AGUAFUERTES II. RESUMEN Y CRÍTICA DE GENTES, CIUDADES Y RIQUEZA
 La transformación de la sociedad tradicional, del neomalthusiano Edward Arthur Wrigley

AGUAFUERTES II. RESUMEN Y CRÍTICA DE GENTES, CIUDADES Y RIQUEZA LA TRANSFORMACIÓN DE LA SOCIEDAD TRADICIONAL, DEL NEOMALTHUSIANO EDWARD ARTHUR WRIGLEY

Edgardo Adrián López

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9. El crecimiento de la población en Inglaterra durante el siglo XVIII: la solución de un enigma

9.1. Inglaterra y el continente

Aunque no es conocida la población en 1550, Europa occidental (las islas Británicas, los Países Bajos, la península Ibérica, Francia, Suiza, Austria, Alemania, Italia) tenía alrededor de 61 millones de almas. Sólo un 4, 9 % de la población, unos 3 millones de personas, vivía en Inglaterra; Alemania, Italia, España y Francia estaban mucho más pobladas (1992: 295). Pero desde el siglo XVIII a mediados del siglo XIX, la isla llegó a crecer de manera muy notable (1992: 300). En 1681 la cantidad de individuos era de 4, 93 millones; en 1791, 7, 74 millones; en las primeras décadas del siglo XIX, 13, 28 millones.

9.2. Cambios en las variables demográficas

La dinámica de crecimiento demográfico encuentra su explicación en las tasas de mortalidad y de fecundidad, y en el contexto económico/social en el que ocurre. Hay unanimidad sobre la aceleración, las magnitudes aproximadas y su periodización general, pero no existe consenso acerca de los factores en juego (1992: 304).

Los cambios fueron:

a- la esperanza de vida de 32, 4 años de 1670, llegó a los 38, 7 en 1820 (1992: 305);

b- entre 1680 y 1720 hubo una mortalidad elevada;

c- la tasa bruta de reproducción, que indica el nivel de fecundidad, subió de 1, 98 a 2, 98, esto es, la población aumentó casi tres veces;

d- el crecimiento fue más rápido hacia 1810 que en las anteriores décadas;

e- en consecuencia, la velocidad del incremento demográfico se debió tanto a un ascenso en la fecundidad cuanto a un retroceso en los fallecimientos (1992: 306);

Resta descubrir cuál de los dos factores fue más importante. Con una tasa de muertes en retroceso, la rapidez de la expansión puede explicarse porque la natalidad la sostuvo (1992: 307). Sin embargo y aunque cierta a primera vista, la tesis puede ocultar el elemento que más influyó en una fecundidad alta. Si los nacimientos se dispararon fue o porque creció la fecundidad matrimonial, o en virtud de que las mujeres llegaban al matrimonio en edad más temprana, etc. Los registros parroquiales parecen indicar que la nupcialidad varió de manera decisiva desde el siglo XVI al XIX. La causa principal del espectacular “boom” demográfico consistió en el ritmo de casamientos (la edad disminuyó de 26 a 23 años –1992: 308). En efecto, la reducción de la edad de las mujeres para contraer nupcias tuvo una importancia del 52 por ciento; la cantidad de mujeres que no se matrimoniaban cayó un 26 %; los hijos fuera de las parejas se incrementaron en un 15 por ciento; la edad de las primíparas se contrajo en un 7 % (1992: nota 24 de p. 308).

En el siglo XVII, el nivel de hijos “ilegítimos” fue muy bajo, lo que indicaba un matrimonio tardío y celibato frecuente (1992: 309). A medida que la cantidad de mujeres solteras mermaba, la cantidad de hijos “ilegítimos” se triplicó en el siglo XVIII y se elevó mucho más en la siguiente centuria, de manera que la natalidad “legítima” y la que no lo era marcharon casi en paralelo. Ambas contribuyeron con lo propio al crecimiento demográfico inglés.