierno militar de Onganía nombró nuevamente a un marino, José María Guzmán.

Bilbao continuó poniendo el énfasis en la obra pública, especialmente en materia de pavimentación de calles en las dos localidades urbanas, y logró que la isla recibiera una asignación de los impuestos nacionales, aunque la ley instaurando el mecanismo de coparticipación recién se sancionaría en 1973. Asimismo, suscribió con la Marina un convenio para la construcción de un aeropuerto en Río Grande, apuntando a la problemática de la situación geográfica y a las dificultades con las comunicaciones que como poblador y empresario conocía sobradamente. Guzmán a su turno (1966-1969) encaró también algunas obras de infraestructura, concretando la pavimentación de la pista y la construcción de una estación para pasajeros en el aeropuerto de Río Grande; un grupo de viviendas populares; dos gimnasios y dos albergues estudiantiles. Asimismo inauguró sendos canales oficiales de televisión en ambas ciudades.

Como la producción petrolera, pese a la mencionada anulación de los contratos de explotación con las empresas extranjeras dispuesta por el Presidente Illia, continuó siendo llevada adelante por YPF, el esquema global no sufrió modificaciones en el ámbito local, cuya economía siguió creciendo a un ritmo moderado. Faltaba, sin embargo, un salto de calidad sustancial, ya que la estructura productiva seguía siendo predominantemente primaria, con dos tercios del PBI concentrados en la minería y la ganadería, además de la fuerte influencia estatal. Si bien desde el punto de vista fiscal no había turbulencias, contándose además con fondos del gobierno nacional, las perspectivas no eran alentadoras, ya que la ganadería no podía perforar el techo histórico de las 3.000 toneladas anuales de lana y la industria maderera seguía dependiendo del escuálido mercado interno, lo que explica su estancamiento aún durante períodos en que la actividad fabril en el orden nacional creció. Por otra parte, dado que los hidrocarburos son recursos no renovables, no era imaginable un desarrollo a largo plazo basado casi exclusivamente en su explotación. Tampoco el comercio de importación parecía estar en condiciones de actuar como un motor autónomo de la economía regional.

Dentro de ese marco la isla transitó la década de 1970. Las gobernaciones de Gregorio Lloret (que estuvo en dos períodos: 1969-1973 y 1975-1976), Mariano Loedel (de 1973 a 1974) y Justo Padilla (por escasos 4 meses entre 1974 y 1975) transcurrieron sin que se produjeran modificaciones significativas desde el punto de vista macroeconómico, aunque hubo acciones que destacar. Lloret construyó una red de distribución domiciliaria de gas en Ushuaia, y creó –también en la capital- una estación de piscicultura, con el objeto de impulsar la pesca deportiva de salmónidos. Loedel, no obstante la brevedad de su mandato, tomó una medida llamada a influir en forma decisiva en el desarrollo de un mercado inmobiliario hasta entonces inexistente, que consistió en lotear tierras fiscales en los ejidos urbanos de Ushuaia y Río Grande; con acierto, complementó esa política propiciando el establecimiento en la isla de una sucursal del Banco Hipotecario Nacional, institución financiera estatal que concentraba los instrumentos crediticios para el financiamiento de la construcción privada destinada a vivienda. Como consecuencia de esto, la construcción privada recibió un fuerte impulso inicial (hasta ese momento el Estado había sido el inversor casi único en el rubro), generando asimismo puestos de trabajo para profesionales y técnicos. Padilla, en tanto, subdividió el “Villaggio Vecchio” para adjudicar las propiedades a sus ocupantes, aquellos inmigrantes italianos llegados a Ushuaia en 1948. Por otra parte, tanto Loedel como Padilla continuaron los diversos proyectos oficiales de infraestructura en marcha, entre ellos un complejo de 200 viviendas en la capital.

La dictadura militar instaurada en 1976 designó a Luis Jorge Arigotti al frente de la administración fueguina, cuya gestión —llevada a cabo en un marco de solvencia fiscal— tuvo su eje en la obra pública. Se destacan de esa época la construcción del gasoducto San Sebastián-Ushuaia, sin duda la más importante por escala y trascendencia, financiada por el presupuesto nacional al igual que el nuevo puente sobre el río Grande, que posibilitaría en el futuro la extensión del casco urbano de la ciudad hacia la margen sur del curso de agua. En Ushuaia, en tanto, el gobierno local levantó una planta potabilizadora y un matadero de hacienda. Asimismo, con recursos del Fondo Nacional de la Vivienda (FO.NA.VI.) administrados por un organismo descentralizado del gobierno al que se denominó Instituto Territorial de Vivienda y Urbanismo (IN.TE.V.U.), dio comienzo un plan de construcción y equipamiento de unidades habitacionales en las dos ciudades. Arigotti gobernó hasta 1981.

Al culminar esta etapa, las posibilidades para una transformación estructural de la economía mediante el desarrollo de una actividad industrial vigorosa estaban, como siempre, condicionadas por la distancia a los centros de consumo y por el todavía muy pequeño tamaño del mercado de consumo local, lo que conformaba un círculo vicioso que la región no lograba romper a pesar de los cambios apuntados. A casi medio siglo de la formulación por Bunge de la teoría del abanico, la cuestión de la falta de integración territorial del país volvía a evidenciarse como un obstáculo para la región, que las sucesivas administraciones no conseguían remover. Ello estaba patentizado en el mantenimiento de su estructura primaria a pesar de que, como lo hemos señalado, el sector secundario había logrado en el orden nacional una significativa expansión.

Sin embargo, unos años antes se había producido una decisión política en la órbita nacional que estaba llamada a cambiar el curso de los acontecimientos, cuyos efectos recién empezaban a manifestarse cuando el gobierno de Arigotti estaba llegando a su fin.


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