LA ECONOMÍA DEL FIN DEL MUNDO
CONFIGURACIÓN, EVOLUCIÓN Y PERSPECTIVAS ECONÓMICAS DE TIERRA DEL FUEGO


Miguel A. Mastroscello

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1.3. EL CAPITAL HUMANO

El factor humano es el componente básico de la actividad económica, de allí la importancia de analizar a la población provincial, en lo atinente a su cantidad, dinámica, distribución y calificación. Además de este enfoque demográfico, es necesario ocuparse también de otro aspecto del concepto de población, como lo es el de la ocupación. De tales atributos depende la correcta explotación de los recursos naturales, la predisposición para el desarrollo económico y el logro mismo de ese desarrollo .

Entonces, optaremos por referirnos en este tramo al recurso poblacional como capital humano, diferenciándolo de los otros dos, que agruparemos a tal efecto bajo la denominación de capital físico, para centrarnos en los aspectos que se relacionan con su productividad, la cual es el resultado de la inversión que la sociedad hace en materia de educación, entrenamiento laboral, salud y cultura. Como lo ha observado Martínez Coll, el llamado “milagro alemán” de la segunda posguerra del siglo pasado fue posible debido a la riqueza de su capital humano: esta cualidad, además de la cuantiosa ayuda financiera recibida, explica el fenómeno protagonizado por un país que, pese a la devastación sufrida en su capital físico (fábricas, carreteras, viviendas, etc.) logró en muy pocos años no sólo recuperarse, sino también convertirse en el líder económico europeo .

1.3.1. Indicadores demográficos

La población total de la Provincia estaba constituida en 2001 por 101.079 personas. Aunque ello representaba 0,28% de los habitantes de todo el país, constituye un dato muy significativo si se lo analiza desde una perspectiva histórica, ya que tres décadas atrás esa proporción apenas superaba el 0,06% . Esto permite aproximarse a un rasgo distintivo de la Tierra del Fuego del último tercio del Siglo XX, como ha sido, sin lugar a dudas, su espectacular expansión demográfica; de hecho, la población actual es siete veces y media mayor que la de 1970. Las proyecciones oficiales estiman que en 2007 la población estaría superando el número de 122.000 personas, mientras que para 2010 la misma fuente calcula que se acercará a 134.000. En ese momento, los habitantes de Tierra del Fuego representarán el 0,33% del total nacional.

La tasa anual media de crecimiento de la variable poblacional provincial entre 1991 y 2001 fue del 36.6‰, superando holgadamente a las registradas en las jurisdicciones que la siguieron en esa escala: La Rioja (27.6), San Luis (25.0) y Salta (22.3). En el orden regional, se advierte que este ritmo de incremento fueguino casi duplicó al de Santa Cruz, que llegó a 21.2‰. La significativa dimensión de este fenómeno, determinado de manera primordial por el fuerte aporte migratorio, se percibe con más claridad si se considera que durante dicha década la población argentina total creció a una tasa anual media de 10,1‰

En el cuadro siguiente se sintetizan los principales indicadores demográficos obtenidos del relevamiento censal de 2001.

Aunque la dinámica poblacional sigue siendo en la actualidad un rasgo destacado de la provincia, los datos también muestran que en los últimos años del Siglo XX su vertiginoso ritmo de crecimiento tendió a atenuarse. Esto puede haberse debido, por una parte, a que la corriente de inmigrantes —aunque no se detuvo— experimentó una disminución en su caudal, quizá a causa de la recesión iniciada en 1998; y, por otro lado, a que hacia mediados de la década de los noventa se verificó un flujo migratorio en sentido inverso.

Sin embargo, ciertos indicadores indirectos permiten aseverar que promediando la primera década del Siglo XXI la afluencia inmigratoria volvió a aumentar. Las causas, características y dimensiones de este recurrente fenómeno, sin duda, deberán ser estudiadas con mayor profundidad que la que podemos aportar desde aquí.

La distribución espacial de los habitantes en el territorio tiene, a su vez, características particulares. Una de las más destacables es que casi 97 de cada 100 fueguinos residen en zonas urbanas, lo que la ubica en la segunda posición de rango del país, sólo precedida por la ciudad autónoma de Buenos Aires, y confirma una tendencia creciente en ese sentido: en 1970, los que vivían en alguna de las ciudades de la isla representaban un 86% del total.

La capital de la Provincia es Ushuaia, con 45.430 habitantes en 2001, pero la ciudad más poblada es Río Grande, que ese mismo año albergaba 52.681 personas. Dado que se considera población urbana a la que reside en localidades de 2.000 y más habitantes, sólo 2.968 pobladores estaban ese año asentados en el ámbito rural, de modo predominante en las zonas del ecotono y la estepa; de ellos, 1.021 residían por entonces en la localidad de Tolhuin.

La densidad poblacional de la isla equivale apenas a 4,7 habitantes por kilómetros cuadrados de superficie. Este guarismo, aunque sigue siendo pequeño respecto de la media nacional (13,0) y ni siquiera se acerca a los 59,4 que tiene Tucumán con una superficie similar, posiciona a Tierra del Fuego delante de La Pampa y Catamarca, entre otras jurisdicciones.

Otra característica importante es la razón de masculinidad, que expresa la cantidad de varones por cada 100 mujeres. En 1991 este indicador todavía era alto (112,6) , aunque sensiblemente inferior al de la década anterior, cuando se registró un valor de 154,3. Llamativamente, en el último relevamiento censal la relación descendió a 104.7, lo que marca una firme tendencia hacia una configuración más equilibrada; sin duda, esto muestra la transformación experimentada por la sociedad fueguina, que hace apenas treinta años todavía presentaba rasgos típicos de un territorio de frontera, donde una mayoría de hombres relativamente jóvenes lidiaba contra el aislamiento y la dureza del clima. La configuración de ese mapa, por cierto, ha cambiado de manera sustancial.

Comparando a la isla con las restantes provincias patagónicas, se observa que es la segunda jurisdicción más densamente poblada de la región, en tanto que todavía posee el más alto índice de masculinidad, aunque ya muy aproximado al de Santa Cruz.

La considerable presencia de extranjeros fue una peculiaridad desde los comienzos de la integración efectiva a la Nación, cuando aquellos llegaron a representar casi el 63% de los habitantes . De hecho, como lo ha observado De Imaz, tres arquetipos de las épocas fundacionales no habían nacido en la Argentina: el inglés Thomas Bridges, el rumano Julio Popper y el español José Menéndez . Con el transcurso del tiempo, su proporción siguió siendo importante, aunque fue disminuyendo. En el último tramo del Siglo XX —y merced a una vigorosa corriente de arribos de pobladores argentinos— esa tendencia declinante se acentuó de un modo notorio, hasta que los extranjeros terminaron por conformar sólo un 11% de la población. Esa “argentinización” provocada por los inmigrantes provenientes de otras partes del país tuvo además otro efecto, ya que los nyc (“nacidos y criados”), como no sin orgullo solían llamarse a sí mismos los antiguos pobladores, pasaron a ser una minoría, a consecuencia del aluvión de “recién llegados”. Con el transcurso del tiempo estos irían configurando una nueva categoría en esa clasificación “sui géneris”, la de los “venidos y quedados” que a su turno desarrollarían sus vidas en la isla.

Además, la composición de la migración recibida en las décadas recientes ha determinado que la estructura poblacional alcance una relación de personas potencialmente activas (las de 15 a 64 años de edad) que siendo de 63,3%, está entre las más altas del país, sólo superada por la de la ciudad de Buenos Aires. Este dato sin duda positivo debe ser ponderado junto con otro no menos significativo, como lo es la importante proporción (34.8%) de personas que integran el grupo de edad hasta 14 años, lo que plantea desafíos futuros tanto para la gestión estatal como para los sectores productivos. Las características mencionadas se representan en una “pirámide poblacional”, que es como se denomina a un gráfico cartesiano doble, el cual mide en el eje de las abscisas la población discriminada por sexos, y en el de las ordenadas, los diferentes grupos de edad.

Uno de los atributos de la población más directamente vinculados con el desarrollo económico es, sin dudas, el grado de instrucción. Además de tratarse de un derecho de rango constitucional, la educación es desde el punto de vista económico, un determinante básico de la calidad y cantidad de la oferta potencial de la fuerza de trabajo. Una prueba de ello es que, en octubre de 2000, casi 80% de los jefes de hogar desocupados de Tierra del Fuego eran personas que no habían alcanzado a completar el nivel secundario de educación . Por todo esto, es interesante analizar la composición de la población teniendo en cuenta su nivel educativo, según el Censo de 2001 .

Aunque 30 de cada 100 habitantes fueguinos del grupo que tenía 15 y más años de edad sólo habían alcanzado un nivel menor o igual a primario completo, ello era sensiblemente inferior a la media nacional (45,9%). Por otro lado, también era comparativamente buena la proporción de los miembros de esa franja etaria que habían accedido al nivel secundario (completándolo o no), ya que su valor de 51,5% se ubicaba por encima del 37,1 registrado para el total del país.

Además, la proporción de quienes habían alcanzado y completado el nivel superior universitario ubicaba a Tierra del Fuego en la tercera posición de rango entre todas las jurisdicciones del país, sólo precedida por la Ciudad de Buenos Aires y la provincia de Córdoba. Ello constituye a priori un dato alentador.

En cuanto a la cobertura que el sistema educativo formal (que abarca a la gestión pública y a la privada) brindaba a la población, un primer enfoque permite ponderarla como sumamente efectiva, ya que para ese mismo año estaba cubierto el 99,7% de los niños entre 6 y 12 años, y el 95.7% de los adolescentes de 13 a 18 años: ambos guarismos son excelentes en el contexto nacional. Sin embargo, la universalización del acceso es sólo una de las caras del prisma educativo, por lo que resulta interesante hacer otras consideraciones.

Una de ellas es la que analiza la permanencia de los niños en el sistema, hasta completar los respectivos niveles. En este sentido, es destacable que menos del 0,2% de los niños entre 6 y 12 años había dejado de asistir al nivel primario, lo que constituye el mejor indicador entre todas las jurisdicciones del país, siendo la media nacional el 0.9%. Similar era el cuadro para el grupo de 13 a 17 años, donde la deserción comprendía a poco más del 0.6%, cuando el promedio del país era de un preocupante 14%.

Distinta es la apreciación cuando se enfoca el rendimiento escolar, medido por la proporción de alumnos repitentes. Aunque para 2001 en los dos primeros niveles de la Enseñanza General Básica, asimilables al primario del sistema que lo precedió, una vez más el caso fueguino muestra un perfil positivo (con una relación que es la segunda más baja de todas las jurisdicciones, sólo superada por la Capital Federal), en el nivel secundario —EGB 3 más Ciclo Polimodal— el rendimiento debe ser calificado de negativo, al ubicarse en el undécimo lugar de rango con un porcentaje de repitencia que resultó superior al promedio del país. Esto, por otra parte, no puede menos que abrir un severo interrogante en torno a la verdadera calidad de la enseñanza primaria, que “alimenta” al nivel siguiente.

Otros indicadores importantes de la situación en que se encuentra la población son los que se relacionan, en general, con su salud. En particular, algunos de ellos reflejan con claridad las condiciones socioeconómicas, tales como la tasa de mortalidad infantil y la proporción de los habitantes que no poseen cobertura de obras sociales, planes médicos o mutuales.

La mortalidad infantil se mide con una tasa que surge de relacionar el número de muertes de personas menores a un año por cada 1.000 nacidos vivos. Para Tierra del Fuego la misma había mostrado un continuo descenso entre 1991 y 1996, y si bien la media nacional registró la misma tendencia, en el caso de la Provincia fue mucho más acentuada, ubicándose como el valor mínimo del país. Aunque la tasa subió en 1997, durante el período transcurrido entre 1998 y 2002 Tierra del Fuego no ha descendido del segundo lugar de rango entre todas las jurisdicciones del país, siendo superada solamente por la Ciudad de Buenos Aires en 2000 y 2001.

En 1991, la proporción de población sin cobertura de salud se ubicaba en torno al 31% del total, un guarismo sólo levemente inferior al registrado para el país en su conjunto . Diez años más tarde, aunque el número de habitantes había crecido 46%, aquélla relación se mantenía prácticamente estable, registrando el 30% . Se trata de indicadores destacados incluso si se los considera al interior de la Patagonia, la región del país que mejor se encuentra en este aspecto, y donde solamente son superados por los de Santa Cruz.


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