AGUAFUERTES II. RESUMEN Y CRÍTICA DE GENTES, CIUDADES Y RIQUEZA
 La transformación de la sociedad tradicional, del neomalthusiano Edward Arthur Wrigley

AGUAFUERTES II. RESUMEN Y CRÍTICA DE GENTES, CIUDADES Y RIQUEZA LA TRANSFORMACIÓN DE LA SOCIEDAD TRADICIONAL, DEL NEOMALTHUSIANO EDWARD ARTHUR WRIGLEY

Edgardo Adrián López

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10.2. Matrimonio y fecundidad matrimonial

En Colyton hubo cambios llamativos en la edad de las mujeres primíparas, aunque la edad media de los hombres no varió demasiado (1992: 336). Antes de la mortandad de 1646 ocasionada tal vez por la peste bubónica (1992: 337), la edad media de hombres y mujeres era de 26 y 27 años; después de 1646 y hasta 1825, la de las futuras esposas se elevó hasta los 30 años, manteniéndose en esa cifra durante 7 (siete) décadas. Id est, las mujeres se casaron con hombres más jóvenes durante una parte significativa del ciclo. Entre 1825 y 1837 (acaso también en la fase precedente a 1646), la edad de los cónyuges fue de 26 para los varones y de 23 para las damas (1992: 338). Es probable que la edad estipulada para los hombres no haya sufrido modificaciones abruptas durante más de 300 años (1992: 339), y que esta situación fuera la característica para la demografía europea (1992: nota 10 de p. 339).

Una edad cercana a los 30 años para las novias implica que, con respecto a mujeres de alrededor de 20, las esposas dieran luz a un número de hijos menor en dos unidades y que casi siempre no pudieran tener más de un único descendiente (1992: 339/340, 343). Sin duda, ello supondría una tasa de crecimiento baja y un gran peligro de padecer una contracción severa, si no hubiese existido un mecanismo compensador. En efecto, una proporción muy alta de los primeros nacimientos ocurrieron fuera del matrimonio; por su lado, las novias de 20 años estaban con frecuencia embarazadas al contraer nupcias (1992: nota 11 de p. 340), de manera que el número de bautismos en otros grupos etarios subsanaba la escasa alternativa de tener un heredero vivo en familias con esposas de 30. Por añadidura, si bien el número de retoños cae con la edad, una cónyuge de más de 3 (tres) décadas no tiene motivos para limitar los nacimientos (1992: 344).

La fecundidad en la subfase 1550-1629 fue elevada, entre 1646/1720 descendió, y entre 1720-1837 comenzó a recuperarse sin alcanzar los niveles del siglo XVI y comienzos del siglo XVII (1992: 340). Obsérvese que, si empleáramos una gráfica, la etapa 1646/1720 daría una curva cóncava hacia “abajo” (1992: 343); ello se debe a la edad tardía en la que las novias decidían casarse (oscilaban en edades de 29-34 y 40/44 años –1992: 242). Lo notorio del caso es que ese comportamiento fue común luego de la terrible peste de 1645, es decir, el paso de un gradiente alto de fecundidad a uno bajo resultó completo, traumático y veloz (1992: 346).

En líneas generales, es factible sostener que las familias de 6 niños o más, correspondientes a los años 1560/1646 y 1720-1769, o de 4 herederos o más, propios de 1646/1719, implicaban que la esposa tenía menos de 3 (tres) décadas al matrimoniarse. Asimismo, la media general de los intervalos entre los nacimientos en mujeres que tienen entre 20 y 44 años es aproximadamente igual a 27, 5 meses entre 1560-1646, de 31, 4 meses entre 1647/1719, y de 29, 1 meses entre 1720-1769 (cf. cuadro 10.8 de p. 347). La media se encuentra de manera sorprendente, aun en los intervalos iniciales, en especial, entre el primer y segundo bebé, lo que demuestra un control consciente de la natalidad en el interior de la pareja (1992: 348/349).

Si graficamos los diferentes promedios, obtenemos una “campana” muy abultada para el caso I (1560-1646) y hacia la izquierda, casi “pegada” a la vertical, y una curva más suave para el caso II (1647/1719):

Ahora bien, estas gráficas indican que los intervalos se deben a un control de la natalidad porque si vg., tuvieran su razón de ser en un incremento del lapso destinado a la lactancia, ello supondría que el tiempo entre bautismos sería algo mayor, dando origen a una “campana” volcada más hacia la derecha, alejándose de la vertical (1992: 349). Por otro lado, la lactancia acaso explicaría la tasa de fecundidad en mujeres jóvenes pero no daría cuenta de la caída en el número de nacimientos que vemos en esposas con más de 35 años (1992: 357).

La edad de la mujer al bautismo del último heredero (40 años) fue la misma para las novias casadas antes o después de los 30, en las etapas 1560-1646 y 1720/1760 (1992: 350-351). En el segmento 1647/1719, la edad de la mujer al momento de nacer el último retoño fue menor, en las esposas casadas antes de los 30, que la edad de las novias matrimoniadas luego de los 30 años. Incluso, fue más baja que la edad de las mujeres de los otros dos períodos, lo que refuerza la idea con relación a que se practicaba el control de la fecundidad (1992: 351).

Otra variable importante es el tamaño de familias completas, esto es, matrimonios que duraron al menos 27 años (ir a 1992: nota 16 de p. 346) y/o que tenían esposas con 45 años cumplidos dentro de la pareja (1992: 346 –por ende, tales cónyuges habían cubierto su edad fértil en la unidad parental y probablemente habían dado a luz a más de tres niños). Entre 1560/1629, el 55 % de las mujeres casadas con menos de 30 años dieron a luz a 6 (seis) niños o más; entre 1647-1719, el 18 por ciento y entre 1770/1837, el 48 %. Las familias muy grandes, con 11 o más descendientes, y los matrimonios sin hijos fueron pocos (1992: 351).

Por último, hay que realizar advertencias acerca de las fuentes. La tasa de mortalidad infantil podría haber sido ligeramente superior a la que se supone si tenemos presente que muchos niños muertos no eran registrados en los libros parroquiales, dado que fenecían antes de su bautismo (1992: 355). Este margen de incertidumbre puede limitarse calculando los bebés que fallecen entre las primeras horas de vida y el primer año. Por otro lado, la edad de bautismo y la edad de nacimiento podían no coincidir. En el caso que nos ocupa, este riesgo era mínimo en el siglo XVI porque los bebés eran bautizados a las pocas horas o días luego del alumbramiento.