AGUAFUERTES II. RESUMEN Y CRÍTICA DE GENTES, CIUDADES Y RIQUEZA
 La transformación de la sociedad tradicional, del neomalthusiano Edward Arthur Wrigley

AGUAFUERTES II. RESUMEN Y CRÍTICA DE GENTES, CIUDADES Y RIQUEZA LA TRANSFORMACIÓN DE LA SOCIEDAD TRADICIONAL, DEL NEOMALTHUSIANO EDWARD ARTHUR WRIGLEY

Edgardo Adrián López

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6.3. Londres como un motor del cambio económico

Para plantear el problema en términos concretos, supongamos que:

a- en 1650 la población de Londres era de 400.000, que la cantidad de habitantes del resto del país era de 5.100.000 y que fuera de la capital, la proporción de brazos dedicados al campo era del 60 % (1992: 202);

b- 3.060.000 personas dependían de la agricultura (1992: 203);

c- un promedio de 100 familias de cultivadores alimentaban a 80 familias que se ganaban la vida de otra forma;

d- si en 1750 la población de Londres era de 675.000 y la del resto de la nación era de 6.140.000, y si la cantidad de personas dedicadas a lo agrícola continuó en la misma proporción, 3.279.000 laboraban el campo. 100 familias de cultivadores mantendrían ahora a otras 87 familias;

e- la productividad en el campo se elevó de forma constante hasta llegar a un 10 por ciento ó 13 % (1992: 203/204);

f- hubo un fuerte incremento del ganado ovino (1992: 203);

g- el vacuno permaneció estacionario;

h- las exportaciones de grano pasaron del 1 por ciento, en 1700, al 6 %, en 1750;

i- el precio de los alimentos disminuyó y el poder de compra pudo diversificarse hacia valores de uso del sector secundario (1992: 204);

j- cierta proporción de habitantes podía dedicarse a los sectores secundario y terciario (en especial, el del transporte de alimentos –carreteros, mozos de cuadra, proveedores de grano, etc.- 1992: 204/205).

Cierto que no es viable afirmar que la mayor eficacia en la agricultura se debiera a Londres, pero la demanda creciente de alimentos sí provocó cambios en los métodos de explotación, en la organización comercial del mercado de alimentos, en su transporte, etc. (1992: 205).

Las necesidades acrecidas de combustible también contribuyeron a promover cambios económicos y tecnológicos. Por ejemplo, en 1750 unos 3.500 hombres se dedicaban a extraer carbón para Londres (1992: 207). Unos 10.000 individuos eran carboneros en los barcos; a ello hay que sumarle fleteros, carreteros, descargadores, etc. En total, la cantidad de empleados en el comercio del carbón a Londres quizá ronde entre los 8.000, en 1650, y entre 15.000, en 1750; si contamos las familias, el número de personas dependientes es de 25.000 y 50.000 respectivamente.

En virtud de que en Londres todos los salarios eran elevados, los que invertían en trabajo buscaban la oferta en las zonas rurales y en otras localidades citadinas; pero esto traía un incremento de la actividad económica (1992: 208).

El mercado de la gran ciudad era tan diversificado que sostenía múltiples actividades: relojes, jabón, vidrio, muebles, ebanistería, tejidos de seda, cerveza y ginebra, ciertas industrias de lujo, etc. (1992: 210). Empero, de todo lo dicho se infiere que el principal fundamento económico de Londres había sido su comercio más que su industria: hacia 1700, una cuarta parte de los habitantes de la ciudad dependía de los trabajos desarrollados en el puerto.

Los comerciantes compraban tierras y con ello aceleraban las transformaciones en el campo. Acumulaban divisas y podían financiar los cambios agrícolas e industriales que ya se avecinaban. Sin embargo, la importancia de Londres no radica en esta clase de influencias indirectas, muy mediatizadas, sino en que su impresionante crecimiento la hizo una poderosa fuerza económica para ella misma. Pero es cierto que las elevadas exigencias de alimentos y combustible de la gran ciudad no podían ser satisfechas con los viejos métodos; los nuevos, produjeron efectos sustanciales en la productividad, gestando la base para una actividad económica de otra naturaleza (1992: 211).